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Vida real y ficticia a principios del XXI
Vivencias cotidianas, ocurrencias y comentarios. Empiezo esta aventura del blog sin saber muy bien a donde llegaré.
Sindicación
 
Un fin de semana magnífico.
Este fin de semana ha sido fantástico. Después de todos los meses de invierno que pasamos y de unas últimas semanas muy pasadas por agua, los dioses nos han regalado un fin de semana con un tiempo estupendo, un mini-verano que ha venido estupendamente para quitarse la humedad.

Como en realidad sigue siendo invierno, es de esperar que en las próximas semanas no se repita con frecuencia un tiempo como este por lo que convenía aprovecharlo. Por suerte pude disfrutarlo bien. El sábado el club informal de senderismo al que pertenezco había programado una marcha por Vedra. Las últimas convocatorias de marchas senderistas habían sido acogidas con bastante frialdad, pero con el buen tiempo nos juntamos bastante gente y finalmente lo pasamos muy bien recorriendo un camino de pescadores por la orilla del río Ulla. El río estaba algo crecido y algunos tramos del camino estaban algo inundados pero el recorrido fue bastante facilito, con muy pequeños desniveles. La distancia era discreta, unos 15 km, pero parecieron menos. Fue una gozada poder andar por ahí con camiseta bajo el sol e incluso nos salieron algunos coloretes en la cara, sin llegar a quemarse nuestras pieles invernales.

Por la noche del sábado no salí por la ciudad, tenía sueño atrasado y el que se le haga a uno de noche en el monte también da bastante sueño. Además quería aprovechar el domingo. Fui a dormir a la dacha familiar y amanecí en el campo, en una mañana soleada.

Desayuné y, mientras me bajaba el desayuno, realicé la ingrata tarea de lavar el coche, no tan molesta si no hace frío (hoy descubrí que ahora se ve mucho mejor a través de los cristales, ja ja). Antes de comer fui a echar una carrerita por el bosque cercano a mi casa, en compañía de mi perro, una carrera no muy larga porque al fin y al cabo el sábado ya había hecho ejercicio. Al vestirme para correr vi que hacía demasiado calor para llevar las mallas que uso para correr en invierno por lo que me puse camiseta de manga corta y pantalón corto ¡Que agradable correr con calorcito! El ambiente del bosque durante la carrera parecía veraniego, aunque se notaba más silencio por no haber tantos pájaros como en verano. Con ese tiempo tan bueno mi sobrina bebé pudo estar al aire libre, en una colcha sobre el césped.

Hoy ya amaneció nublado y me imagino que pronto retomaremos el clima invernal, pero en todo caso ya no queda tanto para el buen tiempo y ya no hace tanto frío.








Dificultades de pareja:

Cambiando del todo de tema, a media tarde del domingo ya me bajé a La Coruña y me encontré con un amigo que vive fuera. Parece que ha superado sus problemillas de pareja y que ahora está en un momento dulce. Ya habían estado viviendo juntos y ahora han vuelto a hacerlo. Me contó que ahora están más cómodos porque se dejan más margen para sus actividades individuales, que ya no se sienten obligados a hacerlo todo juntos. Ahora ella, que es futbolera, a veces se va sin él a los partidos del equipo de su ciudad y el ya se siente libre para irse solo a hacer ejercicio o quedarse solo leyendo un libro. Vamos, que se respetan mejor los espacios personales.


Creo que antes mi amigo estaba un poco agobiado por sentirse demasiado absorbido por la relación, me parece que se sentía un poco desindividualizado. Me parece que ese es un problema muy extendido y seguramente tenga que ver con ese fenómeno los largos noviazgos en que ambas partes siguen viviendo cada uno en la casa de sus padres (otra mala consecuencia de la escasez de vivienda y la precariedad laboral). En esa situación, en las horas que la pareja pueden estar juntos, quieren estar lo más juntos posible, porque viviendo en casas separadas la convivencia necesariamente es más escasa de lo que quisiera. Eso hace que el tiempo libre quede muy condicionado, es necesario dejar de hacer otras cosas para poder estar juntos. Así la pareja se acostumbra a pasar mucho tiempo juntos en su tiempo libre sacrificando gustos y actividades individuales por hacer más cosas juntos es fácil que conserven esa pauta de comportamiento de estar juntos todo el tiempo que sea posible y entonces, eso que cuando vivían en casas separadas era más o menos razonables, se empieza a convertir en asfixiante porque se quedan sin espacios de individualidad. Si no se dan cuenta de que ya no es necesario mantener ese esfuerzo tan intenso por hacer cosas juntos, porque ahora les resulta más fácil compartir sus vidas, pueden sentir que la relación es demasiado absorbente y que les anula como individuos.

Por lo que veo este miedo a perder el espacio individual es algo bastante extendido. Por ejemplo, no siendo el caso de mi amgo, tengo visto más de una vez casos en los que una pareja son novios estabilísimos desde la adolescencia y cuando tienen veintitantos la pareja se rompe sin que luego consigan una nueva pareja. En ese fenómeno de ruptura sin nuevo emparejamiento puede influir mucho el que al acabar una relación que era muy exigente en cuanto al tiempo y esfuerzo que se le dedicaba, al descubrir todas las cosas que pueden hacer estando solos, a pesar de que puedan echar de menos el tener pareja les espanta la pérdida de espacio personal que creen que necesariamente les va a conllevar una nueva relación.

También me parece que hay otras razones por las que cuando la chica tiene 26 años o así se lía la manta a la cabeza y rompe la relación hasta entonces tan estable. Me parece que suele pasar que para muchas chicas jóvenes con las inseguridades propias de la edad, muchas veces un novio (sobre todo si tiene coche) es algo que les permite hacer cosas que solas no se atreverían a hacer, ir de excursión e ir de aquí para allá e integrarse en la vida adulta. El novio les resulta muy práctico para enriquecer su vida. Ese tipo de chicas, al alcanzar cierta edad en que han ganado en seguridad en si mismas, pueden pensar que ya no les hace tanta falta un novio para hacer las cosas para las que antes necesitaban su compañía. Además, el chico que antes les parecía tan interesante pese a que no fuera exactamente como sus ídolos de la época adolescente y que les servía para tener una vida más rica, a fuerza de conocido les puede empezar a parecer un poco soso. Sienten que ellas han crecido como persona, que son jóvenes mujeres más maduras y sofisticadas que su pareja de toda la vida y que ahora pueden aspirar a una pareja más fascinante, quizá un tipo más parecido a aquellos ideales de sus tiempos adolescentes a los que en su día renunciaron. Así que este tipo de veintimuchoañera deja a su confortable noviete de toda la vida y se lanza a la búsqueda de un hombre fascinante como los de las películas, que aporte más a su vida. Muchas veces creen encontrarlo e inician una nueva relación con un tío que les parece más sofisticado y mundano, para al poco descubrir que bajo la fachada cuidadosamente diseñada, el presunto fascinador es un tipo basta vulgar. Tras ese batacazo puede que de nuevo intenten una relación con alguien supuestamente fascinante y cinematográfico, antes de darse cuenta de que en la vida real la gente es poco fascinante y que ningún príncipe azul les va a llevar a una vida espectacular sacándoles de su trivial cotidianeidad (¡Cuánto daño ha hecho el cuento de la Cenicienta!). Unas lo aceptan y acaban siendo capaces de tener una relación satisfactoria, mientras que otras, tras muchos años de noviazgo, se quedan definitivamente desparejadas.
No