lo más
Todos los días veo "lo-mas-bonito-de-hoy". Lo más bonito de hoy ha ocurrido cuando el sol brillaba ya flojito, y esa chica ha pasado realmente embarazadísima. Jovencísima, preñadísima y con tres claveles blancos en la mano como quien empuña un premio. Una sabe que ya ha visto "lo-más-bonito-de-hoy" cuando se pregunta:
- Si hubiera sabido al levantarme que me esperaba esto, que a eso de las seis iba a ver esto, y durante el resto del día nada, si todo fuera nada y al final sólo esto, ¿habría merecido la pena levantarse?
Y la respuesta siempre es sí.
Todos los días encuentro una respuesta a la pregunta involuntaria que es levantarme cada día. Una como mínimo. Con un poco de suerte te basta saber que vas a encontrarla para sonreir como una boba.
Lisboa está llena de "lo-más-bonito-de-hoy". Parece como si esta ciudad hubiera estado esperándome y ahora me cayera como lluvia finita todo lo que pasó cuando aún no vivía aqui.
Seguro que esa chica de hoy ya tiene un bebé. Una niña que se llama Dorotea y que nació en Japón. El año pasado, embarazada, llevaba los tres claveles blancos a su mejor amiga para celebrar que esta se acababa de enamorar.
Dorotea ya chapurrea ma-ma-ma. La mejor amiga de su mamá sigue enamorada como el primer día. La primavera pasada yo estaba llorando en Madrid, y no servía para nada. Nunca hubiera podido ser "lo-más-bonito-de-hoy" para nadie.
Como en un regalo educativo y de los que hacen pensar, en Lisboa nunca sé si lo que pasa ya pasó o está a punto de suceder.
Pero la respuesta siempre es sí.

- Si hubiera sabido al levantarme que me esperaba esto, que a eso de las seis iba a ver esto, y durante el resto del día nada, si todo fuera nada y al final sólo esto, ¿habría merecido la pena levantarse?
Y la respuesta siempre es sí.
Todos los días encuentro una respuesta a la pregunta involuntaria que es levantarme cada día. Una como mínimo. Con un poco de suerte te basta saber que vas a encontrarla para sonreir como una boba.
Lisboa está llena de "lo-más-bonito-de-hoy". Parece como si esta ciudad hubiera estado esperándome y ahora me cayera como lluvia finita todo lo que pasó cuando aún no vivía aqui.
Seguro que esa chica de hoy ya tiene un bebé. Una niña que se llama Dorotea y que nació en Japón. El año pasado, embarazada, llevaba los tres claveles blancos a su mejor amiga para celebrar que esta se acababa de enamorar.
Dorotea ya chapurrea ma-ma-ma. La mejor amiga de su mamá sigue enamorada como el primer día. La primavera pasada yo estaba llorando en Madrid, y no servía para nada. Nunca hubiera podido ser "lo-más-bonito-de-hoy" para nadie.
Como en un regalo educativo y de los que hacen pensar, en Lisboa nunca sé si lo que pasa ya pasó o está a punto de suceder.
Pero la respuesta siempre es sí.
chimeneas

Sin que sirva de precedente, y ya que explica las cosas infinitamente mejor que yo, aquí va un pedacito de sabiduría de Lorrie Moore, (de su libro "Pájaros en América"). Sobra decir que hoy estoy completamente de acuerdo con ella:
"La lección que sacar de los líos amorosos "- dice Simone- "es que son como tener mapaches metidos en la chimenea".
- Ay, la historia de los mapaches no- se queja Cal.
- A veces tenemos mapaches en la chimenea- explica Simone.
- Mmmmm- digo sin sorprenderme.
- Y un buen día intentamos ahuyentarlos con humo. Encendimos la chimenea, sabiendo que ellos estaban ahí, pero esperando que el humo hicera que se escabullesen por arriba y que nunca más volviesen. En vez de eso, les ardió el pelo y comenzaron a estrellarse por la sala, completamente chamuscados y en llamas, corriendo como locos por todos lados hasta caer muertos-.
Simone bebe un poco de vino. - "Los líos amorosos son todos asi", dice, "todos así."
(pido perdón por la traducción rápida del portugués, a su vez traducida del inglés).
berlín, tra la lá, tra la lí.
Estaba premenstrual, así que todo daba un poco lo mismo. De entre todos los terrores que, parece, empiezan a los treinta, aquí hay uno que es real: la menstruación muta, amigas. Era larga, será corta, no te dolía? prepárate. Mi pre- menstruación, en este caso, se ha convertido en un viacrucis. Crezco a lo ancho. Mis tetas, en fin...se merecen estos puntos suspensivos: son omnipresentes. Me las encuentro hasta en los bolsillos de los vaqueros, detrás de la oreja, en la punta del dedo gordo. Y luego está la autoestima: no está. Como estaba en Berlín, digamos que la autoestima ya queda ligeramente dañada al lado del estandar-germánico-femenino...me metía en el provador de H&M con unos pantalones de la talla 34 y un abrigo de la 46: quiero decir, da igual. La talla que me quepa me dará la medida de mi cuerpo: yo me rindo. Soy un elefante y una perdiz. Por eso cuando me senté en el sillón de mi primo y le dije que no salía, no estaba exagerando. Hacía tres días que no me miraba al espejo(podía tener un trozo de espinaca pegada al moflete y no enterarme), mi ropa era un insulto y el plan de esa noche era ir a un bar a conocer a Silvia, la amiga de una amiga. Y yo pensaba, "pobre". Y también "qué pereza", y luego "menudo retaquito, jau-ar-yu", "va a salir corriendo". Porque además el alemán es el nuevo chino, y mi neurona en modalidad "lengua extranjera" va directamente al portugués, por lo que mi inglés (nunca lo suficientemente bueno) es ahora una especie de papilla con grumos lingüística. Así que mi única esperanza era que ella fuera un pibón. Una guapa de belleza innegable, una extraterrestre de piernas interminables, rubia y moderna, un alien, una alta altísima con acento del Village, en fin, una mujer tan ajena, tan lejana, tan borrosa como el futuro. Una partida imposible. Como intentar jugar al parchis con un alfin. Como tener un botón en vez de un dado.
Pero no. Silvia era, es, perfecta. Es una mujer terrestre. Es el ahora. Es, en realidad, como un verano en un lago. Es como despertarse cada día el primer día de toda tu vida por delante. Silvia tenía, tiene, unos ojos en los que dormirse y arroparse y crecer y morirse. Una vida posible. Una altura aceptable, el cuerpo perfecto. La ví y respiré. La miré un poco más y se me calentaron los pies, recuperé mi estatura y mi peso, me encontré.
Después se fue. Y no pasó nada. Y ella ni se enteró de que, entre una cerveza y otra, yo había pronunciado una frase que pertenecía al reino de lo inimaginable. Así, mirándola, sin ninguna vergüenza:
"¿sabes? a lo mejor me equivoco, sabes, quizás esté exagerando pero...¿será posible que me haya enamorado de tí?".
Qué cosas. Berlín es lo que tiene.
Pero no. Silvia era, es, perfecta. Es una mujer terrestre. Es el ahora. Es, en realidad, como un verano en un lago. Es como despertarse cada día el primer día de toda tu vida por delante. Silvia tenía, tiene, unos ojos en los que dormirse y arroparse y crecer y morirse. Una vida posible. Una altura aceptable, el cuerpo perfecto. La ví y respiré. La miré un poco más y se me calentaron los pies, recuperé mi estatura y mi peso, me encontré.
Después se fue. Y no pasó nada. Y ella ni se enteró de que, entre una cerveza y otra, yo había pronunciado una frase que pertenecía al reino de lo inimaginable. Así, mirándola, sin ninguna vergüenza:
"¿sabes? a lo mejor me equivoco, sabes, quizás esté exagerando pero...¿será posible que me haya enamorado de tí?".
Qué cosas. Berlín es lo que tiene.





