Microbuses para solucionar el transporte público en Santiago de Compostela.
En Santiago de Compostela no es del todo fácil moverse. Siendo una ciudad pequeña debería ser mucho más fácil, porque el caminar resuelve bastante, pero no deja de haber algunas distancias incómodas de andar, más aun con las lluvias santiaguesas. Hay barrios periféricos como Cancelas desde los cuales ir al centro de Santiago andando, incluso cuando hace buen tiempo, es bastante esforzado y lleva mucho tiempo. Luego están las personas de mucha edad, enfermas o los niños pequeños, que quedan excluidos por sus limitaciones físicas de recorrer esas distancias caminando. Hay que añadir que, aunque el centro de Santiago es un buen lugar de paseo, las periferias no lo son pues están cruzadas por grandes vías diseñadas para soportar un gran tráfico automóviles que resultan hostiles para el caminante y que se tardan un montón en cruzar por sus complicados pasos de peatones con sus lentos semáforos.
La mayoría de la gente, para recorrer distancias grandes en Santiago e ir al centro, recurre al automóvil particular, pero realmente es un sistema de transporte con bastantes defectos dado que el tráfico en el centro es bastante denso y aparcar es muy complicado, lo cual suele obligar a aparcar en aparcamientos subterráneos de pago que tienen precios muy altos. La tarifa de los parkings nos duele mucho en el bolsillo, pero se puede justificar como una medida para disuadir la entrada de coches particulares en la ciudad y así evitar un colapso de la circulación rodada.
El problema de la movilidad en Santiago de Compostela, más que el precio del aparcamiento, es que para los ciudadanos no hay una alternativa adecuada al automóvil para cubrir sus necesidades de movilidad. El transporte público deja mucho que desear. Los buses urbanos tienen una frecuencia bajísima que los hacen prácticamente inútiles para las personas a quienes no les sobre el tiempo, o sea, para casi todo el mundo. Una frecuencia de 20 minutos hace que el autobús sea inútil para ir al trabajo y realizar cualquier actividad con exigencia de prontitud y puntualidad.
Creo que el problema de los autobuses de Compostela es de dimensionamiento. Los autobuses urbanos santiagueses son demasiado grandes, adecuados para una ciudad grande pero difíciles de llenar en Santiago salvo que se tenga esperando un buen rato a los pasajeros en las paradas. De esta manera, para que tengan cierta ocupación, los autobuses tienen bajas frecuencias para que sea más probable encontrar pasajeros esperando en las paradas, una torpe manera de rentabilizarlos porque al imponer esas esperas a los pasajeros mucha gente, no pudiendo permitirse ese despilfarro de tiempo, evitan usar el bus urbano perdiéndose como clientes. Los autobuses urbanos de Santiago de Compostela deberían ser cambiados por buses más pequeños y numerosos, tendiendo al microbús, que pudieran pasar con mucha más frecuencia por las paradas, reduciendo las esperas a 10 minutos y permitiendo así que el transporte público santiagués fuera una solución práctica para las necesidades de movilidad de los ciudadanos a los que no les sobra el tiempo libre. Si ninguna empresa quisiera hacerse cargo de las líneas de microbuses por considerar que no les resultaría rentable, se podría optar por hacer concesiones de líneas de microbús a conductores individuales, como se hace con los taxistas, y quizá facilitándoles créditos blandos para la adquisición de los vehículos.
La mayoría de la gente, para recorrer distancias grandes en Santiago e ir al centro, recurre al automóvil particular, pero realmente es un sistema de transporte con bastantes defectos dado que el tráfico en el centro es bastante denso y aparcar es muy complicado, lo cual suele obligar a aparcar en aparcamientos subterráneos de pago que tienen precios muy altos. La tarifa de los parkings nos duele mucho en el bolsillo, pero se puede justificar como una medida para disuadir la entrada de coches particulares en la ciudad y así evitar un colapso de la circulación rodada.
El problema de la movilidad en Santiago de Compostela, más que el precio del aparcamiento, es que para los ciudadanos no hay una alternativa adecuada al automóvil para cubrir sus necesidades de movilidad. El transporte público deja mucho que desear. Los buses urbanos tienen una frecuencia bajísima que los hacen prácticamente inútiles para las personas a quienes no les sobre el tiempo, o sea, para casi todo el mundo. Una frecuencia de 20 minutos hace que el autobús sea inútil para ir al trabajo y realizar cualquier actividad con exigencia de prontitud y puntualidad.
Creo que el problema de los autobuses de Compostela es de dimensionamiento. Los autobuses urbanos santiagueses son demasiado grandes, adecuados para una ciudad grande pero difíciles de llenar en Santiago salvo que se tenga esperando un buen rato a los pasajeros en las paradas. De esta manera, para que tengan cierta ocupación, los autobuses tienen bajas frecuencias para que sea más probable encontrar pasajeros esperando en las paradas, una torpe manera de rentabilizarlos porque al imponer esas esperas a los pasajeros mucha gente, no pudiendo permitirse ese despilfarro de tiempo, evitan usar el bus urbano perdiéndose como clientes. Los autobuses urbanos de Santiago de Compostela deberían ser cambiados por buses más pequeños y numerosos, tendiendo al microbús, que pudieran pasar con mucha más frecuencia por las paradas, reduciendo las esperas a 10 minutos y permitiendo así que el transporte público santiagués fuera una solución práctica para las necesidades de movilidad de los ciudadanos a los que no les sobra el tiempo libre. Si ninguna empresa quisiera hacerse cargo de las líneas de microbuses por considerar que no les resultaría rentable, se podría optar por hacer concesiones de líneas de microbús a conductores individuales, como se hace con los taxistas, y quizá facilitándoles créditos blandos para la adquisición de los vehículos.





