la maldita nostalgia.
“La nostalgia surge siempre de lo irrecuperable, pero posee al mismo tiempo una asombrosa carga de vida latente que la hace mucho más compleja que el recuerdo. Éste, en efecto, sólo puede ser bueno, malo, regular o indiferente, y, a lo más, alegre o doloroso. Pero está ahí, existe mientras no se lo trague el olvido. La nostalgia, en cambio, nos invade cuando el hecho que la motiva es irrecuperable o irremediable. O cuando fue mal vivido, vivido a medias o mal comprendido”
Alfredo Bryce Echenique
Si algo tienen estas citas así en la cabecera de cualquier cosa, es que dan ganas de no escribir nada porque ya está todo dicho. Dan ganas de asentir con la cabeza tipo “cuanta razón tienes, una vez más, Alfredo…”, colgar una foto intentando no borrar el texto (je) y cerrar el ordenador dando un portazo. Pero no, porque también cuando uno encuentra una verdad de esta magnitud, dan ganas de apostillar, expandir, monologar un poco, como le debe suceder siempre a Sanchez Dragó, ahora lo entiendo todo….
No sé, por lo tanto, si viví mal Madrid, lo viví a medias, o, más concretamente, lo entendí mal, definitivamente mal… O entonces es ese mal congénito español que no nos deja en paz ni sintiendo nostalgia, porque inmediatamente, cuando me da por ponerme madrileña, me transformo en una mezcla de Gallardón y Álvarez del Manzano… ya sé, ya sé, pero aún estoy digiriendo el vivaespañññña que me salió de dentro cuando se aprobaron los matrimonios homosexuales… demasiado orgullo por el terruño de una sola vez. Lo cierto es que tengo Madrid atravesado, como un esguince mal curado o una canción de Bisbal que se resiste a desaparecer de tu sufrido cerebro. No es Madrid sólo, no es ese Madrid vacío de Abre los ojos, está lleno de voces mi Madrid, de afectos, de para siempres y de hasta pronto, como en las canciones de Sabina. Hablo del otro Madrid, del intransferible, del que he logrado rescatar de la niebla dos o tres barrios, tres o cuatro esquinas y esa luz.
Los y las recorro en silencio antes de dormir, como hacemos con las casas que ya no existen pero en las que fuimos felices. Recorro ese Madrid con mi vestido favorito, con el bolso lleno de tabaco y dinero y planes apetecibles y soy tan libre como sólo podemos serlo en los lugares que no existen. Mi relación con Madrid quizás no es mala, ni está mal resuelta o mal entendida. Es más bien como que cuando llego allí, Madrid nunca está. Madrid ya no existe, como la casa de mis abuelos. Madrid, cuando lo recorro en silencio sin moverme de la cama, huele a manzana de caramelo, a lluvia y al vapor caliente que sale del metro. Y en la calle Bárbara de Braganza siempre hace sol, y una esquina más allá es invierno, y en Malasaña conviven a codazos las cuatro estaciones, y es imposible atravesar la Plaza Mayor sin ahogarse de calor, y esas son las piedrecitas que llevo en el bolsillo, y que a veces se me cuelan en el zapato haciendo de mis pasos una sucesión de ays y ois… Cómo voy a resolver mi relación con Madrid si siempre que llego ella se fue a pasar el día a Toledo, como quien dice… El Madrid afectivo, por otro lado, está repartido por todo mi cuerpo y en todas las cosas que hago y casi todas las que digo. Sentaditas vosotras en mi hombro, escondidos en mi bolsillo los demás, enseñándome a ser más sabia, más paciente, recordándome quien soy y negándome entre risas la existencia de un tumor de veinticuatro horas, o empujándome de una colleja al encuentro de un milagro. Miles de besos, Madrides repartidos por Berlín, Brighton, Grecia, Portugal, Punta Umbría, Nueva York, por todo el mundo e indudablemente por todo mi mundo. Comentario:
Tu eres Madrid.
Comentario:
Chave, también dijo:
[...] La nostalgia es totalmente involuntaria, viene porque se la rechazó en su momento[...]
[...] La nostalgia despierta y nos invade, aparece en momentos en los que finaliza algo [...] Los personajes se pierde en nostalgias brutales, comprenden el final de etapas[...]La nostalgia les sirve para ver cuan pasada es una época [...]
Y tú y yo en primera fila con nuestros cuadernos, comiendo caramelos, tomando nota. Y él intentando diferenciar la nostalgia del recuerdo. Recordar, al contrario que sentir nostalgia, es para Bryce un acto voluntario. Qué bueno escucharle. Nostalgia de Madrid esas tardes.
Un besito
[...] La nostalgia es totalmente involuntaria, viene porque se la rechazó en su momento[...]
[...] La nostalgia despierta y nos invade, aparece en momentos en los que finaliza algo [...] Los personajes se pierde en nostalgias brutales, comprenden el final de etapas[...]La nostalgia les sirve para ver cuan pasada es una época [...]
Y tú y yo en primera fila con nuestros cuadernos, comiendo caramelos, tomando nota. Y él intentando diferenciar la nostalgia del recuerdo. Recordar, al contrario que sentir nostalgia, es para Bryce un acto voluntario. Qué bueno escucharle. Nostalgia de Madrid esas tardes.
Un besito
Comentario:
Me curé de la nostalgia el día en que perdí la memoria, o mejor debería decir, el día en que me tropecé con las consecuencias catastróficas de cierto instinto suicida, el mismo que me llevó al cero una y otra vez. Entonces quise labrarme una memoria auténtica, ajustarme por fin la licra de un disfraz lo más parecido a mí que pudiera, no volver a diluirme en la cuenca del cero en el futuro, y, por lo tanto, acabar conmigo por última vez.
El cero es, de hecho, el hueco que queda cuando uno decide que no va a volver jamás, que todo lo que le rodeó en su vida hasta anteayer era, de alguna forma, falso, extranjero. Durante muchos años, hice de la traición a mí mismo un arte, el supremo arte del exilio. Empezar de cero fue también vaciarse hasta llegar al hueco, al número más redondo. Atrás quedaron amigos, ciudades, casas en las que creí ser feliz o intolerablemente desgraciado, amores inmensos en su ridiculez, allí, todos, en la sala blanca y vacía del olvido de mí mismo. Este suicidio se repitió mucho durante mi juventud, cada 5 años aproximadamente. Curiosamente, en aquellos largos años, la nostalgia era la postura, la mentira ideal, era un yo argentino de nacimiento, tanguero, poeta maduro bien conservado y mejor vivido. Era querer ser viejo en la piel del joven sólo por darle carne al personaje. Así fue como perdí la juventud toda, queriendo llegar cuanto antes a viejo, haciéndome el viejo con tal de tener nostalgia. Y, paradójicamente, traicionándome entero, como avergonzado, cada cinco años.
Justo me cansé de semejante vicio cuando entendí que ya no me quedaba apenas un cuartito de memoria, que se me había perdido o roto casi toda, tal había sido el empeño concienzudo y sistemático de la traición recurrente. Le perdí el gusto de golpe. Fue el 28 de Junio de 2000, día del Orgullo Gay. Casualidad o no, ese mismo día llegué a Madrid y decidí colgarme el collar del cero por última vez. Quise sumar más que contar, a partir de entonces: uno, dos, tres, cuatro… Y cinco años más tarde ya puedo decir que no he vuelto a caer: al menos a día de hoy, no me he vuelto a suicidar.
El cero es, de hecho, el hueco que queda cuando uno decide que no va a volver jamás, que todo lo que le rodeó en su vida hasta anteayer era, de alguna forma, falso, extranjero. Durante muchos años, hice de la traición a mí mismo un arte, el supremo arte del exilio. Empezar de cero fue también vaciarse hasta llegar al hueco, al número más redondo. Atrás quedaron amigos, ciudades, casas en las que creí ser feliz o intolerablemente desgraciado, amores inmensos en su ridiculez, allí, todos, en la sala blanca y vacía del olvido de mí mismo. Este suicidio se repitió mucho durante mi juventud, cada 5 años aproximadamente. Curiosamente, en aquellos largos años, la nostalgia era la postura, la mentira ideal, era un yo argentino de nacimiento, tanguero, poeta maduro bien conservado y mejor vivido. Era querer ser viejo en la piel del joven sólo por darle carne al personaje. Así fue como perdí la juventud toda, queriendo llegar cuanto antes a viejo, haciéndome el viejo con tal de tener nostalgia. Y, paradójicamente, traicionándome entero, como avergonzado, cada cinco años.
Justo me cansé de semejante vicio cuando entendí que ya no me quedaba apenas un cuartito de memoria, que se me había perdido o roto casi toda, tal había sido el empeño concienzudo y sistemático de la traición recurrente. Le perdí el gusto de golpe. Fue el 28 de Junio de 2000, día del Orgullo Gay. Casualidad o no, ese mismo día llegué a Madrid y decidí colgarme el collar del cero por última vez. Quise sumar más que contar, a partir de entonces: uno, dos, tres, cuatro… Y cinco años más tarde ya puedo decir que no he vuelto a caer: al menos a día de hoy, no me he vuelto a suicidar.
Comentario:
Chave!!! Has vuelto y ...cómo has vuelto! No te vuelvo a decir lo que te admiro, pero cómo!!!
Ahora,que casi me caigo de espaldas cuando leo a "Punta Umbria" y ¡otro genio! ¿Será de familia lo vuestro? ¡Será! Ya sabes que yo soy fan. ¿Me hacéis una transfusión, por favor?
MUAAAAAAAAAAAA!!!!
Ahora,que casi me caigo de espaldas cuando leo a "Punta Umbria" y ¡otro genio! ¿Será de familia lo vuestro? ¡Será! Ya sabes que yo soy fan. ¿Me hacéis una transfusión, por favor?
MUAAAAAAAAAAAA!!!!
Comentario:
Al leer tu texto sobre el "rompeolas de todas las Españas", y sobre la nostalgia y el Nostos griego por las calles y esquinas que conservan olores de otra infancia (Madrid seguirá ahí, con todas tus letras), recordé al inevitable Borges. Te copio aquí un par de sonetos que forman un solo poema de entre los tantos que nos ha legado su talento.
Saludos,
Angel
1964
I
Ya no es mágico el mundo.Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina al Sur,
a cierta puerta, a cierta esquina.
Jorge Luis Borges
Comentario:
Hoy me he impreso tus tres post, de camino a casa los he venido leyendo (ya lo he dicho) y…
Contradigo a tu Alfredo, que no termino yo de cogerle el punto a este hombre, que escribe lindo pero no te conoce ni sabe que la nostalgia eres tú para mí, que no eres irrecuperable ni mal vivida, ni tampoco a medias o mal comprendida… que la nostalgia no es algo muerto, o no tiene por qué serlo mientras las personas que la sentimos (y hacia quienes o qué las sintamos, estén vivas) estemos vivas y te llevemos en los tránsitos, a casa a cada paso.
Y te han mentido los del anuncio del agua… que es sangre lo que tenemos dentro líquida o pastosa según el frío de dentro, pero que fluye ahí, en el interior de gente que como tú, también vive. Y vive a borbotones las brechas de lo cotidiano. Y que Madrid sí que está, que no se ha movido, que la que te mueves eres tú, que la que la llenas eres tú, siempre que quieras… cuando tu sangre está renovada, cuando nos transfusionas al resto con tus historias, con tus vivencias, con tu sonrisa.
Que será que aquí en la playa, la sal del mar hace que cicatricen antes las heridas, que será que nos perdemos los borbotones, cortándolos de tanto baño, yo qué sé…
Que me encantan tus letras, pero siempre millones de veces más tus palabras.
Que te entiendo entera, que te quiero entera… aunque me guste darle la vuelta ciertas cosas.
Collejas y besos desde Punta Umbría.
Contradigo a tu Alfredo, que no termino yo de cogerle el punto a este hombre, que escribe lindo pero no te conoce ni sabe que la nostalgia eres tú para mí, que no eres irrecuperable ni mal vivida, ni tampoco a medias o mal comprendida… que la nostalgia no es algo muerto, o no tiene por qué serlo mientras las personas que la sentimos (y hacia quienes o qué las sintamos, estén vivas) estemos vivas y te llevemos en los tránsitos, a casa a cada paso.
Y te han mentido los del anuncio del agua… que es sangre lo que tenemos dentro líquida o pastosa según el frío de dentro, pero que fluye ahí, en el interior de gente que como tú, también vive. Y vive a borbotones las brechas de lo cotidiano. Y que Madrid sí que está, que no se ha movido, que la que te mueves eres tú, que la que la llenas eres tú, siempre que quieras… cuando tu sangre está renovada, cuando nos transfusionas al resto con tus historias, con tus vivencias, con tu sonrisa.
Que será que aquí en la playa, la sal del mar hace que cicatricen antes las heridas, que será que nos perdemos los borbotones, cortándolos de tanto baño, yo qué sé…
Que me encantan tus letras, pero siempre millones de veces más tus palabras.
Que te entiendo entera, que te quiero entera… aunque me guste darle la vuelta ciertas cosas.
Collejas y besos desde Punta Umbría.