Cuando las lentejas no caben en la cacerola
Acerca de
Cuando las lentejas no caben en la cacerola
Leguminosa, Legumbre, Lenteja, Garbancita, Frijolita... Llámame como quieras.
Soy un proyecto de ingeniera agrónoma cuyo profesor de leguminosas era un cielo y le enseñó a amar los altramuces y los garbanzos. De ahí el nombre.
Quiero contar cosas. Cosas de todo tipo, normalmente personales. Rescatar recuerdos o anécdotas de la semana pasada.
Quiero seguir el proyecto que comencé en Leguminosa en fotos, pero que allí, por falta de espacio físico (¡sólo 5000 caracteres en el post!) pues no puedo continuar.
Podréis apreciar que en el fondo soy un completo desastre y escribiré de Pascuas a Ramos. Qué le voy a hacer.
De todas formas, espero que lo disfrutéis y que os entren ganas de volver.
Sindicación
 
Una pequeña lenteja



Hoy me pongo exhibicionista y os enseño mi ropa interior :P. Y voy a pasarme de egocentrismo (siempre hablo de mí misma, así que egocéntrica soy siempre) y dejaré la modestia a un lado. Porque ya han pasado suficientes años como para poder hablar de mí misma como si fuese otra persona y total, en realidad no me conocí con esa edad, todo lo que cuento es de oídas.

Yo nací de un Roscón de Reyes. No, no voy a soltar una historia "a lo Léolo", voy a contar la realidad. Empezaré por contar que mi madre ya tenía una hija cuando me tuvieron a mí. Me saca 9 años y es sólo media-hermana. Así que yo era la primera niña fruto de mi padre y mi madre. Ellos tenían muchísimas ganas de tener un niño juntos, aunque las cosas no eran fáciles en aquellos tiempos para una pareja que, como ellos, no estaban casados. Y lo intentaron. Mucho. Pero hubo varias complicaciones en varios embarazos y mi madre sufrió varios abortos. Uno incluso a los 4 meses.

Como comprenderéis, era una situación dura para ellos, pero no dejaron de intentarlo. En enero de 1980, el día de Reyes, mis padres tropezaron con una sorpresa en el Roscón...



Era yo. Anuncié mi llegada dulcemente y por sorpresa :) Nací ese mismo año, después de muchos cuidados y muchos mimos en la tripa de mi madre (que no se privó de viajar en avión a Canarias a ver a su familia, por otra parte).

La habitación que me habían preparado, era de cuento. Mi padre, que es un manitas con esto del bricolaje, hizo un enrejado con maderitas en el techo, tras el cual habían pintado un cielo con nubes. Mi madre (que es pintora... al menos a ratos) me había hecho cuadritos para la habitación y un precioso poema en un azulejo que quiero rescatar algún día (creo que lo tiene uno de mis primos, de cuando nació).

Yo nací casi sana (me tuvieron que operar de una hernia inguinal al poco) y creo que no di mucho la lata. A medida que fui creciendo y aprendiendo a relacionarme con el entorno, todo el mundo pudo apreciar que yo iba a ser una chica positiva: reía a todas horas. Vamos, que es que no lloraba casi casi para nada, pero no era que fuese tímida, no, es que me pasaba el día partiéndome el culo.

Un poquito más crecidita, me llamaban “gitanilla”. Vale que mi madre no me vestía como un repollo... Y ché, se lo agradezco. Pero es que además, yo era un torbellino, candidata perfecta para un DDA y encima vivíamos en el campo. Resultado: una lenteja rebozada en barro y llena de arañazos. Lo de “estás hecha un Cristo” me encajaba a la perfección. Por las mañanas mi madre nos ponía guapas, nos peinaba (nos hacía trenzas, sniff, añoro mis trenzas) y cuando llegaba la noche, la lenteja no era ni un rastro de lo que fue por la mañana. Creo que ahí comencé a ser una lenteja de verdad: mi madre nos dejaba en remojo por las noches. Bueno, no toda la noche pero yo recuerdo haber estado horas (vaaaale, no horas, pero más de una hora sí) jugando en la bañera con mi hermana hasta que el agua se enfriaba y mi madre venía a enjabonarnos. También podría haber optado por ser una pasa...

Y por hoy eso es todo, pero algún día espero volver sobre el tema de mi más lejana infancia. Hey, es una forma de tener un libro de tus memorias... (Aunque de lo de hoy, de poco puedo acordarme)
 
 
 
 
Comentario:
si estabas varias horas en la bañera casi más que lenteja deberías haber sido pasa como dices, eh? jejeje
Da gusto pasarse por aqui y cotillear en tus recuerdos!
 
Comentario:
¡¡Qué niña tan preciosa!!, como una muñequita.
¿sabes? tu si que eres fuerte, he estado leyendo algunas de tus vivencias en el Salvador y me ha impresionado. supongo que es la juventud la que nos hace poder con lo que nos echen.
No