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El Blog de Letboy
Acerca de
Letboy, otrora conocido como Carlos Robledo, es el encargado y responsable de la página y de todas las opiniones vertidas en ella. Casi economista, escritor a tiempo parcial, lector compulsivo, aprendiz de cineasta, guitarrista sin oído,ajedrecista sin dama, aficionado al fútbol en mis ratos libres y en general interesado en todo aquello que me haga disfrutar.
Sindicación
 
La vida y los libros




Al principio empeze a leer cuentos para niños; Fray perico y su vorrico, las havichuelas magicas y todos los cuentos de hans christian anderssen; mi favorito era “La aguja de zurzir”, la istoria de una aguja de zurzir que se creia una aguja de coser. Yo aun era un niño de apenas doce años que se divertia con cuentos y favulas de esos pequeños livros llenos de divujos y colores.

Cuando crecí un poco empecé a interesarme por la novela de aventuras, desde Julio Verne y su “Viaje al fin de la tierra” a “Los tres mosqueteros” de Dumas. Mi vida comenzaba a ser también una aventura, quizás no tan excitante cómo la de “Huckelberry Finn” o tan heroica como la de “Un capitán de quince años”, pero también la madurez empezaba a alcanzarme. Aunque en esta época, en la que apenas tenía dieciocho años, mi libro preferido era “El guardián entre el centeno” de Sallinger, yo también era Holden Caulfield y soñaba con ser ese vigilante que aguardaba al borde del precipicio para que los niños no se cayesen.

Al poco de ingresar en la universidad cayó en mis manos “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Neruda. Todo se volvió poesía:
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía. (Neruda)
Pronto llegó el primer amor y al poco tiempo el primer desamor. Lorca, Machado, Alberti y tantos otros ocuparon los rincones de mi alma; llenaron las estancias vacías para no volver a dejarlas deshabitadas nunca más. Entonces me creí poeta:

Busque el verso sin hallar la rima
Encontré el desaire en tu mirada
¡Ay¡ Cómo duele esta vida
Al no conseguir lo que se ama.

Terminé la carrera y conseguí un puesto en el banco. Tampoco en esta época dejé de leer. “Los pilares de la tierra”, “El código da Vinci” o “El perfume”. Literatura insustancial para mentes despreocupadas. Cómo la mía. Entonces apareció Victoria, mi mujer, y me descubrió la novela negra. Dashiell Hammet y su violencia, los misterios de Agatha Cristie y la eterna y dura elegancia de Raymond Chandler. Me casé, conocí a mis suegros y pese a las novelas no hubo ningún asesinato en la familia, ni tan siquiera un robo o misterio sin resolver.

Al nacer mis dos hijos me mudé a una casa más grande, me compré un coche más grande y en general, todo fue más grande. Menos el amor de mi mujer hacia mi que acabó desembocando en un divorcio. Tuve que mudarme a una casa más pequeña y el coche no es que se hiciera más pequeño, es que se lo quedó mi mujer; cómo mis hijos. Fueron años duros de soledad (aún lo son). Fue entonces, en la soledad de mi apartamento cuando decidí empezar a escribir. No aquellas poesías de juventud, sino novela para adultos. Comprendí que para escribir había primero que leer. Así pues desempolvé mis viejos manuales de literatura del instituto y comencé con mi formación. Desde los dramas y comedias de Shakespeare hasta “La colmena” de Camilo José Cela. Desde “La odisea” a “Carta a una desconocida” pasando por “La peste” “Cien años de soledad” o “El ensayo sobre la ceguera” de Saramago. Pasados los años y los libros escribí mi primer relato, a este le siguió mi primer libro (cerca de los cuarenta) y el siguiente. Todo quedó almacenado en un cajón del desván.

Al llegar a los sesenta leí por primera vez “La nausea” de Sastre y fue entonces cuando comprendí que nunca podría llegar a ser escritor. Pasé un año leyendo ensayos. Disfruté con Kant y con Sartre, me interesó Nietzche y no llegué a comprender a Freud ni a mis sueños.

El ultimo livro que lei fue uno de socrates, ¿o tal vez platon?, sobre la moral o la vida, o acaso ambas cosas. No recuerdo. De esto ara ya mas de diez años. Mis ojos se empezaron a cansar y me mente se saturo. Tampoco aspiro a escrivir ya nada, lejos queda el tiempo en que tenia algo que decir y mas lejos aun el tiempo en que mi vida se reducia a las ojas de un libro. Supongo que ahora llega el tiempo de callar, el tiempo del olvido.