trenes
No sé si ya lo he contado alguna vez, por que es una cosa que me pasa, y me pasa, y me pasa. Siempre que iba en tren a Coimbra, los ferrocarriles portugueses me sentaban aleatoriamente en el sentido de la marcha, por lo que iba viendo el paisaje como debe ser, acercándome cada vez más rápido a mi destino, a lo que era mi destino, a ella. En cambio, cuando volvía de Coimbra camino de Lisboa y de mi avión, esos fantasmas burócratas que viven en el ordenador de la Renfe portuguesa, me sentaban siempre de espaldas, al contrario del sentido de la marcha, por lo que permanecía como una estúpida llorona mirando lo que dejaba atrás, como en una metáfora insoportable. Así, me pasé meses acercándome como debía y alejándome como uno no debe alejarse, es decir, dandole la espalda al futuro. Así no ves nunca lo que llega, pero en cambio puedes ver como se aleja lo que estaba por venir. Es siempre un mal-trato. Desde Junio, voy como quien dice de espaldas a la marcha del año. Por eso, claramente, llevo seis meses enseñando el culo antes que la cara, como diría mi Izaskun. Soy capaz de ir a la compra, conseguir una beca y mudarme a Lisboa, tal es la pericia que he adquirido para andar hacia atrás. Sumando, son demasiados días alejándome de su cuerpo. Sumando, me atrevo a decir que son demasiados días, una suma escandalosa de horas vistiéndome al revés. Por eso, y antes de que se acabe este desastre de año que ha roto el corazón de tantos de mis nortes, yo ya le estoy enseñando el culo al 2007. El 2008 ya no me va a pillar de espaldas.
A este año que llega llego yo mirando de frente, y sentada en el sentido de la marcha. (Sea cual sea el sentido de la marcha). (Aunque el sentido sea dar vueltas en círculo con el viento de cara).
(¿no?).

A este año que llega llego yo mirando de frente, y sentada en el sentido de la marcha. (Sea cual sea el sentido de la marcha). (Aunque el sentido sea dar vueltas en círculo con el viento de cara).
(¿no?).

lisboa?

Se hace tan grande el espacio, tan extenso el texto, tan tan tan inexplicable el mundo, que me quedo muda. Hay muchísimas Lisboas en esta ciudad. La de las mujeres perdidas, la de los cielos azules y la lluvia golpeando siempre el cristal de la ventana. La ciudad donde todo puede suceder, y todo sucede. La ciudad donde es posible esconderse y que nadie te encuentre. La ciudad donde quiero que me encuentres, sin duda, cuanto más desnuda mejor. Los días van pasando y ya es de noche, y ya es verano. Me he comprado una cama enorme como quien llama al amor bajito, y poco a poco voy conquistando centímetros de colchón, y me despierto atravesada en diagonal, inventando desde cero cada día que hoy es el día. Y todos los días pueden ser y son el día, y todas las mujeres pueden ser y son tú, ella. Y cuando hace frío me caliento, y cuando llueve me mojo como las demás, y mientras espero a que crezcan los días voy marcando con lápiz todas las esquinas por las que quiero volver a pasar.





