La Coruña atascada
Hay un problema que empieza a ser más que una simple molestia para los coruñeses, la circulación rodada. No es un problema exclusivo de nuestra ciudad ni tampoco es realmente el problema más grave, pues otros, la escasez de vivienda disponible y la baja calidad del empleo, deterioran mucho más la calidad de vida de los coruñeses. Sin embargo el problema de la circulación no deja de ser grave y entra por completo en las atribuciones de los ayuntamientos del área.
Cada vez es más difícil circular en La Coruña, las retenciones de tráfico son constantes tanto en sus accesos como en sus calles. Este problema de ha intensificado durante la temporada de compras navideñas y en los días de mal tiempo se hace agobiante, pero es un problema generalizado, no solo de días concretos. Aparcar el coche se ha convertido en un trabajo arduo para quienes no disponen de una plaza de garaje y en la zona ORA el aparcamiento reservado a residentes es insuficiente y está mal organizado. Todo ello tiene como gran causa de fondo el incremento del número de automóviles, que ocupan una superficie cada vez mayor de nuestra ciudad en la que abundan las calles mal dimensionadas, demasiado estrechas para la altura que tienen sus edificios. Es seguro que el problema circulatorio se va a agravar porque se prevé que en los próximos tres años va a haber treinta mil coches más circulando por La Coruña, por lo que vamos camino del atasco absoluto y de que los ciudadanos sean incapaces de moverse con un mínimo de fluidez, con el consiguiente perjuicio no solo a la calidad de vida sino también a la economía de la ciudad y en especial al comercio de esta ciudad tan comercial. Los comerciantes verán como los posibles clientes lo tienen cada vez más difícil para llegar hasta ellos.
Pero las autoridades no parecen creerse este acechante y previsible colapso de la movilidad de la ciudadanía, se mantienen en una cómoda incredulidad voluntaria similar a la que en otros niveles políticos se mantiene acerca del cambio climático. De esta manera caminamos hacia el batacazo mientras miramos hacia otro lado silbando. Las escasas medidas adoptadas son meros parches y no van al problema de fondo: la movilidad de los ciudadanos basada en el uso de automóviles particulares es insostenible porque el creciente número de coches necesarios para ello simplemente no cave en la ciudad.
Creo que para hacer posible una movilidad eficiente de la población hay que cambiar el modelo de movilidad, posibilitar una movilidad ciudadana al margen del automóvil particular. El autobús no nos sirve para dar movilidad a la ciudadanía, principalmente porque circula por las mismas vías que están colapsadas por los turismos, los carriles-bus no sirven en una ciudad con muchas calles estrechas y que ha demostrado su incapacidad para evitar las dobles filas, pero además el autobús no nos sirve porque es un sistema de transporte tosco y que exige a sus usuarios grandes gastos de tiempo, inasumibles para la mayoría, defectos que han convertido al autobús en el medio de transporte que solo usan los que no tienen más remedio. El único medio de transporte cuya circulación quedaría adecuadamente separada de la de los automóviles y que posibilitaría el desplazamiento eficaz desde los núcleos de población del área metropolitana coruñesa hasta el centro de La Coruña sería un sistema ferroviario y de alcance metropolitano, es decir, el metro.
El metro es un medio de transporte que asusta a los representantes políticos porque implica grandes inversiones, un enorme proyecto de gran duración y una coordinación entre municipios del área metropolitana que hoy no existe en absoluto. Sin embargo un metro que una el centro de la ciudad de La Coruña con los diferentes núcleos de población y polígonos industriales del área metropolitana, en especial los de Oleiros y Culleredo pero quizá también Betanzos y Carballo, parece el único sistema capaz de proporcionar la adecuada movilidad a la ciudadanía y así evitar una artritis progresiva de la vida social y económica coruñesa. Quizá el metro no hiciera desaparecer por completo los atascos pero los haría de alguna manera voluntarios, no obligatorios, es decir, la gente podría optar entre estar en un atasco con su coche particular o moverse eficientemente en un transporte colectivo.
Conjuntamente al uso del metro serían necesarias otras medidas que desincentiven la entrada de automóviles en las calles coruñesas, entre las que propondría reducir el efecto llamada del aparcamiento aumentando las plazas reservadas a residentes, a motoristas, a ciclistas, a minusválidos, y quizá a otros colectivos con especiales necesidades de movilidad como familias con niños pequeños y jubilados (personas que si que tienen dificultades de movilidad), sin temer que por esa reserva de aparcamiento puedan quedar plazas sin ocupar pues no solo se trataría de facilitar el aparcamiento a colectivos que claramente si lo necesitan sino de desincentivar la entrada de más automóviles en el casco urbano.
Para desactivar la cultura del automóvil, esa idea de que la manera normal y digna de moverse es yendo en coche a todas partes, y para rescatar espacios urbanos ahora tomados por el coche, sus humos y sobre todo su ruido, sería conveniente no ser cicateros en la peatonalización de calles. Aunque haciendo un planteamiento algo más ambicioso, quizá se podría considerar que, además de calles peatonales, hubiera calles por las que si que pudieran circular vehículos pero no coches particulares, que son estos y no otros vehículos, la fuente del problema. Serían calles por donde no circularan coches particulares pero si bicicletas, motos, taxis, autobuses y caballerías, estas últimas en realidad no muy frecuentes en nuestras ciudades pero cuya mención daría un toque simpático a la norma y facilitaría las cabalgatas de reyes. La idea se puede enfocar de otra manera. A menudo se habla de hacer carriles- bici para que los ciclistas puedan circular con seguridad por la ciudad, pero la idea de carril-bici, con ser positiva, no deja de ser un mal menor más que un bien, supone dar por bueno el agresivo y avasallador dominio del automóvil en la circulación urbana y crear unos espacios, los carriles-bici, a modo de reserva india, quedando implícita la idea de que el coche es lo normal y la bici lo raro. Pero ¿Y si en vez de hacer carriles-bici para que el resto de las vías quede a disposición del automóvil hiciéramos carriles-coche para que el resto del espacio quedara a disposición del resto de los sistemas de desplazamiento? Es otra manera de enfocar el asunto.
Cada vez es más difícil circular en La Coruña, las retenciones de tráfico son constantes tanto en sus accesos como en sus calles. Este problema de ha intensificado durante la temporada de compras navideñas y en los días de mal tiempo se hace agobiante, pero es un problema generalizado, no solo de días concretos. Aparcar el coche se ha convertido en un trabajo arduo para quienes no disponen de una plaza de garaje y en la zona ORA el aparcamiento reservado a residentes es insuficiente y está mal organizado. Todo ello tiene como gran causa de fondo el incremento del número de automóviles, que ocupan una superficie cada vez mayor de nuestra ciudad en la que abundan las calles mal dimensionadas, demasiado estrechas para la altura que tienen sus edificios. Es seguro que el problema circulatorio se va a agravar porque se prevé que en los próximos tres años va a haber treinta mil coches más circulando por La Coruña, por lo que vamos camino del atasco absoluto y de que los ciudadanos sean incapaces de moverse con un mínimo de fluidez, con el consiguiente perjuicio no solo a la calidad de vida sino también a la economía de la ciudad y en especial al comercio de esta ciudad tan comercial. Los comerciantes verán como los posibles clientes lo tienen cada vez más difícil para llegar hasta ellos.
Pero las autoridades no parecen creerse este acechante y previsible colapso de la movilidad de la ciudadanía, se mantienen en una cómoda incredulidad voluntaria similar a la que en otros niveles políticos se mantiene acerca del cambio climático. De esta manera caminamos hacia el batacazo mientras miramos hacia otro lado silbando. Las escasas medidas adoptadas son meros parches y no van al problema de fondo: la movilidad de los ciudadanos basada en el uso de automóviles particulares es insostenible porque el creciente número de coches necesarios para ello simplemente no cave en la ciudad.
Creo que para hacer posible una movilidad eficiente de la población hay que cambiar el modelo de movilidad, posibilitar una movilidad ciudadana al margen del automóvil particular. El autobús no nos sirve para dar movilidad a la ciudadanía, principalmente porque circula por las mismas vías que están colapsadas por los turismos, los carriles-bus no sirven en una ciudad con muchas calles estrechas y que ha demostrado su incapacidad para evitar las dobles filas, pero además el autobús no nos sirve porque es un sistema de transporte tosco y que exige a sus usuarios grandes gastos de tiempo, inasumibles para la mayoría, defectos que han convertido al autobús en el medio de transporte que solo usan los que no tienen más remedio. El único medio de transporte cuya circulación quedaría adecuadamente separada de la de los automóviles y que posibilitaría el desplazamiento eficaz desde los núcleos de población del área metropolitana coruñesa hasta el centro de La Coruña sería un sistema ferroviario y de alcance metropolitano, es decir, el metro.
El metro es un medio de transporte que asusta a los representantes políticos porque implica grandes inversiones, un enorme proyecto de gran duración y una coordinación entre municipios del área metropolitana que hoy no existe en absoluto. Sin embargo un metro que una el centro de la ciudad de La Coruña con los diferentes núcleos de población y polígonos industriales del área metropolitana, en especial los de Oleiros y Culleredo pero quizá también Betanzos y Carballo, parece el único sistema capaz de proporcionar la adecuada movilidad a la ciudadanía y así evitar una artritis progresiva de la vida social y económica coruñesa. Quizá el metro no hiciera desaparecer por completo los atascos pero los haría de alguna manera voluntarios, no obligatorios, es decir, la gente podría optar entre estar en un atasco con su coche particular o moverse eficientemente en un transporte colectivo.
Conjuntamente al uso del metro serían necesarias otras medidas que desincentiven la entrada de automóviles en las calles coruñesas, entre las que propondría reducir el efecto llamada del aparcamiento aumentando las plazas reservadas a residentes, a motoristas, a ciclistas, a minusválidos, y quizá a otros colectivos con especiales necesidades de movilidad como familias con niños pequeños y jubilados (personas que si que tienen dificultades de movilidad), sin temer que por esa reserva de aparcamiento puedan quedar plazas sin ocupar pues no solo se trataría de facilitar el aparcamiento a colectivos que claramente si lo necesitan sino de desincentivar la entrada de más automóviles en el casco urbano.
Para desactivar la cultura del automóvil, esa idea de que la manera normal y digna de moverse es yendo en coche a todas partes, y para rescatar espacios urbanos ahora tomados por el coche, sus humos y sobre todo su ruido, sería conveniente no ser cicateros en la peatonalización de calles. Aunque haciendo un planteamiento algo más ambicioso, quizá se podría considerar que, además de calles peatonales, hubiera calles por las que si que pudieran circular vehículos pero no coches particulares, que son estos y no otros vehículos, la fuente del problema. Serían calles por donde no circularan coches particulares pero si bicicletas, motos, taxis, autobuses y caballerías, estas últimas en realidad no muy frecuentes en nuestras ciudades pero cuya mención daría un toque simpático a la norma y facilitaría las cabalgatas de reyes. La idea se puede enfocar de otra manera. A menudo se habla de hacer carriles- bici para que los ciclistas puedan circular con seguridad por la ciudad, pero la idea de carril-bici, con ser positiva, no deja de ser un mal menor más que un bien, supone dar por bueno el agresivo y avasallador dominio del automóvil en la circulación urbana y crear unos espacios, los carriles-bici, a modo de reserva india, quedando implícita la idea de que el coche es lo normal y la bici lo raro. Pero ¿Y si en vez de hacer carriles-bici para que el resto de las vías quede a disposición del automóvil hiciéramos carriles-coche para que el resto del espacio quedara a disposición del resto de los sistemas de desplazamiento? Es otra manera de enfocar el asunto.





