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la vida exagerada
la vida ES exagerada. Mucho más que yo.
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Acerca de mi, pues todo mi blog, que para eso es mío.
Sindicación
 
16 paredes
Hay una casa que aún no sabe que vamos a habitarla. Yo, que voy y vengo del futuro como quien se pone y se quita un vestido lindo pero complicado (abotonado hasta el cuello, pero precioso. Así son mis viajes al futuro: costosos. Perfectos), en uno de esos viajes la he visto. Tiene contraventanas azules. Y está en las nubes. No tiene ni idea de que, en un tiempo impreciso vamos a ocuparla, decorarla, honrarla, pincharla con clavos pequeñitos y apenas molestos, repintar alguna pared de verde. No sabe, tranquila en su ignorarlo todo, que vamos a crecer y quien sabe si reproducirnos entre sus 16 paredes. Sí, las he contado. Son 16. Llegaremos con mi desorden de maletas y tus cajas de fotos. Con mi caos de papelitos y tus cuadernos de cuento. Con nuestro pelo rizado. Con tu risa y mi diente de leche. La rutina aún será un espacio en blanco que construir. Tu cuerpo llenará esa casa nuestra y a mi, personalmente, no me hará ninguna falta nada que no sea una cama. Una bañera (la casa tiene bañera mi amor. Con pies de león y una sirena con pijama de rayas flotando en el agua). Esa casa que aún no sabe que es nuestra tiene la misma cara que el día que nos besamos la primera vez: de despiste total, de ignorancia boba y encantadora. Como quien dice: “soy un recipiente, ¿qué esperabas?”. Tienen razón. No espero nada de la casa que será nuestra, ni del día en que por fin me despierte a tu lado sabiendo que así serán los días sucesivos: una hilera de amaneceres enredada en tus piernas. Por mi puede llover, pasar un cometa, ganar Obama, desplomarse la bolsa. Será “el primer día que me desperté a tu lado sabiendo que así serían los días sucesivos”. Con ese nombre tan largo, se van a reír de él en el colegio. En cambio, “la casa en la que vivimos juntas” parece rimar con un montón de palabras encantadoras: chocolate, amor, complicidad, risas, sexo, desayunos, mar, sexo, (ah, ¿ya lo he dicho? perdón :)
No me preguntes donde está, cariño, porque no lo sé. Y no porque mis viajes al futuro sean imperfectos, no. Es porque tú tienes la otra mitad del mapa. Yo, sin ti, no sé llegar.