caminar
Ya está aquí, es el vértigo. Solo que cuando empiezas a pensar como si fueras otra persona (por ejemplo contando los días por el dinero que dan, o las vacaciones por el dinero que pierdes. Por ejemplo cuando sientes que el tiempo podría pasar, seguir pasando, y no pasaría nada) sabes que quedarse no es una opción. Detrás de esa barra se ha estado casi siempre bien. Siempre me sale la espuma del capuchino, conozco el grifo de la cerveza, soy la reina de los mojitos. Sé quién entra y quién sale del bar, quién compra tabaco y quién no toma azucar, no quiere chocolate, no bebe la cocacola con hielo (mi memoria de corta duración está llena de datos absurdos como esos. Sé lo que ha tomado cada una de las veinte mesas del pepe, y puedo hacerles la cuenta sin mirar. Y ya no me asusta darme cuenta de eso. Peligro). Así que tengo que irme. Y a dónde, cómo, por qué, con cuánto miedo y con cuánta ilusión son detalles sin importancia. Lisboa? sí, cómo no, todos vais a venir a verme. Lisboa es un buen lugar donde empezar, sí, un poco lleno de ella y un poco llena de todo lo que tiene Portugal de domingo-por-la-tarde, pero tiene mar. Buen café. Casas baratas(sí, no?). Es el vértigo. En dos días dejo el pepe. Y esta sonrisa de idiota que tengo es la que se me pone cuando doy un paso. Caminar es bueno, ya lo dicen todos los médicos. Camina, no corras, ya lo dice camper. Dar un paso adelante me hace parecer más alta.
Comentario:
Ánimo en cada uno de tus pasos. Los que quieras dar. Y el mar es el mejor terapeuta que he encontrado hasta ahora.
Al final, la vida es nuestra: sé feliz.
Al final, la vida es nuestra: sé feliz.