EN LA CIUDAD BLANCA
Habiendo descansado un poco del viaje de este reciente puente y no habiéndome repuesto AÚN de tanta emoción, sensación, recuerdos y estupendos momentazos y teniendo mucho síndrome post-viaje que me va a durar varias semanas o incluso meses voy a pasar a comentar a mis lectores qué tal ha sido mi primer viaje a la ciudad por la que sentía absoluta ilusión por conocer y que en este viaje ha superado absolutamente todas mis expectativas: LISBOA.
Igual me tocaba ya conocerla, ya que desde hace muchos años he sentido fascinación por ella, a través de libros, películas y comentarios de amigos y conocidos que la han visitado y cuyo criterio para mi es siempre una referencia y una pauta.
Yo tenía una idea (una idea romántica y quizá ya tristemente desfasada y olvidada) de compartir un viaje a Lisboa con alguien verdaderamente adecuado en un momento oportuno para ambos, alguien que no conociera la ciudad todavía , que fuese la ciudad que quería conocer con ese otro alguien que tuviera el mismo interés de no ir por la misma causa.
No eran Venecia, París, Nueva Cork, Amsterdam, Londres ni tan siquiera Barcelona las ciudades elegidas para ello, esa ciudad era Lisboa, quien seguramente por mi carácter, gusto y comportamiento es el sitio que absolutamente y pretenciosamente sería algo así como MI CIUDAD.
Con 34 años a punto de cumplir en una cena de fin de curso en la mesa sentado al lado de mi compañera y también amiga Pity este año casi iniciándose el verano se habló de los viajes veraniegos y yo saqué el tema de Lisboa y le dije a ella por segunda vez algo así como que nunca iba a ir a esa ciudad ya que no aparecía ese alguien en mi vida dispuesto a formar parte de ese viaje deseado.
Rápidamente Pity con su rapidez verbal, mental y sobre todo con su entusiasmo y sus grandes ocurrencias me cortó sabiamente diciéndome: “¿ nos vamos en el puente de diciembre?”, entonces yo que pienso excesivamente mucho mis movimientos , respuestas y decisiones, resulta que muy pocas veces y con muy pocas personas me vuelvo un impulsivo y un precipitado, y con Pity lo fuí y le dije enseguida: “si, si, claro, contigo sí que me voy”, ella me dijo: “pues ya está, nos vamos, ese viaje se hará”.
Para este puente no podía comprometerme para más viajes, era el momento para ir, y pensé que yendo con alguien que ya había ido 2 veces me relajaría bastante y compensaría mi parte de turista paleto ilusionado y nuevo en Lisboa con una persona que le encanta esa ciudad, que es muy viajera y con la que comparto más cosas de las que parece y a la que le apetecía verdaderamente ir.
En un viaje en agosto mi compañera de viaje conoció a mucha gente pero conectó mucho con tres chicas y en una conversación les propuso el viaje a Lisboa, una de ellas había ido hace tiempo pero había estado un día escaso y había visto poco la ciudad y le apetecía ir, y las otras dos no habían ido nunca, para ellas esta ciudad nunca les había despertado interés y fue tan buen rollo el de ese viaje agostense que quisieron unirse con al viaje.
Cuando vino del viaje me lo dijo y me pareció buena idea, me fío del criterio amistoso de Pity, hasta ahora la gente que me ha presentado me ha caído muy bien y cuando conocí a estas tres chicas , primero en una cena y luego ya charlando con billete en mano me dí cuenta que eran muy apropiadas para el viaje; una de las tres por diversos motivos se dio de baja y no compró el billete, pero quedaron las otras dos, las licenciadas en Bellas Artes y ya no volví a verlas hasta el pasado día 3 que sería el día que saldríamos hasta Lisboa con regreso el miércoles 8.
Nos fuimos desde aquí Pity y yo en coche a la capi, íbamos a coger dos trenes para ir a Lisboa, el primero Alicante- Madrid al que llegamos muy justitos pues la capi estaba llena de coches y semáforos y no había aparcamiento y al aparcar faltaban 8 minutos para salir el tren y tuvimos que correr con los carros de viaje como unos ladrones; así que tuve el privilegio de ser el último de la fila de pasajeros, después de mí nadie podría ya pasar, se cerró el acceso al tren, eso era uno de esos síntoma de viaje genial, el azar quiso que montara a ese tren casi ya cerrando el acceso.
De allí cogeríamos el expreso Madrid-Lisboa y allí teníamos asiento en coche-cama, las tres ángeles charliescas y yo compartiríamos durante 10 horas un pequeño espacio, un armarito, mucho calor en ese compartimento y sobre todo muchas risas e incomodidades, todo eso supuso un mayor acercamiento personal, desvelos y ocurrencias diversas y encima las licenciadas en Bellas Artes llevaban unas libretitas donde pensaban anotar todo lo que verían y todas las anécdotas de viaje, ¡me encantaban mis compañeras de suite ferroviaria!.
Llegamos el sábado de mañana a la ciudad, yo no había visto apenas nada de información, me interesaba poco llegar con un plan aprendido de actividades, tan solo entré por internet en la guía del ocio de la ciudad una hora antes de salir de casa y luego un compañero de foro fangoril que es portugués, Sérgio (un beso, Sérgio, no era el momento adecuado para coincidir, ¡a ver si más adelante puede ser!) me pasó amablemente una lista de sitios recomendados esa misma semana.
Mis compañeras de viaje también habían cogido algunas informaciones de la red y Pity se trajo la maravillosa guía Trotamundos, que tanto nos sirve siempre a todos los que las tenemos o hemos podido leer de quien se la ha comprado.
Cogimosun taxi para el hostal que estaba en el Bairro Alto, en el camino no parábamos de mirar por las ventanas esa ciudad blanca a la que íbamos de turistas, había halagos a lo que veíamos y sonrisas emocionadas reflejaban que nos iba gustando las cosas en ese trayecto, encima el tiempo era buenísimo, nada de lluvias ni aire y sí un día estupendo de sol, el disfrute iba a ser mayor.
Veníamos cansados del viaje pero daba igual, fue llegar al sitio, un hostal sencillo y bien comunicado, dejar todo y enseguida irnos a desayunar a la cafetería Adonis, que se convirtió en visita obligada de casi todas las mañanas, menos una mañana que fuimos a la cafetería Doce real que también nos gustó.
Las tostas, torradas, sándwiches de jamón y queso, y los cafés para ellas y zumos o descafeinados para mí estaban deliciosos y cogíamos fuerza para ver las plazas de la ciudad: Rossío, Pedro IV, Figueira, tan bien decoradas navideñamente con una estética preciosa y austera, tiene Lisboa una mezcla de mucha austeridad y mucho kitsch, no hay mucho término medio, la verdad.
Comimos en una casa de comidas genial donde solamente había familias portuguesas, el camarero era muy profesional, la comida buena y el precio estupendo, esto me sirvió como muestra de lo que seguí viendo en todos los sitios donde desayunamos, comimos y cenamos: buen servicio, buena comida y buen precio.
La primera salida fue esa misma tarde al barrio de Belem donde visitamos el famoso monasterio de los Jerónimos que realmente es de lo peor, por fuera muy bien pero por dentro, para los 4 euros y pico que pagamos, era de un kitsch verdaderamente espantoso el claustro, lo lavaron de tal forma que en vez de blanco y bonito estaba amarillo hueso , me pareció terrible y a la vez gracioso el arte manuelino que descubrí estando en ese sitio, muchas risas y críticas despiadadas, y buenas fotos que nos hicimos por allí, yo que no soy precisamente atacante de lo kitsch y de los pastiches, ese claustro me superó, pues verdaderamente era imposible.
Luego fuimos al centro cultural de Belem, muy chulo ese centro de exposiciones, ninguna expo parecía muy interesante así que nada más que vimos el museo del diseño que allí estaba, nos gustó pero tampoco es una maravilla.
De allí fuimos a un stock market, era una especie de outlet de muchas tiendas de ropa alternativa y estaba situado en una doca, una especie de lonja pesquera destinada a eventos de ferias, muy chulo todo lo que había, y luego de vuelta paseamos otra vez, y las que nos quedaban aún por las plazas céntricas, ya que tanto Baixa-Chiado como Bairro Alto lo paseamos bastantes veces.
Fue en el cruce de Chiado y Bairro alto donde apodé a mis compañeras de viaje licenciadas en Bellas Artes: una sería María Menina Raposa y la otra Vandunga Malangatanga, ellas saben muy bien porqué. A mi no me apodaron ellas, ¡qué majas!
Al día siguiente tocó salida a Sintra, ciudad, ultrarecomendadísima por toda la gente que sabía que había ido por tierras portuguesas, un día precioso también de sol y frío normal que sufrí menos al llevarme un buen jersey polar debajo de una cazadora polar y no un jerseyto de Desigual como la anterior noche, eso es lo malo de ser yo vampiro anti marcas pijas ni de llevar abrigos, trenzas, impermeables.
Ahi nos dimos cuenta estando en Sintra que había habido una invasión de turistas españoles y que muchísima gente de la España más variada había querido pasar ese puente allí, era insoportable ya llegar a un sitio y comprobar que se hablaba más en español que en portugués, yo creo que eran grandes concentraciones de militantes del PP empeñadas en extender el castellano en Europa.
Sintra muy bonita, me encantó, subimos andando (mucho andar, mucho andar, unos super senderisstas hemos sido en este viaje) toda la cuesta hasta llegar a la cumbre donde estaban el palacio nacional de Sintra y el castillo de los Mouros, yo que no soy nada pro-palacios, y sí pro-castillos y viendo tanta barbaridad de turistas, apoyé la moción de pasar de ver el pastiche manuelino del palacio y entrar al castillo, que me encantó.
Vinimos empachados de mucho comer y mucho pastelito, he de decir que los pasteles de nata que comí y las queixadas son lo mejor de lo mejor.
Luego quisimos ir de marcha a la discoteca Lux, también muy famosa y recomendada pero estábamos con el día cambiado y entonces resulta que estaba cerrada, menos mal que llegamos muy pronto pues queríamos cenar en un sitio que está al lado y que también estaba cerrado, olvidamos que Lisboa seguramente en invierno es una ciudad de provincias y el domingo es el día de reposo, no pudimos ser más after hours esa noche, así que a la vuelta cenamos muy bien y fuimos a recorrer los bares del Bairro alto, altamente peligrosos ya que la música era siempre de bisbalera, salsera y rumbas, en fin……y encima el único sitio de verdad que me interesaba , Frágil, también estaba cerrado, así que la marcha nocturna decidimos que no formaba parte ya del viaje, eliminada.
El resto de los días pues nos dedicamos a pasear mucho por Lisboa y no hacer salidas de tren ni autobús y sí de funiculares y tranvías, y así disfrutamos de los maravillosos barrios de Alfama y Grassa, de las ruinas del convento do Carmo ( genial!!!!)de los principales miradores, del elevador de Santa Justa, de las geniales tiendas del Bairro Alto, de varias rancias pastelerías con pasteles y cafés geniales, de cafés modernos, de mi querida tienda de ropa-teteria “A outra face da lua” ( mi sitio preferido), de la contemplación de las numerosas librerías, teatros, maravillosas luces navideñas, del poco ruido, la indefinible estética de la mayoría de la gente, de ver a una tal Betty Grastein o algo así a cada momento en los kioscos(era una especie de Zsa Zsa Gabor vampírica que salía en revistas tipo Teleindiscreta o Super tele de allí besándose con un tal Jose Cavalho, una especie de Domingo Terroba luso, que era concursante de la Granja de los famosos portuguesa …sí, Patsy, allí el programa era muy muy freaky), de cenar en un japonés maravilloso, Bonsai en el Bairro Alto, de coger un barco para ir a Casilha cruzando el Tajo y comer allí una estupenda mariscada….. en fin…………….me dejo muchas cosas, pero es que no quiero hacer de esto una historia interminable , el viaje ha sido una maravilla, mis compañeras Pity, María Menina y Vandunga lo mismo, la ciudad como ya he dicho ha superado mis expectativas, con lo cual intentaré este 2005 de cara a la primavera volver y así ver la ciudad con más horas de luz y con la óptica de haber ido una segunda vez.
Los portugueses me encantaron, personas en su mayoría educadas, tranquilas, respetuosas, se respiraba en la ciudad una cultura latente, una especie de vanguardia y clasisicimo difícilmente definible.
!!!!OBRIGADO, LISBOA!!!!
Igual me tocaba ya conocerla, ya que desde hace muchos años he sentido fascinación por ella, a través de libros, películas y comentarios de amigos y conocidos que la han visitado y cuyo criterio para mi es siempre una referencia y una pauta.
Yo tenía una idea (una idea romántica y quizá ya tristemente desfasada y olvidada) de compartir un viaje a Lisboa con alguien verdaderamente adecuado en un momento oportuno para ambos, alguien que no conociera la ciudad todavía , que fuese la ciudad que quería conocer con ese otro alguien que tuviera el mismo interés de no ir por la misma causa.
No eran Venecia, París, Nueva Cork, Amsterdam, Londres ni tan siquiera Barcelona las ciudades elegidas para ello, esa ciudad era Lisboa, quien seguramente por mi carácter, gusto y comportamiento es el sitio que absolutamente y pretenciosamente sería algo así como MI CIUDAD.
Con 34 años a punto de cumplir en una cena de fin de curso en la mesa sentado al lado de mi compañera y también amiga Pity este año casi iniciándose el verano se habló de los viajes veraniegos y yo saqué el tema de Lisboa y le dije a ella por segunda vez algo así como que nunca iba a ir a esa ciudad ya que no aparecía ese alguien en mi vida dispuesto a formar parte de ese viaje deseado.
Rápidamente Pity con su rapidez verbal, mental y sobre todo con su entusiasmo y sus grandes ocurrencias me cortó sabiamente diciéndome: “¿ nos vamos en el puente de diciembre?”, entonces yo que pienso excesivamente mucho mis movimientos , respuestas y decisiones, resulta que muy pocas veces y con muy pocas personas me vuelvo un impulsivo y un precipitado, y con Pity lo fuí y le dije enseguida: “si, si, claro, contigo sí que me voy”, ella me dijo: “pues ya está, nos vamos, ese viaje se hará”.
Para este puente no podía comprometerme para más viajes, era el momento para ir, y pensé que yendo con alguien que ya había ido 2 veces me relajaría bastante y compensaría mi parte de turista paleto ilusionado y nuevo en Lisboa con una persona que le encanta esa ciudad, que es muy viajera y con la que comparto más cosas de las que parece y a la que le apetecía verdaderamente ir.
En un viaje en agosto mi compañera de viaje conoció a mucha gente pero conectó mucho con tres chicas y en una conversación les propuso el viaje a Lisboa, una de ellas había ido hace tiempo pero había estado un día escaso y había visto poco la ciudad y le apetecía ir, y las otras dos no habían ido nunca, para ellas esta ciudad nunca les había despertado interés y fue tan buen rollo el de ese viaje agostense que quisieron unirse con al viaje.
Cuando vino del viaje me lo dijo y me pareció buena idea, me fío del criterio amistoso de Pity, hasta ahora la gente que me ha presentado me ha caído muy bien y cuando conocí a estas tres chicas , primero en una cena y luego ya charlando con billete en mano me dí cuenta que eran muy apropiadas para el viaje; una de las tres por diversos motivos se dio de baja y no compró el billete, pero quedaron las otras dos, las licenciadas en Bellas Artes y ya no volví a verlas hasta el pasado día 3 que sería el día que saldríamos hasta Lisboa con regreso el miércoles 8.
Nos fuimos desde aquí Pity y yo en coche a la capi, íbamos a coger dos trenes para ir a Lisboa, el primero Alicante- Madrid al que llegamos muy justitos pues la capi estaba llena de coches y semáforos y no había aparcamiento y al aparcar faltaban 8 minutos para salir el tren y tuvimos que correr con los carros de viaje como unos ladrones; así que tuve el privilegio de ser el último de la fila de pasajeros, después de mí nadie podría ya pasar, se cerró el acceso al tren, eso era uno de esos síntoma de viaje genial, el azar quiso que montara a ese tren casi ya cerrando el acceso.
De allí cogeríamos el expreso Madrid-Lisboa y allí teníamos asiento en coche-cama, las tres ángeles charliescas y yo compartiríamos durante 10 horas un pequeño espacio, un armarito, mucho calor en ese compartimento y sobre todo muchas risas e incomodidades, todo eso supuso un mayor acercamiento personal, desvelos y ocurrencias diversas y encima las licenciadas en Bellas Artes llevaban unas libretitas donde pensaban anotar todo lo que verían y todas las anécdotas de viaje, ¡me encantaban mis compañeras de suite ferroviaria!.
Llegamos el sábado de mañana a la ciudad, yo no había visto apenas nada de información, me interesaba poco llegar con un plan aprendido de actividades, tan solo entré por internet en la guía del ocio de la ciudad una hora antes de salir de casa y luego un compañero de foro fangoril que es portugués, Sérgio (un beso, Sérgio, no era el momento adecuado para coincidir, ¡a ver si más adelante puede ser!) me pasó amablemente una lista de sitios recomendados esa misma semana.
Mis compañeras de viaje también habían cogido algunas informaciones de la red y Pity se trajo la maravillosa guía Trotamundos, que tanto nos sirve siempre a todos los que las tenemos o hemos podido leer de quien se la ha comprado.
Cogimosun taxi para el hostal que estaba en el Bairro Alto, en el camino no parábamos de mirar por las ventanas esa ciudad blanca a la que íbamos de turistas, había halagos a lo que veíamos y sonrisas emocionadas reflejaban que nos iba gustando las cosas en ese trayecto, encima el tiempo era buenísimo, nada de lluvias ni aire y sí un día estupendo de sol, el disfrute iba a ser mayor.
Veníamos cansados del viaje pero daba igual, fue llegar al sitio, un hostal sencillo y bien comunicado, dejar todo y enseguida irnos a desayunar a la cafetería Adonis, que se convirtió en visita obligada de casi todas las mañanas, menos una mañana que fuimos a la cafetería Doce real que también nos gustó.
Las tostas, torradas, sándwiches de jamón y queso, y los cafés para ellas y zumos o descafeinados para mí estaban deliciosos y cogíamos fuerza para ver las plazas de la ciudad: Rossío, Pedro IV, Figueira, tan bien decoradas navideñamente con una estética preciosa y austera, tiene Lisboa una mezcla de mucha austeridad y mucho kitsch, no hay mucho término medio, la verdad.
Comimos en una casa de comidas genial donde solamente había familias portuguesas, el camarero era muy profesional, la comida buena y el precio estupendo, esto me sirvió como muestra de lo que seguí viendo en todos los sitios donde desayunamos, comimos y cenamos: buen servicio, buena comida y buen precio.
La primera salida fue esa misma tarde al barrio de Belem donde visitamos el famoso monasterio de los Jerónimos que realmente es de lo peor, por fuera muy bien pero por dentro, para los 4 euros y pico que pagamos, era de un kitsch verdaderamente espantoso el claustro, lo lavaron de tal forma que en vez de blanco y bonito estaba amarillo hueso , me pareció terrible y a la vez gracioso el arte manuelino que descubrí estando en ese sitio, muchas risas y críticas despiadadas, y buenas fotos que nos hicimos por allí, yo que no soy precisamente atacante de lo kitsch y de los pastiches, ese claustro me superó, pues verdaderamente era imposible.
Luego fuimos al centro cultural de Belem, muy chulo ese centro de exposiciones, ninguna expo parecía muy interesante así que nada más que vimos el museo del diseño que allí estaba, nos gustó pero tampoco es una maravilla.
De allí fuimos a un stock market, era una especie de outlet de muchas tiendas de ropa alternativa y estaba situado en una doca, una especie de lonja pesquera destinada a eventos de ferias, muy chulo todo lo que había, y luego de vuelta paseamos otra vez, y las que nos quedaban aún por las plazas céntricas, ya que tanto Baixa-Chiado como Bairro Alto lo paseamos bastantes veces.
Fue en el cruce de Chiado y Bairro alto donde apodé a mis compañeras de viaje licenciadas en Bellas Artes: una sería María Menina Raposa y la otra Vandunga Malangatanga, ellas saben muy bien porqué. A mi no me apodaron ellas, ¡qué majas!
Al día siguiente tocó salida a Sintra, ciudad, ultrarecomendadísima por toda la gente que sabía que había ido por tierras portuguesas, un día precioso también de sol y frío normal que sufrí menos al llevarme un buen jersey polar debajo de una cazadora polar y no un jerseyto de Desigual como la anterior noche, eso es lo malo de ser yo vampiro anti marcas pijas ni de llevar abrigos, trenzas, impermeables.
Ahi nos dimos cuenta estando en Sintra que había habido una invasión de turistas españoles y que muchísima gente de la España más variada había querido pasar ese puente allí, era insoportable ya llegar a un sitio y comprobar que se hablaba más en español que en portugués, yo creo que eran grandes concentraciones de militantes del PP empeñadas en extender el castellano en Europa.
Sintra muy bonita, me encantó, subimos andando (mucho andar, mucho andar, unos super senderisstas hemos sido en este viaje) toda la cuesta hasta llegar a la cumbre donde estaban el palacio nacional de Sintra y el castillo de los Mouros, yo que no soy nada pro-palacios, y sí pro-castillos y viendo tanta barbaridad de turistas, apoyé la moción de pasar de ver el pastiche manuelino del palacio y entrar al castillo, que me encantó.
Vinimos empachados de mucho comer y mucho pastelito, he de decir que los pasteles de nata que comí y las queixadas son lo mejor de lo mejor.
Luego quisimos ir de marcha a la discoteca Lux, también muy famosa y recomendada pero estábamos con el día cambiado y entonces resulta que estaba cerrada, menos mal que llegamos muy pronto pues queríamos cenar en un sitio que está al lado y que también estaba cerrado, olvidamos que Lisboa seguramente en invierno es una ciudad de provincias y el domingo es el día de reposo, no pudimos ser más after hours esa noche, así que a la vuelta cenamos muy bien y fuimos a recorrer los bares del Bairro alto, altamente peligrosos ya que la música era siempre de bisbalera, salsera y rumbas, en fin……y encima el único sitio de verdad que me interesaba , Frágil, también estaba cerrado, así que la marcha nocturna decidimos que no formaba parte ya del viaje, eliminada.
El resto de los días pues nos dedicamos a pasear mucho por Lisboa y no hacer salidas de tren ni autobús y sí de funiculares y tranvías, y así disfrutamos de los maravillosos barrios de Alfama y Grassa, de las ruinas del convento do Carmo ( genial!!!!)de los principales miradores, del elevador de Santa Justa, de las geniales tiendas del Bairro Alto, de varias rancias pastelerías con pasteles y cafés geniales, de cafés modernos, de mi querida tienda de ropa-teteria “A outra face da lua” ( mi sitio preferido), de la contemplación de las numerosas librerías, teatros, maravillosas luces navideñas, del poco ruido, la indefinible estética de la mayoría de la gente, de ver a una tal Betty Grastein o algo así a cada momento en los kioscos(era una especie de Zsa Zsa Gabor vampírica que salía en revistas tipo Teleindiscreta o Super tele de allí besándose con un tal Jose Cavalho, una especie de Domingo Terroba luso, que era concursante de la Granja de los famosos portuguesa …sí, Patsy, allí el programa era muy muy freaky), de cenar en un japonés maravilloso, Bonsai en el Bairro Alto, de coger un barco para ir a Casilha cruzando el Tajo y comer allí una estupenda mariscada….. en fin…………….me dejo muchas cosas, pero es que no quiero hacer de esto una historia interminable , el viaje ha sido una maravilla, mis compañeras Pity, María Menina y Vandunga lo mismo, la ciudad como ya he dicho ha superado mis expectativas, con lo cual intentaré este 2005 de cara a la primavera volver y así ver la ciudad con más horas de luz y con la óptica de haber ido una segunda vez.
Los portugueses me encantaron, personas en su mayoría educadas, tranquilas, respetuosas, se respiraba en la ciudad una cultura latente, una especie de vanguardia y clasisicimo difícilmente definible.
!!!!OBRIGADO, LISBOA!!!!
Comentario:
me alegro que disfrutaras de la ciudad y de la gente, y de la gastronomía, buena, abundante y barata.
Lo del look de los monasterios tan curioso es porque en portugal existió una desamortización total, y se les quitó a la mayoria la simbología religiosa, de modo que tenías un edificio eminentemente religioso pero al que le querían dotar de un look civil, lo cual es chocante; en españa hay algun pastiche similar en sedes de universidades que han sido antes monasterios, peor conservados claro. Los jeronimos es una clavada de todas maneras, pero en fin, ese es el precio de la cultura y el mantenimiento del arte, y por fuera es muy chulo.
Un beso grande
Lo del look de los monasterios tan curioso es porque en portugal existió una desamortización total, y se les quitó a la mayoria la simbología religiosa, de modo que tenías un edificio eminentemente religioso pero al que le querían dotar de un look civil, lo cual es chocante; en españa hay algun pastiche similar en sedes de universidades que han sido antes monasterios, peor conservados claro. Los jeronimos es una clavada de todas maneras, pero en fin, ese es el precio de la cultura y el mantenimiento del arte, y por fuera es muy chulo.
Un beso grande
Comentario:
Hola, compi:
Eres muy bueno escribiendo. Me he reido mucho contigo. Pero lo mejor es que me encanta tu estilo. Mejor decir que somos las dos de bellas artes, así no me identifican. Voy a copiarla y la paso a mis colegas conocidos. O les recomiendo que lo lean y te comenten.
Encantada de conocerte y coincidir en muchas cosas. Nos vemos pronto en el "absentismo".
XXX
Eres muy bueno escribiendo. Me he reido mucho contigo. Pero lo mejor es que me encanta tu estilo. Mejor decir que somos las dos de bellas artes, así no me identifican. Voy a copiarla y la paso a mis colegas conocidos. O les recomiendo que lo lean y te comenten.
Encantada de conocerte y coincidir en muchas cosas. Nos vemos pronto en el "absentismo".
XXX
Comentario:
Pues espero que tu teoría-sentimiento sobre los viajes no sea cierta. A mí me pasó lo mismo que a ti ayer, sólo que sin final feliz. Vamos, que perdí el avión y aquí estoy, más tirado que la una, que siempre me ha dado mucha pena...
Lisboa es una preciosidad de ciudad...
Lisboa es una preciosidad de ciudad...
Comentario:
estupenda crónica.
Muy tiernos los dos primeros parrafos,de verdad,una preciosidad.
Al leerlo tb me han venido muchos recuerdos,pues estuve en el año 98,por la expo y la verdad es ke me encantó Lisboa.
Yo le ví + un punto caótico y desordenado...ke me gustó muchisimo.
Tb ví cosas ke me recordaban a la España de los 80,unas rancias otras divertidas.
Si bien es cierto ke ese año estaba Lisboa fatal,de obras hasta arriba.
Imagino ke ahora estará mucho mejor.
Deseando estoy de verte pa ke me cuentes +.
salu2!
Muy tiernos los dos primeros parrafos,de verdad,una preciosidad.
Al leerlo tb me han venido muchos recuerdos,pues estuve en el año 98,por la expo y la verdad es ke me encantó Lisboa.
Yo le ví + un punto caótico y desordenado...ke me gustó muchisimo.
Tb ví cosas ke me recordaban a la España de los 80,unas rancias otras divertidas.
Si bien es cierto ke ese año estaba Lisboa fatal,de obras hasta arriba.
Imagino ke ahora estará mucho mejor.
Deseando estoy de verte pa ke me cuentes +.
salu2!





