Cuando las lentejas no caben en la cacerola
Acerca de
Cuando las lentejas no caben en la cacerola
Leguminosa, Legumbre, Lenteja, Garbancita, Frijolita... Llámame como quieras.
Soy un proyecto de ingeniera agrónoma cuyo profesor de leguminosas era un cielo y le enseñó a amar los altramuces y los garbanzos. De ahí el nombre.
Quiero contar cosas. Cosas de todo tipo, normalmente personales. Rescatar recuerdos o anécdotas de la semana pasada.
Quiero seguir el proyecto que comencé en Leguminosa en fotos, pero que allí, por falta de espacio físico (¡sólo 5000 caracteres en el post!) pues no puedo continuar.
Podréis apreciar que en el fondo soy un completo desastre y escribiré de Pascuas a Ramos. Qué le voy a hacer.
De todas formas, espero que lo disfrutéis y que os entren ganas de volver.
Sindicación
 
Se acabó

No tenía ni idea de cómo iba a reaccionar cuando llegase este momento. Veo que cada persona es un mundo y a mí me parece que yo soy un mundo extraño. Fue el viernes pasado.

Llegaba en el tren de las 13.26 a Salamanca. Intenté llamar 10 minutos antes para pedir indicaciones de cómo llegar al hospital. Nadie me respondía al teléfono. Según llegaba logré contactar con una de mis tías mientras el novio de mi hermana pequeña intentaba llamarme. No me lo dijeron, pero estaba bastante claro. Tomé un taxi y en la entrada estaba mi hermanita y su chico. Mi hermanita con la cara llorosa y su chico la abrazaba muy fuerte. Fue a las 13.15.

Solté mis buenas lágrimas, pero no caí en el llanto profundo, ese que no te deja casi ni respirar ni hablar. Mi voz se mantenía firme y mis decisiones aún más. Es extraño cómo reaccioné.

Los buitres de las funerarias revoloteaban por el tanatorio. Buitres es la palabra más adecuada, porque en medio de todo el dolor, tratan de sacar tajada de la carne muerta. Insistían e insistían aunque les decíamos que dejasen a mi madre en paz. Harta del tipo aquél, le dije: mire, no va a haber funeral, ni incineración ni nada, así que lárguese, mi padre quería donar su cuerpo a la ciencia. No lo había dicho antes porque no me parecía un comentario apropiado para el momento, pero mi padre siempre lo expresó así. Le repugnaba la idea de dejar un lugar en la tierra donde pudiesen ir a "adorar" u "homenajear" su cuerpo muerto o sus cenizas. Una vez que donas tu cuerpo a la ciencia, además de ser útil al resto de la sociedad, pasas a ser anónimo y no dejas tras de ti un rastro de lápidas sucias, aniversarios de muerte y flores marchitas. Yo voy a hacer lo mismo.

Así que el resto del día me mantuve ocupada intentando averiguar los trámites para que la "última voluntad" de mi padre se hiciese efectiva. Ahí estaba junto a mí mi primo L., gracias al cual al final logramos solucionar la papeleta. Como sé que me lees, GRACIAS de nuevo (aunque te vas a cansar de oírlo :P). Ah, sin olvidar las gominolas de colores que me compró para animarme la tarde.

Los familiares siguieron llegando en un goteo continuo a lo largo del viernes y el sábado. De Huesca a Málaga, pasando por Vigo y por poco no vinieron de Las Palmas, pero logramos persuadirles (eso y que no había vuelos).

Mi hermana mayor llegó de Cádiz a la noche. Para entonces, ya nos habíamos trasladado a la casa del pueblo, donde nos reunimos en Navidades para celebrar Nochebuena, Navidad y el día de Reyes en tres días seguidos (un post sobre esto). Somos una familia muy unida, no tenéis idea de hasta qué punto. Encontrar familias muy unidas no es raro, pero nosotros somos un "núcleo" familiar de casi 40 personas. Eso es más raro.

El sábado también estuvimos de papeleos. Me acompañaron L. y su padre, otro gran tipo. Como no teníamos funeraria, teníamos que hacer nosotros la inscripción de defunción en el registro civil. Era un caso raro, nunca iban particulares a hacer eso. Lo de donar el cuerpo a la ciencia era una novedad para esa gente.

Siguieron llegando familiares. Entre ellos, llegaron P. y sus padres. Qué linda la madre de P., lloraba más que mi propia madre. Me daba un poco de vergüenza el mostrar tanta entereza ante la situación. Pero así es como me sentía: tranquila, serena y con ganas de solucionar cosas. Todavía me pregunto qué piensa la gente al verme tan tranquila. Desde luego, espero que a nadie se le pase por la cabeza que yo no estaba apegada a mi padre. Primero, porque no apegarse a mi padre era casi imposible (hoy se lo dijimos a las farmaceúticas y se echaron a llorar). Segundo, porque todo el mundo sabe que él siempre ha sido "mi guía" y una pieza fundamental en mi vida.

Creo que parte de esta tranquilidad reside en que finalmente seguí el consejo de Dog. Hice una larga carta y se la leí. Era una carta de despedida, la verdad, me daba vergüenza leérsela porque sonaba claramente a "te vas a morir" y eso es algo que nadie quiere oír, por muy asumido que lo tengan (mi padre sabía todo lo que ocurría, aunque ignoro hasta que punto lo tenía asumido, pero al ser tan razonable como es, puedo suponer que se hacía una idea bastante clara). En la carta le contaba cosas que él no iba a ver y no iba a disfrutar, por eso quería que las supiese antes de morir, para que se pudiese hacer una idea de cómo iba a ser mi futuro. Mi estupendo futuro, rectifico. Y le agradecía el haberme dado todas las herramientas para haberme podido forjar esa vida. (Bueno, este es uno de esos momentos en que tengo los ojos empañados y un nudo marinero en la garganta, cómo duele). El caso es que le dije todo lo que tenía pendiente de decirle. Era una carta bastante egoísta, porque le decía que iba a echar de menos el que no estuviese para seguir ayudándome en el futuro, porque lo necesitaba. No, lo necesito.

El sábado por la tarde se hizo una misa en el pueblo. Más que nada por mi abuela. A mi padre eso le hubiese horrorizado, pero a su madre le hubiese dado un yuyu si no tenía algo como una misa para pasar el trago, así que dejamos que se hiciese. Además, no sé yo si mi madre dejó su agnosticismo a un lado, porque me había confesado que un par de días atrás había ido a una iglesia a rezar... En realidad seguro que acabó maldiciendo al Dios que le hacía eso a alguien como papá, diciéndole que no se lo merecía... En fin. Qué horror de misa. Y qué poco tino tuvo el cura con el sermón. Hablaba del dolor, de que en esta sociedad evitamos el dolor a toda costa, inventamos drogas, evitamos que los niños vean películas violentas... Hasta ahí yo estaba de acuerdo, pero mezclarlo con el sufrimiento de un enfermo de cáncer y el descanso eterno... Debieron de oírse murmullos de desaprobación desde el banco en que estábamos mis hermanas y yo. Y encima luego hablaba de que mi padre, una vez que estuviese junto a Dios, vería todas las cosas buenas que podría haber hecho y no hizo y se lamentaría. Justo antes de decir eso mencionó que no conocía a mi padre. Está claro que no lo conocía. Vamos, es que no podía haberse alejado más de la realidad. Porque mi padre es una de las personas más bellas, justas y buenas que he conocido. Esto también se lo dije en la carta, no creáis que lo he pensado "después de", que siempre sale todo lo bueno a la luz y se olvida lo malo. En serio, la de buenas acciones que ha hecho mi padre por sus amigos y conocidos no tienen precio.



Ahora estamos inmersas en papeleo. A mi hermana mayor la acababa de adoptar mi padre y el libro de familia y los certificados de nacimiento y matrimonio están "desaparecidos". Los necesitamos para la venta del piso, que se iba a haber hecho ayer por la mañana. Ahora hay que retrasar todo.

P. está de exámenes y yo con tanto papeleo y cansancio no estoy en el mejor de los humores posibles, así que hemos tenido algún roce. Nada grave, que yo sepa.

No leo ningún blog, no leo casi ni el correo, excepto mensajes importantes. En semana y poco este PC debe estar desmontado y embalado y yo sigo sin avanzar mucho con las cajas (aunue ya hice alguna).

Pero no quiero despedirme sin contar el milagrillo que se prudujo hace un par de fines de semana. Fui a Salamanca a ver a mi familia, estábamos todos (mis padres y las 3 hermanas) y... Bueno, estaba maravilloso. Hablaba, reía, hacía bromas... Hasta vino a buscarme a la estación de autobuses con mis hermanas. Ni siquiera se echó la siesta, estaba lleno de energía. Fue genial. Es casi el último recuerdo que tengo de él vivo, ya que el domingo por la tarde se puso mal de nuevo. Pero fue maravilloso. Hizo público el anuncio de que había salido la sentencia del juicio de la adopción de mi hermana. Que al fin éramos una familia numerosa y que en su libro de familia había 3 hijas al fin. Insistió en que nos hiciésemos fotos de familia. Hicimos un montonazo de fotos, que serán el recuerdo que podamos enseñar a todo el mundo. Gracias papá por regalarnos ese fin de semana.
 
Pequeñas confesiones

Bueno, vale, vamos allá. Sé que soy vaga, pero todo tiene que tener un límite y al fin y al cabo, no estoy ingresada en un hospital ni nada parecido, así que excusa tampoco tengo.

Hoy voy a haceros unas cuantas pequeñas confesiones, cosas que son pequeñas bobadas, pero que no todo el mundo sabe de mí y que me dan un pelín de vergüenza, remordimiento o lo que sea.

Confieso que...1.- Hace mogollón que no voy al gimnasio. A ver, no es que diga ¡oh madremía, que no voy al gimnasio, no tiene perdón!. Bah, me da igual. Además, ahora que no voy a comer a casa de P. y me hago yo las comidas, estoy adelgazando sin levantarme de la cama o de la silla del curro.
La cuestión es que pagué la friolera (para mí) de 300 euros por un año de gimnasio. Y me da mogollón de apuro saber que estoy tirando ese dinero por el retrete.
Confieso además que así como antes me acordaba CADA DíA de aquel dinero y de mi "obligación" de ir al gimnasio, ahora me acuerdo sólo cada dos días...

Confieso que...2.- En el curro nadie sabe que me iré el 17 de septiembre. Es cuando acaba mi contrato con la ETT. La próxima semana llegaré a la jefa con un cuento de ¡oh, no me lo esperaba, pero me han dado una beca para Inglaterra para hacer el proyecto, me tengo que ir!. Me dirá que me aprovecho de la ETT, que los dejo tirados... Me soltará un rollo de que todo el mundo los deja (madremía la de gente que se va)... Pero yo lo siento mucho y no puedo dejar de aprovechar esta oportunidad.

Confieso que...3.- Empiezo a preguntarme si no me estoy volviendo adicta a las compras por internet. Vale, que sólo me he gastado 40 euros (sin contar el portatil, claro), pero he hecho en las ultimas 3 semanas, 5 compras por internet, 4 en eBay y una en Canal Club. Vale, que son cosas que a mí me parecen la mar de útiles y que no sabría dónde encontrar aquí y menos a esos precios... Pero... Ya me imagino pidiendo todos los catálogos habidos y por haber (Redoute, Telva, Canal Club, teletienda...), encerrada en mi habitación ojeándolos día y noche y llamando por teléfono cada 5 minutos para comprarme una minipimer nueva.
Qué horrible visión. Ya he pedido apoyo psicológico para no caer en ello, tranquis.

Confieso que... 4.- Me cuesta todavía aceptar que sí, que parece que mi padre va a morir, que su tumor está ya en uno de los peores estadíos y que ya no hay marcha atrás, tan sólo cabe esperar que se pare. Ya le aplican quimio paliativa. Ya no hay fe (¿qué es eso? esto de ser de ética...) que valga ni nada. Mi padre va a faltar y yo voy a perder una de las piezas más importantes en mi vida.

Confieso que... 5.- Que no sé en qué ocupar el tiempo si no está P. cerca. Duermo. Claro, es la opción más fácil y total, me encanta. Pero no es muy productivo, ¿verdad? Vale, confesaré que lo necesito... Pero sólo un poquito ¿eh?

Confieso que... 6.- Todavía no he empezado a hacer cajas para la mudanza. Ya vendemos la casa y tendré que hacer muchísimas cosas y podría empezar ya... Pero no lo hago. Jo. Me da pereza mudarme de nuevo. Además, yo no tengo a dónde mudarme. Yo voy a hacer cajas sólo para almacenarlas en algún lugar y mudarme sólo cuando vuelva de Inglaterra. Que triste mudarse a ninguna parte.