internet
A veces soy temeraria. Tengo 16 años, soy rubia y de Seattle y trabajo de canguro en una enorme casa donde acecha un asesino. Suena el teléfono y lo cojo (evidentemente, es él otra vez, jadeando), oigo un ruido y voy a mirar, soy exasperantemente inconsciente.
Conduzco por Australia e ignoro la última gasolinera en 200 km mientras subo el volumen de la radio y me enciendo un cigarro. Idiota. Estreno zapatos antes de salir de viaje, para poder pasear mis ampollas por una nueva ciudad. Absurdo.
Internet está tan lleno de peligros que me he acostumbrado, día tras día y cada día a caminar descalza sobre cristales rotos. A veces todo me parece mentira. Una mentira sin gracia, peligrosa, incomprensible, así que despliego el mapa y cuando vuelvo, ni me detengo a curarme los arañazos.
Me bebo nuestro país, nuestro patrimonio, y sigo teniendo sed.

Conduzco por Australia e ignoro la última gasolinera en 200 km mientras subo el volumen de la radio y me enciendo un cigarro. Idiota. Estreno zapatos antes de salir de viaje, para poder pasear mis ampollas por una nueva ciudad. Absurdo.
Internet está tan lleno de peligros que me he acostumbrado, día tras día y cada día a caminar descalza sobre cristales rotos. A veces todo me parece mentira. Una mentira sin gracia, peligrosa, incomprensible, así que despliego el mapa y cuando vuelvo, ni me detengo a curarme los arañazos.
Me bebo nuestro país, nuestro patrimonio, y sigo teniendo sed.

Comentario:
¿Qué habrás hecho? Miedo me das...