¿Cómo sería "En Busca del Arca Perdida" si la hubiera escrito yo?
SEC. 35B. INT/CAMAROTE BARCO. TARDE. DÍA 3
INDY descansa recostado sobre una destartalada cama, que se agita suavemente con los vaivenes del barco. MARION termina de curarle una de las heridas. Corta la venda sobrante y, tras dejar las tijeras sobre una pequeña mesita, se sienta en el colchón junto a INDY.
INDY
Gracias por curarme, Marion. No hacía falta que te molestases.
MARION
¿Cómo que no? Es lo menos que puedo hacer después de salvarme de esos despiadados figurantes disfrazados de egipcios.
INDY
No ha sido nada, un simple paseo comparado con los peligros que… (MARION acaricia el costado de INDY) ¡Ay!
MARION
Ay, lo siento, INDY, no he podido resistir la tentación de tocar de nuevo tu musculoso cuerpo. ¿Te duele aquí? (le toca otra vez el costado)
INDY
¡Ay!
MARION se acerca a la herida y la besa con cuidado.
MARION
¿Mejor?
INDY (sorprendido, con una media sonrisa)
Ya lo creo.
MARION
¿Dónde más te duele?
INDY se señala el hombro. MARION se acerca y le besa en esa zona.
INDY (se señala la barbilla)
Y aquí también.
MARION le besa en la barbilla. INDY se señala la boca.
INDY
Aquí.
MARION sonríe picaruela y le besa tiernamente en los labios. Tras unos segundos, INDY la separa.
INDY
¿Quedaría bien que ahora me señalara el paquete? Mira, es lo que pensaba hacer desde el principio, aunque me parecía un poco desproporcionado, pero viendo que estás en plan lobuna y que nuestro encuentro con las serpientes al profanar aquella tumba te ha puesto bastante cachonda, he pensado que es mejor ahorrarme esperar a la tercera peli para tirarme a esa atractiva nazi (aunque yo no sé que es nazi, me entero después) y que te pongas a trabajarme un poco el templo maldito ¿Qué me dices, nena?
MARION se queda boquiabierta.
INDY
Veo que te has quedado boquiabierta, por lo que medio trabajo ya lo tienes hecho. Vamos allá.
(Lo siento Steven. Por favor, no me odies)
INDY descansa recostado sobre una destartalada cama, que se agita suavemente con los vaivenes del barco. MARION termina de curarle una de las heridas. Corta la venda sobrante y, tras dejar las tijeras sobre una pequeña mesita, se sienta en el colchón junto a INDY.
INDY
Gracias por curarme, Marion. No hacía falta que te molestases.
MARION
¿Cómo que no? Es lo menos que puedo hacer después de salvarme de esos despiadados figurantes disfrazados de egipcios.
INDY
No ha sido nada, un simple paseo comparado con los peligros que… (MARION acaricia el costado de INDY) ¡Ay!
MARION
Ay, lo siento, INDY, no he podido resistir la tentación de tocar de nuevo tu musculoso cuerpo. ¿Te duele aquí? (le toca otra vez el costado)
INDY
¡Ay!
MARION se acerca a la herida y la besa con cuidado.
MARION
¿Mejor?
INDY (sorprendido, con una media sonrisa)
Ya lo creo.
MARION
¿Dónde más te duele?
INDY se señala el hombro. MARION se acerca y le besa en esa zona.
INDY (se señala la barbilla)
Y aquí también.
MARION le besa en la barbilla. INDY se señala la boca.
INDY
Aquí.
MARION sonríe picaruela y le besa tiernamente en los labios. Tras unos segundos, INDY la separa.
INDY
¿Quedaría bien que ahora me señalara el paquete? Mira, es lo que pensaba hacer desde el principio, aunque me parecía un poco desproporcionado, pero viendo que estás en plan lobuna y que nuestro encuentro con las serpientes al profanar aquella tumba te ha puesto bastante cachonda, he pensado que es mejor ahorrarme esperar a la tercera peli para tirarme a esa atractiva nazi (aunque yo no sé que es nazi, me entero después) y que te pongas a trabajarme un poco el templo maldito ¿Qué me dices, nena?
MARION se queda boquiabierta.
INDY
Veo que te has quedado boquiabierta, por lo que medio trabajo ya lo tienes hecho. Vamos allá.
(Lo siento Steven. Por favor, no me odies)
Parte de guerra

Trece horas y media. Eran las 15.30, y lo primero que he hecho al despertarme hoy ha sido calcular el tiempo que he estado durmiendo. Lo segundo ha sido comprobar que siento dolor con cada movimiento de mi cuerpo. No puedo tumbarme del lado derecho, y la parte izquierda me recuerda que descuidé ese flanco durante un instante de la batalla de ayer. Ah sí, la batalla. Queridos lectores… el paintball duele.
Para los que no sepan en qué consiste el paintball, les diré que se trata de un juego en apariencia inofensivo. Se trata de crear dos bandos que se disparan con pistolas de aire comprimido pequeñas pelotas rellenas de pintura en medio de un campo delimitado. Se realizan varios juegos en plan “Asalto al río”, “Proteger la Bandera” y cosas así, pero en realidad lo único que tienes en mente es disparar, descargar adrenalina y ajustar cuentas. ¿Guardas rencor hacia alguien que trabaja contigo? Organiza una partida de paintball y haz justicia, amigo.
Ayer sábado se produjo una sangrienta batalla en Brunete, en el que dos de los departamentos de la serie medían sus fuerzas. Por un lado estaba Producción, con un mayor número de efectivos; y en el otro Dirección, con una hipermotivación desmedida y urgencia por apretar el gatillo. Los días anteriores, ambos departamentos y sobre todo el segundo, se dedicó a calentar el ambiente. Gritos amenazadores y bailes copiados de equipos de Rugby eran parte de su estrategia desestabilizadora. Y yo, entre la espada y la pared, no sabía a quién debía apoyar.
Mi caso aquí es un poco especial. Yo pertenezco a Producción, como auxiliar, pero a la vez también tengo puestos en Dirección, vigilando esos escurridizos fallos de raccord, y en Realización, apuntando códigos y hablando con los cámaras. Pero en mi corazón, queridos lectores, no hay marcha atrás. Que otros, con todo mi respeto porque lo he hecho, consigan los mejores presupuestos. Yo soy de Dirección. Así, obligado por mí mismo y mi conciencia a engrosar las filas del bando de la Producción, me moví entre las sombras y les hice llegar un mensaje a mis supuestos enemigos. El día anterior al conflicto, dejé sutilmente (vamos, que le tiré un papel doblado en la mesa al segundo de Dirección delante de todos) un telegrama que decía lo siguiente:
NO ESTAIS SOLOS STOP CONTAIS CON UN ALIADO EN EL BANDO ENEMIGO STOP ELLAS NO SOSPECHAN NADA STOP MI NOMBRE EN CLAVE ES PUTO FRIKI STOP NOS VEMOS EN EL CAMPO DE BATALLA STOP NUNCA HE ENTENDIDO POR QUE SE ESCRIBE STOP EN VEZ DE UN PUNTO STOP
No me llaméis “maldito perro traidor”, que suena feo. Llamadme mejor “creador de estrategias alternativas”.
Llegó el día y la cita era en un lugar neutral. Yo llegué puntual y, con una camiseta de “Heroes” y la Banda Sonora de “Piratas del Caribe” a todo trapo, me bajé del coche y solté mientras me quitaba las gafas de sol: “¿Y bien? ¿Dónde está la batalla?”. Después me volví a meter en el coche y mientras apagaba el motor pensé que había sido una entrada cojonuda. Me había preparado otra, que era la de salir del coche desnudo y gritando “¡Aquí está mi arma, cabrones, y está cargada!”, pero creo que elegí las más apropiada. Aunque no fue la única entrada fuera de lo común, porque también hubo quien entró con las ventanillas del coche bajadas y con la Banda Sonora de “Apocalypse Now” en un intento de acobardar al enemigo. Ay, en un combate entre frikis no hay lugar para el aburrimiento…
Durante el tiempo que esperábamos a los últimos rezagados, fui estudiando a todos los soldados que allí se encontraban: los había con ropa de camuflaje (¿Unas deportivas amarillas? ¿En qué estabas pensando?), los que se arrepentían de no haberse llevado el spray de lanzarredes de Spiderman que le regalaron en el amigo invisible del año pasado (vale, ése era yo), los que parecía que llevaban un cartel que decía “Vacía tu cargador en mí” (el acento argentino nunca concentró tantos disparos), los que sonreían a los demás mientras pensaban “como me dispares te va a pagar la telepromo tu puta madre”, o los que lamentaban no haber jugado más al Risk (sí, ése también era yo). Todos estábamos nerviosos, expectantes hacia un futuro incierto, pero con la misma sencilla pregunta en la cabeza: ¿las pelotas de pintura duelen? Había llegado la hora de comprobarlo.
Nos desplazamos al campo de batalla cada uno en su coche, formando una caravana de vehículos que se dirigían a una muerte segura. De hecho, a nuestra izquierda pasamos por un terreno en el que había excavadoras trabajando. “Ahí es donde están las fosas comunes y entierran los cadáveres”, pensé. Cambié el CD del coche, subí el volumen del tema de Superman y me dije a mí mismo que yo no sería uno de ellos.
Nuestra parada era una pequeña cabaña, en cuyo interior se hallaba el monitor con el equipamiento preparado. Poco a poco nos fuimos vistiendo con los monos y los cascos protectores. ¿Habéis jugado al Halo, o soy yo el único que lee este blog que además es un puto viciado de los videojuegos? Demonios, sois un público complicado (pero os quiero a todos, ¡hermosos!). Bueno, pues el casco es muy parecido al que lleva el protagonista de dicho videojuego. Y después, uno a uno, nos fueron repartiendo lo más importante de toda aquella mañana: la pistola, nuestro tercer brazo en la batalla (o el cuarto, dependiendo del tipo de batalla del que estemos hablando, ejem), nuestra compañera más fiel. ¿La primera impresión al cogerla? “Coño, cómo pesa”.
Y ahora pasemos del momento en que nos hicimos las fotos de equipo de rigor y vayamos a lo que realmente nos interesa, que es en este caso lo mismo que a George W. Bush: los disparos. Tras unas sencillas indicaciones del monitor, ambos equipos de colocaron en sus respectivas zonas en el campo de batalla y se dio la señal. La guerra había comenzado. Durante el primer juego y ante la repentina timidez de mis compañeros, me armé de valor y salté de mi arbusto protector para correr mientras gritaba “¡Hijos de putaaaaaaa!”. Vale, sé que a Bruce Willis le quedan mejor estas frases, pero os tendréis que conformar con esto. Aunque la verdad es que, a medida que avanzaba el juego, proferí gritos más elaborados como “¡Por el presupuesto limitado!” o “¡Por los de la Cueva!”. También se escucharon frases como “¡Por Esparta!” y cosas así por parte de nuestro buen amigo Txintxu, más tarde autoproclamado como “El recibidor” debido a la masacre a la que fue sometido. Fuiste un gran guerrero.
La sensación de estar tirado en el suelo, buscando cómo avanzar mientras las balas silban a tu alrededor es una sensación adrenalítica. Buscas opciones, esperando que las horas que has pasado viendo “24” te hayan servido de algo aparte de para tener continuas eyaculaciones visuales, y terminas organizándote con tus compañeros en plan “¡Cúbreme, voy a avanzar hasta ese arbusto!”. Pero cuando corres y sabes que eres el blanco móvil a derribar lo único que terminas haciendo es tirarte por el suelo y rodar de una manera poco glamurosa. Os daré un consejo: si admiráis a alguien, no le veas correr en una partida de paintball… puede resultar bochornoso.
Y así se fueron sucediendo los primeros juegos, en los que no sólo no fui alcanzado por ningún disparo, sino que además apenas desperdicié munición. Estaba en Producción, el equipo que había ganado todos los puntos hasta el momento, así que supongo que subconscientemente estaba ahorrando pintura. Y fue en ese momento cuando decidí que ya era suficiente, que no podía soportar más ver a mis compañeros de Dirección llorando sus bajas. Llegó la hora de desprenderme del brazalete de mi, hasta ese momento, equipo. ¡¡Atención!! Ahora va uno de mis famosos diálogos dramatizados que nunca se han producido:
JAVIVI: Lo siento, Producción. Aprovecháis vuestra superioridad numérica para ahogar a estos pobres pero valerosos soldados. Eso va a cambiar. A partir de ahora tenéis un enemigo más.
PRODUCCIÓN: Pero, ¿cómo te atreves, necio? Te lo hemos dado todo: un lugar en el que vivir, un líder al que servir y un curso de italiano gratuito, y ¿nos estás diciendo que nos abandonas?
JAVIVI: Sí, maldita sea, no puedo ignorar los impulsos de mi corazón. Es algo que he aprendido de Echegaray Junior.
PRODUCCIÓN: ¿Sabes a lo que te enfrentas ahora, mequetrefe? Un ejército despiadado que no dudará en dispararte, torturarte, y borrarte de la faz de la tierra. Ah, y a partir de este mes, te vamos a bajar el sueldo.
JAVIVI: No podréis hundirme con vuestras viles estrategias. Sé cómo trabajáis, os he estado espiando desde dentro y no dudaré en atacaros donde más os duele.
PRODUCCIÓN: ¿Vas a rellenar mal una hoja de pedido?
JAVIVI: No, algo peor… Voy a comprarme otras 100 bolas de recarga.
Y así, entre desprecios por un lado y vítores por otro, mi dejé que mi corazón guiara tanto mis pasos como mis disparos. Y ni que decir tiene que fue cuando más disparos recibí. Y sí, las pelotas cuando te golpean duelen bastante (leed esta frase otra vez e intentad no imaginaros que la dice una actriz porno en el centro de un gang bang… ¡yo no puedo!... venga, espero mientras buscáis en la wikipedia lo que es un gang bang…).
…
(¿Lo veis? ¡Ahora también lo imagináis!)
Durante los últimos juegos, ya en mi nuevo equipo, se iba notando el creciente cansancio físico. Y es que tres horas de continua lucha por tu vida, pues se notan. El equipo de Dirección ganó su primer juego y ya pasamos a la esperada fase final, que consistía básicamente en que nadie estaría eliminado a los dos impactos, sino que todo el mundo estaría disparándose hasta que se quedara sin pelotas… sin munición, vamos. Aquello fue una orgía de destrucción, buscando las últimas oportunidades de masacrar a tus enemigos. Y ahí pagué un alto precio, amigos. En mi desmedido afán destructivo, me centré en la parte de delante y creí que mis flancos estaban protegidos. Grave error, soldado. Fui masacrado por mi izquierda y sentí tal dolor que lo único que pude hacer es pedir clemencia como una perrilla asustada en la puerta trasera de un restaurante chino. Que comportamiento tan bochornoso, queridos lectores, descubrí que era más débil de lo que creía. Sólo me faltó llorar.
Y llegó el momento en el que, por más que lo deseara, no había más pelotas con las que jugar (jiji, lo siento, otra vez lo del gang bang). Apreté el gatillo y solo había aire comprimido, por lo que el juego había finalizado para mí. Grité “¡Sin balas!” y abandoné el campo de batalla. La guerra había acabado.
Os preguntaréis qué hicimos tras dispararnos los unos a los otros compulsivamente. ¿Recordáis lo que hacían en “Astérix” en la última viñeta de todos sus cómics? Pues eso, que tras la batalla llegó el banquete. Nos fuimos a un restaurante a ponernos ciegos de calamares, alitas de pollo, pulpo a la gallega, tiramisú, profiteroles y tarta de queso, mientras pensábamos entre risas y olvidando el duro día a día que nos atrapa en este trabajo, cuál sería el siguiente juego en el que medir nuestras fuerzas. Fue, sinceramente, un gran día.
Aunque cuando te levantas duele. Y mucho.





