La historia del bizco
En Krypton ya lo sabían. Eran mucho más inteligentes que nosotros, aunque su planeta se fuera a la mierda a pesar de las advertencias de Jor-El. Al iniciarse el desastre, este visionario introdujo a su único hijo en una pequeña nave espacial para ponerle a salvo de la destrucción, y le envió en un viaje interestelar hacia la Tierra (¿no había más para elegir? ¿Sabía que aquí vivían los Bush?). Y en el interior de la nave.... ¿qué mejor que toda la historia de la humanidad proyectada en hologramas para que el pequeño Kal-El (el futuro Superman) supiera de antemano dónde se metía? Pues eso es lo que le falla a la propia humanidad, un sistema que nos avise antes de nacer en qué endiablado lugar vamos a nacer.
Y es que tras ser engendrado por mis padres (ahorrémonos los detalles de cómo sucedió... ugg), me pasé diez meses en el interior de mi madre. Sí, diez meses, ¿qué pasa? A los que nacen antes de los nueve meses les llaman prematuros, pero a los que nacemos después, nos llaman vagos de la hostia. En fin, a lo que iba, que durante todo ese tiempo ahí debía haber estado yo, con un Home Cinema intrauterino y flotando en el líquido amniótico, visionando horas y horas de material que me descubriera los secretos del ser humano. Así me habría ahorrado millones de meteduras de pata.... como ésta. Esta es mi historia del bizco.
Yo era joven. Contaba con, aproximadamente, unos 8 años cuando todo ocurrió. Me encontraba con mi vecino frente a la sede de una asociación de vecinos que había en Zarzaquemada. ¿El motivo? Nuestras madres se habían apuntado a unos cursos de manualidades (creo recordar), y estaba próxima la hora en que debían salir de allí.
Mi vecino y yo nos aburríamos considerablemente esperando a encontrarnos con nuestras madres, y comenzamos a hablar sobre qué hacer para matar el tiempo. Al final, nos pareció una buena idea jugar al escondite (no recuerdo las otras opciones, pero no creo que hacer un botellón estuviera entre ellas), por lo que iniciamos los preliminares estándar del juego.
- Pares - dijo él.
- Nones - respondí.
Total, que me tocó a mí ligarla en la primera ronda (desde ese día no he ligado nada de nada). Decidimos por consenso asignar la zona conocida como “casa” al escaparate de una ferretería situada frente a la sede de dicha asociación. Pues bien, con la idea de pasar un divertido rato de juegos infantiles, me dispuse a contar de 1 a 10 lentamente, mientras mi compañero se escondía. Para ello, me apoyé en el cristal del escaparate, poniendo allí los brazos y cerrando los ojos.
Un par de rondas más tarde, me la volví a ligar, y procedí a realizar el mismo ritual anteriormente explicado. Me apoyé en el cristal y comencé a contar. De pronto, escuché un ruido metálico junto a mí. Era la puerta de la ferretería, que se estaba abriendo rápidamente. Me giré hacia ella y vi al dueño de la tienda, de unos 50 años, colocándose frente a mí. Entonces, aquel señor me miró. Bueno, eso lo comprendí después, porque en ese momento sólo me di cuenta de que ninguno de sus dos ojos estaban fijos en mí, ¡sino en distintos puntos de mi alrededor! Era bizco, pero como yo en mi vida había visto algo semejante, ignoraba lo que allí sucedía.
- Aquí no se puede jugar - me dijo.
Y yo, haciendo uso de mi inocente y comprensible forma de ser a los 8 años de edad, me giré y comprobé la dirección a la que yo creía que miraba aquel señor. Pero nada, a mi espalda no había nadie.
- Que aquí no se puede jugar - repitió el hombre, cuando yo creo que estaba pensando: “Este niño es gilipollas”.
Pero, querido lector, ¡compréndeme! Yo ni conocía el término “bizco” ni jamás había oído la palabra “estrabismo”.
Volviendo al suceso en cuestión, cuando el dueño de la ferretería me repitió que no se podía jugar allí, yo volví a girarme extrañado para descubrir a quién demonios le estaba hablando. Miré de nuevo al hombre, con mis ojos fijos en los suyos con expresión interrogante. Definitivamente, algo no encajaba. Fue en ese momento cuando una extraña chispa de lucidez se encendió en mi cerebro. De acuerdo, sus globos oculares no eran fiables para solucionar mi enigma… Entonces, me fijé en la punta de su nariz. ¡Estaba apuntando a mi cara! Así, uní los confusos conceptos que flotaban en mi mente…¡Me estaba hablando a mi! Claro, eso explicaba muchas cosas, como por ejemplo el hecho de que, aun estando la calle vacía y siendo yo el único ser vivo en varios metros a la redonda, seguía hablándole a alguien.
Cuando logré encajar todas las piezas en mi cabeza, comprendí que el señor trataba de echarme la bronca por plantar mis brazos y manos en el impoluto cristal de su escaparate. Y en ese momento, hice lo que haría cualquiera de vosotros con 8 años cuando un señor con algo raro en los ojos te mira y te regaña por algo: echar a correr. No sé si corrí mucho o poco, aunque aún no sabía que el deporte era perjudicial para la salud, como aprendí cuando sufrí un esguince falso. Pero, amigos, como decía Michael Ende en “La Historia Interminable”, eso es otra historia que debe ser contada en otra ocasión.
Y es que tras ser engendrado por mis padres (ahorrémonos los detalles de cómo sucedió... ugg), me pasé diez meses en el interior de mi madre. Sí, diez meses, ¿qué pasa? A los que nacen antes de los nueve meses les llaman prematuros, pero a los que nacemos después, nos llaman vagos de la hostia. En fin, a lo que iba, que durante todo ese tiempo ahí debía haber estado yo, con un Home Cinema intrauterino y flotando en el líquido amniótico, visionando horas y horas de material que me descubriera los secretos del ser humano. Así me habría ahorrado millones de meteduras de pata.... como ésta. Esta es mi historia del bizco.
Yo era joven. Contaba con, aproximadamente, unos 8 años cuando todo ocurrió. Me encontraba con mi vecino frente a la sede de una asociación de vecinos que había en Zarzaquemada. ¿El motivo? Nuestras madres se habían apuntado a unos cursos de manualidades (creo recordar), y estaba próxima la hora en que debían salir de allí.
Mi vecino y yo nos aburríamos considerablemente esperando a encontrarnos con nuestras madres, y comenzamos a hablar sobre qué hacer para matar el tiempo. Al final, nos pareció una buena idea jugar al escondite (no recuerdo las otras opciones, pero no creo que hacer un botellón estuviera entre ellas), por lo que iniciamos los preliminares estándar del juego.
- Pares - dijo él.
- Nones - respondí.
Total, que me tocó a mí ligarla en la primera ronda (desde ese día no he ligado nada de nada). Decidimos por consenso asignar la zona conocida como “casa” al escaparate de una ferretería situada frente a la sede de dicha asociación. Pues bien, con la idea de pasar un divertido rato de juegos infantiles, me dispuse a contar de 1 a 10 lentamente, mientras mi compañero se escondía. Para ello, me apoyé en el cristal del escaparate, poniendo allí los brazos y cerrando los ojos.
Un par de rondas más tarde, me la volví a ligar, y procedí a realizar el mismo ritual anteriormente explicado. Me apoyé en el cristal y comencé a contar. De pronto, escuché un ruido metálico junto a mí. Era la puerta de la ferretería, que se estaba abriendo rápidamente. Me giré hacia ella y vi al dueño de la tienda, de unos 50 años, colocándose frente a mí. Entonces, aquel señor me miró. Bueno, eso lo comprendí después, porque en ese momento sólo me di cuenta de que ninguno de sus dos ojos estaban fijos en mí, ¡sino en distintos puntos de mi alrededor! Era bizco, pero como yo en mi vida había visto algo semejante, ignoraba lo que allí sucedía.
- Aquí no se puede jugar - me dijo.
Y yo, haciendo uso de mi inocente y comprensible forma de ser a los 8 años de edad, me giré y comprobé la dirección a la que yo creía que miraba aquel señor. Pero nada, a mi espalda no había nadie.
- Que aquí no se puede jugar - repitió el hombre, cuando yo creo que estaba pensando: “Este niño es gilipollas”.
Pero, querido lector, ¡compréndeme! Yo ni conocía el término “bizco” ni jamás había oído la palabra “estrabismo”.
Volviendo al suceso en cuestión, cuando el dueño de la ferretería me repitió que no se podía jugar allí, yo volví a girarme extrañado para descubrir a quién demonios le estaba hablando. Miré de nuevo al hombre, con mis ojos fijos en los suyos con expresión interrogante. Definitivamente, algo no encajaba. Fue en ese momento cuando una extraña chispa de lucidez se encendió en mi cerebro. De acuerdo, sus globos oculares no eran fiables para solucionar mi enigma… Entonces, me fijé en la punta de su nariz. ¡Estaba apuntando a mi cara! Así, uní los confusos conceptos que flotaban en mi mente…¡Me estaba hablando a mi! Claro, eso explicaba muchas cosas, como por ejemplo el hecho de que, aun estando la calle vacía y siendo yo el único ser vivo en varios metros a la redonda, seguía hablándole a alguien.
Cuando logré encajar todas las piezas en mi cabeza, comprendí que el señor trataba de echarme la bronca por plantar mis brazos y manos en el impoluto cristal de su escaparate. Y en ese momento, hice lo que haría cualquiera de vosotros con 8 años cuando un señor con algo raro en los ojos te mira y te regaña por algo: echar a correr. No sé si corrí mucho o poco, aunque aún no sabía que el deporte era perjudicial para la salud, como aprendí cuando sufrí un esguince falso. Pero, amigos, como decía Michael Ende en “La Historia Interminable”, eso es otra historia que debe ser contada en otra ocasión.
Comentario:
Oye Javivi, pues no es tan grave. Mi madre me recuerda siempre que una vez estaba en al cola del banco con ella y delante de nosotros habia un cojo con la pierna amputada.
Yo empece a dar vueltas sobre el, mirandole los pies, y mi madre, en mitad de un ataque de verguenza me dijo:
- Victor, ¿Quieres dejar en paz al señor?
A lo que yo le pregunte.
- JOpe mama, si le estoy buscando la otra pierna.
Yo empece a dar vueltas sobre el, mirandole los pies, y mi madre, en mitad de un ataque de verguenza me dijo:
- Victor, ¿Quieres dejar en paz al señor?
A lo que yo le pregunte.
- JOpe mama, si le estoy buscando la otra pierna.
Comentario:
Jajaja, de nada, hombre, xa qué estamos tus amos, sino? xDDDDDDDDDD
Salu2!
Salu2!
Comentario:
Pobrecito hombre y... pobrecito tú! Yo creo que esas cosas nos han pasado a todos. Qué recuerdos de cuando iba a la tienda de chuches del Bizcaíno (imagínate porqué) y le pedíamos "una cosa de ahí" para que el ojo mirara hacia otro lado... Qué malechores éramos! Jajaja!
Besosss
Besosss
Comentario:
Mora, yo mismo haré una contribución a esa causa ;). Puedo elegir tortura, o se me niega tal derecho? y aaron, gracias por salvarme la vida para vuestro disfrute, jeje.
Comentario:
jajaja, me encanta tu historia bizcal (palabra inventada) y a falta de un blog propio contaré la mia. yo fui a una tienda de chuches a surtirme de rico plástico con la mala suerte de que el dependiente era bizco. yo le pedí unos labios de gominola y le vi dirigir su mirada en direccion contraria a la de mi chuche por lo que mirandole extrañada le señale los labios y dije: están aquí! a lo que el hombre, con bastante mal humor respondio: ya lo he visto!!. pense que mentía pero no quise indicarle más, aprendería de su error, hasta que al final comprendí que efectivamente, podía ver las chuches aunque sus ojos mirasen hacia otro lado...(que gran mundo el de los estrábicos...)
Comentario:
Mora, x Diox, asesinar a Velasco? En qué estás pensando? Qué hubiera sido de nuestros recreos sin el bapuleo del pelele? xDDDDD
Salu2!
Salu2!
Comentario:
Ay, qué increíbles experiencias le ocurrían al pequeño Javi. Lastima que creciera y se convirtiera en lo que muchos hoy conocemos y tratamos de olvidar.
Si desea que Javi sea asesinado envíe su donativo a la cuenta
65631-4654-11313 del Banco Leganense,
tenga en cuenta que cuanto más dinero reunamos más le dolerá.
Si desea que Javi sea asesinado envíe su donativo a la cuenta
65631-4654-11313 del Banco Leganense,
tenga en cuenta que cuanto más dinero reunamos más le dolerá.
Comentario:
Jajajaja,qué mal rato que pasaste,eh?
Puesss aquí en mi barrio hay un kiosco y el kiosquero es bizco.Es un tío super majete y habla mucho.Llevo yendo a ese kiosco años y aún hoy,nunca se si el hombre me habla a mi o a los que están detrás o al lado mia esperando!!!Cada vez que voy lo paso fatal.Menos mal que el tío se lo toma con paciencia y mucho humor.Jajajajaja
Besitossss Javivi!!
Puesss aquí en mi barrio hay un kiosco y el kiosquero es bizco.Es un tío super majete y habla mucho.Llevo yendo a ese kiosco años y aún hoy,nunca se si el hombre me habla a mi o a los que están detrás o al lado mia esperando!!!Cada vez que voy lo paso fatal.Menos mal que el tío se lo toma con paciencia y mucho humor.Jajajajaja
Besitossss Javivi!!
Comentario:
uffff!!! eso de que un bizco te eche la bronca es horrible porque uno no sabe si ha sido a él o a su compañero, y bueno, horrible también para el bizco porque entonces es cuando oye en voz bajita: "¿me lo ha dicho a mí?", "no sé, creo que era a mí a quien miraba".
Comentario:
Jajaja, lo q te enrollas xa contar q un bizco te echó la bronca xDDDD
Aprovecho para meter una nota cultural. Bizco en inglés se dice "cross-eyed", es decir, "ojos cruzados"!
Salu2!
Aprovecho para meter una nota cultural. Bizco en inglés se dice "cross-eyed", es decir, "ojos cruzados"!
Salu2!