Noe
Se llamaba Noe. Nació en Vallecas y, aunque viajó mucho, siempre se sintió una chica del barrio. La señora Lola, su madre, fue la encargada de criarla a base de fregar escaleras y el orgullo de la gente más pudiente. De su padre nunca se supo, o se supo demasiado como para que cayese en el olvido. Noe, como ya se ha dicho, creció en el barrio, rodeada de su gente. En el instituto conoció a Ana, el reverso de este relato y juntas emprendieron la aventura de madurar a base de hostias, que es como lo hacen las chicas rebeldes.
Fueron años de Instituto, o mejor dicho fueron años de saltarse las clases e ir a pasear por las calles de la ciudad: tan llenas de sensaciones y experiencias por vivir. Pronto llegaría el primer porro y la primera borrachera, quizá antes de los dieciséis años. Y así, casi sin querer, la noche se fue abriendo como un enorme escaparate poblado de cosas excitantes. Discotecas, tacón alto y chicos de camisetas ajustadas. Siempre quisieron llevar los últimos pantalones, la blusa más cara y la barra de labios con el color de los sueños. Pero el dinero escasea en casa del pobre. Y la escasez agudiza el ingenio. ¿Trabajar? – Hay que vivir la vida y no ser vulgar,ya curraremos cuando peinemos canas-. ¿La solución? Por vender unos gramos no pasa nada. Y así llega la primera raya, y a esta sigue la segunda y la tercera…el tiempo sigue pasando y Noe, ahora conocida como “Maldita” se ha convertido en reina de la noche. Gana cuánto quiere sin ningún esfuerzo. Claro que también hay sustos. Unos gitanos, una raya de algo que no es cocaína y la policía y sus redadas.. Carreras en mitad de la noche, la mercancía colada por el retrete y algún que otro labio partido. Gajes del oficio.
Son los buenos años. Ropa cara, coches caros y vicios aún más caros. Y entonces llega Jose, un chico que está alistado en el ejército. Un rollo entre cigarrillos que se convierte en algo más. Un viaje a Bosnia, Sarajevo capital del infierno, donde los soldaditos de cascos azules juegan a la paz en la plaza de Bascarsija, allí donde un niño juega con una maqueta de un coche destartalado, como la misma ciudad, como el país, como el mismo corazón enfermo de la Europa dormida.
Un tatuaje en la nuca con un símbolo chino que significa libertad y una relación que se acaba. La vida sigue. La señora Lola continúa de empleada, ahora con un nuevo hombre y un nuevo hijo. Noe se independiza. El negocio va bien. La vida vista a través de una luz distorsionada; la luz de la noche. Y la música sigue mientras el tiempo pasa. Y una buena noche sus pasos se dirigen hacia el Heaven, tan lejos y tan cerca del cielo, y allí irrumpe un chico; el que hoy suscribe estas letras llenas de rabia y melancolía; dos de las características que llevan a la impotencia. Un cigarro, una copa, una sonrisa y la noche que acaba entre las sabanas hasta que irrumpe la mañana o la tarde.
Es ahí, de algún modo, dónde comienza mi vida. Un teléfono, una visita al cine y el tiempo inundado de caricias y deseos. El tiempo sigue pasando hasta los albores del 2005. Un viaje de negocios a Galicia. Un paseo por la playa de Riazor, una visita a la Catedral de Santiago y el futuro visto desde el Faro de Vigo. Promesas y esperanzas: Una vida en común y quizá la última raya. Y el miedo que viaja en el maletero ausentado en un abrazo.
Todo es demasiado hermoso. Ella lo es todo. En ella se perfilan todos mis sueños, bajo sus formas, bajo su personalidad arrolladora, ella me hace ser algo, ella me hace ser poeta... Pero lo bueno nunca es eterno, no así lo malo. Una noche Noe coge un taxi que la lleva hasta su Vallecas amada. El portal se abre y tras la puerta aguarda la barbarie; la mezquindad nunca olvidada. Jose hace de su razón la piel de sus nudillos y Noe es ingresada. Un dolor en el pecho. Los médicos hacen más y más pruebas y no hayan nada. Pasan los días y el dolor persiste. Radiografías, analisis, catéter, un TAG que no rebela nada. La torpeza del ser humano no tiene límites, cuan poco valiosa es la vida cuando es la de otros la que está en juego.
CáncerCáncerCáncerCáncer. Noe tiene Cáncer de Pulmón. Una posibilidad entre un millón. Que cruéles son los números.¿Células grandes, células pequeñas?, ¿metástasis?. Ya es demasiado tarde. Quimioterapia, radioterapia… una vida que se acaba. Paseos en mitad de la nada. Rabia, lamentos, depresión y un folleto titulado “Aprenda a morir”. Una última cita. Un abrazo, un beso y un montón de promesas disueltas en lágrimas…
El cinco de Marzo de 2005 mientras paseo por la Gran Vía, camino de ningún lugar, llega la noticia. Dios mira hacia otro lado. No es que se haya apagado una estrella, es que el cielo ya no tiene ningún sentido.
Para Noe, estes donde estes maldita, año y medio despúes todo sigue sin tener ningún sentido.
Madrid, a 28 de Noviembre de 2006.
Fueron años de Instituto, o mejor dicho fueron años de saltarse las clases e ir a pasear por las calles de la ciudad: tan llenas de sensaciones y experiencias por vivir. Pronto llegaría el primer porro y la primera borrachera, quizá antes de los dieciséis años. Y así, casi sin querer, la noche se fue abriendo como un enorme escaparate poblado de cosas excitantes. Discotecas, tacón alto y chicos de camisetas ajustadas. Siempre quisieron llevar los últimos pantalones, la blusa más cara y la barra de labios con el color de los sueños. Pero el dinero escasea en casa del pobre. Y la escasez agudiza el ingenio. ¿Trabajar? – Hay que vivir la vida y no ser vulgar,ya curraremos cuando peinemos canas-. ¿La solución? Por vender unos gramos no pasa nada. Y así llega la primera raya, y a esta sigue la segunda y la tercera…el tiempo sigue pasando y Noe, ahora conocida como “Maldita” se ha convertido en reina de la noche. Gana cuánto quiere sin ningún esfuerzo. Claro que también hay sustos. Unos gitanos, una raya de algo que no es cocaína y la policía y sus redadas.. Carreras en mitad de la noche, la mercancía colada por el retrete y algún que otro labio partido. Gajes del oficio.
Son los buenos años. Ropa cara, coches caros y vicios aún más caros. Y entonces llega Jose, un chico que está alistado en el ejército. Un rollo entre cigarrillos que se convierte en algo más. Un viaje a Bosnia, Sarajevo capital del infierno, donde los soldaditos de cascos azules juegan a la paz en la plaza de Bascarsija, allí donde un niño juega con una maqueta de un coche destartalado, como la misma ciudad, como el país, como el mismo corazón enfermo de la Europa dormida.
Un tatuaje en la nuca con un símbolo chino que significa libertad y una relación que se acaba. La vida sigue. La señora Lola continúa de empleada, ahora con un nuevo hombre y un nuevo hijo. Noe se independiza. El negocio va bien. La vida vista a través de una luz distorsionada; la luz de la noche. Y la música sigue mientras el tiempo pasa. Y una buena noche sus pasos se dirigen hacia el Heaven, tan lejos y tan cerca del cielo, y allí irrumpe un chico; el que hoy suscribe estas letras llenas de rabia y melancolía; dos de las características que llevan a la impotencia. Un cigarro, una copa, una sonrisa y la noche que acaba entre las sabanas hasta que irrumpe la mañana o la tarde.
Es ahí, de algún modo, dónde comienza mi vida. Un teléfono, una visita al cine y el tiempo inundado de caricias y deseos. El tiempo sigue pasando hasta los albores del 2005. Un viaje de negocios a Galicia. Un paseo por la playa de Riazor, una visita a la Catedral de Santiago y el futuro visto desde el Faro de Vigo. Promesas y esperanzas: Una vida en común y quizá la última raya. Y el miedo que viaja en el maletero ausentado en un abrazo.
Todo es demasiado hermoso. Ella lo es todo. En ella se perfilan todos mis sueños, bajo sus formas, bajo su personalidad arrolladora, ella me hace ser algo, ella me hace ser poeta... Pero lo bueno nunca es eterno, no así lo malo. Una noche Noe coge un taxi que la lleva hasta su Vallecas amada. El portal se abre y tras la puerta aguarda la barbarie; la mezquindad nunca olvidada. Jose hace de su razón la piel de sus nudillos y Noe es ingresada. Un dolor en el pecho. Los médicos hacen más y más pruebas y no hayan nada. Pasan los días y el dolor persiste. Radiografías, analisis, catéter, un TAG que no rebela nada. La torpeza del ser humano no tiene límites, cuan poco valiosa es la vida cuando es la de otros la que está en juego.
CáncerCáncerCáncerCáncer. Noe tiene Cáncer de Pulmón. Una posibilidad entre un millón. Que cruéles son los números.¿Células grandes, células pequeñas?, ¿metástasis?. Ya es demasiado tarde. Quimioterapia, radioterapia… una vida que se acaba. Paseos en mitad de la nada. Rabia, lamentos, depresión y un folleto titulado “Aprenda a morir”. Una última cita. Un abrazo, un beso y un montón de promesas disueltas en lágrimas…
El cinco de Marzo de 2005 mientras paseo por la Gran Vía, camino de ningún lugar, llega la noticia. Dios mira hacia otro lado. No es que se haya apagado una estrella, es que el cielo ya no tiene ningún sentido.
Para Noe, estes donde estes maldita, año y medio despúes todo sigue sin tener ningún sentido.
Madrid, a 28 de Noviembre de 2006.
Volvemos a abrir...temporalmente...

El cuarto regimiento de infantería
El campo de batalla seguía igual que el día anterior y que todos los demás días desde que había empezado la guerra: lleno de cadáveres. El cuarto regimiento de infantería, al cual pertenecía, había logrado afianzar su posición en el flanco derecho, frenando el avance inexorable de las tropas enemigas.
Yo estaba en medio de las trincheras que acabábamos de conquistar, de rodillas y temblado de frío, o tal vez de miedo. Los cuerpos de los soldados alemanes se apostaban a mis pies, aunque algunos compañeros míos, cómo Bardamu o Vincent, también yacían entre el lodo, pisoteados por la misma gente que había estado compartiendo litera y confidencias unos días antes en el campamento de Vichy. Las balas silbaban a nuestro alrededor con ese sonido tan propio de la muerte. Fue entonces cuando el teniente, Lilien creo que se llamaba el muy cabrón, saltó encima de las trincheras, con el fusil en alto para arengar a las tropas:
- ¡Vamos a patear el culo de estos cerdos alemanes, vamos a enseñarles como luchan los franceses¡ ¡Por Francia¡
El cuarto regimiento de infantería, el mismo que había logrado frenar a la flor y nata del ejército alemán, estalló en un clamor, en un grito de irracionalidad. Todos mis compañeros salieron de las trincheras siguiendo al cabrón de Lilien, disparando al frente, a la nada absoluta. Médicos y carpinteros, abogados y encargados de tiendas, así hasta un total de quinientos hombres, murieron bajo el fuego de la metralla y los morteros. Yo, por mi parte no pude moverme del sitio dónde me encontraba. Vi cosas que un hombre jamás debería ver; cuerpos mutilados, la voz de la desesperación y el sufrimiento, la rabia del que se quiere quitar la vida a mordiscos…el diablo de la guerra en definitiva. Confieso que entonces cerré los ojos y me tapé los oídos. Pensé en Silvia, mi mujer, que aguardaba a las orillas del Sena y en los hijos que planeábamos tener a mi vuelta. Pensé en muchas cosas y ninguna tenía que ver con esa cosa llamada patria. Fue entonces cuando sonó la gran explosión. Todo se llenó de polvo hasta que no pude ver nada. Los ojos me picaban y creí que mis oídos iban a estallar, pensé en la muerte y he de reconocer que este pensamiento me alivió; caí al suelo como un perro moribundo.
Desperté en un hospital de París a los dos días. Lo primero que vi fue la cara de Silvia: con sus grandes ojos llenos de lágrimas y su eterna expresión de bondad. Luego vinieron generales, ministros y hasta el Presidente de la República. Todos querían felicitarme. Tres días después me concedieron la medalla al valor, en palabras del Presidente “Por ser la viva imagen de Francia, por ser el orgullo de la nación y como homenaje al puñado más valiente de soldados que nunca vio nacer el país: el cuarto regimiento de infantería”.
Carlos Robledo García. Madrid a 20 de Octubre de 2006





