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Acerca de
Javivi para los amigos, soy un leganense nacido en febrero de 1982. Desde hace muchos años he tenido aspiraciones cinematográficas y televisivas, aunque quién sabe si se cumplirán o me dedicaré a ser crítico de cine. Me gusta el cine, la buena TV (que la hay), los grandes cómics... Puedo presumir de grandes amigos/as, y también puedo arrepentirme de enormes fracasos. Qué se le va a hacer, la vida está llena de contrastes...
Sindicación
 
La "o".
Bienvenidos a un brevísimo post en los albores del nuevo año. No tengo tiempo de más, pido disculpas a mis millares de seguidores (dejadme soñar). Y es que ahora mismo estamos en el final del 2005, o mejor dicho, en la "o" de "Feliz 2005, por el culo te la hinco".

El año que estrenamos me va a traer, para empezar, una gran obra en casa. Creo que no lo había dicho aquí, pero durante un par de meses me tendré qie ir a otro piso (está cerquita de mi casa, por suerte). Y es que al lado de esta reforma, la construcción del palacio de El Escorial va a paracer un juego de Lego. Levantaremos los suelos, el baño, la terraza, pintaremos las paredes.... Vamos, que va a quedar irreconocible. Y el día D será la semana que viene, en la que dejaré de disfrutar de mi querida conexión a internet para trasladarme a un lugar aislado de todo el planeta. Ay, que jaleo, madre..... Pero cuanto antes empecemos con esto, antes terminaremos.

¡Por cierto, amiguitos/as! tampoco lo había dicho aquí, pero ya soy un A.P.A.C. (Antes Peatón Ahora Conductor). ¡Sí! Ya he comenzado las prácticas con el coche, y estoy comprobando en mis propias carnes la responsabilidad que supone manejar un cacharro de ésos. Bueno, también he llegado a la conclusión de que el pedal del embrague es un enviado del Maligno, cuya única misión es calarnos el puto coche. ¡Pedal de los cojones! ¿Y por qué hay tres pedales, si tenemos dos piernas? El inventor del coche sería muy listo y todo eso, pero no sabía contar el muy cabrón. O eso o que su primer conductor era Nacho Vidal...

Y poco más, que espero olvidar lo antes posible este asco de año (si no me atraganto con las 12 aceitunas sin hueso), y que algun día empiece a ser un poco más feliz, que creo que me lo merezco. Así que sólo me queda ser tan poco original y deciros... FELIZ AÑO NUEVO.


Viñeta de Máximo, de "El País"

PD: Intentaré actualizar como hasta ahora el blog, pero no me tengais en cuenta que pase un tiempecito en blanco.... ¡maldita obra! Y no perdáis el tiempo echándome de menos, ¿eh? ;)
 
Navidad, Navidad...
[Aviso: el siguiente post puede herir espíritus navideños. No debe leerse sin las debidas precauciones, como por ejemplo poner una radiografía o un folio en blanco entre a la pantalla y usted (vamos, como veíamos las pelis porno del plus).]

OFICINAS CENTRALES DE LOS REYES MAGOS. DICIEMBRE 2005.

MELCHOR y GASPAR están en el vestíbulo de las oficinas, decoradas con motivos navideños y luces intermitentes. En medio de la sala, una mesa con un montón de cartas esparcidas por su superficie. Los dos Reyes Magos leen sendas cartas, cuando se escucha el ruido de la puerta al abrirse. BALTASAR entra en la sala.

BALTASAR: ¡A las buenas! Uff, perdón por el retraso...
GASPAR: Hombre, ya era hora de que llegara el negro. Que, te han puesto una valla más en Melilla y se tarda en subirla ¿no?
BALTASAR: Pues no, la verdad es que tu hermana quería verme la tranca y me ha entretenido...
MELCHOR: Chicos, chicos, todos los años igual... serénense.
GASPAR: Pues que venga antes, no te jode.
BALTASAR: Racista de los cojones... llevamos dos mil años trabajando juntos y todavía dices gilipolleces.

BALTASAR cuelga su abrigo en una percha, y acerca una silla a la mesa. Se sienta con los otros, que dejan las cartas que leían en la mesa.

MELCHOR: Bien, pues ya que estamos todos, vamos a empezar con el orden del día. Tenemos dos puntos a tratar: la ausencia de espíritu navideño y el creciente monopolio de Santa Claus...
GASPAR: Ese gordo cabrón... Mira que nos hicimos unas chuletas con el puto Rudolph, pero nada, ahí sigue dándonos caña.
BALTASAR: Y no olvides a sus duendes... todavía me duelen los huevos de las patadas que nos pegaron la última vez.
MELCHOR: Bueno, ya trataremos ese tema. Ahora lo más importante es saber por qué estamos perdiendo cada vez a más creyentes. ¿Alguna idea?
GASPAR: Pues no se, pero a lo mejor es porque estamos ya un poco viejos... En el sindicato me dijeron el otro día que hasta los 2.500 años no nos podemos jubilar. Yo creo que si fuera Angelina Jolie una Reina Maga, la gente volvía a creer en la Navidad y hasta en el ratoncito Pérez, si queremos.
BALTASAR: Um, la Jolie... A ésa si que la hacía yo un buen regalo...
GASPAR: Mira el negro, que listo.
BALTASAR: Habló el pichacorta.
GASPAR: Pues tu madre no se queja...
MELCHOR: ¡¡Basta ya!! ¡¡Por favor, esto es importante!! (mira al cielo) Señor, por qué me enviaste a estos dos, yo sólo te pedí unos becarios... (coge una carta de la mesa). Mirad, para que comprobéis la falta de espíritu navideño, os leeré la carta de un joven que nos llegó hace poco.


“Queridos (es un decir) Reyes Magos:
Os escribo desde Leganés para deciros que cada vez me importa menos la Navidad. Es, como todas las cosas que hay escritas en la Biblia, una farsa. De hecho, ni siquiera creo en vosotros, pero he puesto en el sobre ‘Para los Reyes Magos’ y a lo mejor hasta llega a alguien. Por cierto, no he pegado ningún sello, así que si eres uno de correos el que está leyendo esto, que sepas que eres un puto cotilla... y búscate un trabajo de verdad, que ya con internet no escribe cartas ni el tato.
Pero a lo que iba, que las lucecitas en las calles, la cabalgata, los Christmas y el hecho de que todo el mundo se acuerde de que tiene que ser una buena persona durante un par de semanas, me toca las narices (por no decir los huevos, que queda feo). Si existierais de verdad, pasaríais de todos nosotros, que aunque digamos lo contrario vivimos de puta madre, y os dedicaríais a los que de verdad os necesitan. ¿Qué hacéis leyendo cartas mientras millones se mueren de hambre, sida y explotaciones varias? Y no solo en navidad, sino que hay 50 semanas más al año. Por cierto, si veis vosotros al Papa (al que, evidentemente, no pienso visitar), decidle que es un hipócrita estúpido, que lo que regenta es una empresa y no una ideología... que venda todos sus anillos y sus coches y que de verdad abra la Casa del Señor a todo el mundo. Ah, y dadle recuerdos de ZP.
En fin, que soy un ateo convencido, que prefiero tener los pies en la tierra que andar soñando con que después de morir llegaremos a una vida feliz... ¿y qué pasa con ésta? Sufrimos como gilipollas durante 80 años para decir después ‘Ah, joder, esto del Paraíso ya es otra cosa...’. Pues va a ser que no. Y que yo no quiero que la gente sea feliz en las fiestas. Yo lo que quiero es que sean felices todo el puto año.
Así que adiós, no os pido nada porque ya me regalarán algo mis padres. Yo no os necesito.
Javivi.
PD: Y trabajad más, cabrones, que hasta a los vagos como yo nos parece excesivo currar solo una noche al año.”


MELCHOR deja la carta sobre la mesa. BALTASAR suspira, pensativo.

GASPAR: un momento, ¿ese tal Javivi no es el que el año pasado nos pidió que le regaláramos la nave “Serenity”?
MELCHOR: Um, pues ahora que lo dices, creo que sí... y hace tiempo también nos pidió la espada láser de Luke Skywalker... Joder, nos volvió locos.
BALTASAR: ¿Y ese pretende darnos lecciones de humanidad? Pero si seguro que cree que vive en Matrix...
MELCHOR: Pues vamos a enseñarle un poco lo que es la Navidad. Le vamos a regalar un buen saco de carbón con una nota que ponga “Te lo metes por el culo”.

GASPAR y BALTASAR se miran asombrados.

GASPAR: Hostias con el Melchy, ¡que se pone duro!
MELCHOR (sonríe): ¿Qué pasa? A veces también tengo mala leche...
BALTASAR: Bien, pues este asunto queda zanjado. No perdamos más tiempo con ése. Hablemos ahora del gordo de rojo... ¿le ponemos cepos en las chimeneas?


[Fin del relato navideño. Cualquier parecido con la realidad, es que es realidad.]
 
La historia del bizco
En Krypton ya lo sabían. Eran mucho más inteligentes que nosotros, aunque su planeta se fuera a la mierda a pesar de las advertencias de Jor-El. Al iniciarse el desastre, este visionario introdujo a su único hijo en una pequeña nave espacial para ponerle a salvo de la destrucción, y le envió en un viaje interestelar hacia la Tierra (¿no había más para elegir? ¿Sabía que aquí vivían los Bush?). Y en el interior de la nave.... ¿qué mejor que toda la historia de la humanidad proyectada en hologramas para que el pequeño Kal-El (el futuro Superman) supiera de antemano dónde se metía? Pues eso es lo que le falla a la propia humanidad, un sistema que nos avise antes de nacer en qué endiablado lugar vamos a nacer.

Y es que tras ser engendrado por mis padres (ahorrémonos los detalles de cómo sucedió... ugg), me pasé diez meses en el interior de mi madre. Sí, diez meses, ¿qué pasa? A los que nacen antes de los nueve meses les llaman prematuros, pero a los que nacemos después, nos llaman vagos de la hostia. En fin, a lo que iba, que durante todo ese tiempo ahí debía haber estado yo, con un Home Cinema intrauterino y flotando en el líquido amniótico, visionando horas y horas de material que me descubriera los secretos del ser humano. Así me habría ahorrado millones de meteduras de pata.... como ésta. Esta es mi historia del bizco.

Yo era joven. Contaba con, aproximadamente, unos 8 años cuando todo ocurrió. Me encontraba con mi vecino frente a la sede de una asociación de vecinos que había en Zarzaquemada. ¿El motivo? Nuestras madres se habían apuntado a unos cursos de manualidades (creo recordar), y estaba próxima la hora en que debían salir de allí.

Mi vecino y yo nos aburríamos considerablemente esperando a encontrarnos con nuestras madres, y comenzamos a hablar sobre qué hacer para matar el tiempo. Al final, nos pareció una buena idea jugar al escondite (no recuerdo las otras opciones, pero no creo que hacer un botellón estuviera entre ellas), por lo que iniciamos los preliminares estándar del juego.

- Pares - dijo él.

- Nones - respondí.


Total, que me tocó a mí ligarla en la primera ronda (desde ese día no he ligado nada de nada). Decidimos por consenso asignar la zona conocida como “casa” al escaparate de una ferretería situada frente a la sede de dicha asociación. Pues bien, con la idea de pasar un divertido rato de juegos infantiles, me dispuse a contar de 1 a 10 lentamente, mientras mi compañero se escondía. Para ello, me apoyé en el cristal del escaparate, poniendo allí los brazos y cerrando los ojos.

Un par de rondas más tarde, me la volví a ligar, y procedí a realizar el mismo ritual anteriormente explicado. Me apoyé en el cristal y comencé a contar. De pronto, escuché un ruido metálico junto a mí. Era la puerta de la ferretería, que se estaba abriendo rápidamente. Me giré hacia ella y vi al dueño de la tienda, de unos 50 años, colocándose frente a mí. Entonces, aquel señor me miró. Bueno, eso lo comprendí después, porque en ese momento sólo me di cuenta de que ninguno de sus dos ojos estaban fijos en mí, ¡sino en distintos puntos de mi alrededor! Era bizco, pero como yo en mi vida había visto algo semejante, ignoraba lo que allí sucedía.

- Aquí no se puede jugar - me dijo.

Y yo, haciendo uso de mi inocente y comprensible forma de ser a los 8 años de edad, me giré y comprobé la dirección a la que yo creía que miraba aquel señor. Pero nada, a mi espalda no había nadie.

- Que aquí no se puede jugar - repitió el hombre, cuando yo creo que estaba pensando: “Este niño es gilipollas”.

Pero, querido lector, ¡compréndeme! Yo ni conocía el término “bizco” ni jamás había oído la palabra “estrabismo”.

Volviendo al suceso en cuestión, cuando el dueño de la ferretería me repitió que no se podía jugar allí, yo volví a girarme extrañado para descubrir a quién demonios le estaba hablando. Miré de nuevo al hombre, con mis ojos fijos en los suyos con expresión interrogante. Definitivamente, algo no encajaba. Fue en ese momento cuando una extraña chispa de lucidez se encendió en mi cerebro. De acuerdo, sus globos oculares no eran fiables para solucionar mi enigma… Entonces, me fijé en la punta de su nariz. ¡Estaba apuntando a mi cara! Así, uní los confusos conceptos que flotaban en mi mente…¡Me estaba hablando a mi! Claro, eso explicaba muchas cosas, como por ejemplo el hecho de que, aun estando la calle vacía y siendo yo el único ser vivo en varios metros a la redonda, seguía hablándole a alguien.

Cuando logré encajar todas las piezas en mi cabeza, comprendí que el señor trataba de echarme la bronca por plantar mis brazos y manos en el impoluto cristal de su escaparate. Y en ese momento, hice lo que haría cualquiera de vosotros con 8 años cuando un señor con algo raro en los ojos te mira y te regaña por algo: echar a correr. No sé si corrí mucho o poco, aunque aún no sabía que el deporte era perjudicial para la salud, como aprendí cuando sufrí un esguince falso. Pero, amigos, como decía Michael Ende en “La Historia Interminable”, eso es otra historia que debe ser contada en otra ocasión.
 
Hace unos días, en el metro
No iba a ser menos que los demás y mientras el metro se detenía en la estación, miré mi reflejo en los cristales del vagón. Descubrí que aquella mañana no me había peinado. Pasé mi mano como pude por mi pelo, aunque realmente tampoco importaba demasiado. Lo tenía muy corto, y una de las ventajas de tenerlo así es que al levantarse apenas se distingue si está peinado o no.

Cuando se abrieron las puertas del metro, me dirigí al lugar de siempre, a la puerta de la pared opuesta. Allí, apoyé la espalda y saqué el móvil del bolsillo. Doce minutos de trayecto daban para olvidarse un poco de todo jugando al tetris. Mientras cargaba el juego, me fijé en que la chica que estaba sentada a mi derecha estaba trasteando con su móvil. Era morena, tenía el pelo largo (esos que hay que peinar por las mañanas quieras o no) y era bastante guapa. No pude evitar curiosear en la pantallita de su teléfono. Mientras se introducía en la memoria de sus mensajes recibidos, me pregunté si estaba bien seguir espiando su intimidad. Ni siquiera me respondí, y continué leyendo sus mensajes.

La mayor parte eran de un tal Antonio David. Como si me estuviera leyendo los pensamientos, la chica abrió uno por uno y releía los sms. Según imaginaba, se trataba de los mensajes de un chico con el que podría tener una relación que seguramente iría a más. Tal vez se habían conocido en alguna fiesta, o por internet, quién sabe. Pero lo que leía eran las típicas palabras que enviamos cuando nos gusta una persona (o tan sólo pretendemos llevarla a la cama, es tan fina esa barrera), llenas de dobles sentidos y varios “qué habrá querido decir con...”. Me faltaba la mitad de la conversación, los mensajes de la chica, pero los podía imaginar. Serían frases de las que se tardan eternos minutos en escribir, de los que pensamos “¿si pongo esto es demasiado evidente? ¿O se creerá lo que no es? Que sí es, pero así dicho...”. Es decir, el típico tonteo que tan nerviosos suele poner tanto a ellos como a ellas; tonteo que te hace no soltar el móvil hasta que la otra persona te ha respondido, y le contestas al momento no vaya a ser que se crea que no pasas de él/ella; tonteo que te hace sentir algo en el estómago cuando suena el móvil... que te hace sentir un poco más vivo.

Un par de estaciones después, la chica guardó el teléfono en su bolso, ajena a mi inspección ocular, y levantó la vista. Entonces se dio cuenta de que a unos metros se encontraba una amiga suya, y se levantó a saludarla. Mientras se quedaba hablando con ella, yo me quedé pensativo. Hacía mucho tiempo que no me sentía vivo. Respiro, pero no hay nada dentro. No hay pasión ni por nadie ni por nada.

Llegó mi estación y me dirigí a la puerta. Ni siquiera sé si aquella chica se bajó allí o no. La dejé libre de mi curiosidad, pero, mentalmente, le envié unas palabras.

“Un saludo desde el vacío”.
 
La rebelión de los O.T.R.O.S.
Ustedes no lo saben. Viven dentro de un horario programado, sin variaciones. Madrugan, entran a las 9.00 a trabajar y salen a las 18.00. De lunes a viernes. No hay cambios en un horario que siempre se cumple. Todos sus amigos y familiares trabajan las mismas horas. Las noches, los fines de semana y los festivos se convierten en fechas señaladas en las que disfrutan con ellos de horas de diversión y entretenimiento. Todo perfecto. Pero, ¿qué pasa durante las horas en las que ustedes no trabajan? ¿Se para la producción nacional? No, ahí entran los “Otros”.

Hay muchos “Otros”. Gran parte de ellos pertenecen a la ficción: desde los de Amenábar hasta los de la isla de “Perdidos” (¿quién demonios son? Uff, ¡y hasta el 11 de enero no hay nuevo capítulo!). Pero en la realidad también existen “Otros”. Son los otros trabajadores, los que no comparten sus horarios, sus fiestas, sus ratos de ocio, los que libran los lunes y los martes, los que están para servirles en su entretenimiento y sacrifican su vida social por ello. Gasolineros, acomodadores, vendedores de pipas, actores, guardas jurado, locutores de radio, quiosqueros, camareros... y sí, también dependientes de videoclub. Yo soy uno de ellos. Soy uno de los O.T.R.O.S.

Y lo que ustedes no sabían es que no estamos indefensos, ni solos. Oh no, todo lo contrario. Todos los profesionales que hacemos que el país no caiga durante los días no lectivos hemos formado un grupo llamado los O.T.R.O.S. (Organización de Trabajadores Reservados al Ocio Suyo). No habían oído hablar de nosotros porque hemos sido discretos, moviéndonos entre las alcantarillas de la sociedad programada, para reunirnos y ser conscientes de algo muy importante. Este país, el planeta, y el universo en general sobrevive gracias a nosotros. Ya desde la Biblia se os advierte que en el Séptimo día, dios descansó. Pero claro, nunca escribieron lo que en realidad hizo. ¡Se fue al videoclub a alquilar Ben-Hur! Menuda juerga se montó en el Paraíso junto a Zeus y Alá. ¿Y quién les alquiló la película, quién les proporcionó las palomitas, quién les vendió el cartón de “Cumbre de Gredos”? Nosotros. Hacemos de su descanso un placer. Es nuestro oficio.

(Javivi midiendo la separación exacta entre las películas para que ustedes lo encuentren todo perfecto. De nada.)

En nuestra última reunión, tuve el honor de ser elegido por la organización para hacerles llegar un mensaje importante: aunque nos vean atenderles con una sonrisa y con completa dedicación, nosotros no queremos estar en ese lado del mostrador. Queremos ser como ustedes, les tenemos envidia y, si nos tocan las narices, incluso les odiamos. Si nos montan un pollo o se quejan sin razón, no saben a lo que se enfrentan. ¿Que les han puesto sobrecitos de mostaza en lugar de los de Ketchup en la hamburguesa? ¿Que les anunciamos que para la nueva de Harry Potter sólo quedan primeras filas? ¿Que la habitación de la casa rural que han alquilado no tiene toallas limpias? No es una equivocación, sino un mensaje. ¡Tenemos recursos con los que hacer tambalear esta sociedad!

¿Qué no se creen que tengamos ese poder? Muy bien, permítanme ponerles un ejemplo. Estoy yo en mi videoclub atendiendo amablemente a una familia que alquila “Barbie y la magia de Pegaso” para disfrutar de una tranquila tarde de cine infantil. De pronto, la niña de 10 años dice “Jo, que bien nos lo vamos a pasar, mamá, ¡vamos a ver a Barbie!” y la madre contesta “Claro que sí hija, disfrutaremos de este día festivo en el que NO tenemos que trabajar viendo una agradable película que, encima, nos enseñará a ser mejores personas”. Vale, yo oigo este comentario tan aparentemente inocente mientras estoy buscando la película y me cabreo sin remedio... y pienso “Vamos, restregadme bien que hoy no trabajáis, aún me queda un resquicio de orgullo por arrancar en la cara... pues os vais a enterar”. Y entonces, en la caja de la película de Barbie, le pongo el DVD de “Enfermeras cachondas pasan consulta”. Y sonrío maliciosamente mientras siento el poder de la destrucción en mis manos. Esa misma tarde, en ese cálido hogar, se produciría una situación tan incómoda como esta:

NIÑA: Mamá, ¿qué le está metiendo ese señor a Barbie por el culo?
MADRE (mientras busca desesperadamente el “stop” en el mando): Estooo, nada, hija, el termómetro. Tápate los ojos pero que ya mismo. Y que sepas que lo que has visto no se hace, hija, por ahí nunca se mete nada.
PADRE: Bueno, realmente tu madre siempre se ha negado, pero hay gente que piensa que puede resultar placentero y con las precauciones adecuadas ella y yo...
MADRE: Cariño, ¡este no es el momento!

Oh sí... porque de eso se trata. De PODER. Y no lo tienen los políticos, los contables o los arquitectos. No, lo tienen los O.T.R.O.S. Nuestra organización tiene la capacidad para joderles sus ratos de ocio de fin de semana, o este puente tan endemoniadamente extenso. Porque, ¿qué es lo que ustedes recuerdan con más cariño? ¿Las reuniones de trabajo con el jefe de departamento? Pues no, lo que recuerdan con más cariño son sus días de descanso, esos viajes a la sierra, esa cervecita fresquita en la barra del bar, esa película que ven tumbados en sus cómodos sofás con el Home Cinema a todo trapo, las juergas en el club de striptease... Pues todo eso depende de nosotros. Gracias a ello soportan la actividad diaria en sus trabajos y se les esfuma el stress acumulado.

Nunca lo olviden. Los O.T.R.O.S. están ahí, vigilando...



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(((--Ahora que ya he transmitido el mensaje, y que los demás miembros de la Organización no me leen, quiero deciros algo... ¡quiero vuestras fiestas! ¡Vuestros fines de semana! ¡Viajar con mis amigos! Estoy trabajando todo este puente... Necesito otro trabajo con un horario tan planificado como el vuestro, y si es de lo mío, lo agradeceré aún más. Estoy más quemado que un alemán en Benidorm... ¡¡¡No quiero currar el 1 de Enero!!! Hostias, los O.T.R.O.S. están rastreando mi señal. Como lean esto me matan. Cierro conexión. ¡Tened piedad de mí!--)))
 
¡¡Última hora!! ¡¡El resultado en los periódicos!!
Esta tarde ha salido en los quioscos a primera hora una tirada especial para informar de los nuevos acontecimientos. He conseguido la portada de uno de los periódicos:



¡Síííííí! ¡He aprobadooooo!



Ahora sólo tengo una duda... ¿cuál hostias es el pedal del freno?