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la vida exagerada
la vida ES exagerada. Mucho más que yo.
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Acerca de mi, pues todo mi blog, que para eso es mío.
Sindicación
 
electricitis
Se va la luz. Pero no como en verano, cuando una tormenta perfecta te recuerda que no eres nada más que un zorro o una hormiga o un petirrojo, y las montañas son amenazantes como un volcán, y entiendes el nacimiento de la religión, y te pones un jersey con chanclas (esa vieja fantasía adolescente de la que ya he hablado). No. Se va la luz en Madrid y antes, un papelito con una sonriente bombilla te ha advertido, en tu portal, de que se iba a hacer la oscuridad. A eso de las doce, y hasta eso de las seis de la mañana. A veces no ocurre, aunque anoche ocurrió, y nunca nunca nunca un insomnio fue tan aleccionador. Se apagó la tele. No puedes leer. Todo lo que se te ocurre es inviable. Se me ocurrió recoger recuerdos, hacer inventario, llorar con nocturnidad y alevosía. Se me ocurrió escribir la carta más larga y terapéutica del mundo. Limpiar mi armario, despedir con una sonrisa algunos vestidos, comprobar que aún quepo en mi "falda medidora" ( siempre hay una, no? una especie de falda enemiga que siempre fue demasiado pequeña, una falda que duele, pero que te reconcilia con el mundo con sólo abrocharte un botón). Nada. No podía hacer nada más que pensar. Agotador. Agotador hasta la nausea, hasta la desesperación, hasta el edredón enrrollado en las piernas, tu cara y la mía, alguna ciudad, el cansancio. La bombilla sonreía avergonzada en mi portal, y nunca agradeceremos lo suficiente la luz, que nos salva de ser un petirrojo enamorado con insomnio.
No