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Lee y destruye
Blog sobre el fanzine lee y destruye. Textos literarios por encima de lo moral e inmoral.
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Esto es el blog de un fanzine llamado "Lee y destruye". Se publica en Zaragoza y se intenta distribuir lo mas lejos posible. Si te gusta y estas interesado en recibirlo periodicamente (cada mes mas o menos) o quieres criticar un articulo mandanos un mensaje.
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DEMASIADO TARDE
Desde el badulaque a mi casa había tres millas, y como corriendo siempre me caía, empecé a andar. Las cosas se veían de diferente forma al correr. Habían cambiado aquel cartel publicitario que me parecía ver todos los días que pasaba por allí. No me había dado cuenta, igual era demasiado tarde. El resto del camino fui preguntándome como no me había percatado de tan osado cambio.
Continué mi recorrido haciendo incisos breves en mi paquete de cigarrillos, cuando se me acercó un niño. Era curioso porque llevaba una camiseta con aquel cartel publicitario que me había condenado a pensar. El chico se dirigió hacia mí: “Que hay cretino, algún día te acordaras de esto”. Mi mirada se volvió perpleja, mis músculos no me respondían y claro ¿como iba a responder yo? El niño, tirando la peonza que llevaba, siguió sin que ningún atisbo de fonema por mi parte se le opusiera. Cruzó la calle y desapareció en la esquina siguiente.
Logré mover mi cuerpo y salir del estado en el cual me había entrometido, mezcla de imbecilidad y confusión, y llegué a la calle que me había visto nacer. Un gentío aplaudía y coreaba mi nombre. Sólo había ido a por pan, y no se porqué esa masa de gente me adoraba, pero me adoraba. Fui a abrir la puerta de mi portal y de repente una gran lona se descolgó a lomos del bloque de pisos donde yo vivía. Era el mismo puto cartel de publicidad. Mi sorpresa quedó ataviada cuando un hombre con bigote y gafas se quitó éstas, dándome al mismo tiempo un cheque al portador de tres millones de lo que vale. Empecé a entenderlo, o al menos eso quería creer. Acepté el cheque con mucho gusto. Subí por las escaleras porque estaba pletórico. Al abrir la puerta encontré el cuerpo de mi padre colgado desde el techo, era demasiado tarde. Me acerqué a la ventana, las lágrimas no podían salir al vacío, yo era el vacío de aquella habitación. Rompí el cheque en mil pedazos y lo lancé al exterior con todo el rencor que pude reunir. Al mismo tiempo, desde aquella ventana, vi al mismo chico con el que me había cruzado, seguía tirando su peonza, esta vez no llevaba camiseta. Empezó a reír y a dar vueltas, con la peonza también haciendo lo mismo a su lado. Los pedazos del cheque caían y el chico disfrutaba, como si fuera lluvia, como si se empapara. Parecía feliz, que cojones, igual era feliz. Me miró apuntando hacia la ventana y le vi desaparecer como antes. Entonces lo entendí todo, pero ya si que era demasiado tarde.
No