Dolor infernal
Tengo la espalda jodida y, desgraciadamente, no es por haber practicado la postura del mono loco del kamasutra. Así que tras varios días de estar trabajando casi como Stephen Hawkings con un cronómetro en las manos, decidí ir a la clínica de fisioterapia que hay cerca de mi casa.
Nada más entrar en aquella clínica, la primera visión fue la de una mujercita de unos 25 años de muy buen ver. Rizos dorados, mirada alegre, sonrisa angelical... Pensé que me había tocado la lotería y que aquella dulzura iba a darme un agradable y reconstituyente masaje. “¿Tu nombre?”, me preguntó. “Javier Velasco, pequeña, para servirte todos y cada uno de los días que pasemos juntos en esta vida o en la siguiente”, pensé. “¿Tu nombre, por favor?”, repitió. “Ah, esto, Javier Velasco”, contesté, esperando que el hilo de baba que caía de la comisura de mis labios no fuera visible. “Muy bien, espera aquí que voy a ver si hay alguna sala libre”. “Valeclaroporsupuestoatusórdenes”, musité mientras me sentaba. Sí, amigos, mi poco moldeado cuerpo iba a ser manoseado por una jovencita a la que, además, después tenía que pagar. ¡Las lecturas de morbo se salían de las gráficas! Ya me imaginaba la escena que me esperaba: velas, incienso, ropa por el suelo, música de Kenny G de fondo...
La chica abrió la primera puerta, y dijo “Berni, ahí tienes al chico de las 20.00, ¿te falta mucho o te espera en otra sala?”. Un momento. ¡¡Stop!! ¿Berni? ¿Quién demonios era Berni? “No te preocupes, enseguida me pongo con él”, respondió una voz masculina.
¡CRASH!
Eso que acabáis de escuchar fue el sonido de mis ilusiones haciéndose pedazos en el suelo de la clínica. No iba a hacerse realidad mi fantasía con aquella chiquilla. Snif. Pero lo peor no era eso, queridos lectores, ni mucho menos. Lo peor llegó cuando el propietario de aquella voz masculina salió a recibirme. Quitadle a esta imagen la armadura y colocadle una bata blanca. Os presento a Berni.

Mi madre me acompañó al interior de aquella sala y, por primera vez desde que tengo uso de razón, tuve ganas de coger su mano y decirle “Tengo miedo, mami, monstruo malo”. Tal vez debí haberlo hecho, pero cuando quise darme cuenta ya estaba tumbado boca abajo con los pantalones bajo los glúteos y la cara en un agujero de la camilla que daba al suelo. “Que brusco, y sin invitarme a una copa al menos” Sonreí con mi ocurrencia. Entonces, aquel tipo me aplastó los riñones con sus antebrazos y olvidé hasta el mismo significado de la palabra “sonrisa”.
“¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRGGGGGGGGGGGHHHHHHHHHH!!!”
Jamás había sentido tanto dolor. Lo que yo creí que sería un masaje relajante, se convirtió en jugar al tetris con los músculos de mi espalda. “Tienes la espalda muy mal”, me decía mientras deformaba mis trapecios. ¡CABRÓN PUES DEJA DE HACERME TRIZAS! Llegué a un punto en el que ya ni escuchaba ni sabía si respiraba. El dolor era tan enormemente intenso que ocupaba toda mi percepción. Aprovechaba los escasos segundos que tardaba en colocarse para llegar a una nueva zona de espalda como si fueran soplos de vida, un corto instante de recuperación que se esfumaba cuando Berni volvía a machacar mis indefensos músculos. Ahora sé cómo se siente el asfalto aún candente cuando la apisonadora le pasa por encima; o la masa de pizza cuando un estudiante de veterinaria que busca costearse tanto sus estudios como sus setas alucinógenas trabajando en un telepizza pasa el rodillo por su blanquecina textura; o Paula, cuando Olarte pasa por encima de ella mientras retozan en el almacén de la cafetería en un interesante giro de los acontecimientos.
Así, lo único que yo podía hacer era cerrar los ojos con fuerza y gritar mentalmente de dolor. Cuando pensaba que una zona de mi cuerpo no podía soportarlo más, ahí estaba el simpático Berni que seguía desgastándola. Y más pasadas, más estiramientos, más nervios destrozados... Sinceramente no sabía si ese horrible ser quería curarme o arrancarme el código genético a dentelladas. Y, para colmo, en ese instante entró en la sala la atractiva joven que me había abierto la puerta de la clínica. ¿Y cómo creéis que me vio? Pues apretando las nalgas y las piernas en alto mientras aquel mastodonte estiraba todas las células de mis hombros a la vez que decía “Lo notas ¿verdad? Sé que te duele”... Efectivamente, jamás tendré posibilidades con aquella muchacha.
Poco después, se retiró unos pasos y pensé que todo había pasado, que era libre. Pero nada más lejos de la realidad. “Date la vuelta y ponte boca arriba”, me pidió. Yo, como ya no tenía voluntad, obedecí. “Al fin descansará mi pobre espaldita”, atiné a pensar cuando mis conexiones neuronales se regeneraban “¿Que más querrá hacer? Aquí no hay nada que le interese destrozar... un momento, ¿porque me coge del brazo?......... ¡¡hijoputaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!” Imaginaos a vosotros mismos cuando escurrís el agua de una bayeta. Bien, pues yo era la Bayerina. Me estaba retorciendo el brazo como si fuera de plastelina, y lo más gracioso es que me decía “Mira, esto que notas son los tendones, que están montados”. “Amable señor, pues déjelos como estaban por favor”, quise decir. Pero no pude porque una nueva oleada de dolor me hizo odiar todo rastro de existencia humana sobre la tierra. Así que entonces mi mente decidió desconectarse. No podía pensar, sólo marchaban las funciones básicas. Me ahorraré los detalles de cuando me cogió de los brazos y me levantó de la camilla haciendo que me crujieran todas las putas vértebras. Coged una pulsera de perlas (además, sabéis que son falsas) y tirad con cada mano de un extremo. El efecto que sentí es el mismo.
Total, que terminando con mi relato, saqué en claro varias cosas:
Primero, que jamás podré ser un espía. Si el bando contrario me captura y me intentan torturar, con sólo atarme a una silla ya estaré cantando hasta el código PUK del móvil del Presidente.
Segundo, que cualquier terapeuta me diría que hay cierta perversión en el hecho de que pague para que me inflijan el más absoluto de los dolores.
Y tercero, que tengo una nueva meta en la vida. Voy a ir a natación, voy a hacer ejercicios de cuello y voy a cuidar mi alimentación. ¿Para que el dolor de la espalda no vuelva jamás? No, para ponerme fuerte y buscar a Berni a la salida de su trabajo para darle una paliza.
Me vengaré. Pegaso dame fuerzas...
PD: El viernes que viene vuelvo al fisioterapeuta. No he pasado treinta minutos en el infierno para dejarlo a medias. Aún tengo las contracturas. ¡Doctor House, déme Vicodina!
Nada más entrar en aquella clínica, la primera visión fue la de una mujercita de unos 25 años de muy buen ver. Rizos dorados, mirada alegre, sonrisa angelical... Pensé que me había tocado la lotería y que aquella dulzura iba a darme un agradable y reconstituyente masaje. “¿Tu nombre?”, me preguntó. “Javier Velasco, pequeña, para servirte todos y cada uno de los días que pasemos juntos en esta vida o en la siguiente”, pensé. “¿Tu nombre, por favor?”, repitió. “Ah, esto, Javier Velasco”, contesté, esperando que el hilo de baba que caía de la comisura de mis labios no fuera visible. “Muy bien, espera aquí que voy a ver si hay alguna sala libre”. “Valeclaroporsupuestoatusórdenes”, musité mientras me sentaba. Sí, amigos, mi poco moldeado cuerpo iba a ser manoseado por una jovencita a la que, además, después tenía que pagar. ¡Las lecturas de morbo se salían de las gráficas! Ya me imaginaba la escena que me esperaba: velas, incienso, ropa por el suelo, música de Kenny G de fondo...
La chica abrió la primera puerta, y dijo “Berni, ahí tienes al chico de las 20.00, ¿te falta mucho o te espera en otra sala?”. Un momento. ¡¡Stop!! ¿Berni? ¿Quién demonios era Berni? “No te preocupes, enseguida me pongo con él”, respondió una voz masculina.
¡CRASH!
Eso que acabáis de escuchar fue el sonido de mis ilusiones haciéndose pedazos en el suelo de la clínica. No iba a hacerse realidad mi fantasía con aquella chiquilla. Snif. Pero lo peor no era eso, queridos lectores, ni mucho menos. Lo peor llegó cuando el propietario de aquella voz masculina salió a recibirme. Quitadle a esta imagen la armadura y colocadle una bata blanca. Os presento a Berni.

Mi madre me acompañó al interior de aquella sala y, por primera vez desde que tengo uso de razón, tuve ganas de coger su mano y decirle “Tengo miedo, mami, monstruo malo”. Tal vez debí haberlo hecho, pero cuando quise darme cuenta ya estaba tumbado boca abajo con los pantalones bajo los glúteos y la cara en un agujero de la camilla que daba al suelo. “Que brusco, y sin invitarme a una copa al menos” Sonreí con mi ocurrencia. Entonces, aquel tipo me aplastó los riñones con sus antebrazos y olvidé hasta el mismo significado de la palabra “sonrisa”.
“¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRGGGGGGGGGGGHHHHHHHHHH!!!”
Jamás había sentido tanto dolor. Lo que yo creí que sería un masaje relajante, se convirtió en jugar al tetris con los músculos de mi espalda. “Tienes la espalda muy mal”, me decía mientras deformaba mis trapecios. ¡CABRÓN PUES DEJA DE HACERME TRIZAS! Llegué a un punto en el que ya ni escuchaba ni sabía si respiraba. El dolor era tan enormemente intenso que ocupaba toda mi percepción. Aprovechaba los escasos segundos que tardaba en colocarse para llegar a una nueva zona de espalda como si fueran soplos de vida, un corto instante de recuperación que se esfumaba cuando Berni volvía a machacar mis indefensos músculos. Ahora sé cómo se siente el asfalto aún candente cuando la apisonadora le pasa por encima; o la masa de pizza cuando un estudiante de veterinaria que busca costearse tanto sus estudios como sus setas alucinógenas trabajando en un telepizza pasa el rodillo por su blanquecina textura; o Paula, cuando Olarte pasa por encima de ella mientras retozan en el almacén de la cafetería en un interesante giro de los acontecimientos.
Así, lo único que yo podía hacer era cerrar los ojos con fuerza y gritar mentalmente de dolor. Cuando pensaba que una zona de mi cuerpo no podía soportarlo más, ahí estaba el simpático Berni que seguía desgastándola. Y más pasadas, más estiramientos, más nervios destrozados... Sinceramente no sabía si ese horrible ser quería curarme o arrancarme el código genético a dentelladas. Y, para colmo, en ese instante entró en la sala la atractiva joven que me había abierto la puerta de la clínica. ¿Y cómo creéis que me vio? Pues apretando las nalgas y las piernas en alto mientras aquel mastodonte estiraba todas las células de mis hombros a la vez que decía “Lo notas ¿verdad? Sé que te duele”... Efectivamente, jamás tendré posibilidades con aquella muchacha.
Poco después, se retiró unos pasos y pensé que todo había pasado, que era libre. Pero nada más lejos de la realidad. “Date la vuelta y ponte boca arriba”, me pidió. Yo, como ya no tenía voluntad, obedecí. “Al fin descansará mi pobre espaldita”, atiné a pensar cuando mis conexiones neuronales se regeneraban “¿Que más querrá hacer? Aquí no hay nada que le interese destrozar... un momento, ¿porque me coge del brazo?......... ¡¡hijoputaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!” Imaginaos a vosotros mismos cuando escurrís el agua de una bayeta. Bien, pues yo era la Bayerina. Me estaba retorciendo el brazo como si fuera de plastelina, y lo más gracioso es que me decía “Mira, esto que notas son los tendones, que están montados”. “Amable señor, pues déjelos como estaban por favor”, quise decir. Pero no pude porque una nueva oleada de dolor me hizo odiar todo rastro de existencia humana sobre la tierra. Así que entonces mi mente decidió desconectarse. No podía pensar, sólo marchaban las funciones básicas. Me ahorraré los detalles de cuando me cogió de los brazos y me levantó de la camilla haciendo que me crujieran todas las putas vértebras. Coged una pulsera de perlas (además, sabéis que son falsas) y tirad con cada mano de un extremo. El efecto que sentí es el mismo.
Total, que terminando con mi relato, saqué en claro varias cosas:
Primero, que jamás podré ser un espía. Si el bando contrario me captura y me intentan torturar, con sólo atarme a una silla ya estaré cantando hasta el código PUK del móvil del Presidente.
Segundo, que cualquier terapeuta me diría que hay cierta perversión en el hecho de que pague para que me inflijan el más absoluto de los dolores.
Y tercero, que tengo una nueva meta en la vida. Voy a ir a natación, voy a hacer ejercicios de cuello y voy a cuidar mi alimentación. ¿Para que el dolor de la espalda no vuelva jamás? No, para ponerme fuerte y buscar a Berni a la salida de su trabajo para darle una paliza.
Me vengaré. Pegaso dame fuerzas...
PD: El viernes que viene vuelvo al fisioterapeuta. No he pasado treinta minutos en el infierno para dejarlo a medias. Aún tengo las contracturas. ¡Doctor House, déme Vicodina!
Comentario:
he visto que tenia buena calva...¿te la frotaba en la espalda?
Si es qu eno aprendemos...Gimnasios, Piscinas, Fisioterapias...¿no nos damos cuenta del mal que nos hacen?
Si es qu eno aprendemos...Gimnasios, Piscinas, Fisioterapias...¿no nos damos cuenta del mal que nos hacen?
Comentario:
diooos, a lo mejor hasta t acaba gustando, y estableces un sindrome de estocolmo con berni, jajaja
un besazo
un besazo
Comentario:
Estoy con Mr. Flashback.
No sé si la directora creativa llegará a leer tu blog pero el (aprendiz) de guionista que está detrás de estas líneas, te augura lo mejor.
Eres un crack.
No sé si la directora creativa llegará a leer tu blog pero el (aprendiz) de guionista que está detrás de estas líneas, te augura lo mejor.
Eres un crack.
Comentario:
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA....
Oh my God!Qué portento de imaginación!!!No dejas de sorprenderme,nene ^_^ .Este post tiene cada detalle que ha hecho que se me saltaran las lágrimas de la risa jojojo...
Y yo que pensaba que no sería para tanto y que ya tendrías la espaldita mucho mejor y me encuentro con esto!!pobre! :(
Javi!Me ha hecho mucha ilusión tu comentario en mi flog!!!No me lo esperaba para nada.Graaaciaaaaassss!!!
Cuídate esa espaldita,jo.Ya verás como unos cuantos de esos tiernos y delicados masajitos de Berni te dejan niquelao!;)
Besitos!
Oh my God!Qué portento de imaginación!!!No dejas de sorprenderme,nene ^_^ .Este post tiene cada detalle que ha hecho que se me saltaran las lágrimas de la risa jojojo...
Y yo que pensaba que no sería para tanto y que ya tendrías la espaldita mucho mejor y me encuentro con esto!!pobre! :(
Javi!Me ha hecho mucha ilusión tu comentario en mi flog!!!No me lo esperaba para nada.Graaaciaaaaassss!!!
Cuídate esa espaldita,jo.Ya verás como unos cuantos de esos tiernos y delicados masajitos de Berni te dejan niquelao!;)
Besitos!
Comentario:
jajaja la primera es la peor!!!! pero luego ya... es que no sabes si estás vivo o muerto.... me ha dolido tan solo de leer lo que contabas....
como que olarte y paula???? qué tipo de mente perversa tienes???? Me das envidia joe!!!
como que olarte y paula???? qué tipo de mente perversa tienes???? Me das envidia joe!!!
Comentario:
Jajaja!! Seguro que no fue para tanto hombre!!!
Además... sobreviviste, no?? Así que estás hecho todo un machote!!! jajaja!!!
En serio, pobrecitoooo. Espero que te recuperes pronto y que el viernes la sesión sea más light!
Un besoteee
Además... sobreviviste, no?? Así que estás hecho todo un machote!!! jajaja!!!
En serio, pobrecitoooo. Espero que te recuperes pronto y que el viernes la sesión sea más light!
Un besoteee
Comentario:
Que cabrón!!! Consigues sorprenderme con cada nueva entrada. Sigue así y algun día una directora creativa leera tu blog y te hará una prueba para dialogista de un culebrón.
Suerte Machote.
PD: La proxima vez que veas a Berni lleva tanga, esa será la unica forma de que le descoloques, como el hace con tus huesos.
Suerte Machote.
PD: La proxima vez que veas a Berni lleva tanga, esa será la unica forma de que le descoloques, como el hace con tus huesos.