Manu en Macondo: Rebelión en la granja de George Orwell

El hecho de que esta fábula (es quizá demasiado breve para considerarla novela) tuviese que esperar varios años en un cajón y fuese desechada por varios editores, habla a las claras de lo difícil que resultaba y aún resulta hoy escribir libremente sobre determinados temas.
Afortunadamente George Orwell (1903-1950) nos dejó este relato cargado de sátira, sutiles comparaciones con la realidad que el autor británico le tocó vivir y un nada desdeñable sentido del humor, pese a que el tema abordado no era en modo alguno divertido.
En mi opinión, Orwell acierta mostrándonos al ser humano, aunque representado por animales, capaz de cometer los crímenes más abyectos para saciar su sed de poder. Cómo el hombre llega a perder todos sus principios por medio de intrigas, mentiras e incluso asesinatos colectivos en el nombre de una idea, con el único fin de autosatisfacerse. Paralelamente también hay lugar para historias de amistad y solidaridad con esa bipolaridad tan propia, muchas veces, de los seres humanos. Es este un libro que se cuenta entre mis favoritos y que aquí, en la soledad de Macondo, consulto frecuentemente en un intento de comprensión y acercamiento a la cada vez más incomprensible, para mí, raza humana.
Cristina, a través del espejo: Goya atendido por arrieta

Con cierto reparo vuelvo a hacer una incursión en los dominios de Don Carlos. Empiezo con una disculpa, ya que no voy a acceder, en este segundo artículo, a ninguna de las peticiones; pero lo haré con seguridad en los próximos.
Es mi intención hablar de: Goya atendido por Arrieta. Me fascina de que modo se autorretrata Goya; mostrándonos lo que no teníamos que haber visto.
Como será costumbre sitúamos al maestro : Goya nace en Fuendetodos (Zaragoza) en 1746 y se forma con un pintor mediocre. A la edad de 17 años va a Madrid. Defenestrado por la academia de San Fernando sobrevivió haciendo cartones para tapices (el quitasol, el albañil, la merienda, las lavanderas...). Crisol de influencias y creador vocacional, no podemos “encasillar” a Goya en ninguno de los estilos wolfflinianos(Divisón común y academicamente aceptada). Romántico de espíritu, sin duda; pero también neoclásico cuando había que comer; quiso dejar los monstruos encerrados, y le salieron las pinturas negras.
Pero no quiero desviarme de lo que me traía, de nuevo, por aquí. En sus peores momentos Goya quiso mostrar su miseria. Ha perdido el aura; el héroe ha caído enfermo y le sujetan patéticamente para que no se desmorone. Detrás, las parcas, esperan ansiosas mordisquear la carroña.
Las manos, viejas de pintar, agarran suavemente una tela: este pedazo de óleo, resume lo que, para mí, es la pintura. Sin fuerza, con la boca entreabierta, se agarra a la tela tan endeblemente como a la vida.
Maravilla la dulzura con que el médico y amigo, le sostiene y da el bebedizo que le calmará.
La paleta ocre no hace sino incidir en el dramatismo; los contornos desdibujados y emborronados nos muestran el arte del genio.
Sin embargo no quiso despedirse con este triste testamento el zaragozano; cuando al final de su vida, deambulaba por la casa de su amigo en Burdeos, con largas melenas blancas y siniestramente barbado, se autorretrató en un grabado que dice: “Aún aprendo”.
Quiero terminar mi segunda intervención con unos versos que habrían podido sustituir al texto bajo la pintura, de haber sido escritos en el XVIII:
“Alba que toca el ocaso.
Ya no soy rey de mí mismo.
Caído de mí alto trono,
sin resurección, hundido
en las cavernas que el tiempo
cavó para mi suplicio”
José Hierro.
"El flacucho"
El flacucho:
La casa del viejo cascarrabias volvía a estar habitada. El señor Miranda, como lo llamaba mi mamá siempre estaba de mal humor. A mí me daba miedo verlo salir a la calle y verlo escupir de la manera en que lo hacía, en cuánto lo veía salía corriendo hacia mi habitación. Era imposible no asustarse cuando arrugaba de esa manera su frente, parecía que la frente y los pómulos se le juntasen. La verdad es que Tini, Toni y los demás chicos de mi clase no paraban de hacerle la vida imposible. Ahora ya no podrán hacerselo más. Mamá dice que se ha ido muy lejos y papá que está criando malvas, que no se muy bien lo que es. Lo que yo creo es que el señor Miranda se ha muerto. No es que sea muy listo, tengo trece años y se me dan muy mal las matématicas, pero hace un mes, cuando pasó todo yo estaba en mi habitación. Debían de ser las once de la noche y yo estaba castigado cuando entendí el grito de la señora Luisa, una vecina muy cotilla. No pude evitar asomarme a la ventana, ya saben por eso de la curiosidad y vi como llegaba el médico y un montón de hombres con traje. Luego subió mi mamá y me obligó a dormirme pero yo ya sabía que había pasado algo. Papá dice que los hombres solo se ponen trajes para las bodas y los entierros y el señor Miranda estaba ya mayor para casarse.
Hace un mes que llegaron a la casa los nuevos habitantes. Vivo en un pueblo pequeñito en el que todo se sabe. Cualquier pequeña noticia acaba convirtiéndose en un gran acontecimiento. La verdad es que la gente se aburre mucho.
Yo estaba mirando por la ventana, ya saben...volvía a estar castigado, cuando llegaron en su coche. Era un deportivo azul que venía cargado de maletas y trastos. De los asientos de alante salieron un señor calvo y con un espeso bigote y la que debía de ser su mujer, una señora de ciudad que, aunque estaba nublado desde hace días, llevaba gafas de sol. De la parte de atrás salió ella. Con su melena rubia al viento y luz en la cara. Creí que era un angel, pero los angeles no tienen tetas...nunca había visto nada igual. Tini me ha dicho que las de su madre dan leche, pero Tini siempre anda diciendo tonterías. A su lado salió él. Era un chico que debía tener mi misma edad, pero era algo raro. Estaba completamente calvo y su cabeza parecía una canica. Toda la ropa que llevaba le quedaba grande, como si fuese de un hermano mayor.
No tardaron Tini, Toni y los demás en venir a buscarme a mi casa para espiar a los nuevos vecinos. Dos días estuvimos vigilando noche y día la casa del viejo cascarrabias. Pero había algo extraño. Pese a nuestros intentos no pudimos ver nada. Siempre tenían las persianas bajadas como si quisieran aislarse del mundo. Pero a la tercera noche se dejaron subida la persiana del comedor. Fue entonces cuando vimos a los padres llorando, estaban solos en el salón, con la tele apagada. No había ni rastro ni de mi angel ni del "flacucho" como le llamaba Tini. No pudimos ver mucho más ya que mi mamá, que pasaba por allí, nos descubrió. No la recuerdo tan enfadada como aquel día, hasta me prohibió que hablase con ese niño y su familia. Por supuesto, acabé la noche en la habitación.
Tini, Toni y los demás empezaron pronto a murmurar y a decir tonterías acerca de la familia que vivía en la casa del viejo cascarrabias. Decían que pertenecían a una secta y que por eso no salían de casa. Yo nunca los creí. Mi mamá debía saber algo más, pero nunca me dijo nada.
Recuerdo muy bien el día que me encontré con el flacucho. Era de noche, justo antes de la hora de cenar. Harto de hacer los deberes de clase que me había mandado la señorita Puri decidí ir a tirar cantos a los peces en un estanque pequeño que hay detrás de mi casa. Todo estaba en silencio, la noche callaba y solo el ruido de los peces rompía la calma. Fue entonces cuando reparé en él. De no se porque no creo en fantasmas lo habría confundido con un espíritu. Vestía ropas blancas y estaba subido en uno de los extremos del estanque, acurrucado sobre sus rodillas y mirando al agua.
-¿Que haces aquí?- le pregunté
- Nada, solamente miraba el estanque- su voz era como un leve silbido del viento que se diluía en la nada.
-¿Eres de alguna secta o algo asi?
Aquella noche me enteré que el flacucho no pertenecía a ninguna secta. Se llamaba Luisito y llevaba el pelo corto porque estaba enfermo. No quiso decirme como se llamaba su enfermedad aunque creo que él no lo sabía. A la noche siguiente volvimos a quedar en el mismo sitio y a la misma hora.
-¿Quieres ver las tetas de mi hermana?- me dijo
¿Que si quería ver las tetas de su hermana? Creo que en ese momento nada en el mundo podía hacerme más feliz.
Recuerdo como nos colamos a hurtadillas en su garaje y recuerdo como Luisito descolgó un cuadro de la pared para dejar a la vista un agujero que daba al cuarto de baño. Maria, que asi se llamaba su hermana siempre se duchaba antes de cenar y allí estaba...¿Como describir lo que vimos?. No es que yo sea un experto en tetas, y he de reconocer que no he visto las de la madre de Tini, pero no creo que haya nada más bonito en el mundo, al menos yo no lo he visto.
A partir de ese día quedabamos todas las noches para ir a ver a su hermana. Tini, Toni y los demás siempre se reían de mí y decían que ahora yo también pertenecía a la secta. A mí me importaba un comino lo que dijeran.
Aunque tenía dos años menos que yo, me lo pasaba muy bien con el flacucho. Íbamos al estanque, jugabamos a las chapas y antes de cenar veíamos las tetas de Maria. Fue en esos días cuando me enteré que el señor Miranda era el abuelo de Luisito. También me contó que había oído a sus padres que su abuelo había muerto de pena. Fue entonces cuando recordé que había visto llorar a sus padres. El flacucho me contó que sus padres siempre estaban llorando, pero que no siempre había sido así. Todo había empezado un día que Luisito había empezado a echar sangre por la boca. Se pasó varios días en el hospital y los médicos le hicieron mucho daño, también fue entonces cuando se le empezó a caer el pelo. Pero ya no había de que preocuparse, la madre le había contado que ya estaba bien. Tres semanas estuvimos viéndonos todos los días, hasta hace tres en que la casa del señor Cascarrabias ha vuelto a estar vacía.
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Mamá me ha contado lo que ha pasado. Al parecer Luisito se ha puesto malo y se han tenido que marchar. Ocurrió de noche, que es al parecer cuando ocurren estas cosas. Mamá me ha dicho que se ha ido muy lejos y papá que está con el señor Miranda...
Papá dice que los hombres no lloran pero yo es que aún soy un niño. Me he venido al estanque para que nadie me vea llorar. Creo que hasta los peces están tristes, como si saltasen menos. El agua está calmada y hasta la luna parece que brilla menos.
Lo que más rabia me da no es que Luisito esté criando malvas o rosas o lo que sea con su abuelo, lo que más rabia me da es que mañana alguien ocupará la casa del viejo cascarrabias como si no hubiera pasado nada y nadie se acordará de mi amigo Luisito, "el flacucho".
Carlos Robledo García. Madrid a 21 de Abril del 2006
La casa del viejo cascarrabias volvía a estar habitada. El señor Miranda, como lo llamaba mi mamá siempre estaba de mal humor. A mí me daba miedo verlo salir a la calle y verlo escupir de la manera en que lo hacía, en cuánto lo veía salía corriendo hacia mi habitación. Era imposible no asustarse cuando arrugaba de esa manera su frente, parecía que la frente y los pómulos se le juntasen. La verdad es que Tini, Toni y los demás chicos de mi clase no paraban de hacerle la vida imposible. Ahora ya no podrán hacerselo más. Mamá dice que se ha ido muy lejos y papá que está criando malvas, que no se muy bien lo que es. Lo que yo creo es que el señor Miranda se ha muerto. No es que sea muy listo, tengo trece años y se me dan muy mal las matématicas, pero hace un mes, cuando pasó todo yo estaba en mi habitación. Debían de ser las once de la noche y yo estaba castigado cuando entendí el grito de la señora Luisa, una vecina muy cotilla. No pude evitar asomarme a la ventana, ya saben por eso de la curiosidad y vi como llegaba el médico y un montón de hombres con traje. Luego subió mi mamá y me obligó a dormirme pero yo ya sabía que había pasado algo. Papá dice que los hombres solo se ponen trajes para las bodas y los entierros y el señor Miranda estaba ya mayor para casarse.
Hace un mes que llegaron a la casa los nuevos habitantes. Vivo en un pueblo pequeñito en el que todo se sabe. Cualquier pequeña noticia acaba convirtiéndose en un gran acontecimiento. La verdad es que la gente se aburre mucho.
Yo estaba mirando por la ventana, ya saben...volvía a estar castigado, cuando llegaron en su coche. Era un deportivo azul que venía cargado de maletas y trastos. De los asientos de alante salieron un señor calvo y con un espeso bigote y la que debía de ser su mujer, una señora de ciudad que, aunque estaba nublado desde hace días, llevaba gafas de sol. De la parte de atrás salió ella. Con su melena rubia al viento y luz en la cara. Creí que era un angel, pero los angeles no tienen tetas...nunca había visto nada igual. Tini me ha dicho que las de su madre dan leche, pero Tini siempre anda diciendo tonterías. A su lado salió él. Era un chico que debía tener mi misma edad, pero era algo raro. Estaba completamente calvo y su cabeza parecía una canica. Toda la ropa que llevaba le quedaba grande, como si fuese de un hermano mayor.
No tardaron Tini, Toni y los demás en venir a buscarme a mi casa para espiar a los nuevos vecinos. Dos días estuvimos vigilando noche y día la casa del viejo cascarrabias. Pero había algo extraño. Pese a nuestros intentos no pudimos ver nada. Siempre tenían las persianas bajadas como si quisieran aislarse del mundo. Pero a la tercera noche se dejaron subida la persiana del comedor. Fue entonces cuando vimos a los padres llorando, estaban solos en el salón, con la tele apagada. No había ni rastro ni de mi angel ni del "flacucho" como le llamaba Tini. No pudimos ver mucho más ya que mi mamá, que pasaba por allí, nos descubrió. No la recuerdo tan enfadada como aquel día, hasta me prohibió que hablase con ese niño y su familia. Por supuesto, acabé la noche en la habitación.
Tini, Toni y los demás empezaron pronto a murmurar y a decir tonterías acerca de la familia que vivía en la casa del viejo cascarrabias. Decían que pertenecían a una secta y que por eso no salían de casa. Yo nunca los creí. Mi mamá debía saber algo más, pero nunca me dijo nada.
Recuerdo muy bien el día que me encontré con el flacucho. Era de noche, justo antes de la hora de cenar. Harto de hacer los deberes de clase que me había mandado la señorita Puri decidí ir a tirar cantos a los peces en un estanque pequeño que hay detrás de mi casa. Todo estaba en silencio, la noche callaba y solo el ruido de los peces rompía la calma. Fue entonces cuando reparé en él. De no se porque no creo en fantasmas lo habría confundido con un espíritu. Vestía ropas blancas y estaba subido en uno de los extremos del estanque, acurrucado sobre sus rodillas y mirando al agua.
-¿Que haces aquí?- le pregunté
- Nada, solamente miraba el estanque- su voz era como un leve silbido del viento que se diluía en la nada.
-¿Eres de alguna secta o algo asi?
Aquella noche me enteré que el flacucho no pertenecía a ninguna secta. Se llamaba Luisito y llevaba el pelo corto porque estaba enfermo. No quiso decirme como se llamaba su enfermedad aunque creo que él no lo sabía. A la noche siguiente volvimos a quedar en el mismo sitio y a la misma hora.
-¿Quieres ver las tetas de mi hermana?- me dijo
¿Que si quería ver las tetas de su hermana? Creo que en ese momento nada en el mundo podía hacerme más feliz.
Recuerdo como nos colamos a hurtadillas en su garaje y recuerdo como Luisito descolgó un cuadro de la pared para dejar a la vista un agujero que daba al cuarto de baño. Maria, que asi se llamaba su hermana siempre se duchaba antes de cenar y allí estaba...¿Como describir lo que vimos?. No es que yo sea un experto en tetas, y he de reconocer que no he visto las de la madre de Tini, pero no creo que haya nada más bonito en el mundo, al menos yo no lo he visto.
A partir de ese día quedabamos todas las noches para ir a ver a su hermana. Tini, Toni y los demás siempre se reían de mí y decían que ahora yo también pertenecía a la secta. A mí me importaba un comino lo que dijeran.
Aunque tenía dos años menos que yo, me lo pasaba muy bien con el flacucho. Íbamos al estanque, jugabamos a las chapas y antes de cenar veíamos las tetas de Maria. Fue en esos días cuando me enteré que el señor Miranda era el abuelo de Luisito. También me contó que había oído a sus padres que su abuelo había muerto de pena. Fue entonces cuando recordé que había visto llorar a sus padres. El flacucho me contó que sus padres siempre estaban llorando, pero que no siempre había sido así. Todo había empezado un día que Luisito había empezado a echar sangre por la boca. Se pasó varios días en el hospital y los médicos le hicieron mucho daño, también fue entonces cuando se le empezó a caer el pelo. Pero ya no había de que preocuparse, la madre le había contado que ya estaba bien. Tres semanas estuvimos viéndonos todos los días, hasta hace tres en que la casa del señor Cascarrabias ha vuelto a estar vacía.
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Mamá me ha contado lo que ha pasado. Al parecer Luisito se ha puesto malo y se han tenido que marchar. Ocurrió de noche, que es al parecer cuando ocurren estas cosas. Mamá me ha dicho que se ha ido muy lejos y papá que está con el señor Miranda...
Papá dice que los hombres no lloran pero yo es que aún soy un niño. Me he venido al estanque para que nadie me vea llorar. Creo que hasta los peces están tristes, como si saltasen menos. El agua está calmada y hasta la luna parece que brilla menos.
Lo que más rabia me da no es que Luisito esté criando malvas o rosas o lo que sea con su abuelo, lo que más rabia me da es que mañana alguien ocupará la casa del viejo cascarrabias como si no hubiera pasado nada y nadie se acordará de mi amigo Luisito, "el flacucho".
Carlos Robledo García. Madrid a 21 de Abril del 2006
Manu en Macondo

Este primer comentario es simplemente una formalidad.
Nada mas sirve para presentarme y para expresar a grandes rasgos en que va a consistir mi colaboración en la página de Letes,al que de paso agradezco este espacio y el título del mismo,ya que ambos son obra suya.
Soy Jorge Becerril,tengo 28 años y me gusta el deporte y la literatura.
Cada 15 dias comentare generalmente una novela.Asi de simple.
Una novela que haya leído con anterioridad.
Nada de una novela sobre la que me hayan hablado o sobre la que haya oído algún comentario.Una novela leída por mi y sobre la cual yo considere oportuno hacer mi crítica.
Los 15 días que transcurren entre comentario y comentario estan pensados para que los interesados lean dicha novela(si no lo han hecho ya) y se animen o se atrevan a expresar su opinion sin miedo a que la censura les deje sin voz,como lamentablemente sucede algunas veces.
Desde Macondo a 18 de Abril de 2006
Pulp Fiction

Cuando en 1992 un desconocido Quentin Tarantino irrumpía en la escena internacional con la magnífica "Reservoir Dogs" se nos estaba anunciando una de las más prometedoras carreras de las últimas decadas. Esto se vería refrendado dos años después con la que quizá sea la mejor película de los noventa. Estamos hablando de "Pulp Fiction".
Cuando se nos habla de Tarantino siempre se le identifica con la violencia llevada al extremo, y no hay nada más alejado de la realidad. El cine de Quentin va mucho más allá. Bien es cierto que muchas veces nos utiliza la violencia como hilo conductor, pero en la mayoría de los casos es solamente eso, un contexto que nos ayuda a entender el contenido.
En "Pulp Fiction" se nos cuenta la historia de Julius y Vincent, dos matones a sueldo que trabajan para la mafia. Ambos tendrán que recuperar un misterioso maletín para su jefe, pero algo extraordinario pasará...
La película se vertebra sobre un magnífico guión, que ganó merecidamente el Óscar de la Academia. Nos va a contar una historia común, mil veces vista antes, pero lo va a hacer de un modo que marcará los años venideros de una manera definitiva. Se trata de un pequeño puzzle, o no tan pequeño que dura 153 minutos, en el que las historias se van entremezclando y ramificando unas con otras con absoluta precisión. La historia de los dos matones, la del reloj, los atracadores...todo encaja con armonía en este film coral. Otro aspecto del guión a destacar son los dialogos; absurdos y delirantes. ¿Se han fijado en la conversación sobre las hamburguesas o aquella que habla sobre los masajes en los pies? solomante cabe decir una cosa: portentoso. Los toques de humor negro tampoco faltarán, como en todas sus películas, y nos harán soltar más de una carcajada ante situaciones disparatadas que recogen la tradición del mejor surrealismo de Buñuel o Ripstein.
Tarantino es un mitomano que aprendió cine de una forma autodidacta; trabajando en un videoclub en el que al acabar la jornada se llevaba varias películas para ver en casa. Esto se nota en su cine, lleno de referencias y homenajes a aquellas películas que le han hecho crecer como cineasta.
Toda la película tiene un aire retro, acompañada perfectamente por la banda sonora, dato este siempre muy cuidado por el director que sabe rodearse siempre de actores a los que les sienta genial sus papeles...Samuel L. Jackson, Travolta, La diosa Uma, Bruce willis , María de Medeiros, Harvey Keitel...todos están enormes en sus papeles gracias a la complicidad del director que sabe regalarles precisos encuadres para que desarrollen su talento.
Quentin ama el cine, y hace el cine que le gusta ver. Lejos de los convencionalismos Hollywodienses con un estilo propio basado en el guión, dando lecciones de planificación y dirección de actores.
Si no la han visto ya, vayan enseguida a alquilarla o a comprarla, sientense en su sofá y estese preparado para ver la película que reinventó el cine allá por la mitad de los noventa.
Cristina, a través del espejo

Me llamo Cristina Noreña, soy licenciada en Historia del Arte y actualmente preparo oposiciones. Tengo 23 años y mucho tiempo para pensar (más del que desearía).
Me alegré mucho cuando Carlos me sugirió que hiciera esta sección. Creó que el blog de Letboy es un sitio ideal para hablar de arte. En este caso pretendo hablar de lo que me gusta, así es mucho mejor. También deseo saber lo que os gusta a vosotros y lo que no os gusta, aunque siempre parece más bonito lo primero,
No se me ocurre mejor manera de presentarme que hablar de mi cuadro favorito: Noche estrellada de Vincent Van Gogh. Para situarnos Vincent Van Gogh nació en Holanda en 1853 y murió en Auvers-sur-Oise (Francia) en 1890. Suele encuadrársele en el Neo-impresionismo. Sintió admiración por Delacroix, Ruysdael, Rubens, Millet o Constable. Pintor precoz y prolífico nos ha legado joyas como: La habitación del pintor, la casa amarilla, los girasoles, los retratos, las sillas, el viñedo rojo, etc.

No me canso de mirar este óleo; cada vez que lo miro descubro algo nuevo que me inquieta aún más. Me es imposible mirar este cuadro sin recitar mentalmente los versos de Neruda: “La noche esta estrellada y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”; quizá uno de los versos mas conmovedores de la poesía, describiendo, en un cuaderno, uno de los lienzos más impactantes de la historia de la pintura. Inquietante es, sin duda, pero también bello. Qué fácil dejarse hipnotizar por las nebulosas espirales, que bella aquella noche en Saint Remy. ¿Qué estaba viendo Vincent? se habla de algúnfenómeno celeste que acaeciera esa noche, se ha estudiado la astrología de la época... gran pérdida de tiempo. La mente de este holandés filtra todo lo que ve y lo devuelve vibrante y lleno de magia al lienzo; Todo se mueve como la llama de una lumbre en su cabeza, un mundo nervioso, insoportable casi, que le lleva a la locura a cada instante. La historia siempre depura el sufrimiento del genio; confundir genialidad con locura es muy fácil; Desborda sencillez y abismo; es un niño que ha madurado en un cuento de hadas. Un niño que al crecer deja que su razón se escape y cree monstruos indestructibles, que escapan por la ventana de un manicomio: desde donde el pintor recogió la noche más hermosa y agitada de la historia del arte.
El blog de Letboy se amplía
A punto de cumplir el medio año y después de dieciocho artículos es un honor para mí comunicarles que "el blog de Letboy" va a amplíarse con las colaboraciones de dos amigos míos. La primera de ellas será Cristina que va a encargarse de acercar el mundo del arte a esta húmilde página, diversificando así los contenidos y enriqueciendo el blog. Su sección se llamará Cristina, a través del espejo. Jorge va a encargarse de ayudarme con las críticas literarias aportando su visión mordaz de la vida y las letras en su sección Manu en Macondo.
Sus apariciones se irán sucediendo sin cita previa, cómo aquellos artistas espontáneos que pasean su arte por los vagones del metro alegrandote la mañana...cedamos pues la palabra...





