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Acerca de
Javivi para los amigos, soy un leganense nacido en febrero de 1982. Desde hace muchos años he tenido aspiraciones cinematográficas y televisivas, aunque quién sabe si se cumplirán o me dedicaré a ser crítico de cine. Me gusta el cine, la buena TV (que la hay), los grandes cómics... Puedo presumir de grandes amigos/as, y también puedo arrepentirme de enormes fracasos. Qué se le va a hacer, la vida está llena de contrastes...
Sindicación
 
40 preguntas, un boli... y yo (editado)
¿El día? Este viernes 2 de diciembre.
¿La hora? A las 13.30.
¿El lugar? El centro de exámenes de la DGT en Madrid.
¿El motivo? Porque ya me he cansado de estar sentado aquí:



Y porque ahora quiero esto:



Os mantendré informados de mi ataque al examen teórico de conducir.

No me deseéis suerte... simplemente deseadme, jeje.


 
Dar cera, pulir cera
Gracias a mi último post, he confirmado algo que ya sabía. Y es que os encanta verme humillado, con cara de circunstacias ante un audaz dependiente. La verdad es que no os culpo, yo también me habría deshuevado de no haber sido yo el imbécil. Al menos os habéis reído, ¡y eso me gusta!. Es lo que buscaba. Desde amiguetes que trabajan en Yale (echadle un vistazo al blog del Estévez, lo he puesto en “Enlaces”) hasta gente que Pasaba por aquí (gracias lector/a, ¡un saludo!). Bueno, al lío de hoy.



Hace un par de días se estrenó en alquiler “La casa de cera” (remake dirigido por un español de "Los crímenes de la casa de cera"). Y claro, como buen dependiente gorrón de videoclub, la vi esa misma noche (ay, lo siento taaaanto por todos los clientes que se quedaron sin verla…). Si esperáis una crítica profesional en la que desmenuce plano a plano la realización de la película, la he escrito en la web www.nomeapeteceescribiresacritica.com. Pero sí os diré que es de esas películas malas que son buenas, es decir, que saben que no van a ganar un oscar y pasan de una historia dramática que siempre sobra, para centrarse en mutilar a jóvenes de buen ver corriendo en lencería. Pa’qué más, amiguitos del progressive...

Aunque sinceramente, y es lo que quería contaros hoy, hay un aspecto de la película que me indignó profundamente. ¡Y es que Hollywood es una contradicción de muchos millones de dólares! Veréis, la peli es, realmente, mucho más sangrienta y gore de lo que estamos acostumbrados en sus tontadas de adolescentes. Numerosos litros de sangre llenan las paredes de la casa de cera, sí señor. En la película se ven amputaciones, decapitaciones, despellejamientos, empalamientos, muchas cosas de esas, sí… ¡pero joder, ni una puta teta! Ufff... Creo que tras ver tantas vísceras esparcidas por el suelo, nos hemos ganado el derecho a verle los pechos a Elisha Cuthbert. Es sólo una cuestión de justicia; los que estén de acuerdo conmigo que levanten la mano. Y digo los pechos de esta chica (mi venerada Kim Bauer de la serie “24”), porque la otra actriz (es un decir) de la película es Paris Hilton y, seamos sinceros, todos hemos visto ya a esa mujer practicar su mejor francés (y no precisamente en la Escuela Oficial de Idiomas... ¿o acaso soy yo la única persona del planeta que se descargó su video porno robado? ¡Venga ya! ¡Reconocedlo de una vez!). En resumen: me jode que se crean que un adolescente pueda aguantar perfectamente a un loco que le corta la cabeza a otro, pero en cambio que no soporte ver el cuerpo desnudo de un hombre o de una mujer. Maduren un poco, por San Spielberg... ¡y que no, hostias! ¡Que queremos ver a Elisha Cuthbert en bolas!

En fin, que el enfado por esta contradicción ha cambiado la forma en la que iba a contaros lo que me pasó el otro día en el trabajo. El caso es que casi aumento el número de accidentes laborales de este país. “¿Y qué peligros tiene un videoclub?” os preguntaréis. Pues pocos, pero la mala suerte hizo que una madera que estaba apoyada en la pared se cayera de golpe en la mano de un servidor, con el consiguiente hinchazón y dolor en la muñeca que me quedó durante unas horas. Que entretenida fue esa tarde, ¿verdad “Jefa de esta nuestra tienda” y Srta. “Punto en boca”? Pero nada que no se solucionara un poco de hielo y con una crema antiinflamatoria de color verde extrañamente parecido al semen de Hulk (ug, que asco). Nada más ocurrió, pero ahora imaginaos que viene un tío de Hollywood que quiere rodar esta historia. Lo que veríais en la pantalla sería a grandes rasgos una mezcla de mi mano amputada en el suelo, charcos de sangre en los que resbala un psicópata (con algún trauma infantil) que aparece de pronto en la tienda para asesinarme porque le cobré una multa; una clienta veinteañera y modelo que al huir se engancha el vestido con la estantería de las chuches y se le desgarra el vestido para quedarse en ropa interior, lencería roja preferiblemente; disparos de la policía que muestran a cámara lenta como revientan la cabeza del psicópata asesino mientras grita “Volveré en la secuela para revelarte que soy tu padre”; y finalmente mis compañeras y yo envueltos en mantas y sentados en ambulancias en las puertas del videoclub mientras el inspector de policía ordena precintar el local con su taza de café de máquina en la mano y diciendo “Joder, justo cuando mañana me iba a jubilar”.

Si es que, como diría Buenafuente, que manera de tirar el dinero...


--- EPÍLOGO ---

Todos deberíamos llevar un brazalete negro durante varios días. ¿Qué pasa, ha muerto el Presidente de la comunidad? ¿El del Gobierno? ¿El Rey? No, alguien mucho más importante... Ha muerto Pat Morita. Supongo que ese nombre no os sonará, pero si os digo que es el actor que nos enseñó que detrás de aquel misterioso vecino oriental obsesionado con el cultivo de sus bonsáis se escondía un brillante maestro de Kárate, seguro que sabéis quién es. Rest In Peace, Sr. Miyagui. Un saludo de Javivi-San.




 
El sobrino inexistente, o mis problemas de conciencia.
Tengo un sobrino que se llama Carlitos.

Eeeeh, un momento. Echaré aquí el freno de mano, porque he empezado a contaros esta historia por la mitad. ¡Juan P, lévantate del suelo! Si es que mira que soy burro, sé que mi hermano lee esto y le anuncio así como así que tiene un hijo, y que él no lo sabe. El amago de infarto que seguramente le he provocado hará que cuando llegue a casa me mire y me diga “Eres un cabrón”… Pero bueno, qué más da. El imaginarle llamando a todas sus amigas para preguntarles si tenían un hijo suyo me basta para sentirme recompensado, jijiji.

Bien, comencemos esta historia de vergüenza y dobles morales por el principio. Como sabéis (¡prometo que no os hablaré más de él en unos post!), hace unos días me compré en Fnac el “Star Wars Battlefront II” para PSP. Yo, que en teoría estaba en Parquesur comprándome ropa, entré en mi tienda favorita para echar un vistazo y me topé con que el videojuego, que en teoría salía a la venta a finales de mes, ya estaba en sus estanterías. En escasos microsegundos, el juego estaba en mis manos, mientras le miraba con la boca abierta y con cara de “diosqueputoviciovoyaecharmehostias”. Así, tras pasar por la sección de películas y arrancar también de las estanterías la Edición Especial de “Batman Begins”, pagué gustosamente la gran cantidad de dinero que esos tesoros bien valían, mientras pensaba “a la mierda el presupuesto para ropa”.

El caso es que cuando me puse el juego, pues me decepcionó comprobar que no era como yo me lo esperaba… bla bla… eso ya lo he contado. Pues aunque no estaba del todo mal, decidí devolverlo para recoger mis 60 eurazos y reinvertirlos más concienzudamente. Pero claro, el juego estaba desprecintado, y no te devuelven el dinero si no tiene el plástico (es decir, sin abrir). ¿Cómo solucionar tal problema? Fácil, en mi tienda tenemos una retractiladora. Plastificaría de nuevo la caja y llevaría a cabo mi sesudo plan. Jua jua jua, sentía la tentadora maldad corriendo por mis venas.

Así que la otra mañana, hace un par de días, ahí estaba yo en Fnac dispuesto a cometer esta pequeña estafa (jo, no iría al infierno por eso ¿no? Total, si ya lo tengo ganado…). Me coloqué frente al dependiente de los videojuegos con mi mejor cara de “Soy un buen tío, jamás se me ocurriría estafarte” y le tendí el videojuego con el ticket.

- Hola, verás, es que compré este videojuego para un regalo y resulta que el chaval ya lo tenía… venía a devolverlo.

¡Sí! Ya había macerado anteriormente mi plan. Esa razón debería ser suficientemente creíble, ¿verdad? Pero claro, iluso de mí, no contaba con la astucia del dependiente. Me imaginé cómo esta vez la Justicia se quitó la venda de los ojos y me dijo mientras me señalaba “Dioni de pacotilla, te vas a cagar.”

- Um… - el dependiente miraba sesudamente la caja que le había entregado, dándole la vuelta una y otra vez, hasta que habló – ¿Seguro que el juego venía con este plástico?

- Esto… Supongo que sí, vamos… - hostias hostias hostias, calor en la cara - Yo…. Yo nada más lo envolví con papel de regalo y se lo di… Esto… el GTA no ha salido todavía ¿no?

Mis intentos de distraerle no surtieron efecto. El dependiente hizo un gesto raro, y retiró el plástico. Con eso yo no contaba, sinceramente. Pero tampoco me preocupé, tanto el disco como las instrucciones estaban dentro… Cogió el disco y le dio la vuelta.

- Este UMD está usado – me soltó.

Ups, cagada. En el disco, por la parte trasera, se notaban huellas. Jodeeeer. No se me había ocurrido pasarle un paño o algo. El audaz dependiente me miraba esperando una respuesta, con lo que yo empecé a pensar rápidamente en qué opciones tenía:

1. Podía echar a correr hacia la salida de la tienda. Consecuencias: me quedaría sin juego, sin 60 euros y me llevaría de regalo un placaje de los guardias de seguridad. Descartado.
2. Podía tenderle un billete de 5 euros al dependiente y decirle “Mira, campeón, tú haces la vista gorda y tan amigos”. Consecuencias: me quedaría sin juego, sin 65 euros y con una agradable visita del señor “porra del señor guarda” en mi cara. Descartado.
3. Podía bajarme los pantalones, los gallumbos y decirle mientras me señalaba la minga “Esto también está usado, ¿y qué más da?”. Consecuencias: me quedaría sin juego, sin 60 euros, sin dignidad y con una condena por escándalo público de varios años en la cárcel. Descartado.

Como ninguna de esas opciones me satisfacía, opté por ganar algo más de tiempo. Así que repetí lo que él me había dicho mientras ponía como podía cara de sorprendido.

- ¿Qué está usado? – piensa piensa piensa…

- Sí, ya me extrañaba a mí lo del plástico, porque no es el que usamos aquí. Pero es que luego se nota en el disco que está usado.

Tiempo suficiente. Tenía un plan. Era algo arriesgado, pero qué demonios, era mejor que quedarme desnudo frente al dependiente.

- Me lo voy a cargar – solté con cara de cabreo.
- ¿Cómo?
- Que me voy a cargar al chaval. Que me dice que lo devuelva porque ya lo tiene y luego mira.
- Hombre, es que además no estaba muy bien plastificado…

Hostias, eso me dolió. ¡El día anterior lo retractilé yo mismo! Pero no tenía tiempo de sentirme herido, tenía que seguir fingiendo.

- Es decir, que el chico ha cogido el juego, – seguí, con voz seria – lo ha plastificado y… Joder, se va a cagar.
- Hombre, entiendo que te sientas violento, pero yo soy responsable de esto y no puedo…

Mientras el hombre seguía con su triunfal discurso, yo elaboraba mi historia por si tenía que utilizarla como coartada. Unos días atrás, habría sido el cumpleaños de mi inventado sobrino Carlitos (no sé por qué se me ocurrió ese nombre) al que como buen tío regalé un juego de los caros. Ay, que bien me llevaba con mi sobrino. Recuerdo aquella navidad en que…. Para, eso ya no sirve, céntrate en el problema.

- … admitir esto como devolución.
- No, no, claro, si está usado no se puede devolver… - giré la cabeza con gesto indignado. – Trae, dámelo que ahora se va a enterar.
- Lo siento…
- No, no, si es que no se puede. Gracias por decírmelo.

Cogí el videojuego y avancé con paso firme hacia la salida. Iba a matar a mi sobrino, qué vergüenza me había hecho pasar…. Al atravesar la puerta de Fnac, y sin parar de andar, mi conciencia empezó a gritar: “¡¿PERO TÚ ERES TONTO O QUÉ TE PASA?! TÚ TAMBIÉN ERES UN DEPENDIENTE, IMBÉCIL, Y ESO NO HABRÍA COLADO SI TE LO HACEN A TI. GILIPOLLAS… SI TE HAS COMPRADO EL JUEGO TE LO QUEDAS Y PUNTO, ADMITE TU PUTO ERROR…”. No se calló en todo el viaje de vuelta a casa. ¡La verdad es que me sentía mal!

Durante la tarde, miraba al juego mientras seguía pensando en la lección que mi propio gremio me había dado. Pensé en que necesitaba un castigo, y como unos azotes a mí mismo era algo absurdo (aunque también bastante cómico), decidí que al día siguiente iría por la mañana a Fnac para hablar con el dependiente y dejar clara mi versión de la historia. Me acercaría a él y le diría: “Oye, que muchas gracias por lo de ayer, que el chaval nos la quería líar. Llamé a su padre y le echamos una bronca… Resulta que no le gustó el juego, y se fue a una papelería en la que le plastificaron el juego, y…”. Vamos, un rollo para hacerle sentir un héroe. ¡Joder, es que era mi tienda favorita! ¿Y sí no se había creído mi historia? ¿Y si le ha dicho a todos los dependientes que tengan cuidado con un tío con perilla, que estafa a la gente? ¿Y si ha avisado al FBI y me han pinchado los teléfonos? Me seguí sintiendo mal hasta que me dije: “Soy un poco gilipollas”. Y decidí no hacer nada. ¡No ha sido tan grave! Estúpida conciencia, te voy a enseñar yo a putearme…

En fin, que esta es mi historia. Tenía que contaros mi humillación. Es muy triste, sí, pero al final, como en las grandes narraciones, he aprendido algo que me hará ser una persona mucho mejor: de ahora en adelante, me aseguraré de utilizar el mismo plástico que usan en la tienda.

___


PD: Por cierto, muchas gracias a todos los que leéis y dejáis comentarios. Así me gusta, que haya feedback… Y a los que sé que me leen y no dejan comentarios, pues nada, que también gracias por encontrar un momentito aburrido en vuestras sesiones de búsquedas de porno por internet para ver qué tontadas escribo en mi blog. Hoy, un especial saludo y un doble pastelito de chocolate para Ana, mi ex-compi salesiana, que sé que no le gusta mucho dejar comentarios pero se ha animado a escribirme en el anterior post. ¡Thanks! Umm… chocolate rico…
 
Coitus interruptus
- Esto me da mala espina.

Esa noche, una densa neblina se cernía sobre Endor, la neblina que cubre todas las grandes batallas. Mientras buscaba una speeder-bike en mi campamento base, podía escuchar los blásteres gruñendo a lo lejos. Intenté preguntar a uno de estos Ewoks dónde se encontraba Leia. Maldita sea, nunca había echado de menos a C3PO hasta ahora.

La princesa estaría en el campo de batalla, seguro. Le pedí que no lo hiciera, pero ¿quién puede convencer a un espíritu rebelde como el suyo? Sé que me quiere. Me lo dijo antes de ser congelado en esa odiosa carbonita, pero sé también que hay algo entre Luke y ella, algo especial en lo que no puedo meterme. Si salimos de ésta, me iré de sus vidas. Un ruido ensordecedor me sacó de mis pensamientos.

El AT-ST que se abría paso a través de la arboleda disparaba contra mis compañeros. Yo me alejé dando un rodeo, y con la vista puesta en el horizonte. Tenía que llegar al búnker para reventar los escudos de la segunda Estrella de la Muerte, y estos imperiales se estaban empleando a fondo para impedirlo. Un poco más adelante, me encontré con…




¡JODER! ¿¡Qué pasaba!? Encendí la luz y volví a mirar la pantalla de mi PSP. Ese puto símbolo me había jodido la partida. Adiós a la batería. Argh, ¿por qué ahora?

Esto ocurrió el domingo por la noche, cuando jugaba al “Star Wars Battlefront II” en la PSP. No sé qué hora serían, sobre las 2.30 o por ahí, y estaba disfrutando jugando como Han Solo en una batalla en el planeta de los Ewoks… ¡sí, estaba manejando a Han Solo! Sé que en el anterior post dije que me había decepcionado el juego, porque no era lo que me esperaba. Pero le di una oportunidad más y mira, como que es un vicio. Cuando apareció la pregunta “¿Desea jugar como Han Solo?” se me abrió el paraíso. Es como si te preguntan: “¿Desea pasar una noche de infinito sexo con Jenna Jameson?”. No hay negativa posible. Así que cuando se me acabó la batería, fue como un brutal coitus interruptus. Casi pude escuchar a la PSP diciendo “Lo siento cariño, es la primera vez que me pasa”.

La verdad es que no tenía que estar jugando. Estaba realmente cansado por el fin de semana. La boda del sábado estuvo bien, ¡me reí mucho! Lo malo es que aún tengo agujetas en los brazos por llevar la cámara junto con el trípode todo el día para arriba y para abajo. Ahí estaba yo, con mi camisa negra (aprovecho para decir que odio por saturación a Juanes) y acabando cinta tras cinta. Se casaba mi primo y había que grabarle la boda. Y no será la última, me temo. Todos mis primos ya están haciendo cola para que les grabe en sus nupcias. Grrrr, por qué me compraría la cámara, jeje… Por cierto primo, si lees esto (aunque ahora estarás en Punta Cana) tengo que felicitar vuestra elección de la carta. Por dios, que solomillo tan lleno de sabor y colesterol… Todavía me estoy relamiendo.

Pero lo peor llegó el día siguiente. Tras llegar a las 4.00 a mi casa, con los brazos que me llegaban al suelo, ¿qué tuvo que hacer Javivi el domingo? Pues sí, TRABAJAR. ¡Menuda mierda! Debí ser el único pringado de los 300 invitados que tenía que currar al día siguiente. Videoclub… yo incinerar… Así que todo el día alquilando películas a los afortunados que se habían levantado a las 13.00. Llegué a casa a las 19.30 y evidentemente sólo me quedó una solución. Tumbarme directamente en el sofá y dormitar cual hurón. Perdí la consciencia media horita o por ahí. Y por la noche pues lo que ya os he contado, batallas espaciales y sables láser…

Bien, amiguitos del progressive, este ha sido mi fin de semana. He sacado en claro una cosa fundamental, aparte de que es inhumano trabajar un domingo. Y es que odio el símbolo de fin de batería; en el móvil, en la PSP, en la radio… ¡Pilas infinitas ya!
 
Bandeja de entrada (1)
TELEGRAMA URGENTE

Destinatario: mis querid@s lectores.
Remite: Javivi.
Asunto: No tengo tiempo de actualizar decentemente.

He incumplido mi promesa de no instalar ningún juego en el ordenador hasta no sacarme el teórico del coche STOP Es que el F.E.A.R. tiene una pinta estupenda STOP Mañana me voy de boda STOP Se casa mi primo y voy a hacer de Spielberg y grabar tal acontecimiento STOP Ya os contaré STOP Me he gastado 60 eurazos en el Star Wars Battlefront II para la PSP STOP Estoy muy decepcionado con él STOP No es como me esperaba STOP Creo que tendré que hacer un trapis y devolverlo STOP Ya me he comprado Batman Begins en DVD STOP Sigo arrastrando una soledad que pesa cada vez más STOP El Madrid - Barça de la semana que viene me importa un pito STOP Este domingo, después de dormir más bien poco por la boda, que los clientes no esperen que les atienda con una sonrisa STOP Tendré un aspecto y un estado lamentable STOP Vamos, como siempre STOP ¿Alguien me lleva al Cementerio de los Libros Olvidados? STOP
 
Anoche soñé que...
…echaba una moneda a la máquina recreativa. Tras agradecer mi inversión con un famélico “bip” de felicidad, la máquina me ofreció elegir entre las dos opciones de juego que proporcionaba. Una, el Pang de toda la vida. Otra, un curioso videojuego de un enano armado con una motosierra encargado de aniquilar pajaritos que surgían por todas partes de la pantalla. Me decanté por el segundo y hasta ese momento desconocido entretenimiento.

Tras unos escasos segundos en que el enano de mi juego no mató ni un solo enemigo (por lo que los pajaritos le mataron sin remedio), toda la gente del bar en el que me encontraba empezó a aplaudir. Me giré y comprobé que me encontraba en la fiesta de despedida de una preciosa chica rubia de 23 años, que se iba al extranjero para estudiar, o trabajar, o que sé yo. Ella, delgada, resplandeciente, con unos ojos claros que cuando te mira lo hace directamente a las entrañas, agradecía los halagos y los buenos deseos.

Se giró hacia mí y me llevó a una sala contigua. Entramos entonces a mi salón, con su prima sentada en mi sofá viendo la tele, ajena a todo. Me da un papel, en el que me ha escrito algo. Creo que se lo ha hecho a todos, un folio en el que por una parte el texto es igual, escrito a máquina, y en la otra cara dedicatorias para cada uno de nosotros escritos a bolígrafo. Hay varios párrafos escritos de diferente manera, como si hubiera escrito varios de ellos en momentos diferentes. Una lágrima cae por su mejilla. Llora porque se va, supongo, o por la gente que deja. Dejo el papel en la mesa y le rodeo con mi brazos... Le doy uno de esos abrazos en los que te llenas de la pena del otro. No la abraza su novio, no, solo yo estoy allí para consolarla. Lo siento, novio perfecto, esto no es la vida real, en mis sueños tú no existes.

Tiene que volver a su fiesta, así que me agradece lo que he hecho y me deja allí. Me giro y recojo en papel que me había dado. Ardo en deseos de saber lo que me ha escrito…

Tan sólo un segundo más tarde, estoy en plena noche en un almacén abandonado de trenes destartalados. No sé si huyo, o persigo algo. Me acompañan varias personas, pero sólo reconozco a una actriz de la película “Han llegado” que estaba viendo un par de horas antes de dormir. De pronto, el sonido de alguna explosión indica que todo ha terminado. Al salir de allí con paso cansado, coches de policía se acercan a nosotros, creo que dispuestos a encubrir lo que allí había ocurrido. Un agente del gobierno (o del FBI, o yo que sé) que tenía un pelo como el del anuncio del 11811, se acerca a nosotros y nos muestra una carpeta que contiene fotografías en principio estúpidas y sin significado, pero que de alguna manera sabemos que da respuesta a todo lo que habíamos ido a buscar... fuera lo que fuera.

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Eso es lo que mejor recuerdo de mis sueños de la pasada noche. “Joder, qué tío más raro”, estaréis pensando. Jamás llegaré a saber lo que decía aquel papel sobre mí, o qué demonios hacía el tipo del 11811 en mi subconsciente, pero una cosa sí os aseguro: si en el futuro jugáis a una recreativa en el que tengáis que matar hordas de pájaros con una motosierra, que sepáis que la idea es mía.