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la vida exagerada
la vida ES exagerada. Mucho más que yo.
Acerca de
Acerca de mi, pues todo mi blog, que para eso es mío.
Sindicación
 
la mamá de Fellipe.
Me fui y volví (aunque hay una yo, más afortunada que la que escribe, que está permanentemente dando vueltas por lisboa y otra que permanece al lado de mi amor para que no coja frío). La vida cotidiana había continuado sin mi, y casi podría decir que conmigo, de tan rápida que fue mi inmersión, sin oxígeno, en mi camareril trayectoria. Me bajé del avión y una señorita de aena me dio una bandeja con tres capuchinos para la mesa quince, y comenzó la cuenta atrás para la siguiente visita tictactictac. Si me descuido, parece que no me fui. Si no fuera por las cosquillas y la sonrisa y la energía renovada, su sonrisa y sus manos y esta extraña predisposición a la paciencia, parecería que esos tres días fueron mentira. Y ayer, mientras medio Madrid me gritaba desde el otro lado de la barra como si la ingestión INMEDIATA de una copa pudiera salvar su vida, esta chavela zen-rezen llegada, pues aún tenía demasiado cerca las cosquillas como para ponerse desagradable. Y la gente se fue marchando, y yo me veía como ideal en el espejo, y entonces esa chica me mira y me dice, "perdona, tú no serás la mamá de Felipe?". Y como negar la evidencia siempre nos da como mínimo dos o tres segundos de margen de maniobra, me acerqué y le dije, "¿qué?". Supongo que entre medias mi cara le asustó tanto que tartamudeó, "la mamá de Felip-pe. E-es que te pareces mucho a una persona que conozco, F-felip-pe, es un niño pequeñito". "No, no soy la mamá de Felipe", dije, y pensé "pero agradezco que Felipe sea un niño pequeñito y no tu novio". Porque la primera imagen que se me pasó por la cabeza fue "¿parezco decincuentaaños?, taquicardia. "seguro que aparento cincuentaaños, no soy esa que veo en el espejo, ya empieza el desfase de las octogenarias que dicen "ay hija, yo no soy esa, yo por dentro sigo teniendo veinticuatro años", ya está, tu hijo Felipe ya ha hecho la comunión". Pero este desfile de demencias no duró mucho. Porque, obviamente, no tengo cincuenta años. Tengo treinta, y podría tener un niño pequeñito que se llama Felipe... perfectamente. La primera vez que sentí ese desfase fue en Rusia. Debía tener unos veintidos años, y me preguntaron "¿estás casada?", respuesta, "noooo, qué va". ¿Y tienes hijos", a lo que, con cara de socióloga experimentada, respondí, "noooo, es que en España eso no es como aquí". Tipo, en España el óvulo no es fecundado por un espermatozoide espabilado, en España es di-fe-ren-te. Y sí, eso que se oía bajito era el tictactic de un reloj biológico.
En abril me voy a Palestina con mis primos, y mi tía ha decidido venir también. Ayer, antes de saber que era la madre de Felipe, dije "me alegro un montón de que esté mi tía en ese viaje, porque me tranquiliza un montón ir con una adulta". Sin comentarios. De todas las demencias, pensaba que tendría un poco de cada una al crecer. Sería la anciana que recoje números atrasados del interviú de los contenedores. La borracha irredenta de un bar de moda, la escritora que no escribe. Ahora pienso que como me descuide puedo ser esa loquita de las canciones de Perales que se sube los calcetines y se hace dos coletas y se va a la obra social de una caja de ahorros con sus galletas cuétara porque ese día cumple setenta y seis años, y sus amiguitos le han comprado una cocinita en imaginarium. Y nada. Os dejo, que Felipe lleva tres horas enganchado a la play station.
 
Comentario:
Cuando mi padre tenía mi edad ya tenía un hijo de 7 años.O sea yo. Y una hija de 7 años también. O sea mi hermana.
Yo podría tener un hijo de 7 años. Lo pienso y me da vértigo. Yo sí ya sé que seré ese octogenario que se mira en el espejo y sigue viendo a un chico delgado de gafas de 23. Y lo único que habrá de cierto serán las gafas, a las que tendré que volver a los 50 por aquello de la vista cansada. ¿y se cansará mi vista de mirar a los de 19 pensando que aún los puedo conseguir?
No