La gallina
Una tarde de miercoles, por la tarde, cuando me disponía a dormir la siesta, oigo un cacareo en mi patio de luces, donde nunca ocurre nada,menos cuando una vecina grita a otra para pedirle algo. El cacareo me sorprende y salgo siligilosamente, y mi sorpresa es una gallina en el borde de la pared que separa los patios, paseando y cacareando tranquilamente. Yo le pregunto:
_ ¿Pero, tú quien eres?
Logicamente no me contesta. Me mira y decide saltar para mi patio. Me acerco y la acaricio, se deja. Mi perro está receloso, no sabe qué es eso que canta o ruge, para él.
Aclaro que no vivo en una zona rural, sino en una ciudad, aunque en una barriada de las afueras. En fin, que tampoco vivo en el campo como para encontrarme gallinas así como así.
Decido ponerla otra vez en el borde de la pared, para que desaparezca como ha aparecido. Vuelvo a mi siesta y, cuando estoy cogiendo el sueño, vuelvo a oír el canto de la gallina. Voy y otra vez está en el patio, la dejo, no sé qué hacer con ella, pienso, esperaré que se haga de noche para secarla a la calle y que su destino se ocupe de ella.
Vuelvo a mi siesta, por fin puedo dormir y, al despertar, voy. Ya no está, ni se oye ni nada de nada, ha desaparecido como apareció.
Sorprendida, decido preguntarle a mi vecina africana: me dice que no tiene ninguna gallina, pero que un día le pareció oír una, pero no la vio.
Lo dejo correr y nunca más se supo.
_ ¿Pero, tú quien eres?

Logicamente no me contesta. Me mira y decide saltar para mi patio. Me acerco y la acaricio, se deja. Mi perro está receloso, no sabe qué es eso que canta o ruge, para él.
Aclaro que no vivo en una zona rural, sino en una ciudad, aunque en una barriada de las afueras. En fin, que tampoco vivo en el campo como para encontrarme gallinas así como así.
Decido ponerla otra vez en el borde de la pared, para que desaparezca como ha aparecido. Vuelvo a mi siesta y, cuando estoy cogiendo el sueño, vuelvo a oír el canto de la gallina. Voy y otra vez está en el patio, la dejo, no sé qué hacer con ella, pienso, esperaré que se haga de noche para secarla a la calle y que su destino se ocupe de ella.
Vuelvo a mi siesta, por fin puedo dormir y, al despertar, voy. Ya no está, ni se oye ni nada de nada, ha desaparecido como apareció.
Sorprendida, decido preguntarle a mi vecina africana: me dice que no tiene ninguna gallina, pero que un día le pareció oír una, pero no la vio.
Lo dejo correr y nunca más se supo.
prueba
Vivo en un piso que tiene un patio de luces, que se comunica con otros tres.





