sueño
No se explicar como ha sucedido pero hoy he soñado con un futuro extraño y desesperanzador. Todas las personas pensaban igual, cual robots, tras haber sido absorbidos, por siniestras máquinas, sus ideas, sus anhelos y sus sueños. Siniestras máquinas que los mantenían esclavos, fieles y sumisos a sus amos, y si algún recodo de sus almas lograba escapar del influjo, haciendo a algún miembro de la comunidad diferente a los demás, inhumanos y despiadados sicarios se encargaban de reconvertirlo, castigarlo o eliminarlo.
La humanidad se hacinaba en frías y grises macrociudades que con su horrible simetría y su falta de estímulos ayudaban a mantener a las personas siempre leales al poder y concentradas solo en desempeñar los embrutecedores trabajos que habían sido programados desde el momento mismo de su concepción.
Llegó un momento del sueño en el que no pude soportar tanto horror y comencé a gritar, grité como un poseso a todo el que me quisiera oír, que se rebelasen, que no tenían porque seguir el camino que les habían impuesto, pero me miraban asustados con caras de incomprensión o hacían como que no me veían tomándome por un perturbado. Entonces comencé a zarandearles completamente fuera de mi y a chillar cada vez más alto hasta que los sicarios me metieron a la fuerza en su vehículo y me llevaron a su cuartel general, donde fui castigado con todo tipo de espeluznantes y sofisticadas torturas.
En mitad de una de estas vejaciones que prefiero no describir aquí, pude ver colgado de la pared un calendario con la fecha del día marcada en rojo y desperté sobresaltado comprobando que la fecha coincidía con la de mi teléfono móvil y el calendario de mi cuarto: 4 de noviembre de 2005.
La humanidad se hacinaba en frías y grises macrociudades que con su horrible simetría y su falta de estímulos ayudaban a mantener a las personas siempre leales al poder y concentradas solo en desempeñar los embrutecedores trabajos que habían sido programados desde el momento mismo de su concepción.
Llegó un momento del sueño en el que no pude soportar tanto horror y comencé a gritar, grité como un poseso a todo el que me quisiera oír, que se rebelasen, que no tenían porque seguir el camino que les habían impuesto, pero me miraban asustados con caras de incomprensión o hacían como que no me veían tomándome por un perturbado. Entonces comencé a zarandearles completamente fuera de mi y a chillar cada vez más alto hasta que los sicarios me metieron a la fuerza en su vehículo y me llevaron a su cuartel general, donde fui castigado con todo tipo de espeluznantes y sofisticadas torturas.
En mitad de una de estas vejaciones que prefiero no describir aquí, pude ver colgado de la pared un calendario con la fecha del día marcada en rojo y desperté sobresaltado comprobando que la fecha coincidía con la de mi teléfono móvil y el calendario de mi cuarto: 4 de noviembre de 2005.





