La boda, o las aventuras de un cámara en paro
Pies hechos polvo por los zapatos, agujetas de reírme durante horas, varios kilos de arroz y pétalos de rosa volando por los aires de Madrid, un traje tremendamente elegante... el sábado pasado fue el acontecimiento social del año, y no me refiero a la boda de (insertar aquí el nombre de cualquier pareja casposa de los programas de cotilleo nacional que seguramente veis cada tarde... no mintáis), ¡sino a la de mi prima!
El cachondeo y jolgorio (es decir, las humillaciones) con la novia comenzaron la noche previa al enlace, con una de las situaciones más horripilantes que un ser humano puede soportar... ¿una operación de fimosis sin anestesia? No, amigos, es que la tuna vaya a tu casa a cantar. Así, los desgraciados de los tunos (no les insulto, es que para ir por la calle con esos trajes y gritando como poseídos por el espíritu de Antonio Molina, es síntoma de una grave deficiencia de afecto social) se plantaron bajo la terraza de la casa en la que ella estaba cenando para darle la sorpresa. Y vaya si se la dieron. Cómo no, allí estaba yo con mi aparato en las manos (no pienso explicar esto) y con un foco que daba tanta luz que Endesa me lanzó una OPA. Con ello pude grabar cómo mi prima lloraba de emoción (llámalo emoción, llámalo “deseos de tirarse por la terraza”) ante la inesperada serenata. Los vecinos se asomaron para ver qué ocurría, y aplaudían los campases de nuestros acompañantes guitarreros. Después, subieron a la casa para cantar desde el propio salón de la casa a la enrojecida novia, donde nos dijeron sonrientes el chiste que tantas veces habrían ensayado: “Aceptamos todo tipo de peticiones... excepto las de matrimonio”. El salón estalló en carcajadas más falsas que las firmas del PP contra el Estatut de Cataluña. Había sido un chiste muy malo y no merecían una mísera sonrisa, pero bastante tenían los pobres con tener que ir a una mercería para comprarse medias.
Poco más tarde, y según la supuesta tradición, nos acompañaron a un bar cercano para hincharse a alcohol y a raciones de calamares. Así, las últimas canciones fueron en el bar con la camarera más feliz del mundo. Se hizo fotos con ellos, nos contó que había estado en “Estoy por ti” con una sobrina suya.... Vamos, un montón de detalles innecesarios sobre su vida que procedo inmediatamente a formatear de mi cerebro. La noche avanzaba y teníamos que madrugar al día siguiente, así que dejamos a los tunos abandonándose a la ingesta de alcohol y nos retiramos a nuestras casas para desintoxicarnos de tantos “clavelitos”.
El día clave, el 22 de Abril, amaneció nublado. La verdad es que llevábamos días inyectándonos en vena las predicciones metereológicas de Mario Picazo y Florenci Rey, y ya teníamos claro que era muy probable que lloviese. Lo que no nos esperábamos es que, mientras mi prima y su novio se daban el sí quiero en el interior de la iglesia de Jesús de Medinaceli, el cielo de Madrid nos regalara una granizada digna de recuerdo. Parecía que el gigante verde se estaba aliñando una ensalada kilométrica, ¡madre mía lo que cayó! Pero, oh lectores, entonces se produjo el milagro... ¡Apareció un Tiranosaurio Rex y se comió las nubes! Bueno, tal vez solo las nubes se disiparon sin más, pero habría sido más milagroso de la otra forma... Y después, tras ser declarados marido y mujer, la misa al fin terminó, el arroz voló, el confetti se nos pegó a la cara (sospecho que no era confetti, pero no quise preguntar más, es mejor la ignorancia) y el sol iluminó el resto de la mañana. Una vez terminado el tocho de la celebración, llegaba lo mejor.... ¡¡El banquete!!
Siguiente y última parada: salón de bodas de Fuenlabrada. Todo el mundo había llegado ya, excepto los novios... y he aquí una de las más grandes injusticias del cámara de boda: mientras todos los invitados se ponían hasta las trancas de canapés y refrescos, ahí estaba yo en la entrada del salón preparado con mi cámara de vídeo a la espera de la llegada de los nuevos casados. Cielos, salivaba más que el perro de Pavlov imaginando los pinchos de tortilla y las empanadillas deslizarse por los gaznates de mis familiares. ¡Injusticia! ¡Me moría de hambre! Menos mal que al poco llegaron los protagonistas e hicieron su entrada triunfal y, tras grabarlo convenientemente, me lancé hacia las bandejas de los camareros en busca de sabrosa tortilla de patata..... oooooooooh, siiiiiiiiii, así me gusta nenaaaaaa.... Orgasmo culinario, le llamo yo a eso.
Un rato después llegó la hora de poner en práctica mi estrategia de cámara de bodas: aprovechar el plato de marisco, que no soporto ni olerlo, para hacer una ronda y grabar a todos los invitados. Esta táctica no solo responde a mi aversión por los langostinos y demás viscosidades marinas, sino que también es el momento en el que más ridículo hace la gente para grabarle. ¿Cuánto pagaríais por ver a vuestro jefe, ese al que tanto odiáis pero que tenéis que invitar por cortesía, chupando la cabeza de una gamba mientras alza el vaso para hacer un brindis? Oh, eso es impagable, lo mejor del vídeo de la boda. También es en este momento cuando se produce otro elemento fundamental en otro banquete de bodas: el tío gracioso que coge un langostino y le mueve ante la cámara diciendo “Jeje, mira cómo baila, mira...”. Ay... el ser humano es una máquina tan imperfecta...
El resto del banquete me lo pasé ya en la mesa, riendo con mi hermano, mis primas y sus novios (mis padres también estaban, pero su sentido del humor es en UHF y no lo sintonizamos bien). Pasamos las horas con chistes con doble fondo sexual del tipo “yo no me la como entera, que me atraganto” y cosas así. Y es que no tendré título oficial (debería existir una carrera sobre ello), pero soy todo un experto en vislumbrar el doble sentido de las frases. Y un banquete con marisco, pescado, carne y sorbete de limón, pues creedme... ¡da mucho juego!
Después, y siguiendo con los tópicos, la tarta de boda en la que hay una figurita de una pareja feliz en los alto. Deberían hacerlas comestibles, de chocolate o algo, porque su triste destino es quedar en el mueble del salón como decoración, ¡y es una de esas cosas que no puedes regalar a otros para deshacerte de ellas! También está el típico juego con la espada, cuando la novia ofrece un pedazo de la tarta al novio y viceversa. Por cierto, espero que en la boda del chaval que hace años mató a sus padres con una katana se salten esta tradición, por el bien del matrimonio... Y por último, cómo no: el baile. Comienza con un vals atemporal, y sigue con una clara inclinación hacia la destrucción de lo que queda de dignidad: canciones de la época del Dúo Dinámico, Rafaella Carrá, King Africa... Que alguien me deje un revólver... Menos mal que esos absurdos bailes sirven muy bien para aderezar el final de un vídeo de bodas: un montón de familiares bien cargaditos de alcohol cogiendo a sus parejas con lasciva mirada mientras mueven sus renqueantes caderas de reciente cirugía, agachándose al ritmo de la “booooomba”. Joder, ¡y nos reímos de “Humor Amarillo”! He de reconocer que disfruto grabando toda esta decadencia amigos, es mi pecado.
Y así, poco a poco, fue terminando el día. Cada vez más gente descalza y sentada ante los pocos invitados que bailan con la corbata en la cabeza. El encargado de poner la música ya no sabía qué poner para echarnos (joder, no había nada peor para poner) y nos fuimos retirando agotados. Aunque al día siguiente me levanté a la 13.00, creo que aún no me he recuperado del todo. Y es que para alguien que necesita 12 horitas de sueño al día (más luego la siesta) para sentirse humano como yo, no se ha hecho esta vida... ¡ENHORABUENA, PRIMA Y NUEVO PRIMO!
Hasta el próximo post, amiguitos.
PD: En contra de mis esperanzas, no creo que os hayáis olvidado de mi promesa de colgar una foto con mi flamante traje nuevo... ¡Maldita memoria! Os la regalo en el siguiente post, ¿valeeee? ¡Estad atentos, no cambiéis de canal! (¿por qué no pruebo a estudiar marketing?).
El cachondeo y jolgorio (es decir, las humillaciones) con la novia comenzaron la noche previa al enlace, con una de las situaciones más horripilantes que un ser humano puede soportar... ¿una operación de fimosis sin anestesia? No, amigos, es que la tuna vaya a tu casa a cantar. Así, los desgraciados de los tunos (no les insulto, es que para ir por la calle con esos trajes y gritando como poseídos por el espíritu de Antonio Molina, es síntoma de una grave deficiencia de afecto social) se plantaron bajo la terraza de la casa en la que ella estaba cenando para darle la sorpresa. Y vaya si se la dieron. Cómo no, allí estaba yo con mi aparato en las manos (no pienso explicar esto) y con un foco que daba tanta luz que Endesa me lanzó una OPA. Con ello pude grabar cómo mi prima lloraba de emoción (llámalo emoción, llámalo “deseos de tirarse por la terraza”) ante la inesperada serenata. Los vecinos se asomaron para ver qué ocurría, y aplaudían los campases de nuestros acompañantes guitarreros. Después, subieron a la casa para cantar desde el propio salón de la casa a la enrojecida novia, donde nos dijeron sonrientes el chiste que tantas veces habrían ensayado: “Aceptamos todo tipo de peticiones... excepto las de matrimonio”. El salón estalló en carcajadas más falsas que las firmas del PP contra el Estatut de Cataluña. Había sido un chiste muy malo y no merecían una mísera sonrisa, pero bastante tenían los pobres con tener que ir a una mercería para comprarse medias.
Poco más tarde, y según la supuesta tradición, nos acompañaron a un bar cercano para hincharse a alcohol y a raciones de calamares. Así, las últimas canciones fueron en el bar con la camarera más feliz del mundo. Se hizo fotos con ellos, nos contó que había estado en “Estoy por ti” con una sobrina suya.... Vamos, un montón de detalles innecesarios sobre su vida que procedo inmediatamente a formatear de mi cerebro. La noche avanzaba y teníamos que madrugar al día siguiente, así que dejamos a los tunos abandonándose a la ingesta de alcohol y nos retiramos a nuestras casas para desintoxicarnos de tantos “clavelitos”.
El día clave, el 22 de Abril, amaneció nublado. La verdad es que llevábamos días inyectándonos en vena las predicciones metereológicas de Mario Picazo y Florenci Rey, y ya teníamos claro que era muy probable que lloviese. Lo que no nos esperábamos es que, mientras mi prima y su novio se daban el sí quiero en el interior de la iglesia de Jesús de Medinaceli, el cielo de Madrid nos regalara una granizada digna de recuerdo. Parecía que el gigante verde se estaba aliñando una ensalada kilométrica, ¡madre mía lo que cayó! Pero, oh lectores, entonces se produjo el milagro... ¡Apareció un Tiranosaurio Rex y se comió las nubes! Bueno, tal vez solo las nubes se disiparon sin más, pero habría sido más milagroso de la otra forma... Y después, tras ser declarados marido y mujer, la misa al fin terminó, el arroz voló, el confetti se nos pegó a la cara (sospecho que no era confetti, pero no quise preguntar más, es mejor la ignorancia) y el sol iluminó el resto de la mañana. Una vez terminado el tocho de la celebración, llegaba lo mejor.... ¡¡El banquete!!
Siguiente y última parada: salón de bodas de Fuenlabrada. Todo el mundo había llegado ya, excepto los novios... y he aquí una de las más grandes injusticias del cámara de boda: mientras todos los invitados se ponían hasta las trancas de canapés y refrescos, ahí estaba yo en la entrada del salón preparado con mi cámara de vídeo a la espera de la llegada de los nuevos casados. Cielos, salivaba más que el perro de Pavlov imaginando los pinchos de tortilla y las empanadillas deslizarse por los gaznates de mis familiares. ¡Injusticia! ¡Me moría de hambre! Menos mal que al poco llegaron los protagonistas e hicieron su entrada triunfal y, tras grabarlo convenientemente, me lancé hacia las bandejas de los camareros en busca de sabrosa tortilla de patata..... oooooooooh, siiiiiiiiii, así me gusta nenaaaaaa.... Orgasmo culinario, le llamo yo a eso.
Un rato después llegó la hora de poner en práctica mi estrategia de cámara de bodas: aprovechar el plato de marisco, que no soporto ni olerlo, para hacer una ronda y grabar a todos los invitados. Esta táctica no solo responde a mi aversión por los langostinos y demás viscosidades marinas, sino que también es el momento en el que más ridículo hace la gente para grabarle. ¿Cuánto pagaríais por ver a vuestro jefe, ese al que tanto odiáis pero que tenéis que invitar por cortesía, chupando la cabeza de una gamba mientras alza el vaso para hacer un brindis? Oh, eso es impagable, lo mejor del vídeo de la boda. También es en este momento cuando se produce otro elemento fundamental en otro banquete de bodas: el tío gracioso que coge un langostino y le mueve ante la cámara diciendo “Jeje, mira cómo baila, mira...”. Ay... el ser humano es una máquina tan imperfecta...
El resto del banquete me lo pasé ya en la mesa, riendo con mi hermano, mis primas y sus novios (mis padres también estaban, pero su sentido del humor es en UHF y no lo sintonizamos bien). Pasamos las horas con chistes con doble fondo sexual del tipo “yo no me la como entera, que me atraganto” y cosas así. Y es que no tendré título oficial (debería existir una carrera sobre ello), pero soy todo un experto en vislumbrar el doble sentido de las frases. Y un banquete con marisco, pescado, carne y sorbete de limón, pues creedme... ¡da mucho juego!
Después, y siguiendo con los tópicos, la tarta de boda en la que hay una figurita de una pareja feliz en los alto. Deberían hacerlas comestibles, de chocolate o algo, porque su triste destino es quedar en el mueble del salón como decoración, ¡y es una de esas cosas que no puedes regalar a otros para deshacerte de ellas! También está el típico juego con la espada, cuando la novia ofrece un pedazo de la tarta al novio y viceversa. Por cierto, espero que en la boda del chaval que hace años mató a sus padres con una katana se salten esta tradición, por el bien del matrimonio... Y por último, cómo no: el baile. Comienza con un vals atemporal, y sigue con una clara inclinación hacia la destrucción de lo que queda de dignidad: canciones de la época del Dúo Dinámico, Rafaella Carrá, King Africa... Que alguien me deje un revólver... Menos mal que esos absurdos bailes sirven muy bien para aderezar el final de un vídeo de bodas: un montón de familiares bien cargaditos de alcohol cogiendo a sus parejas con lasciva mirada mientras mueven sus renqueantes caderas de reciente cirugía, agachándose al ritmo de la “booooomba”. Joder, ¡y nos reímos de “Humor Amarillo”! He de reconocer que disfruto grabando toda esta decadencia amigos, es mi pecado.
Y así, poco a poco, fue terminando el día. Cada vez más gente descalza y sentada ante los pocos invitados que bailan con la corbata en la cabeza. El encargado de poner la música ya no sabía qué poner para echarnos (joder, no había nada peor para poner) y nos fuimos retirando agotados. Aunque al día siguiente me levanté a la 13.00, creo que aún no me he recuperado del todo. Y es que para alguien que necesita 12 horitas de sueño al día (más luego la siesta) para sentirse humano como yo, no se ha hecho esta vida... ¡ENHORABUENA, PRIMA Y NUEVO PRIMO!
Hasta el próximo post, amiguitos.
PD: En contra de mis esperanzas, no creo que os hayáis olvidado de mi promesa de colgar una foto con mi flamante traje nuevo... ¡Maldita memoria! Os la regalo en el siguiente post, ¿valeeee? ¡Estad atentos, no cambiéis de canal! (¿por qué no pruebo a estudiar marketing?).
V de Vacaciones
Amigos, en la vida de todo ser humano llega un momento en que tienes que formularte una pregunta trascendental, algo de cuya respuesta dependerá no solo tu futuro sino también el de los que te rodean. La pregunta es la siguiente:
¿Cómo coño se mata al demonio de fuego en el “Tomb Raider Legend”?
Sí sí, reiros, pero es que no es agradable ver cómo Amanda, la amiga a quien Lara Croft creía muerta, ha domado a la criatura que en teoría acabó con su vida en una excavación en Perú años atrás. Así que ahí estoy, luchando contra una enorme serpiente de fuego en un laboratorio secreto de Kazajistán, mientras intento hacer funcionar una cochambrosa máquina para crear varios campos magnéticos. Porque lectores, no es suficiente con admirar a la exuberante Srta. Croft y sus ceñidísimos trajes de noche... ¡también hay que pasarse el juego! Y eso requiere un esfuerzo que no todos son capaces de realizar; y yo, como nuevo parado y por lo tanto bastante ocioso, he decidido dedicarme en cuerpo y alma a ayudar en su búsqueda de una extraña espada milenaria. ¿Vosotros que elegiríais, buscar trabajo para conseguir un salario decente y un indudable enriquecimiento personal, o escuchar los gemiditos de Lara al agarrarse a la cornisa de un templo abandonado? La respuesta es evidente, ¡por dios!
Ay, las vacaciones... El sábado pasado, el de Semana Santa, volví a casa de mi pequeño viajecito junto a seis amiguetes más. Fueron tres días de una enorme desconexión con el mundanal ruido urbano, cosa que realmente necesitaba. Y siguiendo nuestros planes iniciales, básicamente estuvimos jugando a la Play, viendo pelis (que recuerdos me trajo ver de nuevo “Top Secret”) y comiendo una gran cantidad de grasas y colesterol. Ya que cocinábamos nosotros, no íbamos a hacer ni brócoli ni lentejas, por supuesto. Además, estuvimos jugando a un pequeño billar y contemplando estupefactos cómo la perra del Fontanero Loco se preocupaba una y otra vez por vaciar de tierra una jardinera de la casa. Y cuando al Fontanero Loco le tocas las narices... ni Mario Bros con una sobredosis de setas, vamos. Por otra parte, una alergia aún sin explicación científica atacó a otra viajera, a la que llamaré por razones obvias La que Siempre Gana al Trivial. El caso es que un par de oportunas y dolorosas inyecciones paliaron sus dolores (por favor, evitar todo tipo de connotación sexual ante esta frase), pero la obligaron a mantener una dieta que evitaba prácticamente todo lo nocivo en la alimentación. Es decir, todo lo comimos en esos días. Entre esa dieta y comerse un folio, no hay diferencia, amigos... ¡pobrecita! Entre todo eso y un pequeño incidente que tuve con un reproductor de DVD poseído que expulsaba constantemente las películas ante mi desesperación (sin darme cuenta de que uno de mis amigos tenía el mando a distancia y se descojonaba ante mi idiotez), pues pasamos unos días muy agradables.
¿Y cómo acabar satisfactoriamente unos estupendos días de relax? Efectivamente, yendo al cine y ver una buena película (sé que la respuesta ideal sería “con sexo”, pero me he propuesto bajar un poco el nivel de degeneración de este post...). Así que el mismo día que volvimos nos fuimos a ver “V de Vendetta”. Cielos, no iba al cine desde “Crash”, y ya había ganas. La película es toda una sorpresa, la verdad es que con las paranoicas secuelas de Matrix, no confiaba mucho en los Wachowski y sus guiones, pero he de decir que estaba equivocado. Para que la crítica y el público estén de acuerdo en que es una buena película, ya tiene que haber algo interesante ahí. La historia, basada en el cómic de Alan Moore (que reniega de la peli), cuenta la historia de un vengador en una no muy lejana en el tiempo Inglaterra dominada y adormecida por el fascismo más puro. En su camino se cruza Evey (en el cómic una jovencita que se inicia en la prostitución para ganar algo de pasta), trabajadora de la única cadena de televisión que existe, con la que establece unos lazos complejos y profundos. No cuento mucho más, porque la peli tenéis que disfrutarla, sólo decir que al fin pasan un poco de los efectos especiales cargantes y absurdos para centrarse en contar una buena historia de rebelión contra un férreo régimen (ay, ¿dónde estaba “V” cuando vivía Franco?)
Así que dominado por mi frikismo, ya me he hecho con el cómic. Han editado un tomo que recopila la obra completa a buen de precio (17 euritos de nada), y lo estoy leyendo estos días mientras espero a que me llamen de mi ansiado curso de AVID (¿a qué demonio tengo que venderle mi alma para que me lo den?). Así que eso ocupa mi tiempo, junto al Tomb Raider y a los vídeos de bodas. Por cierto, este sábado es la esperada boda de mi prima... y sí, mi traje está deseando lucirse ante el asombrado gentío que seguramente se preguntará “Joder, ¿qué hace aquí George Clooney? ¿Y por qué se ha dejado perilla? ¿Está grabando él la boda? ¿Y por qué lleva calcetines blancos con dos raquetas dibujadas?”.
Mierda, tengo que comprarme unos calcetines decentes...
¿Cómo coño se mata al demonio de fuego en el “Tomb Raider Legend”?
Sí sí, reiros, pero es que no es agradable ver cómo Amanda, la amiga a quien Lara Croft creía muerta, ha domado a la criatura que en teoría acabó con su vida en una excavación en Perú años atrás. Así que ahí estoy, luchando contra una enorme serpiente de fuego en un laboratorio secreto de Kazajistán, mientras intento hacer funcionar una cochambrosa máquina para crear varios campos magnéticos. Porque lectores, no es suficiente con admirar a la exuberante Srta. Croft y sus ceñidísimos trajes de noche... ¡también hay que pasarse el juego! Y eso requiere un esfuerzo que no todos son capaces de realizar; y yo, como nuevo parado y por lo tanto bastante ocioso, he decidido dedicarme en cuerpo y alma a ayudar en su búsqueda de una extraña espada milenaria. ¿Vosotros que elegiríais, buscar trabajo para conseguir un salario decente y un indudable enriquecimiento personal, o escuchar los gemiditos de Lara al agarrarse a la cornisa de un templo abandonado? La respuesta es evidente, ¡por dios!Ay, las vacaciones... El sábado pasado, el de Semana Santa, volví a casa de mi pequeño viajecito junto a seis amiguetes más. Fueron tres días de una enorme desconexión con el mundanal ruido urbano, cosa que realmente necesitaba. Y siguiendo nuestros planes iniciales, básicamente estuvimos jugando a la Play, viendo pelis (que recuerdos me trajo ver de nuevo “Top Secret”) y comiendo una gran cantidad de grasas y colesterol. Ya que cocinábamos nosotros, no íbamos a hacer ni brócoli ni lentejas, por supuesto. Además, estuvimos jugando a un pequeño billar y contemplando estupefactos cómo la perra del Fontanero Loco se preocupaba una y otra vez por vaciar de tierra una jardinera de la casa. Y cuando al Fontanero Loco le tocas las narices... ni Mario Bros con una sobredosis de setas, vamos. Por otra parte, una alergia aún sin explicación científica atacó a otra viajera, a la que llamaré por razones obvias La que Siempre Gana al Trivial. El caso es que un par de oportunas y dolorosas inyecciones paliaron sus dolores (por favor, evitar todo tipo de connotación sexual ante esta frase), pero la obligaron a mantener una dieta que evitaba prácticamente todo lo nocivo en la alimentación. Es decir, todo lo comimos en esos días. Entre esa dieta y comerse un folio, no hay diferencia, amigos... ¡pobrecita! Entre todo eso y un pequeño incidente que tuve con un reproductor de DVD poseído que expulsaba constantemente las películas ante mi desesperación (sin darme cuenta de que uno de mis amigos tenía el mando a distancia y se descojonaba ante mi idiotez), pues pasamos unos días muy agradables.
¿Y cómo acabar satisfactoriamente unos estupendos días de relax? Efectivamente, yendo al cine y ver una buena película (sé que la respuesta ideal sería “con sexo”, pero me he propuesto bajar un poco el nivel de degeneración de este post...). Así que el mismo día que volvimos nos fuimos a ver “V de Vendetta”. Cielos, no iba al cine desde “Crash”, y ya había ganas. La película es toda una sorpresa, la verdad es que con las paranoicas secuelas de Matrix, no confiaba mucho en los Wachowski y sus guiones, pero he de decir que estaba equivocado. Para que la crítica y el público estén de acuerdo en que es una buena película, ya tiene que haber algo interesante ahí. La historia, basada en el cómic de Alan Moore (que reniega de la peli), cuenta la historia de un vengador en una no muy lejana en el tiempo Inglaterra dominada y adormecida por el fascismo más puro. En su camino se cruza Evey (en el cómic una jovencita que se inicia en la prostitución para ganar algo de pasta), trabajadora de la única cadena de televisión que existe, con la que establece unos lazos complejos y profundos. No cuento mucho más, porque la peli tenéis que disfrutarla, sólo decir que al fin pasan un poco de los efectos especiales cargantes y absurdos para centrarse en contar una buena historia de rebelión contra un férreo régimen (ay, ¿dónde estaba “V” cuando vivía Franco?)Así que dominado por mi frikismo, ya me he hecho con el cómic. Han editado un tomo que recopila la obra completa a buen de precio (17 euritos de nada), y lo estoy leyendo estos días mientras espero a que me llamen de mi ansiado curso de AVID (¿a qué demonio tengo que venderle mi alma para que me lo den?). Así que eso ocupa mi tiempo, junto al Tomb Raider y a los vídeos de bodas. Por cierto, este sábado es la esperada boda de mi prima... y sí, mi traje está deseando lucirse ante el asombrado gentío que seguramente se preguntará “Joder, ¿qué hace aquí George Clooney? ¿Y por qué se ha dejado perilla? ¿Está grabando él la boda? ¿Y por qué lleva calcetines blancos con dos raquetas dibujadas?”.
Mierda, tengo que comprarme unos calcetines decentes...
¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, son vacaciones!
Y es que el poder irme de vacaciones es casi como ver a Superman surcando los cielos en una lucha contra Metallo. Como hasta la semana que viene no me dicen si me seleccionan o no para el curso de AVID (quiero hacerlooooo), me he tomado esta semana santa libre de búsqueda de empleo ¿Mi plan? Irme junto a mis amigos al pueblo de uno de ellos, de miércoles a domingo, en plan relax total. Nos llevaremos la play, el trivial, las cámaras de fotos y un montón de comida... vamos, que la actividad de más esfuerzo que vamos a realizar es, básicamente, la de respirar ¡Ay, que ganas tengo! Ya os contaré cuando vuelva...o no, no sé, que tampoco tengo por qué contároslo todo, pequeños cotillas... qué decisión tan difícil... bueno, sí que lo haré, porque si no es para alimentar mi ego y exhibirme no sé para qué narices tengo un blog ;)
Por cierto, voy a decir públicamente algo que ya saben algunos de mis amigos y familiares, aunque ellos aún no se han repuesto por completo de la sorpresa. Veréis, todos los que me conocen ya saben que mi ropa favorita es el chándal, en una apuesta constante por la comodidad (o vagancia, que también puede ser). Y que en los eventos más importantes, como son las bodas, lo máximo que suelo vestir es un pantalón vaquero y una camisa negra. ¿Cutre? Pues tal vez, pero me da igual... porque prefiero ir como el emperador de “Gladiator”: Cómodo. Pues bien, el 22 de Abril se casa una prima mía y... sí, amigos, me he comprado UN TRAJE (chan chan chaaaaan... música de película de terror de cuando la tía buena, que indudablemente va a morir, intenta llamar por teléfono y se da cuenta de que el cable ha sido cortado).
¡Qué queréis que haga! Le hacía ilusión y oye, tal vez tener ropa adulta me ayude a parecer una persona respetable. Y claro, ya que voy con traje, ¡que menos que una camisa y una corbata! De verdad, si me dicen esto cuando de niño me compraba mis primeras bolsas de pizkillas, me habría reído endemoniadamente. Pero, eh, me sorprendí a mí mismo en la tienda cuando me lo compré. ¡Me sentí extrañamente elegante con aquellas vestimentas! Caminaba por la tienda vestido como un alto ejecutivo (o como uno del Tecnocasa, vamos) y saludaba con porte regio a los que se asomaban por el escaparate. Así que diré algo de lo que puede que me arrepienta cuando le pulse a “Publicar artículo”... y es que me gusté con el traje. No sabría describir su color. ¿Azul grisáceo? ¿Gris azulado? La camisa es blanca con trazos azules y la corbata de varias tonalidades de azul. ¿Se nota cuál es mi color favorito? Pero de todas formas, en cuanto pase el día de la boda y seleccione mi mejor pose con la americana, no dudéis en que colgaré una foto aquí en este vuestro blog (oigo clamar a las masas: “¡Sí, Javi sí, queremos verte elegante por una vez, y no con una camiseta de Darth Vader!”).
Cambiando de tema, mientras escribía este post me han llamado de una oferta de empleo. Aquí os pongo una transcripción de mi recientísima conversación:
- Hola, ¿es usted Javier?
- Pues sí, dígame, amable señorita de dulce voz .
- Uy, que galán es usted, jiji. Esto... le llamaba del Vips para una oferta de empleo, pero la verdad es que me ha seducido usted con su tono decidido y capacidad de respuesta, ¿quiere acostarse conmigo?
- Pero por dios, ¿cree usted que me acuesto con todas las señoritas que me ofrecen sexo salvaje sin compromiso a la primera llamada?
- Si.
- Pues tiene usted razón, venga ahora mismo a mi casa. Y lleve puestas medias de rejilla, que me pone cachondo.
Vale, vale. Esta no es la conversación exacta que hemos mantenido... realmente sólo me ha dicho que me llamaba del Vips porque los de Blockbuster les han pasado nuestros datos (cosa que autorizamos nosotros, ¿eh?). Tiene gracia, porque precisamente este domingo fue la primera vez en mi vida que he cenado en un Vips. Pues resulta que buscan personal para a) ayudantes de cocina y b) personal de sala... Agradezco su interés, pero me he visto obligado a declinar su oferta. Si hay algo que sé, es que yo no valgo para dar de comer a extraños. Y es que me costaría tanto esfuerzo no escupir en los sándwiches o vaciar un bote de laxante en el chocolate de las tortitas... Tentador pero no, gracias.
___
PD: Mientras volvía a casa con el traje recién salido de la tienda en una enorme bolsa negra, he pasado junto a una mujer que mendigaba en la puerta de un mercado cercano a mi casa. He mirado su rostro acostumbrado a la desesperación y sus ropas raídas mientras calculaba cuánto me había costado la ropa que llevaba en mi bolsa. Sé que no arreglo su día, o que tal vez haga eso para acallar una conciencia social que debía ser más fuerte... pero al menos le he dado para una barra de pan. Nos quejamos demasiado.
Por cierto, voy a decir públicamente algo que ya saben algunos de mis amigos y familiares, aunque ellos aún no se han repuesto por completo de la sorpresa. Veréis, todos los que me conocen ya saben que mi ropa favorita es el chándal, en una apuesta constante por la comodidad (o vagancia, que también puede ser). Y que en los eventos más importantes, como son las bodas, lo máximo que suelo vestir es un pantalón vaquero y una camisa negra. ¿Cutre? Pues tal vez, pero me da igual... porque prefiero ir como el emperador de “Gladiator”: Cómodo. Pues bien, el 22 de Abril se casa una prima mía y... sí, amigos, me he comprado UN TRAJE (chan chan chaaaaan... música de película de terror de cuando la tía buena, que indudablemente va a morir, intenta llamar por teléfono y se da cuenta de que el cable ha sido cortado).
¡Qué queréis que haga! Le hacía ilusión y oye, tal vez tener ropa adulta me ayude a parecer una persona respetable. Y claro, ya que voy con traje, ¡que menos que una camisa y una corbata! De verdad, si me dicen esto cuando de niño me compraba mis primeras bolsas de pizkillas, me habría reído endemoniadamente. Pero, eh, me sorprendí a mí mismo en la tienda cuando me lo compré. ¡Me sentí extrañamente elegante con aquellas vestimentas! Caminaba por la tienda vestido como un alto ejecutivo (o como uno del Tecnocasa, vamos) y saludaba con porte regio a los que se asomaban por el escaparate. Así que diré algo de lo que puede que me arrepienta cuando le pulse a “Publicar artículo”... y es que me gusté con el traje. No sabría describir su color. ¿Azul grisáceo? ¿Gris azulado? La camisa es blanca con trazos azules y la corbata de varias tonalidades de azul. ¿Se nota cuál es mi color favorito? Pero de todas formas, en cuanto pase el día de la boda y seleccione mi mejor pose con la americana, no dudéis en que colgaré una foto aquí en este vuestro blog (oigo clamar a las masas: “¡Sí, Javi sí, queremos verte elegante por una vez, y no con una camiseta de Darth Vader!”).
Cambiando de tema, mientras escribía este post me han llamado de una oferta de empleo. Aquí os pongo una transcripción de mi recientísima conversación:
- Hola, ¿es usted Javier?
- Pues sí, dígame, amable señorita de dulce voz .
- Uy, que galán es usted, jiji. Esto... le llamaba del Vips para una oferta de empleo, pero la verdad es que me ha seducido usted con su tono decidido y capacidad de respuesta, ¿quiere acostarse conmigo?
- Pero por dios, ¿cree usted que me acuesto con todas las señoritas que me ofrecen sexo salvaje sin compromiso a la primera llamada?
- Si.
- Pues tiene usted razón, venga ahora mismo a mi casa. Y lleve puestas medias de rejilla, que me pone cachondo.
Vale, vale. Esta no es la conversación exacta que hemos mantenido... realmente sólo me ha dicho que me llamaba del Vips porque los de Blockbuster les han pasado nuestros datos (cosa que autorizamos nosotros, ¿eh?). Tiene gracia, porque precisamente este domingo fue la primera vez en mi vida que he cenado en un Vips. Pues resulta que buscan personal para a) ayudantes de cocina y b) personal de sala... Agradezco su interés, pero me he visto obligado a declinar su oferta. Si hay algo que sé, es que yo no valgo para dar de comer a extraños. Y es que me costaría tanto esfuerzo no escupir en los sándwiches o vaciar un bote de laxante en el chocolate de las tortitas... Tentador pero no, gracias.
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PD: Mientras volvía a casa con el traje recién salido de la tienda en una enorme bolsa negra, he pasado junto a una mujer que mendigaba en la puerta de un mercado cercano a mi casa. He mirado su rostro acostumbrado a la desesperación y sus ropas raídas mientras calculaba cuánto me había costado la ropa que llevaba en mi bolsa. Sé que no arreglo su día, o que tal vez haga eso para acallar una conciencia social que debía ser más fuerte... pero al menos le he dado para una barra de pan. Nos quejamos demasiado.
De ahora en adelante
¿Qué vas a hacer el fin de semana?
¿Te vienes a mi pueblo este puente?
¿Quieres rodar una película con Scarlett Johanson y Keira Knightley?
Hasta ahora esas eran las típicas preguntas a las que tenía que responder con un “Lo siento, tengo que currar”. Buena, la tercera pregunta creo que me la formularon en un sueño, pero también cuenta... Pues bien, eso se acabó. Ya ha cerrado el Blockbuster en el que trabajaba. Por cierto, ya que no estaré más lo puedo decir: estaba en el de Getafe (sí, lo sé, un leganense trabajando en Getafe es como Spock con una espada láser, pero qué queréis que haga si también cerré la tienda de Leganés, jeje).
Así que el viernes 31 de Marzo de 2006, el letrero de “Abierto” dejó de iluminarse para siempre.

¿Y ahora qué, Javivi? Pues quiero hacer algún curso de AVID (edición digital de video) y/o de diseño de páginas web. Intentaré buscar algo de lo mío, pero siempre ha estado y estará bastante difícil. Además, dado mi currículum es probable que toda empresa que me contrate acabará haciendo un expediente de regulación y quebrando ;) Pero de lo que más seguro estoy es que esta semana santa la voy a disfrutar como un enano, yendo de viaje con mis amigos. ¡La libertad soñada, queridos lectores! Ya os contaré.
Y por último, antes de irme a seguir disfrutando de este domingo en el que aún no me he quitado el pijama para entrar de lleno en mi transformación en ameba (lo que se traduce en un post excesivamente corto, lo sé), sólo deciros que felicitéis a mi buen amigo Mora, que hoy es su 24º cumpleaños. ¡Nos hacemos “viejos”, chaval! Aunque menudo desayuno te han llevado ¿eh?
¿Te vienes a mi pueblo este puente?
¿Quieres rodar una película con Scarlett Johanson y Keira Knightley?
Hasta ahora esas eran las típicas preguntas a las que tenía que responder con un “Lo siento, tengo que currar”. Buena, la tercera pregunta creo que me la formularon en un sueño, pero también cuenta... Pues bien, eso se acabó. Ya ha cerrado el Blockbuster en el que trabajaba. Por cierto, ya que no estaré más lo puedo decir: estaba en el de Getafe (sí, lo sé, un leganense trabajando en Getafe es como Spock con una espada láser, pero qué queréis que haga si también cerré la tienda de Leganés, jeje).
Así que el viernes 31 de Marzo de 2006, el letrero de “Abierto” dejó de iluminarse para siempre.

¿Y ahora qué, Javivi? Pues quiero hacer algún curso de AVID (edición digital de video) y/o de diseño de páginas web. Intentaré buscar algo de lo mío, pero siempre ha estado y estará bastante difícil. Además, dado mi currículum es probable que toda empresa que me contrate acabará haciendo un expediente de regulación y quebrando ;) Pero de lo que más seguro estoy es que esta semana santa la voy a disfrutar como un enano, yendo de viaje con mis amigos. ¡La libertad soñada, queridos lectores! Ya os contaré.
Y por último, antes de irme a seguir disfrutando de este domingo en el que aún no me he quitado el pijama para entrar de lleno en mi transformación en ameba (lo que se traduce en un post excesivamente corto, lo sé), sólo deciros que felicitéis a mi buen amigo Mora, que hoy es su 24º cumpleaños. ¡Nos hacemos “viejos”, chaval! Aunque menudo desayuno te han llevado ¿eh?