Ana y Antonio.
Voy a presentaros a dos personas muy especiales para mí.
No os daré demasiados detalles acerca de ellos. Dejadme ser un poco celoso con la información que voy a daros. ¿Y por qué?, os estaréis preguntando. Porque estas dos personas, que aún no existen pero que pronto cobrarán vida, son los que soportan una enorme cantidad de ilusiones sobre sus hombros.

Mirad, este es Antonio. Hasta hace unos instantes, parece que simplemente miraba la noche a través de la ventana. Pero entonces, cuando acaba de sonar el timbre de su puerta, se ha dado la vuelta, nervioso. Sabe perfectamente a quién va a tener delante suya tan solo unos instantes después.

Unos diez minutos después de ese momento, nos sorprendemos cuando Ana se aparta de Antonio y camina hacia la mesa de dibujo. Ni él, ni nosotros, sabe qué se le ha ocurrido. Ha cogido un lápiz.
Ellos son los dos únicos personajes de mi cortometraje. Hace varios años (cinco, tal vez seis) tuve una idea que era interesante. Al menos, eso creía yo. Enseguida me puse a escribir y nacieron unas pocas páginas prometedoras. Lo leí muchas, muchas veces, y definitivamente me gustaba. Solo había un problema: que tenía el principio y el final, pero había un abismo entre los dos que no sabía salvar. Pensaba “¿cómo demonios iba a llegar del punto A al punto B?”, mientras entraba de lleno en ese juego de justificaciones que es en lo que consiste básicamente la escritura de un guión.
Tiempo después, supe qué tenía qué hacer. Meterlo en un cajón, dejar crecer por sí misma no sólo aquella historia, sino también mi capacidad para escribirla. Y es que, sencillamente, por aquel entonces no sabía como hacerlo y, antes de obsesionarme y borrar cada palabra que había escrito, decidí que el propio paso del tiempo haría su trabajo. Que madurara yo mismo antes de que lo hicieran Ana y Antonio.
Y entonces, años más tarde, una mala época personal y una fecha simbólica de entrega consiguieron hacerme recuperar aquellas palabras inmaduras para dotarlas de la vida que no había sabido darles antes. Me sentía capaz, me sentía con derecho a poner palabras en la boca de esas dos personas inventadas. Pero, sobre todo, sabía que iba a verter en Ana y Antonio tanto de mí mismo que iba a dolerme. Y sí que dolió. Pero mereció mucho, mucho la pena.
Y ahora, por fin, estoy a pocos días de comenzar los ensayos con los actores, a pocas semanas de gritar “¡corta!” a las tantas de la madrugada, a pocos meses de ver en una sala de cine el montón de celuloide que contará la historia que va a ser posible gracias al esfuerzo de tanta gente… A poco, muy poco tiempo, de cumplir un sueño.
Una cosa más. El título de este artículo fue el título provisional del guión durante años. “Ana y Antonio”. Coincidiréis conmigo en que es título horrible y que no dice absolutamente nada. Por eso tuve claro que jamás se terminaría llamando así. No fue hasta mucho tiempo después cuando cinco palabras surgieron de la nada y me enamoraron al instante. “Tengo que hacer que me sirva este título”, me dije. “Veamos, quito esto, muevo esta frase a este otro lugar, hago que ella diga esto mientras… Sí, sí, sí… lo tengo.” Y encajó de una manera tan perfecta que daba sentido a cada una de las trece páginas de guión.
¿Cuáles son esas cinco palabras? ¿Cuál es, por tanto, el título definitivo del cortometraje?
No os daré demasiados detalles acerca de ellos. Dejadme ser un poco celoso con la información que voy a daros. ¿Y por qué?, os estaréis preguntando. Porque estas dos personas, que aún no existen pero que pronto cobrarán vida, son los que soportan una enorme cantidad de ilusiones sobre sus hombros.

Mirad, este es Antonio. Hasta hace unos instantes, parece que simplemente miraba la noche a través de la ventana. Pero entonces, cuando acaba de sonar el timbre de su puerta, se ha dado la vuelta, nervioso. Sabe perfectamente a quién va a tener delante suya tan solo unos instantes después.

Unos diez minutos después de ese momento, nos sorprendemos cuando Ana se aparta de Antonio y camina hacia la mesa de dibujo. Ni él, ni nosotros, sabe qué se le ha ocurrido. Ha cogido un lápiz.
Ellos son los dos únicos personajes de mi cortometraje. Hace varios años (cinco, tal vez seis) tuve una idea que era interesante. Al menos, eso creía yo. Enseguida me puse a escribir y nacieron unas pocas páginas prometedoras. Lo leí muchas, muchas veces, y definitivamente me gustaba. Solo había un problema: que tenía el principio y el final, pero había un abismo entre los dos que no sabía salvar. Pensaba “¿cómo demonios iba a llegar del punto A al punto B?”, mientras entraba de lleno en ese juego de justificaciones que es en lo que consiste básicamente la escritura de un guión.
Tiempo después, supe qué tenía qué hacer. Meterlo en un cajón, dejar crecer por sí misma no sólo aquella historia, sino también mi capacidad para escribirla. Y es que, sencillamente, por aquel entonces no sabía como hacerlo y, antes de obsesionarme y borrar cada palabra que había escrito, decidí que el propio paso del tiempo haría su trabajo. Que madurara yo mismo antes de que lo hicieran Ana y Antonio.
Y entonces, años más tarde, una mala época personal y una fecha simbólica de entrega consiguieron hacerme recuperar aquellas palabras inmaduras para dotarlas de la vida que no había sabido darles antes. Me sentía capaz, me sentía con derecho a poner palabras en la boca de esas dos personas inventadas. Pero, sobre todo, sabía que iba a verter en Ana y Antonio tanto de mí mismo que iba a dolerme. Y sí que dolió. Pero mereció mucho, mucho la pena.
Y ahora, por fin, estoy a pocos días de comenzar los ensayos con los actores, a pocas semanas de gritar “¡corta!” a las tantas de la madrugada, a pocos meses de ver en una sala de cine el montón de celuloide que contará la historia que va a ser posible gracias al esfuerzo de tanta gente… A poco, muy poco tiempo, de cumplir un sueño.
Una cosa más. El título de este artículo fue el título provisional del guión durante años. “Ana y Antonio”. Coincidiréis conmigo en que es título horrible y que no dice absolutamente nada. Por eso tuve claro que jamás se terminaría llamando así. No fue hasta mucho tiempo después cuando cinco palabras surgieron de la nada y me enamoraron al instante. “Tengo que hacer que me sirva este título”, me dije. “Veamos, quito esto, muevo esta frase a este otro lugar, hago que ella diga esto mientras… Sí, sí, sí… lo tengo.” Y encajó de una manera tan perfecta que daba sentido a cada una de las trece páginas de guión.
¿Cuáles son esas cinco palabras? ¿Cuál es, por tanto, el título definitivo del cortometraje?
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ays, suena tan bonito todo que yo creo que estamos deseando verlo más que cualquier otro estreno eh!
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Resulta que yo tambien me se el titulo....te chantajeo por otros 3000 Euros...
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Javi:
O me ingresas 3000 euros o desvelo el título y el final del corto.
Sabía que al final sacaría algo de todo esto.
O me ingresas 3000 euros o desvelo el título y el final del corto.
Sabía que al final sacaría algo de todo esto.
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Anantonio Karpov y el ataque de los alienigenas del anillo de jupiter
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Estoy deacuerdo contigo en que el titulo es horrible, estrujate un poco no? con la imaginacion que tienes seguro que sacas algo mas.
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De que hablais? Del corto de Javivi?
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Vamos, no me seas Amenabar, di ya el dichoso titulo!!!.





