DEMASIADO TARDE
Desde el badulaque a mi casa había tres millas, y como corriendo siempre me caía, empecé a andar. Las cosas se veían de diferente forma al correr. Habían cambiado aquel cartel publicitario que me parecía ver todos los días que pasaba por allí. No me había dado cuenta, igual era demasiado tarde. El resto del camino fui preguntándome como no me había percatado de tan osado cambio.
Continué mi recorrido haciendo incisos breves en mi paquete de cigarrillos, cuando se me acercó un niño. Era curioso porque llevaba una camiseta con aquel cartel publicitario que me había condenado a pensar. El chico se dirigió hacia mí: “Que hay cretino, algún día te acordaras de esto”. Mi mirada se volvió perpleja, mis músculos no me respondían y claro ¿como iba a responder yo? El niño, tirando la peonza que llevaba, siguió sin que ningún atisbo de fonema por mi parte se le opusiera. Cruzó la calle y desapareció en la esquina siguiente.
Logré mover mi cuerpo y salir del estado en el cual me había entrometido, mezcla de imbecilidad y confusión, y llegué a la calle que me había visto nacer. Un gentío aplaudía y coreaba mi nombre. Sólo había ido a por pan, y no se porqué esa masa de gente me adoraba, pero me adoraba. Fui a abrir la puerta de mi portal y de repente una gran lona se descolgó a lomos del bloque de pisos donde yo vivía. Era el mismo puto cartel de publicidad. Mi sorpresa quedó ataviada cuando un hombre con bigote y gafas se quitó éstas, dándome al mismo tiempo un cheque al portador de tres millones de lo que vale. Empecé a entenderlo, o al menos eso quería creer. Acepté el cheque con mucho gusto. Subí por las escaleras porque estaba pletórico. Al abrir la puerta encontré el cuerpo de mi padre colgado desde el techo, era demasiado tarde. Me acerqué a la ventana, las lágrimas no podían salir al vacío, yo era el vacío de aquella habitación. Rompí el cheque en mil pedazos y lo lancé al exterior con todo el rencor que pude reunir. Al mismo tiempo, desde aquella ventana, vi al mismo chico con el que me había cruzado, seguía tirando su peonza, esta vez no llevaba camiseta. Empezó a reír y a dar vueltas, con la peonza también haciendo lo mismo a su lado. Los pedazos del cheque caían y el chico disfrutaba, como si fuera lluvia, como si se empapara. Parecía feliz, que cojones, igual era feliz. Me miró apuntando hacia la ventana y le vi desaparecer como antes. Entonces lo entendí todo, pero ya si que era demasiado tarde.
Continué mi recorrido haciendo incisos breves en mi paquete de cigarrillos, cuando se me acercó un niño. Era curioso porque llevaba una camiseta con aquel cartel publicitario que me había condenado a pensar. El chico se dirigió hacia mí: “Que hay cretino, algún día te acordaras de esto”. Mi mirada se volvió perpleja, mis músculos no me respondían y claro ¿como iba a responder yo? El niño, tirando la peonza que llevaba, siguió sin que ningún atisbo de fonema por mi parte se le opusiera. Cruzó la calle y desapareció en la esquina siguiente.
Logré mover mi cuerpo y salir del estado en el cual me había entrometido, mezcla de imbecilidad y confusión, y llegué a la calle que me había visto nacer. Un gentío aplaudía y coreaba mi nombre. Sólo había ido a por pan, y no se porqué esa masa de gente me adoraba, pero me adoraba. Fui a abrir la puerta de mi portal y de repente una gran lona se descolgó a lomos del bloque de pisos donde yo vivía. Era el mismo puto cartel de publicidad. Mi sorpresa quedó ataviada cuando un hombre con bigote y gafas se quitó éstas, dándome al mismo tiempo un cheque al portador de tres millones de lo que vale. Empecé a entenderlo, o al menos eso quería creer. Acepté el cheque con mucho gusto. Subí por las escaleras porque estaba pletórico. Al abrir la puerta encontré el cuerpo de mi padre colgado desde el techo, era demasiado tarde. Me acerqué a la ventana, las lágrimas no podían salir al vacío, yo era el vacío de aquella habitación. Rompí el cheque en mil pedazos y lo lancé al exterior con todo el rencor que pude reunir. Al mismo tiempo, desde aquella ventana, vi al mismo chico con el que me había cruzado, seguía tirando su peonza, esta vez no llevaba camiseta. Empezó a reír y a dar vueltas, con la peonza también haciendo lo mismo a su lado. Los pedazos del cheque caían y el chico disfrutaba, como si fuera lluvia, como si se empapara. Parecía feliz, que cojones, igual era feliz. Me miró apuntando hacia la ventana y le vi desaparecer como antes. Entonces lo entendí todo, pero ya si que era demasiado tarde.
ASÍ NO HAY QUIEN ESCRIBA
Estoy preparándome un vodka doble con hielo al que le pondré una chorradica de limón, creo que es de lo poco que se hacer bien. Quiero seguir escribiendo la novela que empecé ya hace un año pero no paran de venirme pensamientos a la cabeza, joder así no hay quien escriba. No puedo dejar de pensar en el curro de mierda en el que estaba supongo que es porque no tengo dinero para pasar este mes pero por lo menos lo que si tengo es dignidad y no me voy a volver a rebajar hasta esos extremos para ganar una miseria, que les den por culo, bueno ya basta que no quiero hablar de ello, el trabajo apesta y no hay más.
Me clavo el vodka de un trago directo al garganchón y acto seguido me preparo otro, me estaré muriendo de hambre pero para vodka no me faltara, ya lo creo que no es lo único que me llena. Me pongo delante de la novela otra vez y ahora me viene a la cabeza la muchacha que había en aquel curro de mierda, joder que buena estaba la cabrona, que piernas, que sonrisa, que agradable era hablar con ella, en fin aquí estoy sólo, bueno sólo no con mi vodka, igual es que me lo he buscado, ¡vale ya coño! tampoco me apetece hablar de las mujeres ni de la soledad.
Dejo caer aquel sabroso zumito por mi garganta y de pronto ya me encuentro mejor, Dios que bueno está. Me voy a poner a lo mío, tengo que acabar la puta novela ya y haber si me la edita algún mamón. Bueno y ahora quien coño llama a la puerta, mierda es el casero
-Se que estás ahí, abre la puerta me debes dos meses de alquiler cabronazo. Bueno tú verás lo que haces pero cuando acabe este mes o te vas o te echo después de tirarte los dientes ¡puta lacra!
Joder ya me he perdido, por dónde iba, ah vale ya me acuerdo el vodka, necesito otro trago, me voy a preparar otro, eso si que me vendrá bien, bueno según como se mire porque ya no sé cuanta gente me ha dicho que debería ir al medico pero me niego a ir a un puto matasanos por mucho que aquí haya Seguridad Social y me tengan que atender por cojones, ya ves para mi es otra puta mierda igual, hay gente que piensa que tenemos suerte ¡y una mierda suerte! que la pagamos aunque no la necesitemos. Bueno ya está bien que me estoy poniendo enfermo, tampoco me apetece hablar de esta mierda pinchada en un palo
A lo que iba, ya no me acuerdo si era la novela o el vodka bueno supongo que van unidos. Necesito concentración, así no la voy a acabar nunca. Empiezo a oír una musiquilla, caguen dios y ahora que pasa, me asomo a la ventana y veo que es una furgoneta de propaganda electoral, se me había ido de la cabeza que dentro de quince días hay elecciones, grandísimos hijos de puta mal nacidos, elecciones ¿para qué?, democracia ¿para qué?, ¿acaso va a cambiar algo?, bueno que tampoco me apetece hablar de esto, ¿sirve de algo hablar de quien se enriquece o empobrece con esta mierda de sistema?
La verdad es que no me apetece hablar de nada así que me voy a poner otro vodka y me tiraré en el sofá a disfrutar de esta maravillosa vida.
Me clavo el vodka de un trago directo al garganchón y acto seguido me preparo otro, me estaré muriendo de hambre pero para vodka no me faltara, ya lo creo que no es lo único que me llena. Me pongo delante de la novela otra vez y ahora me viene a la cabeza la muchacha que había en aquel curro de mierda, joder que buena estaba la cabrona, que piernas, que sonrisa, que agradable era hablar con ella, en fin aquí estoy sólo, bueno sólo no con mi vodka, igual es que me lo he buscado, ¡vale ya coño! tampoco me apetece hablar de las mujeres ni de la soledad.
Dejo caer aquel sabroso zumito por mi garganta y de pronto ya me encuentro mejor, Dios que bueno está. Me voy a poner a lo mío, tengo que acabar la puta novela ya y haber si me la edita algún mamón. Bueno y ahora quien coño llama a la puerta, mierda es el casero
-Se que estás ahí, abre la puerta me debes dos meses de alquiler cabronazo. Bueno tú verás lo que haces pero cuando acabe este mes o te vas o te echo después de tirarte los dientes ¡puta lacra!
Joder ya me he perdido, por dónde iba, ah vale ya me acuerdo el vodka, necesito otro trago, me voy a preparar otro, eso si que me vendrá bien, bueno según como se mire porque ya no sé cuanta gente me ha dicho que debería ir al medico pero me niego a ir a un puto matasanos por mucho que aquí haya Seguridad Social y me tengan que atender por cojones, ya ves para mi es otra puta mierda igual, hay gente que piensa que tenemos suerte ¡y una mierda suerte! que la pagamos aunque no la necesitemos. Bueno ya está bien que me estoy poniendo enfermo, tampoco me apetece hablar de esta mierda pinchada en un palo
A lo que iba, ya no me acuerdo si era la novela o el vodka bueno supongo que van unidos. Necesito concentración, así no la voy a acabar nunca. Empiezo a oír una musiquilla, caguen dios y ahora que pasa, me asomo a la ventana y veo que es una furgoneta de propaganda electoral, se me había ido de la cabeza que dentro de quince días hay elecciones, grandísimos hijos de puta mal nacidos, elecciones ¿para qué?, democracia ¿para qué?, ¿acaso va a cambiar algo?, bueno que tampoco me apetece hablar de esto, ¿sirve de algo hablar de quien se enriquece o empobrece con esta mierda de sistema?
La verdad es que no me apetece hablar de nada así que me voy a poner otro vodka y me tiraré en el sofá a disfrutar de esta maravillosa vida.
Estoy temblando
Estoy temblando, pero estoy contenta. Puede parecer raro verme sonreír tumbada, sin poder levantarme de un suelo encharcado en un callejón oscuro, pero es así. Conozco a muchas que les paso lo mismo y ya nunca abrieron los ojos. Por eso estoy contenta. Ya se que no intentan matarnos, incluso se preocupan de no marcarnos y que todas esas chicas muertas fueron accidentes. Una vez muertas solo nos pueden utilizar un par de veces y luego se tienen que deshacer de nosotras. El problema es que nadie te asegura que no seas tú el próximo accidente. Por eso estoy contenta. Por que aunque no pueda moverme puedo pensar y eso significa que no estoy muerta.
Los primeros días lo pasaré mal. Con moratones y cojeando no puedes aspirar a grandes clientes. Una vez también se pensaron que me había quedado con dinero y me hicieron lo mismo. Estuve una semana tirándome a yonkis con los brazos amoratados, viejos que apestaban a podrido y animales que les gusta escupirte mientras te follan y te insultan. Esa semana le metí la mano dentro de los pantalones a un hombre con bigote y note algo granulado. Cuando la saque vi toda mi mano llena cosas blancas y me penetro un fuerte olor a orín. Un temblor me recorrió la espalda y las piernas me fallaron haciéndome caer al suelo. No pude contener las nauseas y comencé a vomitar en el suelo mientras el hombre me insultaba indignado pegándome patadas en el estomago. Entonces llegaron ellos y me salvaron. No se que habría pasado si no hubiesen estado vigilando.
Lo que peor me sabe del tiempo que no puedes buscar buenos clientes es que los malos pagan poco y ellos se quedan todo el dinero. Así no lograre ahorrar nunca. Todas las mañanas, antes de acostarme, me gusta pasear pop Gran Vía y ver si hay algún local que se traspase. Si encuentro alguno, me quedo mirándolo desde el escaparate imaginándomelo con sus secadores de pelo, sus sillas de peluquería, las mujeres esperando con las revistas del corazón y yo me veo guapísima haciéndole un gran peinado a una señora mientras me habla de la vecina que vive encima suyo y los señores que suelen visitarla. Me dice que no tiene vergüenza y yo le contesto que tiene razón. Igual que yo tampoco la tengo. Perdí la vergüenza as los trece años, al mismo tiempo que la virginidad. Vivía sola con mi madre y ella me enseño lo único que sabia hacer.
Ya ha pasado mucho tiempo desde que me dejaron en el callejón. He dejado de temblar y ya no tengo frío. La vez anterior solo pasaron dos horas desde que me dejaron hasta que me recogieron. Hoy no se que habrá pasado. Igual han tenido una pelea, les ha detenido la policía o simplemente me quieren dar un escarmiento, aunque esto ultimo no lo creo. En el fondo saben que yo no robe el dinero, simplemente tuve una mala noche, pero el negocio es duro y nos dan alguna paliza de vez en cuando para que sepamos quien manda y evitar que los robos sean de verdad.
Se escuchan sirenas. Parece que se acercan. Han parado al fondo del callejón y se acercan cuatro personas corriendo con una camilla y un botiquín. Han llegado a mi lado y durante tres segundos se han quedado paralizados mirándome. La chica rubia se ha llevado la mano a la boca que se le hija abierto al verme de cerca. ¿Tan fea me han dejado? Ella en cambio es preciosa. Me hubiese gustado ser como ella y llegar corriendo con mi camilla para salvar la vida a chicas como yo, que no tuvimos la misma suerte que ella. Me ha cogido la mano y una lágrima asoma por su ojo. Yo también quiero llorar y apretar su mano, pero no puedo hacer nada. No tengo fuerzas para moverme. Los otros tres están intentando reanimarme, pero siento que es imposible. Parece que todo se ha acabado. Al final se levantan tristes, pero la chica rubia sigue cogiéndome, ahora con las dos manos y sus lágrimas escapan de sus ojos con más fuerza que antes. ¿Por qué no he podido ser como tu? ¿Qué he hecho para acabar así? Al rato noto como me meten en una bolsa y suben la cremallera hasta la cabeza. Entonces solo veo la cara de la chica rubia llorando sobre mí. Siento como sus manos cierran mis ojos y un par de lágrimas caen sobre mi rostro rasgando mis mejillas. La cremallera se acaba cerrando dejándome aislada con las lágrimas de la chica que nunca fui y el recuerdo de su rostro. Todo había acabado y pensándolo bien, nunca tendría que haber empezado.
Los primeros días lo pasaré mal. Con moratones y cojeando no puedes aspirar a grandes clientes. Una vez también se pensaron que me había quedado con dinero y me hicieron lo mismo. Estuve una semana tirándome a yonkis con los brazos amoratados, viejos que apestaban a podrido y animales que les gusta escupirte mientras te follan y te insultan. Esa semana le metí la mano dentro de los pantalones a un hombre con bigote y note algo granulado. Cuando la saque vi toda mi mano llena cosas blancas y me penetro un fuerte olor a orín. Un temblor me recorrió la espalda y las piernas me fallaron haciéndome caer al suelo. No pude contener las nauseas y comencé a vomitar en el suelo mientras el hombre me insultaba indignado pegándome patadas en el estomago. Entonces llegaron ellos y me salvaron. No se que habría pasado si no hubiesen estado vigilando.
Lo que peor me sabe del tiempo que no puedes buscar buenos clientes es que los malos pagan poco y ellos se quedan todo el dinero. Así no lograre ahorrar nunca. Todas las mañanas, antes de acostarme, me gusta pasear pop Gran Vía y ver si hay algún local que se traspase. Si encuentro alguno, me quedo mirándolo desde el escaparate imaginándomelo con sus secadores de pelo, sus sillas de peluquería, las mujeres esperando con las revistas del corazón y yo me veo guapísima haciéndole un gran peinado a una señora mientras me habla de la vecina que vive encima suyo y los señores que suelen visitarla. Me dice que no tiene vergüenza y yo le contesto que tiene razón. Igual que yo tampoco la tengo. Perdí la vergüenza as los trece años, al mismo tiempo que la virginidad. Vivía sola con mi madre y ella me enseño lo único que sabia hacer.
Ya ha pasado mucho tiempo desde que me dejaron en el callejón. He dejado de temblar y ya no tengo frío. La vez anterior solo pasaron dos horas desde que me dejaron hasta que me recogieron. Hoy no se que habrá pasado. Igual han tenido una pelea, les ha detenido la policía o simplemente me quieren dar un escarmiento, aunque esto ultimo no lo creo. En el fondo saben que yo no robe el dinero, simplemente tuve una mala noche, pero el negocio es duro y nos dan alguna paliza de vez en cuando para que sepamos quien manda y evitar que los robos sean de verdad.
Se escuchan sirenas. Parece que se acercan. Han parado al fondo del callejón y se acercan cuatro personas corriendo con una camilla y un botiquín. Han llegado a mi lado y durante tres segundos se han quedado paralizados mirándome. La chica rubia se ha llevado la mano a la boca que se le hija abierto al verme de cerca. ¿Tan fea me han dejado? Ella en cambio es preciosa. Me hubiese gustado ser como ella y llegar corriendo con mi camilla para salvar la vida a chicas como yo, que no tuvimos la misma suerte que ella. Me ha cogido la mano y una lágrima asoma por su ojo. Yo también quiero llorar y apretar su mano, pero no puedo hacer nada. No tengo fuerzas para moverme. Los otros tres están intentando reanimarme, pero siento que es imposible. Parece que todo se ha acabado. Al final se levantan tristes, pero la chica rubia sigue cogiéndome, ahora con las dos manos y sus lágrimas escapan de sus ojos con más fuerza que antes. ¿Por qué no he podido ser como tu? ¿Qué he hecho para acabar así? Al rato noto como me meten en una bolsa y suben la cremallera hasta la cabeza. Entonces solo veo la cara de la chica rubia llorando sobre mí. Siento como sus manos cierran mis ojos y un par de lágrimas caen sobre mi rostro rasgando mis mejillas. La cremallera se acaba cerrando dejándome aislada con las lágrimas de la chica que nunca fui y el recuerdo de su rostro. Todo había acabado y pensándolo bien, nunca tendría que haber empezado.
sueño
No se explicar como ha sucedido pero hoy he soñado con un futuro extraño y desesperanzador. Todas las personas pensaban igual, cual robots, tras haber sido absorbidos, por siniestras máquinas, sus ideas, sus anhelos y sus sueños. Siniestras máquinas que los mantenían esclavos, fieles y sumisos a sus amos, y si algún recodo de sus almas lograba escapar del influjo, haciendo a algún miembro de la comunidad diferente a los demás, inhumanos y despiadados sicarios se encargaban de reconvertirlo, castigarlo o eliminarlo.
La humanidad se hacinaba en frías y grises macrociudades que con su horrible simetría y su falta de estímulos ayudaban a mantener a las personas siempre leales al poder y concentradas solo en desempeñar los embrutecedores trabajos que habían sido programados desde el momento mismo de su concepción.
Llegó un momento del sueño en el que no pude soportar tanto horror y comencé a gritar, grité como un poseso a todo el que me quisiera oír, que se rebelasen, que no tenían porque seguir el camino que les habían impuesto, pero me miraban asustados con caras de incomprensión o hacían como que no me veían tomándome por un perturbado. Entonces comencé a zarandearles completamente fuera de mi y a chillar cada vez más alto hasta que los sicarios me metieron a la fuerza en su vehículo y me llevaron a su cuartel general, donde fui castigado con todo tipo de espeluznantes y sofisticadas torturas.
En mitad de una de estas vejaciones que prefiero no describir aquí, pude ver colgado de la pared un calendario con la fecha del día marcada en rojo y desperté sobresaltado comprobando que la fecha coincidía con la de mi teléfono móvil y el calendario de mi cuarto: 4 de noviembre de 2005.
La humanidad se hacinaba en frías y grises macrociudades que con su horrible simetría y su falta de estímulos ayudaban a mantener a las personas siempre leales al poder y concentradas solo en desempeñar los embrutecedores trabajos que habían sido programados desde el momento mismo de su concepción.
Llegó un momento del sueño en el que no pude soportar tanto horror y comencé a gritar, grité como un poseso a todo el que me quisiera oír, que se rebelasen, que no tenían porque seguir el camino que les habían impuesto, pero me miraban asustados con caras de incomprensión o hacían como que no me veían tomándome por un perturbado. Entonces comencé a zarandearles completamente fuera de mi y a chillar cada vez más alto hasta que los sicarios me metieron a la fuerza en su vehículo y me llevaron a su cuartel general, donde fui castigado con todo tipo de espeluznantes y sofisticadas torturas.
En mitad de una de estas vejaciones que prefiero no describir aquí, pude ver colgado de la pared un calendario con la fecha del día marcada en rojo y desperté sobresaltado comprobando que la fecha coincidía con la de mi teléfono móvil y el calendario de mi cuarto: 4 de noviembre de 2005.
Llueve detrás del cristal
Llueve detrás del cristal
Días encuadrados en un calendario por muros que se maquillan de libertad. Semillas de sal esparcidas al viento para quemar las entrañas de una mísera tierra. Nubes negras formadas por las almas que huyen lejos de este mundo. Gota de agua kamikaze que se suicida intentando vengarse de su exilio.
Veo las horas pasar delante de mi ventana, arrastrándose lentamente sobre el asfalto. Al final todos acaban pasando sin detenerse y ninguno mira al suelo para ver lo cerca que esta y lo poco que tardaría en caer bajo el. En el aparcamiento hay un viejo mirando bajo los coches. Esta buscando el tiempo que perdió a lo largo de su vida para acabar bañado por sus lágrimas al encontrar las vísceras de los sueños atropellados.
Dentro del contenedor de basura hay un hombre enfadado destrozando todas las bolsas que encuentra. Su sueño es encontrar ideas allí donde nadie pensó encontrarlas, pero nunca vera ninguna. Jamás sabrá que el buscando en la basura es la idea que busca.
Ya ha caído la noche como un vaso de vino sobre un mantel blanco. Todo esta oscuro y una nube comienza a arañar la luna llena para que nos mire como solo Buñuel supo enseñarle a mirar. Los muertos se desperezan y dejan sus ataúdes para que lo ocupen los vivos. Siempre hay un momento del día en el que convive la vida y la muerte, dándose paso una a otra, uniéndose por un pequeño instante donde el sentido de las cosas se oculta entre el viento y la arena.
Días encuadrados en un calendario por muros que se maquillan de libertad. Semillas de sal esparcidas al viento para quemar las entrañas de una mísera tierra. Nubes negras formadas por las almas que huyen lejos de este mundo. Gota de agua kamikaze que se suicida intentando vengarse de su exilio.
Veo las horas pasar delante de mi ventana, arrastrándose lentamente sobre el asfalto. Al final todos acaban pasando sin detenerse y ninguno mira al suelo para ver lo cerca que esta y lo poco que tardaría en caer bajo el. En el aparcamiento hay un viejo mirando bajo los coches. Esta buscando el tiempo que perdió a lo largo de su vida para acabar bañado por sus lágrimas al encontrar las vísceras de los sueños atropellados.
Dentro del contenedor de basura hay un hombre enfadado destrozando todas las bolsas que encuentra. Su sueño es encontrar ideas allí donde nadie pensó encontrarlas, pero nunca vera ninguna. Jamás sabrá que el buscando en la basura es la idea que busca.
Ya ha caído la noche como un vaso de vino sobre un mantel blanco. Todo esta oscuro y una nube comienza a arañar la luna llena para que nos mire como solo Buñuel supo enseñarle a mirar. Los muertos se desperezan y dejan sus ataúdes para que lo ocupen los vivos. Siempre hay un momento del día en el que convive la vida y la muerte, dándose paso una a otra, uniéndose por un pequeño instante donde el sentido de las cosas se oculta entre el viento y la arena.
DEMASIADAS PASTILLAS ERAN POCAS
DEMASIADAS PASTILLAS ERAN POCAS
Demasiadas pastillas eran pocas, pero suficientes como para acabar conmigo de una sentada. Le faltaba algo al acto de quitarme la vida, no sabía el qué, pero me lo esperaba de otra manera. Era algo muy soso, sin apenas importancia, no se como definirlo, no se como me sentía, estaba sumido en una confusión que se añadía a la desconfianza que tenía en la muerte como esperanza. Algo me olía mal, no iba a salir como yo esperaba, no iba a conseguir mi propósito pero aun así me decidí a hacerlo. Cuando llegas a cierto punto es difícil echarse para atrás, sencillamente no vale la pena.
Decidí poner el toque que le faltaba, la guinda que suele llevar todo pastel que va a ser troceado y desprovisto de su forma. El lazo que suele llevar toda persona de bien. Es muy curioso lo del lazo ya que la gente se pone lacitos para todo, siendo un poco mas modernos, pulseras hechas de goma que perfectamente pudieran estar en todos centros psiquiátricos para poder distinguir a los desviados de los otros. Aunque solo los distinguiría, no quiero decir por esto que los diferenciara.
Sí. Le puse el toque que le faltaba. Me puse a mi mismo como toque. Como engranaje de toda la maquinaria que empieza a dar sus primeros pasos. Me senté y tranquilamente me tomé 300mg Rohypnol, 500 de Bropupion, 100 de Amoxapina, unos toques de Citalopran y un buen vasito de orujo. Entró como la seda, fue uno de esos tragos que te hacen pensar en quién eres y realmente que no importa lo que estés haciendo o donde estés. Son esos momentos de intimidad, de autoentendimiento los que hacen que sigas bebiendo otro trago, y otro, y otro. Este no era mi caso por supuesto, aspiraba a un resto de vida mejor.
Muy pronto empecé a notar los primeros efectos que las convulsiones que se instauraban en mi cerebro.
Mire al frente y vi al asesino y al asesinado. Estaba muy cerca pero me parecía lejos. Por primera vez le veía de frente y parecía como que me perseguía. Más bien yo era el que daba pasos hacia atrás, él venía a por mi. Me veía desgarrado, y desprovisto de toda fuerza capaz de frenar sus intenciones, sólo existía eso en aquel momento. No sabía como dirigirme hacia él, pero mis ultimas opciones de vida eran las de plantarle cara y derrotarle.
Las convulsiones cesaban de rato en rato. Me encontraba en un estado más extraño de lo que de normal estaba acostumbrado, me parecía raro porque mi vida hasta ese momento tampoco se había diferenciado mucho a estar de convulsión en convulsión, pero ese momento era diferente, algo estaba sucediendo. Trate de no darle mucha importancia y continué concentrado en mi labor, la de escapar de mi mismo y verme marchar.
-Maldito enfermo cínico, la estas cagando, me oyes. ¡La estas cagando! No creo que pueda aguantar mucho, pero no me veras moverme de aquí.
Oía alguna voz como desafiante, supongo que con tal cantidad de antidepresivos que me había tomado era normal escuchar voces desafiantes a la razón. La conciencia me empezaba a fallar, los parpados no atendían mis órdenes y no podía permitirme el lujo de no verme morir. Era lo fundamental de todo aquello, era el último fin.
-Te dije que no me iba a mover, da igual la cantidad de fármacos que administres, no me veras irme.
La muerte estaba sujetándome, dándome esas últimas palmadas en la espalda y esos falsos apoyos, de los que te dejan coger confianza para que luego así el golpe sea más duro. Estaba jugando conmigo y yo le había dado los juguetes en forma de química. Por fin hacia lo quería en mi vida, que era jugar con la muerte, mi anhelo, mi sueño hecho realidad.
Hall se dirigió al espejo:
- Cabrón vas a saber lo que es estar muerto y encerrado. Tus únicos pensamientos solo rondaran por tu cabeza para ayudarte a recordar que anhelas el fin, que no puedes más, que ves la salida pero se te antoja más frustrante andar hacia ella que quedarte en la puerta. Solo pensaras en irte pero será difícil cruzar el umbral. Solo espero que te jodas como tú me has jodido a mí.
Hall cayó al vide desplomado y abatido. Sus días se habían contado todos. La sangre salpicó el espejo dejando una imagen macabra en un simple cuarto de baño.
- No me he movido fracasado, no lo ves. Que puertas ni que ostias, de que hablas, solo se que he aguantado y que tu te has rendido
La imagen de Hall quedó en el espejo y no siguió los pasos de su dominante. Por fin se vio morir a si mismo. Mas que nada, la muerte de Hall vio como se iba la vida de Hall, pero se dio cuenta que necesitaba de ese puto enclenque puesto hasta el culo de todo tipo de fármacos que reposaba sobre el lugar donde todo el mundo se lava las manos, no se si por higiene o por puro formalismo de escaqueo. La reciprocidad quedó rota y la complicidad se quebró. La imagen dijo desde su posición poco ortodoxa:
-Hijo de puta, me has encerrado como a un muerto. Tu puta cobardía te ha matado y a mi me ha encerrado. Algún día te vendrán a sacar para llevarte al matadero y en ese momento me reiré de todos.
Demasiadas pastillas eran pocas, pero suficientes como para acabar conmigo de una sentada. Le faltaba algo al acto de quitarme la vida, no sabía el qué, pero me lo esperaba de otra manera. Era algo muy soso, sin apenas importancia, no se como definirlo, no se como me sentía, estaba sumido en una confusión que se añadía a la desconfianza que tenía en la muerte como esperanza. Algo me olía mal, no iba a salir como yo esperaba, no iba a conseguir mi propósito pero aun así me decidí a hacerlo. Cuando llegas a cierto punto es difícil echarse para atrás, sencillamente no vale la pena.
Decidí poner el toque que le faltaba, la guinda que suele llevar todo pastel que va a ser troceado y desprovisto de su forma. El lazo que suele llevar toda persona de bien. Es muy curioso lo del lazo ya que la gente se pone lacitos para todo, siendo un poco mas modernos, pulseras hechas de goma que perfectamente pudieran estar en todos centros psiquiátricos para poder distinguir a los desviados de los otros. Aunque solo los distinguiría, no quiero decir por esto que los diferenciara.
Sí. Le puse el toque que le faltaba. Me puse a mi mismo como toque. Como engranaje de toda la maquinaria que empieza a dar sus primeros pasos. Me senté y tranquilamente me tomé 300mg Rohypnol, 500 de Bropupion, 100 de Amoxapina, unos toques de Citalopran y un buen vasito de orujo. Entró como la seda, fue uno de esos tragos que te hacen pensar en quién eres y realmente que no importa lo que estés haciendo o donde estés. Son esos momentos de intimidad, de autoentendimiento los que hacen que sigas bebiendo otro trago, y otro, y otro. Este no era mi caso por supuesto, aspiraba a un resto de vida mejor.
Muy pronto empecé a notar los primeros efectos que las convulsiones que se instauraban en mi cerebro.
Mire al frente y vi al asesino y al asesinado. Estaba muy cerca pero me parecía lejos. Por primera vez le veía de frente y parecía como que me perseguía. Más bien yo era el que daba pasos hacia atrás, él venía a por mi. Me veía desgarrado, y desprovisto de toda fuerza capaz de frenar sus intenciones, sólo existía eso en aquel momento. No sabía como dirigirme hacia él, pero mis ultimas opciones de vida eran las de plantarle cara y derrotarle.
Las convulsiones cesaban de rato en rato. Me encontraba en un estado más extraño de lo que de normal estaba acostumbrado, me parecía raro porque mi vida hasta ese momento tampoco se había diferenciado mucho a estar de convulsión en convulsión, pero ese momento era diferente, algo estaba sucediendo. Trate de no darle mucha importancia y continué concentrado en mi labor, la de escapar de mi mismo y verme marchar.
-Maldito enfermo cínico, la estas cagando, me oyes. ¡La estas cagando! No creo que pueda aguantar mucho, pero no me veras moverme de aquí.
Oía alguna voz como desafiante, supongo que con tal cantidad de antidepresivos que me había tomado era normal escuchar voces desafiantes a la razón. La conciencia me empezaba a fallar, los parpados no atendían mis órdenes y no podía permitirme el lujo de no verme morir. Era lo fundamental de todo aquello, era el último fin.
-Te dije que no me iba a mover, da igual la cantidad de fármacos que administres, no me veras irme.
La muerte estaba sujetándome, dándome esas últimas palmadas en la espalda y esos falsos apoyos, de los que te dejan coger confianza para que luego así el golpe sea más duro. Estaba jugando conmigo y yo le había dado los juguetes en forma de química. Por fin hacia lo quería en mi vida, que era jugar con la muerte, mi anhelo, mi sueño hecho realidad.
Hall se dirigió al espejo:
- Cabrón vas a saber lo que es estar muerto y encerrado. Tus únicos pensamientos solo rondaran por tu cabeza para ayudarte a recordar que anhelas el fin, que no puedes más, que ves la salida pero se te antoja más frustrante andar hacia ella que quedarte en la puerta. Solo pensaras en irte pero será difícil cruzar el umbral. Solo espero que te jodas como tú me has jodido a mí.
Hall cayó al vide desplomado y abatido. Sus días se habían contado todos. La sangre salpicó el espejo dejando una imagen macabra en un simple cuarto de baño.
- No me he movido fracasado, no lo ves. Que puertas ni que ostias, de que hablas, solo se que he aguantado y que tu te has rendido
La imagen de Hall quedó en el espejo y no siguió los pasos de su dominante. Por fin se vio morir a si mismo. Mas que nada, la muerte de Hall vio como se iba la vida de Hall, pero se dio cuenta que necesitaba de ese puto enclenque puesto hasta el culo de todo tipo de fármacos que reposaba sobre el lugar donde todo el mundo se lava las manos, no se si por higiene o por puro formalismo de escaqueo. La reciprocidad quedó rota y la complicidad se quebró. La imagen dijo desde su posición poco ortodoxa:
-Hijo de puta, me has encerrado como a un muerto. Tu puta cobardía te ha matado y a mi me ha encerrado. Algún día te vendrán a sacar para llevarte al matadero y en ese momento me reiré de todos.