LEYENDA DE PUERTO PRINCIPE
En Puerto Principe la única forma de sobrevivir es jugándose la vida intentando coger perlas de las conchas que descuidadas descansan bajo el mar entre las rocas. Las olas golpean con dureza contra las piedras amenazando a todos los isleños que decidan penetrar en el. Cualquier familia de Puerto Principe puede mostrar una pequeña colección de fotografías de aquellos familiares y amigos que murieron por intentar ganarse la vida. Todas las familias menos la del alcalde. El alcalde se dedica a comprar las perlas por un puñado de monedas para luego llevarlas a otras islas a venderlas por mucho más dinero del que las compra. Las perlas muchas veces están enrojecidas por la sangre que lloran las manos de quienes las arrancaron del mar y el alcalde lo utiliza como excusa para pagar todavía menos por ellas. Para controlar el precio de las perlas existe pena de cárcel para todo aquel que intente sacar las perlas de la isla si no tiene un permiso especial. Permiso que solo el alcalde puede conceder y nunca ha concedido a nadie.
En Puerto Principe el mar representa la vida y la muerte. El mar decide a suertes quien sacara las perlas de sus entrañas y quien será el sacrificio que alimentara sus ansias de muerte. Cuando en un grupo de buscadores de perlas uno o varios de ellos son engullidos por las olas el resto arroja sus perlas con desprecio. Todos saben que ganarse la vida no merece la pena si no sabes cuando la vas a perder. En Puerto Principe todos desprecian el mar que saben algún día les devorara sin remedio. Todos los isleños miran el mar con desprecio y lo condenan entre murmullos.
Cuando la noche cierra Puerto Principe el mar inunda sus calles y todas las puertas y ventanas se cierran. Todos tienen miedo. En la noche no es al mar a quien temen, sino a las sirenas. Las sirenas se deslizan bajo el agua recorriendo las calles inundadas buscando a alguien de quien alimentarse. Cualquiera que vea una sirena queda completamente paralizado, no por su belleza como se dice en las leyendas, sino por el miedo. Las sirenas en Puerto Principe son aquellos que han muerto en el mar recogiendo perlas y cuando ves su rostro puedes reconocer los rasgos de aquel familiar o amigo perdido en una cara sin ojos ni labios con unos jirones de carne colgando de una calavera. Al verlos una corriente recorre de abajo hacia arriba toda la columna vertebral acabando en un agudo pinchazo en el cerebro. Es el miedo el que se ha apoderado del cuerpo de la victima y la inmovilidad es el preludio de la muerte. Entonces la sirena se acerca lentamente, con una sonrisa esbozada en trozos de carne que todavía se agarran en su mandíbula. A las sirenas les divierte la cara deformada por el miedo que producen en sus victimas. Cuando las sirenas están a centímetros de distancia dicen que se puede ver el infierno arder en el fondo de sus cuencas vacías y que su aliento amargo penetra por las fosas nasales hasta acabar quemando los pulmones dejando un sabor a muerte en el paladar. Entonces la victima deja de respirar y la sirena comienza a devorarle la cara lentamente dejando siempre los ojos para que pueda ver el proceso de su muerte. La victima ve como la sirena le devora el rostro arrancándole la carne a mordiscos y como baja devorando todo su cuerpo hasta llegar a la altura del estomago, donde siente como algo viscoso se comienza a deslizar de dentro hacia fuera produciendo la mas espantosa sensación de vació. Dicen que una persona puede aguantar sin respirar cuatro minutos, pero si estas siendo devorado por una sirena estos cuatro minutos sientes como cada segundo te desgarra lentamente como si durase una eternidad.
Si preguntas al alcalde de Puerto Principe por las sirenas te dirá que son cosa de un pueblo inculto y bruto, pero el se hizo construir una torre en lo mas alto del poblado, donde pasa las noches aislado de todo, por que el también tiene miedo. El esconde el mayor miedo de todos los habitantes de Puerto Principe por que sabe que cualquier sirena sueña con encontrárselo perdido en la noche.
En Puerto Principe el mar representa la vida y la muerte. El mar decide a suertes quien sacara las perlas de sus entrañas y quien será el sacrificio que alimentara sus ansias de muerte. Cuando en un grupo de buscadores de perlas uno o varios de ellos son engullidos por las olas el resto arroja sus perlas con desprecio. Todos saben que ganarse la vida no merece la pena si no sabes cuando la vas a perder. En Puerto Principe todos desprecian el mar que saben algún día les devorara sin remedio. Todos los isleños miran el mar con desprecio y lo condenan entre murmullos.
Cuando la noche cierra Puerto Principe el mar inunda sus calles y todas las puertas y ventanas se cierran. Todos tienen miedo. En la noche no es al mar a quien temen, sino a las sirenas. Las sirenas se deslizan bajo el agua recorriendo las calles inundadas buscando a alguien de quien alimentarse. Cualquiera que vea una sirena queda completamente paralizado, no por su belleza como se dice en las leyendas, sino por el miedo. Las sirenas en Puerto Principe son aquellos que han muerto en el mar recogiendo perlas y cuando ves su rostro puedes reconocer los rasgos de aquel familiar o amigo perdido en una cara sin ojos ni labios con unos jirones de carne colgando de una calavera. Al verlos una corriente recorre de abajo hacia arriba toda la columna vertebral acabando en un agudo pinchazo en el cerebro. Es el miedo el que se ha apoderado del cuerpo de la victima y la inmovilidad es el preludio de la muerte. Entonces la sirena se acerca lentamente, con una sonrisa esbozada en trozos de carne que todavía se agarran en su mandíbula. A las sirenas les divierte la cara deformada por el miedo que producen en sus victimas. Cuando las sirenas están a centímetros de distancia dicen que se puede ver el infierno arder en el fondo de sus cuencas vacías y que su aliento amargo penetra por las fosas nasales hasta acabar quemando los pulmones dejando un sabor a muerte en el paladar. Entonces la victima deja de respirar y la sirena comienza a devorarle la cara lentamente dejando siempre los ojos para que pueda ver el proceso de su muerte. La victima ve como la sirena le devora el rostro arrancándole la carne a mordiscos y como baja devorando todo su cuerpo hasta llegar a la altura del estomago, donde siente como algo viscoso se comienza a deslizar de dentro hacia fuera produciendo la mas espantosa sensación de vació. Dicen que una persona puede aguantar sin respirar cuatro minutos, pero si estas siendo devorado por una sirena estos cuatro minutos sientes como cada segundo te desgarra lentamente como si durase una eternidad.
Si preguntas al alcalde de Puerto Principe por las sirenas te dirá que son cosa de un pueblo inculto y bruto, pero el se hizo construir una torre en lo mas alto del poblado, donde pasa las noches aislado de todo, por que el también tiene miedo. El esconde el mayor miedo de todos los habitantes de Puerto Principe por que sabe que cualquier sirena sueña con encontrárselo perdido en la noche.





