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Vida real y ficticia a principios del XXI
Vivencias cotidianas, ocurrencias y comentarios. Empiezo esta aventura del blog sin saber muy bien a donde llegaré.
Sindicación
 
Enjambres de metal.
"Hace cuatro años que no pongo los pies sobre un planeta" dijo Luis meditabundamente. Cesar le dirigió una mirada. Luis estaba echado en una hamaca tendida entre dos largos bambues que crecían formando parte de un bosquecillo, con un vaso de sangría en la mano que agitaba distraidamente mientras se entregaba a sus meditaciones. "¿Lo echas mucho de menos? El espacio ya no es lo que era", le dijo Cesar mientras espantaba a una abeja imprudente que se le había acercado con curiosidad atraida por el estampado floral de sus bermudas. Luis miró alrededor y tuvo que admitir que era cierto, era suficientemente veterano para haber conocido, al principio de su carrera, otros tiempos de la cosmonautica, cuando viajar por el espacio era una constante lucha contra la claustrofobia y se vivía en una sucesión de estrechos caparazones de metal: naves espaciales, estaciones espaciales, trasbordadores orbitales..., todo estrecho y superpoblado. En aquella época todos los cosmonautas acababan tomando psicofármacos para superar la angustia del encierro y la falta de intimidad. Todo eso aderezado con gravedad cero en abundancia, tanto entre los desplazamientos entre órbitas en torno a planetas, como en muchas estaciones espaciales y astronaves, carentes de sistemas de simulación de gravedad o incapaces de mantenerla durante un tiempo respetable.

Todo eso había cambiado con los sistemas de enjambre robótico y los robots autoreplicantes. Aquello había permitido una industrialización del espacio, la creación de una auténtica capacidad de producción en el espacio exterior, ajena a las enormes limitaciones humanas para trabajar en un entorno tan hostil. A los robots no les importaba la ausencia, ni la falta de oxígeno, ni niveles razonables de radiación, ni la lejanía, ni los viajes inacabables y las larguísimas esperas. Si había repuestos y energía los robots seguían trabajando, produciendo incansables. Si había poca energíatrabajaban más despacio o menos horas por jornada, pero seguían al pie del cañón y solo hacía falta tiempo para que acabaran la tarea que se les había programado. Así podías soltar un equpo de robots en un asteroide desierto rico en metales, en una órbita suficientemente cercana al sol para abastecerse de energía solar, y al volver unos años más tarde encontrarte un confortable hábitat listo para ser ocupado por humanos, un ejército de robots trabajando en el lugar y disponibles para ser trasladables a otro lado y dos o tres naves espaciales interestelares.Todo esto había cambiado la manera de explorar y habitar el espacio. Había cosmonautas con funciones de exploración que iban sembrando equipos de robots por lugares adecuados. Se alcanzaba un nuevo sistema planetario y enseguida se localizaban los emplazamientos más adecuados para dejar equipos de robots que fabricaran infraestructuras a partir de los recursos disponibles, tanto hábitats adecuados para la vida humana como medios para la continuación de la exploración. Los satélites y asteroides con buena exposición a radiación solar eran los mejores lugares para el trabajo de los robots. Los satélites y asteriodes tenían poca gravedad, que para los robots era más ventaja que inconveniente, su ausencia o escasez de atmósfera también era una ventaja para los robots, porque una atmósfera puede corroer, oxidar o golpear con fenómenos meteorológicos a los robots. En cambio el vacío es un lugar más sencillo para las máquinas. Si no había suficiente energía solar se podía dejar con los robots un reactor nuclear, pero ese sistema encarecía la instalación y se prefería evitar esa solución siempre que se pudiera, recurriendo a la barata energía solar, mucho más potente cuando no hay una atmósfera que la interfiera.

En ocasiones también se utilizaban naves interestelares automáticas de exploración que llegaban a un sistema planetario inexplorado e instalaban las cuadrillas robóticas en los lugares que calculaba que eran más idoneos. Esas naves automáticas de exploración no eran tan eficientes como las tripuladas, podían cometer errores a la hora de elegir emplazamientos para las cuadrillas robóticas o pasar por alto lugares adecuados, de manera que en ocasiones un sistema planetario podía quedar sin ninguna instalación humana porque la nave de exploración automática no había acertado a reconocer posibles emplazamientos viables, pero sin embargo las naves de exploración automática tenían mayor capacidad de penetración en el espacio porque, a diferencia de una nave tripulada, las naves automáticas no tenían ningún interés en volver a casa ni en parar en lugares habitados. Una nave automática de exploración podía penetrar en el espacio profundo, alejándose a distancias gigantescas del punto habitado por seres humanos más cercano, en misiones de exploración que podían durar siglos y que dejaban tras su paso una estela de tejido industrial al servicio de la humanidad y de lugares habitables. La naves automáticas llegaban a distancias desde las cuales, para volver a un lugar habitado por el hombre, haría falta más tiempo que la duración de una vida humana.

Las cuadrillas robóticas también se podían dejar sobre superficies planetarias, construyendo hábitats, creando tejido industrial o incluso acometiendo tareas de terraformación. Pero las cuadrillas robóticas situadas sobre superficies planetarias tenían que enfrentarse a dificultades como vientos, lluvia, gases oxidantes, energía solar más escasa, o mayor gravedad que dificultaban su trabajo. Tareas como la fabricación de naves espaciales siempre se hacían en el espacio, en ausencia de gravedad, porque el gasto de energía necesario para sacar naves espaciales de superficies planetarias, venciendo a la gravedad,era un coste muy exagerado e innecesario.

Cuando se dejaba una cuadrilla robótica abandonada sobre un asteroide adecuado, se le dotaba de complejas programaciones para desarrollar todas las tareas necesarias para llevar a cabo diversos proyectos sucesivos o simultaneos, organizados como un plan de producción sin fin. Si se acababa una tarea se empezaba otra explotando todas las posibilidades de desarrollo, primero del astro en que estuviera situado la cuadrilla y después del resto del sistema estelar. Una cuadrilla robótica nunca acababa sua tareas, siempre había más cosas que hacer a continuación. Se podía empezar fabricando más robots para desarrollar tareas diversas, construyendo hábitats para humanos con todas las instalaciones necesarias para su sustento, como instalaciones de procesado de gases, granjas hidropónicas, centrales energéticas, plantas de reciclado, etc. Se podía continuar fabricando alguna nave interestelar, dejando alguna en el asentamiento y poniendo las otras a disposición de los instaladores de la cuadrilla robótica enviandolas al sistema planetario habitado preestablecido como punto de entrega. Esas naves interestelares entregadas a los propietarios de la instalación habitualmente no llegaría vacía, sino con una carga de nuevos robots y equipamientos diversos. Alcanzada esa fase, las inteligencia artificiales del asentamiento robótico podían seleccionar otro programa de producción del catálogo del que habían sido dotadas y fabricar naves espaciales interplanetarias que trasladaran cuadrillas robóticas a otros puntos del sistema estelar, instalando nuevos asentamientos robotizados en loscuales empezaría el ciclo de nuevo e incrementando la capacidad productiva del sistema planatario mediante una red de asentamientos en expansión. Con una capacidad productiva suficiente podían empezar tareas en superficies planetarias, haciendo descender cuadrillas robóticas sobre ellas. Podrían seguir produciendo indefinidamente naves estelares y cuadrillas robóticas o empezar un proyecto realmente ambicioso como instalar un agujero de gusano que comunicara el sistema planetario vacío con uno habitado e incluso acometer tareas de terraformación de un planeta. Sin embargo para proyectos de esa envergadura los robots necesitaban alguna ayuda humana. Por ejemplo, para terraformar un planeta, más allá de unas fases iniciales, era necesario utilizar especímenes biológicos de los que no solían disponer. En casos como este, en los que las cuadrillas robóticas necesitaban ayuda humana o suministros especiales, no les quedaba más opción que enviar una nave interestelar con la petición de ayuda. Esa nave interestelar podía tardar muchos años en alcanzar su destino, pero a los robots no les faltaba paciencia.
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