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Vida real y ficticia a principios del XXI
Vivencias cotidianas, ocurrencias y comentarios. Empiezo esta aventura del blog sin saber muy bien a donde llegaré.
Sindicación
 
Descripción de Chile.
Estuve de viaje en Chile este mes de septiembre de 2006 y voy a describir como encontré ese país.

Llegué al aeropuerto de Santiago de Chile y en seguida salimos del aeropuerto abandonando Santiago de Chile y dirigiéndonos a la ciudad de Quilpué, cerca de las ciudades costeras de Valparaíso y Viña del Mar, que formaban una conurbación.

Fue en Quilpué donde empecé a descubrir Chile. A primera vista me llamó la atención la estructura urbana, algo extraña para un español acostumbrado a la especulación urbana. Las ciudades chilenas son totalmente distintas de las españolas, están construidas sobre una cuadrícula de calles, salvo que la configuración del terreno obligue a adaptar las calles a la orografía, como pasa en los cerros (montes o colinas) que rodean la ciudad de Valparaíso. Además, salvo en una pequeña zona central de tipo administrativo en las ciudades grandes, las ciudades están construidas con viviendas unifamiliares, casas que suelen tener una o dos plantas, lo cual resulta inicialmente desconcertante para un viajero español que está acostumbrado a la idea de que ese tipo de construcción no es propia de una zona urbana. Sin embargo uno acaba dándose cuenta de que tiene que redefinir su concepto de ciudad y que el vivir en colmenas de pisos no es algo realmente consustancial al concepto de ciudad. Para un español al principio resulta extraño pasear por una calle en la que los edificios a sus lados, con viviendas y tiendas, tienen en general dos plantas. La razón de que vivan en ese tipo de edificaciones es por un lado porque les gusta así y por otro, según me dijeron, la gran abundancia de terremotos (Chile es el país más sísmico del mundo), que complica la construcción de edificios altos seguros. El resultado de esa construcción con bajas alturas son ciudades luminosas y desahogadas.

En el aspecto de las edificaciones y en el mobiliario urbano se aprecia que Chile está más justo de dinero que España. Los edificios a veces se ven algo ajados, incluso en los hostales se aprecian algunos signos de deterioro, tales como desconchones o manchas de humedad, cuya reparación se retrasa un poco. Pero esto no debe entenderse como una falta de sentido estético, como la que se puede encontrar en el rural gallego, si no que parece obedecer a cierta necesaria austeridad.

En esa línea de austeridad en las viviendas chilenas no parece que sea frecuente utilizar sistemas de calefacción central con radiadores de agua y es frecuente que para calentar las casas se utilice, en vez de radiadores eléctricos, estufas de butano y sobre todo de leña. Se encuentran estufas de leña incluso en los hostales y establecimientos de hostelería y con ellas consiguen un ambiente perfectamente confortable. Por otra parte no vi utilizar ventanas con cristal aislante aunque si que usan bombillas de bajo consumo, o más bien ampolletas de bajo consumo, porque allí llaman ampolletas a las bombillas y a lo que llaman bombillas es a las pajitas de los refrescos y a los tubitos por los que se sorbe el mate. Las casas las pintan de colores algo distintos a los que se suelen usar para ello en España, colores más parecidos a los usados en Portugal.

Esas diferencias económicas también se ven en que la gente no tiene tantos coches como en España. Sin embargo las necesidades de movilidad de los chilenos son similares a las de países más motorizados ¿Como solucionan entonces la movilidad? Pues mediante el uso de taxis colectivos y microbuses. Los taxis colectivos, a diferencia de los normales, que también los hay, son taxis que siguen una ruta que indican con un cartel colocado tras su parabrisas y que admiten múltiples pasajeros, tres atrás y uno delante, de manera que, hasta que se halla llenado, no deja de recoger pasajeros que alzando la mano soliciten ser llevados hacia la zona a la que se dirige el taxi. Los microbuses, llamados coloquialmente simplemente micros, son autobuses pequeñitos que cubren una ruta. Las rutas pueden ser dentro de una ciudad o más amplias, en un ámbito metropolitano. Al ser pequeños pasan con gran frecuencia y eso puede reducir la espera a solo dos minutos o algo así. Cada uno está decorado por dentro y por fuera de manera distinta, me parece que porque no pertenecen a una compañía de transporte público sino que son concesiones administrativas individuales, como los taxis. Un viaje en microbús resulta vertiginoso pero mirando el cuentakilómetros vi que realmente no van tan rápido, la sensación de velocidad debe derivarse de que, quizá para compensar su escasa potencia, los conductores no frenan en las curvas, por lo que el meneo de los pasajeros es considerable. Entre estos sistemas de transporte y los sistemas de calefacción que utilizan, vemos que la pauta de consumo energético en Chile es bastante distinta a la europea y seguramente más sostenible.

Las diferentes ciudades quedan comunicadas entre si con autobuses grandes. Me encantó que están equipados con retrete, incluso en distancias no muy largas, lo que evita a los pasajeros esos apuros que son habituales en España. A veces suben vendedores a los autobuses, incluso a las micros, que venden a los pasajeros pastelitos, snacks y cosas así. En autobuses con recorrido de unas cuantas horas suelen poner películas de video.

A las estaciones de autobuses las llaman terminales de autobuses. Las terminales son animadas y no tienen ese puntillo de ambiente marginal que suelen tener en España, porque allí la gente que viaja en autobús es mucho más variada. Al llegar a la terminal de buses hay gente que ofrece a los viajeros alojamientos en la ciudad o incluso que te conducen a la oficina de la empresa de autobuses que lleve los trayectos que solicites. Supongo que esos informadores recibirán comisiones por ese trabajo de las empresas porque el viajero no tiene que darles nada. En las estaciones de autobuses también se pueden encontrar excursiones organizadas con guía a sitios de interés turístico y cuartos de baño donde hacer un pis. En Chile, excepto en los centros comerciales, los servicios son de pago y el precio suele ser de 150 pesos (unos 22 céntimos de euro). La parte buena de tener que pagar por usar los cuartos de baño es que están más limpios que los españoles. En la terminal de buses de Valdivia y en el mercado de esa misma ciudad, también tenían duchas.

Otra cosa que me llamó la atención de las ciudades chilenas fueron los perros callejeros. No hay servicios de perrera que se dediquen a exterminar a los perritos por lo que hay abundantes perros callejeros que se dedican a hacer su vida pacíficamente y a “reciclar basura”. Como a mi me gustan los perros me pareció una cosa muy divertida y no me molestó en absoluto. Resultaría gracioso ver por allí a una de esas señoras canofóbicas de España, de esas que miran mal a quienes se cruza por la calle paseando un perro. Me pregunto si sería posible trincar uno de esos perros como mascota y llevárselo con uno a España sin tener que pagar una cantidad adicional al facturarlo en el avión.

En cuanto a los chilenos, son muy amables en el trato. Tienen unos modales suaves, ceremoniosos y agradables, sin esa agresividad verbal característica de los españoles. Viajando en autobús estuve fijándome en las conversaciones y apenas se oían tacos, poco más que algún “hueón” esporádico. Parece que los chilenos no sienten esa necesidad de los españoles de autoafirmarse metiendo un par de palabrotas en cada frase. Son muy aficionados al usted y a referirse a hombres y mujeres como caballeros y damas. No usan las palabras chica y chico como en España, que se empieza a llamar chica incluso a mujeres de 40 tacos. A la gente jóven se le suele llamar jóven y ya entrando en la treintena me parece que te llaman más bien dama o caballero (oí a un niño referirse a mí como “ese caballero”, me resultó muy curioso). En vez de “perdón” dicen “disculpe”.

Quizá sea fruto de esa misma ceremoniosidad otra cosa que en cambio es algo incómoda. Cuando vas a comprar algo generalmente no pagas al vendedor que te ha atendido sino que tienes que ir con un tiquet a una caja central donde pagas y te dan otro tiquet para recoger el producto. Eso me pasó incluso en una ferretería al comprar una navaja “made in Brasil”. Si tienes prisa en hacer la compra puede ser algo incómodo.

Las farmacias no son concesiones administrativas a concretos farmacéuticos sino que tienen una estructura mucho más comercial. Lo más frecuente es que pertenezcan a grandes cadenas como la denominada “Cruz Verde”, que no creo que tenga nada que ver con la marca de insecticida.

Se encuentran muchas tiendas que recuerdan en su aspecto a comercios tradicionales que había en España en los 80. Resulta divertido. Sin embargo, aunque en España comercio tradicional suele significar precio más alto, estas tiendas de Chile pueden tener muy buenos precios. También tienen centros comerciales igualitos a los de España (o a los de cualquier lugar del mundo, seguramente), con tiendas con aire de tienda de Zara, música ambiente, vendedores con pluma, etc. La ropa está muy bien de precio y si lo hubiera sabido hubiera llevado mucha menos ropa de España y hubiera llenado la maleta allí. A la benignidad de esos precios ayudaba el que cuando allí acaba la temporada de invierno y hacen rebajas de ese tipo de ropa, el invierno está a punto de empezar en España, por lo que resulta de lo más conveniente aprovechar para suministrarse ropa para la estación.

En los centros de las ciudades hay zonas de comercio donde se mezclan centros comerciales y tiendas independientes, modernas y también de aire tradicional. Pese a que la ropa que vendían era moderna era frecuente encontrar tiendas especializadas que venden ropa importada de Europa y que los chilenos (o más bien las chilenas) consideran más sofisticada.

Cuando se compra algo en la tienda suelen decir que no tienen cambio e insistir en que rebusques en tu bolsillo monedas sueltas para completar el precio. Las veces que yo tampoco tenía cambio para pagarles al final sacaron cambio ellos, pero me da la impresión de que en los comercios tienen menos calderilla que en los comercios españoles, quizá porque su economía está menos bancarizada y no van al banco a buscar moneda menuda con tanta frecuencia como se hace en España, por lo que procuran que el comprador pague el precio de la manera más exacta que sea posible, usando monedas pequeñas, para no quedarse ellos sin calderilla. Pero esa costumbre no resulta tan molesta como pudiera parecer porque tienen más paciencia que en España para esperar a que el pagador encuentre el cambio. En España es frecuente que al echar mano al monedero para pagar algo que se ha comprado o para pagar un café, el vendedor o camarero se muestre impaciente, presionando con su mirada apremiante y lenguaje corporal ansioso para que el pago sea rapidísimo. Por eso, muchas veces, tratando de evitar lo que parece un riesgo inminente de que al camarero o vendedor español se le produzca una úlcera de estómago, en vez de rebuscar las monedas para pagar el importe exacto de un café sacamos el primer billete que vemos y se lo plantamos al camarero encima de la barra. En cambio en Chile esperan pacientemente a que encuentres las moneditas para pagar el importe de la manera más exacta que sea posible. En los microbuses incluso es frecuente que la gente entre, se siente y busque tranquilamente las monedas para pagar el importe del viaje, dándole las monedas al conductor en cualquier momento del viaje.

En el aspecto de la gente había grandes diferencias generacionales. La gente más mayor solía tener un aspecto tradicional y austero, mientras que la gente de menos de 40 años vestía de una manera más “moderna y globalizada”. Ese es otro punto de similitud entre el Chile actual y la España de los 80. Me pregunto si dentro de 20 años habrá en Chile un fenómeno de nostalgia de estos años como en España la hay de los años 80.

En concreto las veinteañeras visten muy bien y suelen estar de buen ver. Las chicas chilenas no han caído en los excesos de delgadez de las españolas, y sin embargo se ve menos obesidad que en España, en esas generaciones y en las demás. Me resultó gracioso ver colegiales adolescentes chilenos vestidos con chaqueta y corbata porque me recordaba a la teleserie argentina “Rebelde Way”. En Chile el uniforme también se lleva en los colegios públicos, que tienen el mismo uniforme con la diferencia del diseño de la corbata. Por lo que me contaron hay bastante diferencia de nivel académico entre los colegios públicos y privados en Chile y ahora hay un movimiento reivindicativo por la mejora de la enseñanza pública. A diferencia de España hay pocos colegios privados religiosos y en cambio hay muchos colegios privados con nacionalidades, o sea, colegios ingleses, alemanes, españoles, italianos, etc.

Los precios chilenos estaban muy bien. Pondré unos cuantos ejemplos, teniendo en cuenta que durante el viaje, en las casas de cambio de moneda me pagaban un euro a 670 pesos chilenos:

- Una cazadora (que allí llamaban casaca) me costó 9000 pesos (13,43€)
- Un jersey (que allí llaman chomba) 8000 pesos (12€).
- Una excursión desde Puerto Montt a Puerto Varas, lago Llanquihue, volcán Osorno, lago de Todos los Santos y Saltos del Petrohué por 7000 pesos (10,45€).
- Excursión desde Puerto Montt al parque natural Alerces Andinos, incluyendo caminata guiada de 14 kilómetros para ver los alerces milenarios, 10.000 pesos (15€).
- Vi camisas por 3000 pesos (5,50€).
- Excursión fluvial desde Valdivia por los ríos Calle-Calle y de Las Cruces por 4000 pesos (6€).
- Una botella de 30 cl de zumo, o más bien de néctar de frutas, por 350 pesos (52 céntimos).
- Un modelo de gama alta de estufa de leña o una cocina vizcaína por 180.000 pesos (268,65€).
- Vi bicicletas entre 70.000 y 160.000 pesos (entre 104,50 y 238,80€).
- Viaje en autobús de Valdivia a Bariloche (que ya está en la Patagonia argentina) por 10.000 pesos (15€).
- Viaje en autobús de Valdivia a San Carlos (que está cerca de Chillán en el Bio-Bio, 8ª Región) por 8000 pesos (12€).
- Viaje en autobús de Puerto Montt a Valdivia por 2.500 pesos (3,73€).
- Viaje en autobús de San Carlos a Puerto Montt por 7.500 pesos (11,20€).
- Una noche para dos personas en el hostal “Casa Grande” de Valdivia por 17.000 pesos (25,37€).
- Dos noches para dos personas en el hostal “Polz” de Puerto Montt por 6000 pesos (9€).
- Una noche para dos personas en el hostal “Quilpué” de Quilpué (cerca de Valparaíso) por 15.000 pesos (22,39€).

A la hora de calcular rápido los precios resultaba más práctico pasarlos a pesetas, porque para eso solo había que dividir entre 5 en vez del cálculo más complicado que requería convertirlos en euros. Solía haber oficinas de cambio en los centros de las ciudades y en las estaciones de autobuses.

En Chile hay muchos menos bares y cafeterías que en España y entre las cafeterías que hay no abundan las de tamaño minúsculo, que son frecuentes en España. Las cafeterías solían tener zona separada para los fumadores. La poca abundancia de bares y pubs no supone que los chilenos no hagan vida social (como un español podría suponer), en Chile la gente celebraba muchas más fiestas en sus casas. Las casas parecían estar mucho más abiertas a los amigos que en España, incluso a los amigos de los hijos. Por lo que vi había dos tipos de fiestas domésticas. A unas las llamaban “compartir” y consistía en que un grupo de amigos se reunía en casa de uno de ellos llevando cada uno algo para compartir con los demás, bebidas o comida. Luego estaban las fiestas en sentido estricto, con más pretensiones y en las cuales era el anfitrión el que se encargaba de organizarlo todo. A pesar del predominio de las fiestas en casa los chilenos también van a pubs y discotecas. Las relaciones sociales parecen menos condicionadas por la liturgia de la movida nocturna y menos dependientes de la hostelería que en España.

La fiesta nacional chilena son las Fiestas Patrias, que duran tres días en torno al 18 de septiembre. Con estas fiestas los chilenos tratan de consolarse de la gran pena de haberse separado de un país muy simpático del que Chile era parte hace un par de siglos. Una parte característica de la celebración de las Fiestas Patrias son las ramadas, que son algo muy parecido a las casetas de las ferias andaluzas. En origen las ramadas eran cabañas hechas con ramas, algo más parecidas a las de la fiesta de los naseiros en Viveiro, pero las cabañas se fueron estilizando. Lo malo de las Fiestas Patrias es que se celebran a finales de invierno y el frío las hace un poco menos festivas, quizá por eso a veces las ramadas son prácticamente grandes cobertizos. Las ramadas tienen un aire parecido a las fiestas de los pueblos de España pero, mientras los pueblos españoles celebran sus fiestas cada uno en la fecha de sus fiestas patronales, las ramadas de las Fiestas Patrias se celebran a la vez en todo Chile. Es típico de las ramadas y de las Fiestas Patrias el bailar cueca, que es el baile nacional chileno, y comer una especie de pinchos morunos y “empanadas”, que son parecidas a las empanadillas españolas y se comen calientes. También se toma un licor de allí que se llama pisco y que se suele tomar como parte de un combinado al que llaman “pisco-sauer” (no se si se escribe así).

Siguiendo con el tema de lo que se come y bebe en Chile, me sorprendió que a lo que allí llaman churrasco es distinto de lo que se llama por ese nombre en España. El churrasco en chile son finas rodajas de carne cortadas de una parte de la ternera cuyo corte despiezado tiene una forma alargada y ningún hueso, una carne limpita, sin vetas de grasa visibles.

Como en todo el mundo mundial hay locales de comida rápida y no faltan los Mac Donalds. Pero junto a ese tipo de restaurantes de comida rápida de tipo internacional hay otras con carácter más chileno, que adoptan el estilo y decoración de las cadenas de hamburgueserías pero que sirven otros productos, como bocadillos, hechos con pan tipo hamburguesa, con churrasco (la forma chilena de churrasco que antes comenté), palta (aguacate) triturada, choclo (maiz), etc. A veces también se ve una especie de perritos calientes grandotes, con salsas y guarniciones al gusto de Chile. A veces ponen salsa de ají, que es típica de allí. El ají es una especie de guindilla y la salsa es bastante picante.

Saliendo de la comida rápida, en las zonas costeras de Chile, como por ejemplo en Valparaíso o en la isla de Chiloé, es habitual encontrar marisco. Los chilenos son muy aficionados al dulce de leche, al que suelen llamar manjar y que está presente en muchísimos de sus pasteles y postres. Me sorprendí al encontrar que comían algo casi idéntico a las filloas, los panqueques, que a veces rellenan con dulce de leche algo batido con leche para hacerlo más extensible. En el sur, en la zona en la que en el siglo XIX el gobierno fomentó la inmigración alemana (no es muy difícil adivinar que las ideas que estaban tras esa operación migratoria debieron ser bastante chungas), es habitual encontrar platos alemanes y en especial la tarta kuchen, cuyo nombre no se si se escribe así. Los mercados de artesanía tienen un algo de ficticios, en todos lados venden lo mismo, con muy escasas variaciones, y muchos de los objetos no son muy chilenos, con mucho material peruano. Una de las cosas que no faltan en los mercados de artesanía son los distintos tipos de recipientes para tomar mate y las bombillas, que es el tubito metálico por el que se sorbe el mate. Sin embargo no se toma mucho mate en Chile, donde a diferencia de otros países sudamericanos parece ser una afición en avanzada decadencia. Pero siguiendo con las infusiones, vi que en Chile se toma un tipo de te que no hay en España, que es té negro, o sea camelia sinensis fermentada de toda la vida, pero que en vez de estar picado conserva sus hojas enteras. Este té en hoja suele estar fabricado en Colombia y viene en paquetes transparentes, sin distribuirse en bolsitas. También vi una forma de preparar el té que parece que es típica de Chile: hacen un té muy concentrado y después le añaden agua en la taza. Además no son muy aficionados al té con leche. En los mercados y yerberías hay plantas medicinales como el bailahuén, que es bueno para la digestión y para el hígado.

Al oír hablar de la sopaipilla había pensado que era una sopa ¿No es lógico? Pues a los chilenos les hacía mucha gracia cuando descubrían esa confusión mía. En realidad la sopaipilla son unas tortas o pequeños bollos aplastados de pan hecho en sartén. El resultado es un poco como un cruce entre pan y donut.

Otra cosa que también se come es el cochayuyo, un alga que venden en los mercados, seca y atada en manojos. Es de los muy escasos productos de sus mercados que no encontramos también en España, porque en los mercados de Chile no se encuentran muchos productos exóticos a los ojos españoles. Al cochayuyo se le atribuyen propiedades afrodisíacas.

Algo que me pareció que se come mucho en Chile es el tomate. La ensalada típica chilena es de tomate y cebolla, sin lechuga, y se toma con mucha frecuencia acompañando otros alimentos. A la ensalada chilena veces le echan cilantro picado, que se parece mucho al perejil en su aspecto pero que sabe muy distinto.

El pan es distinto al de España. De entrada el aspecto es parecido al de España, panes consistentes con una corteza bien diferenciada de la miga. No son amigos del pan de molde típicamente anglosajón. Sin embargo los panes chilenos son más tiernos que los españoles y tienen una miga más esponjosa, no encontrándose esa miga con agujeros más o menos grandes que suele haber en panes como la baguette española o la bolla gallega. Los panes chilenos se parecen más al pan de Viena o a ciertos panes franceses. Pero pese a ser más blandos que los panes españoles tienen suficiente consistencia como para hacer toda clase de bocadillos de embutidos, se podría comer un bocadillo de jamón serrano con pan chileno sin que pasara lo que pasa al comer jamón metido entre dos rebanadas de pan de molde, que es complicadísimo no arrancar toda la loncha de jamón del interior del sándwich en cada mordisco. Además a los chilenos parece que le gustan más los panes pequeños, los bollos, que los panes grandes. Ya que hablé de bocadillos, a todos los bocadillos les llaman sándwich, mientras que en España reservamos ese término para los bocadillos hechos de pan de molde. A los chilenos les sorprende que los españoles llamemos bocadillo, así con diminutivo, a cosas que pueden ser bastante grandes.

Pasando a otras bebidas, es famoso el vino de Chile, que es un importante producto de exportación para el país, exportado sobre todo a EE.UU. y también a China. En Chile dicen que los mejores productos se destinan a la exportación y lo dicen con cierta amargura, pensando que eso deja para los chilenos los productos de peor calidad. En los vinos, se consideran que los mejores son aquellos en que se señala que son vinos para la exportación. Una peculiaridad de los vinos chilenos es que también envasan vino bueno en tetra-brick.

A parte de vino los chilenos beben muchos refrescos con burbujas y en cambio beben poco agua mineral. Ese tipo de cosas da que pensar que cuando aumente su nivel de vida también pueden aumentar mucho los índices de obesidad y que pueden hacer aparición de forma explosiva las tiendas de golosinas, que es algo que no vi por allí. Además de consumirse poco, el agua mineral que hay suele ser carbonatada y con sabores, de manera que se parece más a lo que en España llamamos gaseosa.

En los supermercados hay productos que no hay en España. Uno de ellos era la miel de palma, que es savia de palma algo procesada que sirve como edulcorante, igual que el jarabe de arce de Canadá. Lo venden en latas de conserva.

Fue muy curioso encontrarme con Cola Cao con sabores como frutilla (fresa) o vainilla, porque Cola Cao es una compañía española y en España no vende esas modalidades de Cola Cao. Probablemente por alguna razón les resultó difícil conseguir que se aceptara en Chile una bebida en polvo con sabor a cacao-cacao e inventaron esas versiones con sabores añadidos para adaptarse mejor al gusto chileno. En los supermercados también vi mermelada en bolsas aluminizadas y un postre típico de allí, el mote con huesillo, también en bolsas. El mote son granos de trigo pelados y el huesillo son melocotones secos, o una fruta parecida, con hueso y todo. Se cuece todo junto en un almíbar suave y se toma frío. El mote cocido tiene cierto parecido con el arroz, pero con granos mucho más gordos y más sueltos.

En Chile no suelen tener costumbre de cenar y lugar de cena tienen una comida que se llama la once y que toman hacia las 7 de la tarde. Es como una cena ligera con más dulce que salado, como una merienda grande o una merienda-cena.

Por allí son muy aficionados a las cometas, que se veían volar a menudo. La primera vez que me encontré con ellas fue en los barrios de los cerros de Valparaíso, donde los niños las hacían con papel de colores. También vendían cometas de plástico en las ramadas.

No me pareció que hubiera mucha delincuencia en Chile, aunque me dijeron que en Santiago si que la hay. Pero viendo que cerraban poco las puertas de sus casas me parece que en el resto de Chile hay bastante seguridad. No se que parte tienen en eso los Carabineros de Chile, que es el único cuerpo de policía del país, tanto en las ciudades como en el rural. Los carabineros son llamativos porque mientras la talla media de la población chilena es menor que la española, la talla de los Carabineros chilenos es mayor que la de los policías españoles, por lo que destacaban mucho entre la multitud cuando caminaban por la calle y parecían torreones móviles enfundados en abrigos largos de paño marrón. Parece que en Chile hay grandes exigencias en cuanto a la talla de los polis.

Como ya decía antes, las relaciones sociales en Chile parecen más cálidas y espontáneas que en España. Además me encontré con una modalidad de interrelación personal que allí era algo muy habitual y asentado, una especie de institución social chilena, el pololeo. Los chilenos y chilenas, en vez de echarse novio o novia a veces tienen pololos o pololas, o sea, pololean con alguien. Lo de tener novio es parecido a como es en España pero junto a esa forma de interrelación coexiste la de tener pololo, que resulta un vínculo más ligero y más lúdico que el del noviazgo. Me parece que el pololeo hace que en Chile la gente sea menos cortada que en España a la hora de establecer relaciones con el sexo opuesto porque pololear no se considera algo tan trascendente, mientras que en España da la impresión de que el simple hecho de quedar con alguien ya es una cosa muy seria. Parece que se lo pasan muy bien pololeando, tanto ellos como ellas, y además una cosa no quita la otra porque muchos de esos pololeos siguen evolucionando hacia el noviazgo y al final los chilenos también suelen casarse.

La ciudad de Valparaíso era vistosa, con un centro de grandes edificios a la europea, algunos administrativos y otros de negocios. Es una ciudad muy volcada al mar, con un paseo marítimo muy grande. En el puerto se pueden conseguir viajes en barco para darse una vuelta por la bahía. Los barrios que trepan por los cerros parecen ser más populares y llenan las colinas de casas de colores. En uno de esos barrios de los cerros está La Sebastiana (http://www.lasebastiana-neruda.cl), una de las casas de Pablo Neruda. Neruda la decoró con motivos marineros y muchos detalles cómicos, lo que la convierte en una especie de pequeño parque temático divertido. La entrada a La Sebastiana era bastante carita, sobre todo para los precios que se suelen encontrar por Chile, creo recordar que seis euros. Hay un metro ligero de superficie muy moderno que comunica Valparaíso con ciudades cercanas como Viña del Mar y Quilpué. También hay microbuses que comunican todo el área metropolitana de Valparaíso y que trepan y descienden por los barrios de los cerros como si fueran una montaña rusa. Para salvar los desniveles de la ciudad, en varios puntos hay funiculares a los que llaman ascensores, construidos en madera y con maquinaria de hierro forjado, que son muy típicos de la ciudad. En el puerto de Valparaíso se pueden coger barcos que hacen recorridos turísticos por la bahía. Valparaíso me recordaba a Oporto pero con edificaciones generalmente más bajas.

Puerto Montt es, con excepción de Punta Arenas, la ciudad importante más al sur de Chile. Punta Arenas está más al sur pero me da la impresión de que es una ciudad puesta ahí deliberadamente para estructurar el territorio del extremo sur chileno, por motivos de política territorial, un poco como una base espacial. A Punta Arenas no se puede llegar por carretera desde el resto de chile sin pasar por territorio argentino, pero hay ferries que también te pueden llevar allí. Puerto Montt está a las puertas de la Patagonia Chilena y es un importante punto de partida para quienes van a Chile a hacer turismo de naturaleza. En las inmediaciones de Puerto Montt hay varios parques naturales como el de Los Alerces Andinos, donde se pueden ver alerces milenarios. Los alerces son árboles que solo se encuentran en el sur de Chile. Por allí también se encuentra el parque natural de los Saltos del Petrohué, que no tiene ese nombre, sino el de un señor que debió ser un prócer de la patria, y cuyo principal monumento natural son los saltos del Petrohué. En Puerto Montt es fácil encontrar excursiones para conocer las riquezas naturales de los alrededores. Al llegar a la estación de autobuses de Puerto Montt ya se encuentran oficinas en las que ofrecen toda clase de excursiones y actividades de aire libre. Así fue como nos enrolamos en una excursión que nos conduciría al volcán Osorno, Puerto Varas, la Laguna Verde, los Saltos del Petrohué y el lago de Todos los Santos, en compañía de una pandilla de madrileñas, otra pandilla estadounidense y una pareja chilena, que también se habían apuntado a la excursión. La excursión tenía el asequible precio de 10,45€.

El Petrohué es un río que desemboca en el lago Llanquihue y nace en el lago de Todos los Santos. Para salvar el desnivel entre ambos lagos, el río Petrohué tiene unos rápidos espectaculares, los saltos, como los rápidos de un río español pero con un tamaño enorme. Por los canalillos tallados por la fuerza del agua entre las rocas pasan piscinas olímpicas enteras cada segundo, una cantidad enorme de agua que desciende con una fuerza espectacular. Por encima de los saltos hay pasarelas por las que pasean los turistas y, en las inmediaciones boscosas, dos mini-rutas de senderismo por las que se encuentran lugares muy bonitos, como un pequeño lago rodeado de bosque del que uno espera que en cualquier momento salga un hada artúrica o una ninfa de las aguas.

El lago Llanquihue está bastante urbanizado, con la ciudad de Puerto Varas en su orilla. Es un lago muy grande, con un oleaje que parece marítimo pero de agua dulce, de manera que en sus orillas hay pescadores de salmones. Desagua al océano por otro río. Sobre el lago Llanquihue se alza espectacularmente el volcán Osorno, con su cumbre nevada. Esa vista espectacular solo la pude ver en fotos porque el mal tiempo me ocultó el volcán. En el volcán Osorno hay una estación de esquí. En la ciudad de Puerto Varas hay un casino donde deshacerse del exceso de dinero si es que a uno le sobra. Hicieron ese casino con idea de incentivar el turismo porque Puerto Varas parece ser una ciudad bastante turística. Vi bastantes turistas brasileños y el esqueleto de un hotel en construcción de cinco plantas y hecho totalmente en madera. Sin embargo no tengo mucha fe en la capacidad de un casino de incentivar el turismo, me parece mucho más atractivos los encantos naturales de la zona y la estación de esquí. No creo que haga falta viajar muy lejos si uno quiere regalar su dinero.

Junto al lago Llanquihue está la Laguna Verde, que debe su color a la presencia de algas unicelulares. Hay dos especies de algas, a una de ellas le va mejor el verano y a otra el invierno, por lo que según la época del año ese color verde cambia de tonalidad. La Laguna Verde desemboca en el lago Llanquihue por un estrecho brazo.

El lago de Todos los Santos es muy distinto del vecino lago Llanquihue. Más pequeño que el inmenso Llanquihue, el de Todos los Santos es un lago rodeado de bosques y apenas se ve alguna casa en sus orillas, apenas heridas por la presencia de carreteras. Es un lago que está más hacia el interior, incrustado en las laderas de los Andes y ya cerca de la frontera argentina. La carretera por la que se llega entre montañas a los Saltos del Petrohué primero y al lago de Todos los Santos después se suelen cortar ocasionalmente en primavera por torrentes tamaño gigante provenientes de deshielos de montañas andinas. Los torrentes son de tal fuerza que arrancan el asfalto de las carreteras y también lo que hay debajo del asfalto, por lo que en los puntos donde la carretera cruza el camino de esos torrentes, la carretera no está asfaltada sino que, después de cada brutal riada, arreglan el estropicio recolocando la tierra en su sitio con excavadoras, sin poner de nuevo un asfalto que seguramente no duraría más de un año. El lago de Todos los Santos debe su nombre a que fue descubierto por intrépidos misioneros jesuitas en el día de todos los santos. El lago está rodeado de montañas con laderas boscosas y volcanes que con sus cumbres nevadas forman un paisaje espectacular, pero a causa del mal tiempo también me perdí esa visión. A pesar de la lluvia persistente dimos un paseo en barca por el lago, una gran barca de madera con una cabina que cubría desde la proa hasta la mitad de su longitud. Tras haber escuchado la historia de los jesuitas exploradores y con esas vistas de bosques difuminadas por la lluvia, hubiera quedado bien como música de fondo alguna de las piezas de la banda sonora de la película “La Misión”, aquel entorno era una buena muestra de la América silvestre, apenas transformada por la mano del hombre.

La ciudad de Puerto Montt en si no era muy vistosa. Sus calles tenían un aspecto algo ajado y no muy limpio. Su paseo marítimo era grande pero algo desangelado, aunque quizá la causa de esa sensación se debiera a que aun era invierno. Lo peor del paseo marítimo era un parking subterraneo que le habían incrustado de manera poco armoniosa y lo mejor una enorme escultura policromada, que representaba a una pareja de novios sentados en un banco y con el aspecto de una colorida figurita de cartón piedra hecha en un tamaño enorme. Lástima que los gamberros la hubieran llenado de pintadas incluso en partes que exigían cierta labor de escalada.

En la ramada que se celebraba en Puerto Montt con motivo de las fiestas patrias vi una llamativa presencia policial. Había parejas de policías a pie paseando por el borde de la multitud, policías a caballo fuera de la multitud, policías montados en motos todo terreno paradas mirando a la multitud, como si estuvieran dispuestos a echarse sobre la gente en cualquier momento, una tanqueta con cañón de agua a presión y un autobús policial lleno de policías sentados, como esperando por cualquier motivo para intervenir. Una multitud de policías cuya presencia resultaba algo intimidante. No se a cuento de que venía semejante despliegue.

Desde Puerto Montt se pueden coger autobuses que, recorriendo parte del camino en ferries, te conducen a la isla de Chiloé. La isla de Chiloé fue llamada en su momento Nueva Galicia y su capital se llama Castro. La conexión gallega de esta isla se completa con la presencia de tojo, que fue introducido en el sur de Chile por colonos alemanes para hacer con él cercados para el ganado, pero que pronto se extendió de manera incontrolada. El tojo de allí, llevado desde Alemania, no es exactamente igual que el gallego, sus arbustos tienden a ser más redondeados y no alcanza alturas tan grandes como llega a alcanzar el tojo gallego cuando se le permite. El paisaje de Chiloé es verde pero menos accidentado que el gallego, solo hay montes pequeños que están más bien en la costa. Es una isla con mucha tradición pesquera y en ella los turistas suelen aprovechar para comer marisco. Los gorros de lana, del tipo de los gorros de pescador, son parte de la vestimenta tradicional de Chiloé y cuando los chilotas bailan la cueca, además de porque saltan de una manera más vigorosa se distinguen por llevar puesto el gorro de lana en vez del sombrero de los huasos, que son los campesinos-jinetes del Chile continental. Chiloé fue la última parte de Chile en separarse de España.

En la ciudad de Castro no vi mucho porque llegué en día festivo y estaban cerrados incluso los servicios turísticos, pero si que pudimos pasear por la ciudad. Castro me recordó algo a Sicily, el pueblo que salía en la serie de televisión “Doctor en Alaska”. Tenía un aire vagamente fronterizo y, como la otra principal ciudad chilota, Ancud, parecía una localidad pequeña. Sin embargo ese aire fronterizo no era muy real porque en Castro fui a un cajero automático de un banco chileno con una tarjeta de débito española, no una de crédito sino una simple tarjeta electrónica, y pude sacar dinero sin más problema que una comisión de tres euros. En Castro las casas eran unifamiliares y de madera, con sus solares cerrados por bajas vallas de madera. Los vecinos hablaban entre si de un lado a otro de las calles poco transitadas. Entre los perros callejeros y también en algunos patios se veían algunos perros con ciertas características parecidas, perros de mediano tamaño, robustos, con hocico algo romo, orejas no del todo caídas y pecho algo adelantado respecto a las patas delanteras. Tenía cierto parecido, en la forma compacta del cuerpo, no en otras cosas, con el husky, y también con el can de palleiro estandarizado (http://www.razacandepalleiro.com). No me extrañaría nada que haya un tipo racial de perro chilota aun sin catalogar, una pre-raza canina solo pendiente de ser estandarizada estableciendo un canon teórico de sus características ideales y con la subsiguiente cría sistemática hasta alcanzar ese estándar teórico, o sea, solo pendiente del proceso artificial por el que se crea una raza canina a partir de una tipología espontánea previa. Podía ser un proyecto muy interesante, sobre todo en un continente que aun no ha dado origen a ninguna raza de perro autóctona. Tiene que haber más pre-razas caninas por Sudamérica esperando a ser seleccionadas antes de que sea demasiado tarde.

Son típicas de Castro las viviendas en forma de palafito, situadas en la orilla de un golfo semejante a una ría. En un paseo marítimo hay también un museo que reproduce en madera la forma de una ballena. Pero el monumento más conocido de Castro es una gran iglesia de madera, creo que del siglo XIX, de estilo neo-gótico. Está construida totalmente en madera y no ha usado clavos en su construcción para unir las tablas sino clavijas de madera. Me suena que tenían esa costumbre constructiva en las iglesias escandinavas.

Por toda la zona de Puerto Montt era frecuente encontrar casas cuyas fachadas estaban construidas con una especie de tejas o escamas de madera. La técnica constructiva fue introducida junto al tojo y el kuchen por los colonos alemanes, cuya inmigración fue favorecida por el gobierno chileno en la segunda mitad del siglo XIX. Parece que el sistema constructivo se divulgó entre toda la población, quizá porque las cosas que hacía los alemanes tendían a valorarse de manera especial. La colonización alemana en el sur de Chile fue un fenómeno de la segunda mitad del XIX al que siempre se hace alusión en la información que se da a los turistas. En esa época el gobierno de Chile fomento la inmigración de alemanes al sur de Chile. No explican mucho la motivación de ese fenómeno, seguramente porque las ideas que había detrás debían ser bastante tóxicas. El fenómeno tiene un tufillo raro. Por lo que poco que pude leer de la historia de Chile me he hecho una idea de lo que pudo pasar. Al independizarse Chile, el aparato estatal tenía una presencia muy escasa en el sur de Chile, tan escasa que un idealista francés empezó el voluntarioso proyecto de crear un país basado en ideas filantrópicas e indigenistas en esa parte del América, proclamando la independencia del Reino de la Patagonia y la Araucania. Este hecho recordó al gobierno chileno que por el sur había unas tierras que no habían incorporado a la república y decidieron anexionar esos territorios cuyos habitantes no se habían interesado por el nuevo proyecto nacional. Ocuparon ese territorio, asentaron en él las correspondientes instituciones del estado y las autoridades empezaron a preocuparse por la gestión y desarrollo de ese territorio. Da la impresión de que no se sentían muy contentos con el material humano, la población local de campesinos principalmente indígenas, y me parece que debieron de creer que la cosa funcionaría mejor con un “blanqueamiento de la raza”, que era un tipo de acción de gobierno bien vista antiguamente en una Hispanoamérica que tenía grandes problemas de autoestima por el factor racial, dadas las ideas predominantes en la época sobre las razas. Para una mejor operación de “blanqueamiento” debieron preferir recurrir al material humano que, de acuerdo con las versiones más extendidas de las teorías racistas de la época, era de mejor calidad: los germanos. Seguramente hubiera sido más fácil conseguir una buena remesa de italianos, irlandeses, libaneses, judíos rusos o gallegos, pero debieron pensar que no había nada mejor que los alemanes. En fin, que me parece que el fenómeno histórico de la inmigración alemana debe tener aspectos bastante incómodos. A parte de la cuestión racial, el gobierno chileno quizá valorara otras cuestiones. Los alemanes eran europeos, acostumbrados a vivir en una estructura estatal y a relacionarse con las instituciones, mientras que los habitantes locales estaban acostumbrados a vivir sin estado y a llevar sus asuntos en base a sus costumbres y estructuras sociales espontáneas, lo cual dificultaba al gobierno chileno el organizar ese territorio según el patrón institucional de un estado. Con los inmigrantes alemanes lo tenían más fácil para dar forma al territorio según un modelo estatal típico.

Más al norte que Puerto Montt está la ciudad de Valdivia. Valdivia es una ciudad con un aspecto más pulcro que Puerto Montt y quizá más próspero. Valdivia está a la orilla del río del mismo nombre, aunque a la altura en que está la ciudad no se si será realmente río o si el agua ya será salada o salobre. Junto al río hay un bonito paseo fluvial. En el paseo fluvial, cerca del ayuntamiento, está el mercado de pescados, que es un mercado al aire libre, con un tejadillo sobre columnas de hierro forjado pintadas de rojo, con puestos para los diversos vendedores. Los restos de pescado son arrojados al río, lo cual ha atraído una colonia de lobos marinos que se han instalado en unos pantalanes anexos a la orilla. Me dijeron que eran lobos marinos pero no se si serán leones marinos porque eran unos animales enormes, parecían grandes luchadores de sumo y debían de pesar como 300 kilos. Los machos más mayores tenían una melenita de gordos pelos castaños. De vez en cuando alguno de ellos se sube al paseo marítimo y asusta un poco a los turistas, porque allí se congregan muchos turistas para ver a estos mamíferos marinos. Algunos niños compran pescados en el cercano mercado para arrojárselos a los lobos marinos y ver como se los comen. El que los lobos estén allí puede ser un indicio de que el agua ya no es dulce en ese lugar.

Junto al mercado de pescado fluvial, hay un embarcadero de donde salen muchos barcos para hacer excursiones. Subiendo por los ríos o saliendo por la bahía. Cogimos una de esas embarcaciones para hacer una excursión río arriba, atravesando zonas protegidas y subiendo por el río de las Cruces, donde visitamos la aldea de Punucapa, que está tratando de prosperar convertiéndose en un punto atractivo para el turismo verde. En la aldea de Punucapa también fabrican sidra espumosa ecológica y otros productos derivados de la manzana. La aldea tiene una carretera que la conecta por tierra firme al resto del mundo, pero da la impresión de que esta aldea, como muchas otras del río, vive mirando a las aguas y usan el río como medio de transporte. De hecho los barcos que llevaban a los turistas con guía explicando el recorrido y todo, también servían para el transporte de pasajeros. Volviendo a Valdivia, en un momento dado el barco se paró en medio del río para dejarse alcanzar por una barca fuera borda que había salido a su encuentro con dos pasajeros que querían bajar a Valdivia, un niño y su madre.

Durante la navegación se pasaba junto a un cañaveral anegado por el agua, que hasta el terremoto del año 60 era tierra firme y se utilizaba para celebrar ramadas. Semejante hundimiento del terreno da idea de la inmensa fuerza de aquel terremoto.

Cerca del mercado fluvial hay un puente que cruza el río Valdivia, llegando así al campus universitario. Me sorprendió que el ambiente estudiantil pareciera idéntico al de las universidades españolas. Solo vi algo diferente en los corchos de una facultad, la existencia de anuncios de actividades religiosas entre los demás. América es un continente considerablemente más religioso que Europa. Junto al campus hay un espectacular y frondoso jardín botánico, que crece sobre una tierra rojiza y que linda con el río.

En Valdivia vi un perro callejero que me hubiera gustado quedármelo. Un chucho de mediano tamaño, bien proporcionado, de pelo corto blanco salvo por una mancha negra que le enmarcaba el ojo izquierdo como el parche de un pirata y con las orejas no del todo caídas. Tenía un aire muy cinematográfico de perro golfo pero elegante. En un parque cerca del pantalán de los lobos marinos también vi a un turista español que le sacaba una foto a una pareja de perros que se habían quedado enganchados tras la monta, un espectáculo insólito para un español urbanita.

El río Valdivia desemboca en una bahía muy amplia con algunas islas. En tiempos del imperio español Valdivia sufrió ataques de piratas ingleses como Francis Drake y también algún ataque holandés. Para defender Valdivia de estos ataques, las autoridades hicieron un sistema de fuertes, me parece recordar que un total de cuatro, de manera que toda la entrada de la bahía quedaba bajo el alcance de sus cañones. Este sistema de fuertes hizo que la bahía de Valdivia ya no fuera violada por agresiones extranjeras. No nos dio tiempo a ir al fuerte de la isla de Corral pero si que fuimos al de Niebla, donde con la ayuda de fondos del V Centenario se había instalado un pequeño museo tras rehabilitar buena parte del conjunto histórico. En el museo se explica algún detalle sobre la historia de la zona de Valdivia durante el período español y el funcionamiento del sistema de fuertes. El fuerte (o más bien fortaleza) de Niebla, además de para defensa, servía de prisión de tipos importantes de todo el antiguo virreinato de Lima que eran custodiados por la Compañía Parda, una compañía de soldados negros y mulatos. Los presos hacían interesantes artesanías y también alguna que otra tropelía cuando les permitían tener contacto con la población local de la vecina ciudad.

Ya conoceréis la forma alargadísima de Chile. En la parte sur de Chile la estructura geográfica se complica un poco, apareciendo lagos y montañas de manera más desordenada, pero en la mayor parte del territorio, pese a su enorme longitud, la estructura del relieve es muy sencilla y uniforme, consistiendo de oeste a este en una cordillera costera, un llano valle central, unas pre-cordillera andina y ya pegada a esta la cordillera de los Andes. Entre la cordillera costera y la costa no debe haber mucho espacio y hay pocas ciudades, como Valparaíso y Concepción, por lo que es en el valle central que corre de norte a sur donde se asientan la mayoría de las ciudades. Todo esto hace que la estructura de la red de carreteras sea muy simple, con el elemento principal de una gran autopista que por el valle central corre de sur a norte. Viajando por esa autopista se ve por un lado las elevaciones de la cordillera costera y por el otro las montañas de los Andes. Esto hace tener la sensación de que Chile es bastante pequeño porque abarcas con la mirada el ancho del valle central, pero me imagino que ese valle es bastante más ancho de lo que parece y que el inmenso tamaño de los Andes engaña a nuestra perspectiva, haciendo que creamos que los Andes están más cerca de lo que están en realidad. Es curioso, al ver los Andes a uno no le daba la sensación de que fueran tan grandes, me parecían de un tamaño parecido a montañas españolas y supongo que era porque es difícil captar visualmente el tamaño de algo tan grande y tan lejano, por lo que nuestro cerebro nos engaña un poco alterando la percepción de la perspectiva.

Más al norte, en la octava región, a unos seiscientos kilómetros al sur de Santiago de Chile está la ciudad de Chillán y cerca de ella la ciudad pequeña o pueblo grande de San Carlos. Chillán es una ciudad de cierta entidad con una zona comercial muy activa donde conviven tiendas tradicionales y modernas, centros comerciales y un mercado de artesanía cómodo y bonito. Un atractivo para el turista son los frescos del pintor mejicano Siqueiros. La ciudad de Chillán sufrió grandes daños en un terremoto y un colegio destruido fue vuelto a construir con ayuda del gobierno mejicano. Para hacer más significativa este apoyo de Méjico, enviaron al pintor Siqueiros para que decorara con unos murales la biblioteca del centro. Con el mural se persigue una idea de hermanamiento entre Chile y Méjico, resaltando el carácter paralelo de la evolución histórica de ambos países, para lo cual los murales utilizan ciertas mitologías nacionales bastante dudosas. Los mitos fundacionales de Chile, como me parece que los de los demás países hispanoamericanos, están muy asumidos y nada cuestionados, pese a tener grandes contradicciones que hacen que la autoimagen de estos países sea confusa. En Chillán también hay una catedral pequeña de factura muy moderna.

Es fácil trasladarse desde Chillán a San Carlos, hay abundantes microbuses que comunican ambas poblaciones separadas por 20 kilómetros, como la distancia que hay entre La Coruña y Betanzos. En San Carlos destacan la plaza ajardinada de Violeta Parra, famosa poetisa nacida en esa localidad, el monasterio de los Padres Trinitarios y las longanizas de San Carlos. En la calle Serrano de esta villa se puede encontrar donde comprar estas típicas longanizas, y en la misma calle, ya cerca de la plaza de Violeta Parra, encontramos una heladería donde tienen unos estupendos y generosos helados artesanos.

A la altura de la ciudad de Chillán pero así como a 50 kilómetros o algo más hacia el interior, está el volcán Chillán. Este volcán tiene dos grandes atractivos: su estación de esquí y sus baños termales. La estación de esquí es muy grande, se ven sus telesillas trepar hasta gran altura por las laderas nevadas del gran volcán. La estación de esquí de Chillán y otra que está también en los Andes pero a la altura de Santiago, son las dos estaciones de esquí más importantes de Chile. Más baratos que la estación de esquí resultan los baños termales, situados en otro punto del volcán de Chillán, poco distante de la estación de esquí. En la zona de los baños termales había un pequeño recinto donde daban clases de esquí para absolutos principiantes a 4.000 pesos (que equivalían a 6,15€). Aun más barato resultaba el acceso a las piscinas termales por todo el tiempo que quisieras hasta la hora de cierre. Había una piscina a 39 grados centígrados y otra a 22. La de 22 resultaba fresca mientras que la de 39 llegaba a resultar algo agobiante tras un rato a remojo (por eso debía ser que desaconsejaban su uso a personas con problemas cardíacos). Quizá lo ideal sería estar en la de 39º y de vez en cuando refrescarse metiéndose un rato en la de 22º, que viene a ser el sistema que seguían los romanos en las termas. Las aguas, en especial en la piscina de 39º, son algo lodosas y bastante sulfurosas, dejan un olorcillo característico en la piel, que queda bien desinfectada y suavizada tras el baño. De esas aguas dicen que son buenas para la piel, sin especificar para que, pero estando llenas de azufre tienen que ir bien para el acné y también deberían ir bien para la sarna (pero que nadie se asuste, por lo que vi afortunadamente no va por allí gente con sarna). La gente se llevaba botellas de agua y lodo de esas fuentes termales, no se si para continuar su uso en casa o si para llevárselo a alguien a quien le pudiera venir bien y que no pudiera o no quisiera visitar los baños termales. Una característica muy atractiva de estos baños es que en invierno su entorno está nevado, por lo que te estás metido en agua caliente rodeado de nieve y contemplando las montañas nevadas, como esos macacos japoneses que salen en documentales. Tras el baño hay que ducharse para sacarse el lodo que viene con el agua. Las duchas son de agua fría lo cual resulta duro si no te duchas inmediatamente a salir del baño caliente, pero si no te dejas enfriar y pasas inmediatamente del sofocón de la piscina de 39º a la ducha fría, esta no resulta molesta sino que incluso es apetecible y agradable.

Para quien no quiera compartir las piscinas con el populus, el recinto también dispone de locales cerrados con bañeras de aguas termales, más caras y por tiempo limitado.
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