"La cosecha del Centauro" de Eduardo Gallego y Guillém Sánchez.
Acabo de terminar de leer la novela “La cosecha del Centauro” de Eduardo Gallego y Guillem Sánchez y me ha gustado mucho. Mis anteriores experiencias con la ciencia ficción española habían sido dispares. En su momento había leído una trilogía (sin citar nombres) publicada en la antigua y tristemente desaparecida colección de ciencia ficción en formato libro de bolsillo de la editorial Ultramar, que me había gustado pero que me había parecido que estaba un poco verde, la historia tenía algo que recordaba más a películas o a series de televisión de ciencia ficción que a literatura de ciencia ficción.
Hace un par de años me bajé de Internet otra novela, que en su día había sido publicada en la misma colección de Ultramar pero que ya era imposible encontrar en papel. En la sinopsis que había leído, aquella novela parecía una ópera espacial muy atractiva, con sofisticadas civilizaciones estelares interaccionando entre si. Sin embargo solo leí unas páginas antes de abandonar su lectura. Aquella novela mostraba un escenario ambicioso pero sus personajes me resultaron muy planos y convencionales, por lo que me pareció bastante aburrida.
También leí un tomo recopilatorio de cuentos de ciencia ficción premiados por la UPC y, siento decir, que me resultaron un poco sosos. Daba la impresión de que o el jurado de ese año no era muy aficionado a la ciencia ficción o que los autores no tenían en suficiente estima al género y trataban de escapar de la ciencia ficción todo lo posible.
Sin embargo en la versión española de la revista Asimov, ya también desaparecida, publicaban historias de autores españoles en particular e hispanos en general que me resultaron muy atractivas. En algunos números eran las historias de autores españoles las que me resultaban más interesantes. Me encantaba encontrar unas historias libres de cansinos tópicos de la cultura y sociedad anglosajonas y que, a diferencia de narraciones de ciencia ficción españolas que había leído antes, que parecían un poco contenidas o tímidas a la hora de dejar correr la imaginación, resultaban creativas y vistosas.
Un día me topé en Internet con una reseña de “La cosecha del Centauro”, copiada del comentario de la novela contenida en el mismo libro. La historia me pareció interesantísima y estuve tentado de encargarle la novela a mi librero, pero opté por encargar otras novelas a mi librero (“Titán” de Ben Bova y “El desayuno de los campeones” del prodigioso Kurt Vonnegut). Los motivos por los que dejé de lado “La cosecha del Centauro” fueron por un lado que la novela había sido premiada por la UPC y la lectura hace unos años de una colección de cuentos premiados por la UPC me había hecho pensar que el jurado de la UPC no tenía gustos muy parecidos a los míos, y por otro lado que ya había pasado por la experiencia de encontrarme con que una narración española de ciencia ficción cuyo argumento y ambientación parecían interesantísimos al leer la reseña, luego resultaba estar mal contada y con personajes planos y sin interés.
Pero quiso el destino que, ojeando libros en los tenderetes que diversas librerías coruñesas instalaron en los jardines de Méndez Núñez con motivo del Día del Libro, me encontré con “La cosecha del Centauro”. Tuve oportunidad de ojearlo y me tuvo buena pinta, así que me lo compré.
Soy un lector bastante parsimonioso pero “La cosecha del Centauro” me atrapó y leí el libro al trote. Le encontré muchos aciertos. Los escenarios donde se desarrolla la historia son astronómicamente muy variados: planetas terrestres con vida en distintos estadios de evolución, planetas gigantes gaseosos, un sistema planetario antiguos con púlsares y una enana roja, un planeta enano y helado, al estilo de los “objetos transneptunianos”… los autores saben introducir en su relato las nuevas visiones del universo consecuencia del descubrimiento de planetas extra-solares y saben aprovecharlas a favor de la historia. También hacen un uso intensivo de la especulación biológica y hacen interesantes descripciones de aplicaciones de la ingeniería genética y de especies alienígenas.
El entorno de la novela tenía cierto parecido con el de la saga de la Fundación de Asimov. Sin forzar demasiado las cosas se podría imaginar que la historia tiene lugar en el mismo universo de la Fundación, miles de años antes del advenimiento del imperio galáctico, cuando la humanidad solo se había dispersado por un par de brazos galácticos. Como en las novelas de Asimov la gente viaja de un sistema estelar a otro mediante saltos hiperespaciales y hay robots (aquí llamados androides). Sin embargo hay diferencias con la galaxia de las Fundaciones. En esta novela el salto hiperespacial no es instantáneo y los tripulantes de las naves espaciales perciben el tiempo de navegación por el hiperespacio; el viaje hiperespacial no es tan libre como en las novelas de Asimov, hay saltos más fáciles que otros por lo que no se puede saltar a cualquier lugar que a uno se le ocurra, limitación que me parece que es positiva para la narración; los sistemas solares son descritos de una manera más completa que en las novelas de Asimov, en cuya época nada se sabía aun de sistemas planetarios extrasolares; y por señalar una última diferencia, así sin pensarlo mucho, en la novela de Gallego y Sánchez hay extraterrestres e incluso los hay inteligentes, una cuestión siempre peliaguda de abordar en un relato pero que me parece que les ha quedado bien.
Los personajes no están nada mal, no son unos “Nicolai Bolkonski” pero tienen relieve y son interesantes. Están mejor construidos que personajes de algunos novelistas estadounidenses de ciencia ficción consagrados, por ejemplo los que he visto en lo que llevo leído de “Titán” de Ben Bova. Además Eduardo Gallego y Guillem Sánchez no descuidan el lado femenino de su reparto, evitando así cierta tendencia misógina que no es difícil encontrar en la ciencia ficción. Se nota que se esfuerzan en conseguir un reparto de personajes completo y equilibrado y no sería de extrañar que acaben consiguiendo crear algún personaje femenino tan fascinante como las mujeres de “El cuarteto de Alejandría”.
Puestos a criticar (los lectores de ciencia ficción que escriben en Internet suelen ser inmisericordemente criticones, a veces hasta hacer dudar de que realmente les guste la ciencia ficción, así que no desentonemos mucho), quizá la diferencia cultural de los ciudadanos del Ekumen y de los colonos debería notarse más en el lenguaje que utilizan los personajes. La piloto del Ekumen usa un lenguaje muy parecido a la colona matriarca, por poner un ejemplo, un castellano ibérico coloquial y desenfadado con expresiones y frases hechas que hace que parezcan del mismo barrio. Eso si, resulta divertido ver ese tipo de expresiones tan españolas y vivaces en una novela de ciencia ficción, acostumbrados como estamos a leer traducciones de inglés norteamericano. Espero que el libro de haya editado en ultramar porque me imagino que a los lectores hispanoamericanos les puede resultar aun más divertido ese lenguaje tan ibérico.
El ritmo de la narración es agilísimo y en ningún momento se empantana la acción. Hay momentos de reflexión y diálogos trascendentes, en especial uno con el arqueólogo del Ekumen que es todo un alegato por la integración y contra la segregación, pero están presentes en proporciones correctas para que la novela no deje de ser una vigorosa historia de aventuras.
Resumiendo, una buena novela de ciencia ficción atrevida, intrépida, fresca y brillante, que resulta muy recomendable. En cuanto avance un poco en mi lista de novelas pendientes pienso encargar algo más de estos autores a mi librero.
Hace un par de años me bajé de Internet otra novela, que en su día había sido publicada en la misma colección de Ultramar pero que ya era imposible encontrar en papel. En la sinopsis que había leído, aquella novela parecía una ópera espacial muy atractiva, con sofisticadas civilizaciones estelares interaccionando entre si. Sin embargo solo leí unas páginas antes de abandonar su lectura. Aquella novela mostraba un escenario ambicioso pero sus personajes me resultaron muy planos y convencionales, por lo que me pareció bastante aburrida.
También leí un tomo recopilatorio de cuentos de ciencia ficción premiados por la UPC y, siento decir, que me resultaron un poco sosos. Daba la impresión de que o el jurado de ese año no era muy aficionado a la ciencia ficción o que los autores no tenían en suficiente estima al género y trataban de escapar de la ciencia ficción todo lo posible.
Sin embargo en la versión española de la revista Asimov, ya también desaparecida, publicaban historias de autores españoles en particular e hispanos en general que me resultaron muy atractivas. En algunos números eran las historias de autores españoles las que me resultaban más interesantes. Me encantaba encontrar unas historias libres de cansinos tópicos de la cultura y sociedad anglosajonas y que, a diferencia de narraciones de ciencia ficción españolas que había leído antes, que parecían un poco contenidas o tímidas a la hora de dejar correr la imaginación, resultaban creativas y vistosas.
Un día me topé en Internet con una reseña de “La cosecha del Centauro”, copiada del comentario de la novela contenida en el mismo libro. La historia me pareció interesantísima y estuve tentado de encargarle la novela a mi librero, pero opté por encargar otras novelas a mi librero (“Titán” de Ben Bova y “El desayuno de los campeones” del prodigioso Kurt Vonnegut). Los motivos por los que dejé de lado “La cosecha del Centauro” fueron por un lado que la novela había sido premiada por la UPC y la lectura hace unos años de una colección de cuentos premiados por la UPC me había hecho pensar que el jurado de la UPC no tenía gustos muy parecidos a los míos, y por otro lado que ya había pasado por la experiencia de encontrarme con que una narración española de ciencia ficción cuyo argumento y ambientación parecían interesantísimos al leer la reseña, luego resultaba estar mal contada y con personajes planos y sin interés.
Pero quiso el destino que, ojeando libros en los tenderetes que diversas librerías coruñesas instalaron en los jardines de Méndez Núñez con motivo del Día del Libro, me encontré con “La cosecha del Centauro”. Tuve oportunidad de ojearlo y me tuvo buena pinta, así que me lo compré.
Soy un lector bastante parsimonioso pero “La cosecha del Centauro” me atrapó y leí el libro al trote. Le encontré muchos aciertos. Los escenarios donde se desarrolla la historia son astronómicamente muy variados: planetas terrestres con vida en distintos estadios de evolución, planetas gigantes gaseosos, un sistema planetario antiguos con púlsares y una enana roja, un planeta enano y helado, al estilo de los “objetos transneptunianos”… los autores saben introducir en su relato las nuevas visiones del universo consecuencia del descubrimiento de planetas extra-solares y saben aprovecharlas a favor de la historia. También hacen un uso intensivo de la especulación biológica y hacen interesantes descripciones de aplicaciones de la ingeniería genética y de especies alienígenas.
El entorno de la novela tenía cierto parecido con el de la saga de la Fundación de Asimov. Sin forzar demasiado las cosas se podría imaginar que la historia tiene lugar en el mismo universo de la Fundación, miles de años antes del advenimiento del imperio galáctico, cuando la humanidad solo se había dispersado por un par de brazos galácticos. Como en las novelas de Asimov la gente viaja de un sistema estelar a otro mediante saltos hiperespaciales y hay robots (aquí llamados androides). Sin embargo hay diferencias con la galaxia de las Fundaciones. En esta novela el salto hiperespacial no es instantáneo y los tripulantes de las naves espaciales perciben el tiempo de navegación por el hiperespacio; el viaje hiperespacial no es tan libre como en las novelas de Asimov, hay saltos más fáciles que otros por lo que no se puede saltar a cualquier lugar que a uno se le ocurra, limitación que me parece que es positiva para la narración; los sistemas solares son descritos de una manera más completa que en las novelas de Asimov, en cuya época nada se sabía aun de sistemas planetarios extrasolares; y por señalar una última diferencia, así sin pensarlo mucho, en la novela de Gallego y Sánchez hay extraterrestres e incluso los hay inteligentes, una cuestión siempre peliaguda de abordar en un relato pero que me parece que les ha quedado bien.
Los personajes no están nada mal, no son unos “Nicolai Bolkonski” pero tienen relieve y son interesantes. Están mejor construidos que personajes de algunos novelistas estadounidenses de ciencia ficción consagrados, por ejemplo los que he visto en lo que llevo leído de “Titán” de Ben Bova. Además Eduardo Gallego y Guillem Sánchez no descuidan el lado femenino de su reparto, evitando así cierta tendencia misógina que no es difícil encontrar en la ciencia ficción. Se nota que se esfuerzan en conseguir un reparto de personajes completo y equilibrado y no sería de extrañar que acaben consiguiendo crear algún personaje femenino tan fascinante como las mujeres de “El cuarteto de Alejandría”.
Puestos a criticar (los lectores de ciencia ficción que escriben en Internet suelen ser inmisericordemente criticones, a veces hasta hacer dudar de que realmente les guste la ciencia ficción, así que no desentonemos mucho), quizá la diferencia cultural de los ciudadanos del Ekumen y de los colonos debería notarse más en el lenguaje que utilizan los personajes. La piloto del Ekumen usa un lenguaje muy parecido a la colona matriarca, por poner un ejemplo, un castellano ibérico coloquial y desenfadado con expresiones y frases hechas que hace que parezcan del mismo barrio. Eso si, resulta divertido ver ese tipo de expresiones tan españolas y vivaces en una novela de ciencia ficción, acostumbrados como estamos a leer traducciones de inglés norteamericano. Espero que el libro de haya editado en ultramar porque me imagino que a los lectores hispanoamericanos les puede resultar aun más divertido ese lenguaje tan ibérico.
El ritmo de la narración es agilísimo y en ningún momento se empantana la acción. Hay momentos de reflexión y diálogos trascendentes, en especial uno con el arqueólogo del Ekumen que es todo un alegato por la integración y contra la segregación, pero están presentes en proporciones correctas para que la novela no deje de ser una vigorosa historia de aventuras.
Resumiendo, una buena novela de ciencia ficción atrevida, intrépida, fresca y brillante, que resulta muy recomendable. En cuanto avance un poco en mi lista de novelas pendientes pienso encargar algo más de estos autores a mi librero.





