Pin y Pon

Estos Pin y Pon son de los modernos... Con las pestañas pintadas y todo. Lo que se ve, principalmente, es el "invernadero de Pin y Pon", que me regaló P. hace ya un par de Navidades. Y es que es así de graciosete y cada año me regala un juguete. Porque tengo mucho de niña y él no quiere que lo olvide. En concreto el invernadero porque lo vio y no pudo resistirse, ¡qué agrónoma que se precie no tiene un invernadero! (Pues la verdad, supongo que lo normal es no tenerlo). Por otra parte, el muñeco de naranja y el perro fueron un regalo de un encanto de chica que, aunque no conozco personalmente, me los hizo llegar. (SuperGlusa, que veas que no los he tirado).
Y hoy quería hablar de las historias que nos montábamos mi hermana pequeña y yo con la casita de Pin y Pon.
Antes de nada, aclarar que mi hermanita y yo nos llevamos sólo 15 meses, así que de siempre fuimos amigas (a pesar de todo lo que yo le pegaba) y jugamos juntas. Ahora ya tenemos vidas muy diferentes, pero seguimos queriéndonos muchísimo.
Los Pin y Pon de entonces no eran esos tan modernos, sino más bien estos:

Los pinipones no tenían brazos articulados, sino tan sólo unos orificios a la altura de las manos donde se encajaba la correspondiente carretilla, correa del perro... Tampoco se sentaban, así que para tomar el té, lo hacían subidos a la silla y si querían descansar un rato, adoptaban la posición horizontal irremediablemente (en esto los envidio). ¡Ah! Y la transformación de sexo era una operación de lo más sencilla: un simple cambio de pelucas y ya tenías el bebé deseado.
Mi hermana y yo teníamos la casita. Bueno, yo no sé si era la casita o la Mansión, porque aquello tenía 3 pisos plegables y multitud de muebles. Muebles que fuimos perdiendo con los años, no quepa duda. Porque no es que fuésemos, precisamente, unas niñas ordenadas. De hecho, nuestro juego con los pinipones era de lo más anárquico, porque nos liábamos a juntar el Tente, la Chabel (en mi casa nunca hubo Barbie porque mi madre, con un buen juicio que pocas veces saca a relucir, pensaba que era muy sexista), los Playmobil que habíamos mangado al vecino (sin querer queriendo, claro)... Vamos, que el espectáculo de la "salita" (el cuarto donde jugábamos) era un escenario completamente surrealista, con naves del espacio comandadas por Barriguitas que por su tamaño parecía que iban a aplastar a los pinipones cuando en realidad sólo iban a jugar al fútbol con ellos.
Y pasábamos horas y horas montándonos las historias más absurdas, normalmente intentando imitar la vida adulta que no nos dejaban vivir. Pagábamos con billetes de mentira (todavía no teníamos el Monopoly, éramos muy pequeñas, así que los pintábamos nosotras) y nos montábamos intrigas policiales. Esto último viene de que yo de pequeña quería ser "derective". Claro, leí demasiado a Enid Blyton y yo quería ser una Georgina más (bueno, Jorge). Pero he de reconocer que lo mejor era lo de mi hermana. Apenas sabía ya leer, escribir y dibujar, decidió ser ornitóloga. Imagínense el careto de muchos amigos de mis padres cuando, inocentemente, preguntaban: "y tú, bonita, ¿qué quieres ser de mayor?" Y ella muy orgullosa, con una pronunciación perfecta, decía: "ornitóloga". Y como la niña no era tonta y veía la cara de bobos que se les había quedado a "los mayores", pasaba a dar la pertiniente explicación: "un ornitólogo es aquél que estudia los pájaros".
Y ya me fui del tema principal... :P Cómo disfruto divagando.
Bueno, espero despertar en algunos de vosotr@s algún recuerdillo.
Gracias

Bueno, he reformado todo para ponerlo bonito y lleno de legumbres :P
Sólo quería agradecer a Tavin y sobre todo a Sulley la ayuda. Se ha pasado algunas horas revisándome los códigos, retocándome las imágenes... Vamos, un cielo.
Aps, y los utilísimos posts de Manuti y el Blog de Trucos.
Una pequeña lenteja

Hoy me pongo exhibicionista y os enseño mi ropa interior :P. Y voy a pasarme de egocentrismo (siempre hablo de mí misma, así que egocéntrica soy siempre) y dejaré la modestia a un lado. Porque ya han pasado suficientes años como para poder hablar de mí misma como si fuese otra persona y total, en realidad no me conocí con esa edad, todo lo que cuento es de oídas.
Yo nací de un Roscón de Reyes. No, no voy a soltar una historia "a lo Léolo", voy a contar la realidad. Empezaré por contar que mi madre ya tenía una hija cuando me tuvieron a mí. Me saca 9 años y es sólo media-hermana. Así que yo era la primera niña fruto de mi padre y mi madre. Ellos tenían muchísimas ganas de tener un niño juntos, aunque las cosas no eran fáciles en aquellos tiempos para una pareja que, como ellos, no estaban casados. Y lo intentaron. Mucho. Pero hubo varias complicaciones en varios embarazos y mi madre sufrió varios abortos. Uno incluso a los 4 meses.
Como comprenderéis, era una situación dura para ellos, pero no dejaron de intentarlo. En enero de 1980, el día de Reyes, mis padres tropezaron con una sorpresa en el Roscón...

Era yo. Anuncié mi llegada dulcemente y por sorpresa :) Nací ese mismo año, después de muchos cuidados y muchos mimos en la tripa de mi madre (que no se privó de viajar en avión a Canarias a ver a su familia, por otra parte).
La habitación que me habían preparado, era de cuento. Mi padre, que es un manitas con esto del bricolaje, hizo un enrejado con maderitas en el techo, tras el cual habían pintado un cielo con nubes. Mi madre (que es pintora... al menos a ratos) me había hecho cuadritos para la habitación y un precioso poema en un azulejo que quiero rescatar algún día (creo que lo tiene uno de mis primos, de cuando nació).
Yo nací casi sana (me tuvieron que operar de una hernia inguinal al poco) y creo que no di mucho la lata. A medida que fui creciendo y aprendiendo a relacionarme con el entorno, todo el mundo pudo apreciar que yo iba a ser una chica positiva: reía a todas horas. Vamos, que es que no lloraba casi casi para nada, pero no era que fuese tímida, no, es que me pasaba el día partiéndome el culo.
Un poquito más crecidita, me llamaban “gitanilla”. Vale que mi madre no me vestía como un repollo... Y ché, se lo agradezco. Pero es que además, yo era un torbellino, candidata perfecta para un DDA y encima vivíamos en el campo. Resultado: una lenteja rebozada en barro y llena de arañazos. Lo de “estás hecha un Cristo” me encajaba a la perfección. Por las mañanas mi madre nos ponía guapas, nos peinaba (nos hacía trenzas, sniff, añoro mis trenzas) y cuando llegaba la noche, la lenteja no era ni un rastro de lo que fue por la mañana. Creo que ahí comencé a ser una lenteja de verdad: mi madre nos dejaba en remojo por las noches. Bueno, no toda la noche pero yo recuerdo haber estado horas (vaaaale, no horas, pero más de una hora sí) jugando en la bañera con mi hermana hasta que el agua se enfriaba y mi madre venía a enjabonarnos. También podría haber optado por ser una pasa...
Y por hoy eso es todo, pero algún día espero volver sobre el tema de mi más lejana infancia. Hey, es una forma de tener un libro de tus memorias... (Aunque de lo de hoy, de poco puedo acordarme)
Argiope argentata

Compré esta araña. Bueno, no ésta, yo pedí otra mucho más normal y me enviaron esta que es bastante exótica. Me la mandaron por correo. Sí, sí, por correo. En una bolsa de plástico llena de aire venía esta araña y una compañera. La compañera la pobre (que yo no había encargado y me metieron por si acaso) venía sólo con 6 patas y no estaban en la bolsa, así que no fue por el viaje. Como véis, es muy bonita. Tiene como una gotita de plata que la cubre, que es natural (no soy tan cruel) y yo me encariñé mucho con ella. A su lado hay una mosca de la fruta.
Bueno, os contaré toda la historia, intentando abreviar lo máximo posible. Esto fue en EEUU, cuando yo hacía COU allí. Una de las asignaturas que cogí fue Física con un profesor chalado (del todo) al que le encantaban los experimentos y cada día nos hacía uno. Para centraros un poco más, quiero que recordéis alguna película o serie en la que los niños tienen que hacer un "proyecto de ciencias" para un concurso. Bueno, pues yo participé en uno de esos "Science Fairs" para subir nota en la clase de física.
Fue toda una experiencia. Para empezar, yo no tenía ni idea de cómo era eso. Todos mis compañeros habían hecho uno alguna vez, yo no sabía ni por dónde empezar. Así que como ya en el 97 yo era usuaria de Internet, eché mano de la red y a base de Yahoo (hey, no había Google) averigüé que había que diseñar un experimento y aplicar el método científico (hipótesis, experimento, conclusión). Eso para luego exponerlo en un tríptico (tamaño poster cada sección) y que te calificase un jurado.
Yo quise ser la más original de todos y creo que lo logré. Para empezar, había muchas categorías en las que participar. La que tenía más participación era la de proyecto en grupo (no somos vagos, no) y luego había cosas como biología, física, psicología y hasta geriatría. No tenía ni idea de qué hacer de proyecto, así que... Yahoo y a buscar ideas. Y encontré un post en un foro que decía "Why not give alcohol to spiders and see what happens?". ¡Dios! Esa era la mía. Así que zoología iba a ser mi área.
Entonces empecé a leer, leer y leer. Tanto libros acerca de cómo hacer un "science fair proyect" y cómo presentarlo... Como libros acerca de las arañas y libros acerca del alcohol. Usé los microfilms estos para ver artículos del Scientific American y de periódicos atrasados. Me fui al centro de la ciudad a hacer un "research" en condiciones. Y hallé muchas cosas interesantes. Lo que más me ayudó de todo: un trabajo que hizo la Universidad de Carolina del Norte con arañas, acerca de la influencia de diferentes tipos de drogas en estos "bichitos". Cachondísimo. Los resultados, así resumidos, decían: que si "fumaban" (respiraban humo) de marihuana, hacían una tela muy pequeña en relación a la normal; si tomaban speed, hacían una tela completamente caótica, sin sentido; si tomaban LSD, hacían una tela perfecta, se supone que porque estaban abstraídas del ambiente y nada las perturbaba de su labor. Tremendo. (acabo de buscar en internet y no es exactamente como recordaba, pero aqui teneis un link relacionado)
Para darles las drogas, muchas veces las inyectaban en las moscas que les daban de comer, de forma que cuando succionaban sus jugos, al tiempo se pillaban un colocón. Así que estaba chupado... En los libros de arañas que leí, aprendí a hacer una caja para las arañas. Pinté las paredes de negro, puse en el frontal una lámina de celofán para poder verlas y esperé pacientemente a que se asentasen en su nuevo hogar y construyesen una tela.
Mientras tanto, leí más acerca de las arañas. Y también acerca del alcohol, de sus efectos en el sistema nervioso. Sobre las arañas destacaré que las que tejen una tela orbital (vamos, la típica redonda y preciosa, no las que se meten en agujeros o similar) suelen hacerlas muy parecidas siempre. Las hacen de forma instintiva, usando su sistema nervioso simpático. Normalmente, tienen el mismo número de radios. Y para que les salgan tan perfectitas, la base fundamental son los radios, que tienen que dividir la tela en sectores iguales. ¿Cómo hacen esto? Pues "usan las patas delanteras como transportador". Sí, como lo oís. Según tiran los dos primeros radios, toman esa medida con las patas delanteras y sin alterar la distancia entre sus patas, la ponen a continuación y marcan el sitio por el que tiene que pasar el siguiente radio. Y así hasta que completan la circunferencia.
Acerca del alcohol... Bueno, ya sabéis sus efectos (jejeje)... Pero yo me centré en la "distorsión de las distancias" que produce gracias a su actuación en el sistema nervioso simpático. De forma que una distancia grande, parece menor (creo recordar). Así que yo ya tenía mi hipótesis lista: "cuanto más borracha esté la araña, menos radios tendrá la tela, porque la separación de sus patas delanteras será mayor de lo que ella piensa que es y al transportarla, saldrán menos radios". Todo eso puesto bonito y con lenguaje científico.
Bueno, pues nada, toca ponerse a hacer el experimento y demostrar (o refutar) la hipótesis.
PROBLEMA: que mis arañas no estaban comiendo. Como os lo cuento... Bueno, la que estaba pocha murió a los pocos días, pero la de la foto hacía una perfecta y preciosa tela de araña que... No utilizaba para nada, porque no cazaba ninguna mosca de las que le daba de comer (vivas). Así que yo tenía que hacer mi proyecto y no podía hacer el experimento (las arañas no "beben"). Qué remedio, había que inventárselo.
Como habéis visto, si algo me sobra, es imaginación. Así que me inventé unas concentraciones de diferentes tipos de alcohol (con diferente contenido volumétrico en alcohol), creo que ron, whisky y martini (rosso, juas). Cada uno de ellos en tres disoluciones diferentes en agua. Y me inventé unos resultados en el número de radios de las telas, de forma que quedaba todo perfecto. Ahora me doy cuenta de que demasiado perfecto y que algún resultado debería haber fallado.
El caso es que como el experimento era falso, me empleé a fondo en toda la presentación del proyecto para redimirme. El tríptico lo pinté de negro y puse el título en letras recortadas en cartón y pintadas de rosa fosoforito. Resaltaba un montón. Hice una serie de gráficos con el Excel, a color, con el número de radios de cada experimento y en unas hojas transparentes dibujé aproximadamente las telas (inventadas claro) con diferente número de radios. Se superponían entre si y así era fácil compararlas.
Lo que más me costó fue el título. Tenía que ser algo "catchy", atrayente, que captase la atención. Y yo quería que fuese gracioso (ya que todo el experimento era de risa...). Así que parafraseé a Stevie Wonder y lo llamé "DON'T DRINK & WEAVE", que además hasta medio rimaba.
Para rematar todo, tejí yo misma una tela de araña con cuerda y la colgué entre dos tablones del tríptico. Y puse una araña de plástico colgando de ella (que me dio mi profesor de física, que ya os digo que estaba un poco pirado).
Vamos, que inventado de pe a pa, pero con un "background" impresionante (tenía fotocopias relacionadas con el tema para parar un tren), una presentación de lo más llamativa y una preciosa historia que yo relataba con todo lujo de detalles acerca de cómo hice el experimento y los problemas que tuve y etc. Porque claro, además, había que defenderlo ante los jueces (y en inglés, toooma).
Gané el primer premio de zoología de mi instituto, lo cual, podría parecer que no tenía mérito sabiendo que yo era la única que hizo un trabajo en esa sección... Pero he de decir que la que presentó el único trabajo de geriatría, no ganó ni el tercer premio. Eso significaba que estaba clasificada para el estatal.
Mis únicos amigos de la clase de física habían ganado en el apartado de grupos. Y uno de ellos sabía la realidad de mi experimento (y yo del de ellos, jejeje). Pero ahora tocaba competir entre nosotros, porque sólo dos proyectos del estado irían al internacional. Muchos jueces pasaron por mi proyecto. No sólo los del jurado, sino los de diversas organizaciones patrocinadoras. Esta vez había muchos proyectos de zoología con los que competir, la mayoría de paramecios y cosas de esas (no se puede con vertebrados, de hecho mi araña estaba al límite de lo permisible).
El peor momento del concurso, fue cuando una señora me comentaba que ella había trabajado con el tipo que había hecho el trabajo de las arañas y las drogas en Carolina del Norte... Madremíadelamorhoermoso, a ver si a esta le huele algo mal... Y cada vez que venía un juez, yo comentaba que era una estudiante de intercambio y que me disculpasen el inglés.
Gané el primer premio del estado en zoología (mis amigos ganaron el de grupo y fuimos los únicos del instituto que nos llevamos premio), pero no me seleccionaron para el internacional. Además, me llevé otros dos premios (uno de la asociación de la señora esta). Así que como en este país no sólo dan medallas, me saqué casi 200$ con la bendita arañita. Además de numerosísimos puntos positivos en física XD
Desde aquí quiero agradecer a Kit y a Deirdre (madre y hermana americanas, Tom el padre no sufrió tanto) el que aguantasen el convivir con las arañas en la misma casa. Sé que pasaron miedo y no me dijeron nada de nada. Aps, y quiero dar la enhorabuena a los que hayan llegado hasta aquí XD ¡qué mérito!.





