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la vida exagerada
la vida ES exagerada. Mucho más que yo.
Acerca de
Acerca de mi, pues todo mi blog, que para eso es mío.
Sindicación
 
cumpleaños feliz, ra-ra-ra.

18 de septiembre de 1977. Cumplía un año. Sigo teniendo la misma cara, los mismos brazos, la misma rechonchez ;) y espero que la misma sonrisa. Me felicito. Era, soy, sencillamente maravillosa, y nunca he estado mejor que ahora. Amo los treinta (y uno).
Os adoro. Y te echo mucho de menos, bichito. Claro.
 
internet
A veces soy temeraria. Tengo 16 años, soy rubia y de Seattle y trabajo de canguro en una enorme casa donde acecha un asesino. Suena el teléfono y lo cojo (evidentemente, es él otra vez, jadeando), oigo un ruido y voy a mirar, soy exasperantemente inconsciente.
Conduzco por Australia e ignoro la última gasolinera en 200 km mientras subo el volumen de la radio y me enciendo un cigarro. Idiota. Estreno zapatos antes de salir de viaje, para poder pasear mis ampollas por una nueva ciudad. Absurdo.
Internet está tan lleno de peligros que me he acostumbrado, día tras día y cada día a caminar descalza sobre cristales rotos. A veces todo me parece mentira. Una mentira sin gracia, peligrosa, incomprensible, así que despliego el mapa y cuando vuelvo, ni me detengo a curarme los arañazos.
Me bebo nuestro país, nuestro patrimonio, y sigo teniendo sed.
 
días
Hay domingos como este domingo, que no arregla ni un artículo de Manuel Vicent (que es tan de naranjas y mar y silencios). Hay domingos de bochorno y neblina, en los que estar cerca del mar ni quita ni añade, porque en esta tarde larga y nublada están condensados todos los domingos desde la infancia. Días de intentar hacerlo todo y no hacer nada, de no hacer nada e imaginar planes desde el sillón. Días peligrosos, inútiles, marcados, absurdos, grises, días para saltarse a la pata coja como la casilla del pozo pintada con tiza en el suelo.
No sería tan largo, tan ni frío ni calor, tan inmensamente domingo si hoy no me hubiera dado por recordar, tumbada en el sillón, la cantidad de benditos domingos que pasé con ella. Podríamos decir que eran sábados. Días importantes, días potencialmente perfectos y llenos e imprevisibles, días en, con, sobre, desde, ante, bajo, de, su cuerpo, su voz. Semanas de siete días en las que todos los días podían ser domingo. Qué envidia me doy cuando miro hacia atrás. Ayer siempre era sábado.