El cuervo: Edgar Allan Poe, Brandon Lee y Los Simpsons

¿Qué une a Edgar Allan Poe, Brandon Lee y los Simpsons? Pues la respuesta es muy sencilla: Un cuervo.
Alex Proyas hizo en 1994 una película de culto que protagonizó Brandon Lee. Si por algo destacaba la cinta era por la recreación de ambientes. La espectacular dirección artística nos sumergía de lleno en esta fábula gótica de aire magnético cómo también hiciera el director en “Dark city”, mejor película que la que ahora comento. Los callejones oscuros, los conciertos de rock y los edificios en llamas, fiel reflejo de la sociedad, son muestras del oscurantismo de la cinta. Repleta de acción, comienza con la muerte de una pareja que vive en un ático y la posterior venganza del hombre, que ha vuelto a la vida de la mano de un cuervo. Ambientada en un futuro cercano al Apocalipsis y repleto de frikismo, desde las escenas con la guitarra en los tejados al vestuario, ya mítico, del protagonista. El guión no es nada del otro mundo, los malos hacen honor a su papel y el protagonista y sus amigos son las víctimas de la historia que acabaran por convertirse en héroes. Estamos ante una película con una alta dosis de violencia, mención especial para las escenas de los ojos, que no la hacen ser recomendable para todos los públicos. Todo esto que hemos contado no sería suficiente, o tal vez sí, para alcanzar la etiqueta de obra de culto. La trágica muerte de Brandon Lee durante el rodaje, al igual que su padre, hizo el resto. Mucho se ha escritor sobre esto y no daré yo aquí pie a rumores.
La película de Alex Proyas se sirvió, vagamente, en un poema de Poe, títulado el cuervo, que empezaba así:
Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones,
Sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
Inclinaba soñoliento la cabeza, de repente
A mi puerta oí llamar;
Como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta
Mano tímida a tocar:
"¡Es - me dije - una visita que llamando está a mi puerta:
eso es todo y nada más!".
Escrita en 1845 con el nombre original de “The raven” es la composición poética más famosa de Edgar Allan Poe, un escritor que trataremos más adelante en la galería de personajes. Autor, entre otras, de “El escarabajo de oro” y “Los crímenes de la Rue Morgue”, se convertiría en uno de los precursores de la literatura de ficción, dotando a sus cuentos de un halo misterioso fuera de toda duda. Gran influencia para Baudelaire, Alan Godwin y la literatura gótica posterior.
En “The raven” el poeta plasma la angustia que le causa la muerte de su amada, angustia identificada en ese cuervo que no cesa de responder “Nevermore” (nunca más).
Con un ritmo que va “In crescendo” el poema avanza a base de aliteraciones y rimas internas que nos traslada el desasosiego, casi enfermizo del autor. La repetición de erres, asemejándose al batir de las alas del cuervo es todo un hallazgo que Poe nos revelaría en su obra “Filosofía de la composición”, dónde en contraposición a “La creación espontánea” de Coleridge llega a afirmar que la creación debe tener unos planteamientos lógicos, dónde antes de empezar a escribir se ha de tener claro el principio, el final y el objeto de la obra.
Cómo tercer vértice del triángulo tenemos a la serie de animación, en uno de sus capítulos, en las pesadillas de Halloween, recrean el claustrofóbico ambiente del poema, si bien se permiten algunas licencias.
Aquí tienen el capítulo, con la traducción, más o menos libre, del genial poema de ese gran escritor que fue Edgar Allan Poe. Que lo disfruten.
Las disertaciones de Letboy

23 de Abril, “Día del libro”, hagamos una pequeña disertación acerca del panorama literario y algunas cosas que le rodean.
Antonio Gamoneda, poeta Asturiano afincado en León, se lleva el premio Cervantes y el paraninfo de la Universidad de Alcalá se llena de polémica en vez de literatura. ¿Habrá tenido algo que ver su amistad con el presidente del Gobierno? Yo, por mi parte, siempre seré un malpensado, ustedes piensen lo que quieran. Justo es reconocer la valía de Gamoneda cómo voz del pueblo, en palabras suyas, por haber escrito siempre desde la pobreza, pero de ahí a reconocerle con tan valioso galardón creo que media un abismo. Se me ocurren una docena de escritores que han hecho más meritos que el ganador, pero que vivan en León y puedan jactarse de hablar con el presidente de tú a tú ya no se me ocurren tantos. Tal vez Vargas Llosa, pero ya lo tiene. Hablo aquí del escritor Peruano trayendo al hilo el reciente premio entregado por este, cómo miembro más destacado del jurado, del “Premio Alfaguara” de novela a “Mira si yo te querré” de Luis Leante. Era esta la décima entrega en la que en anteriores ocasiones han sido ganadoras novelas tan importantes ¿? Cómo “Caracol Beach” o “El vuelo de la reina”. ¿Les suena? Mejor es que no, porque el tiempo de lectura es tiempo que sin duda habrán empleado en algo mejor. Es el premio Alfaguara un premio sin prestigio alguno, que por el contrario tuvo al autor de “La ciudad y los perros” o “Conversación en la catedral” cómo jurado destacado. Fue lamentable ver a este auténtico mito de las letras al lado de Polanco hablar de la tradición del premio y de la dotación económica. ¿Habrá cobrado más el ganador o el jurado? Lo desconozco pero…poderoso caballero es don dinero.
Todo esto me lleva a preguntarme sobre el estado actual de la literatura. Por más que pienso y cuántas más preguntas me hago peores respuestas encuentro. ¿Cuántos premios literarios hay en España? ¿Qué fue primero, el libro o los premios? ¿Hay más de uno o de otros? ¿Realmente da prestigio ganar un premio cómo el ciudad x? ¿Por qué ha ganado el último libro de Prada, “El séptimo velo”, de casi seiscientas páginas, el premio de narrativa breve?
Creo sinceramente que hay escritores que se dedican única y exclusivamente a fabricar libros, sí he dicho fabricar, cómo el que fábrica piezas para un coche en una cadena de montaje, cortados por el mismo patrón con el único fin de ganar un concurso de estos. ¿Se imaginan a Flaubert, Dostoievski, Baudelaire o a Alexander Soltzheniztsyn en su Gulag escribiendo para ganar un premio?.
La escritura ha de nacer del sufrimiento, del dolor, de ese desarraigo por plasmar algo con lo que no se está de acuerdo y no desde un lugar acomodaticio y autocomplaciente que nos lleva al desolador panorama actual, dónde un autor como Vila-Matas es apenas conocido y otros como los Mateldi Asensi de turno o mi odiado Pérez Reverte naden en la abundancia.
23 de Abril, día del libro. Ya pronto la habitual feria ocupará el paseo de Recoletos o el Retiro se llenará de casetas dónde los escritores son exhibidos cómo antañazo, que diría Umbral, se mostraban a la mujer barbuda o al hombre elefante de Lynch. El mercadeo y la propaganda está acabando con la verdadera esencia de la literatura, en vez de competir por formar una nueva vanguardia o descubrir a un autor olvidado, ahora por lo que se compite es por firmar más libros en las casetas o por ganar la farsa en la que se ha convertido El Premio Planeta. ¿Dónde están las tertulias en los cafés literarios de la ciudad?. ¿Quién es capaz de tomarse en serio esa iniciativa de la comunidad de Madrid llamada “la noche de los libros”? 2pero si hasta nos quieren cobrar un canón por sacar libros en préstamo de la biblioteca¡ lo que hace falta es menos demagogia. El otro día me acerqué al café Gijón y sentí vergüenza ajena al ver en lo que se ha convertido un lugar que otrora era cuna de grandes escritores. Las plumas de ahora se prostituyen en beneficio de las editoriales y se rebajan a extremos preocupantes. Claro que sufragar, por ejemplo, una colección infinita de bastones tiene que resultar caro. Así nos va.
23 de Abril, día del libro. Arrojemos aunque sea una brizna de esperanza. Tan cierto cómo lo anterior es que aún existen premios que se hacen merecedores de su nombre, cómo el Nadal, siempre preocupado por los nuevos talentos y el “Rómulo Gallegos”, actualmente la distinción en lengua castellana más notoria (hablo de libros). También hay que confiar en la vieja guardia de nuestras letras, así como en determinados editores cómo Jorge Herralde y en algunos lectores que aún resisten a la propaganda y el marketing de los best- sellers y saben buscar en los rinconcitos de las librerías aquellos títulos emblemáticos- de “Madame Bovary” a “Las novelas ejemplares” de Cervantes, pasando por “La Odisea” o la poesía de Alberti. No tengo ninguna duda de que el talento se acabará imponiendo y los nuevos valores abriran nuevos caminos, no sin poco sufrimiento. El tiempo, cómo la literatura, acabará poniendo a cada uno en su sitio.
La isla del tesoro

En una carta de 1880, Robert Louis Stevenson escribía a John Meiklejohn: “Queremos incidentes, interés, acción: al diablo con tu filosofía”. Esta declaración de principios nos sirve para introducirnos en la obra de uno de lo más grandes narradores de aventuras de todos los tiempos, del “Tusitala”, el contador de historias, cómo le apodaron sus vecinos Samoanos.
“El almirante Benbow”, una pequeña posada, recibe la visita de un extraño y sombrío personaje, Billy Bones, un pirata que ha robado el mapa del tesoro. Con la llegada de un ciego, de nombre Pew, antiguo compañero de Billy, comenzarán los problemas. Jim Hawkins, un joven que ayuda en la posada a su madre y a su padre enfermo encontrará el mapa del tesoro, y será entonces cuando comience la aventura que le llevará, a bordo de “La Hispaniola”, hasta la famosa isla. Será allí dónde se desate la lucha entre los partidarios del capitán Smollet y los que apoyan al pérfido John Silver.
La estructura de la novela está dividida en cinco partes que albergan distinto número de capítulos, narrados por parte del joven, si bien en tres de ellos se desdobla la narración del doctor Livesey. Es admirable, muy al estilo de los folletines de la época, la manera en que el autor acaba gran parte de los capítulos, con las espadas en todo lo alto; demostrando un tempo y un dominio de la intriga y el suspense elevado a las más altas cotas. Son estos elementos comunes en las buenas novelas de aventuras; se trata de mantener en un estado de constante inquietud al lector que le obligue a leer el siguiente capítulo, llegando a convertirse en una auténtica adicción. Un buen ejemplo de esto es la llegada al refugio de Jim. El lugar está a oscuras. El joven enciende una antorcha y encuentra allí a todos los piratas. Fin del capítulo. ¿Alguien, por mucho que le pese el cansancio o el sueño, puede dejar de leer en este punto?
Para mi el gran hallazgo de la novela está en los personajes. De un lado Jim Hawkins, El capitán Smollet, el doctor Livesey, el squire Trelowney y sus criados, Abraham Gray y uno de mis favoritos: Ben Gunn, el pirata abandonado en la isla. Del otro John Silver y todos sus secuaces, algunos de ellos antiguos tripulantes del capitán Flint. Tenemos aquí, de nuevo, la lucha entre el bien y el mal, pero con matices. Cierto es que podemos hacer esta división, pero no es menos cierto que hay algunos personajes del bando de Hawkins con algunos rasgos negativos. Es la avaricia por hacerse ricos de Livesey y Trelowney las que hacen arrancar la búsqueda. El abandono en la isla de tres piratas al final de la novela y sobre todo la conversación de Livesey con el joven en la que le invita a faltar a su palabra y huir con él nos habla de la dualidad de los personajes de Stevenson, muy patentes en esa otra maravilla que es “El doctor Jekyl y Míster Hyde”. Quizá el único personaje que alberga en su inocente corazón una bondad absoluta es Jim Hawkins, al menos en un principio ya que la novela no deja de ser un viaje iniciativo en busca de la madurez y todo lo que ello implica.
John Silver, “el largo” es el gran personaje de la novela y una de las figuras más reconocibles de la literatura universal. Cojo de una pierna y con su pequeño loro verde en el hombre se destapa cómo el verdadero motor que hace funcionar el libro. Pondremos aquí un pequeño pasaje de una novela del autor llamada “Los personajes de la fábula”. Habla John dirigiéndose a Smollet:
“Si hay un autor, yo soy su personaje preferido. Es mucho más generoso conmigo que con usted, y se sintió satisfecho al crearme. Siempre me deja en cubierta, con la muleta y todo, mientras que a usted le confina en la bodega»
Es impresionante la forma en que está construido el personaje. Desde su aparición, por primera vez sugerida en el relato de Bristol, consigue captar toda la atención del lector. O mejor dicho lo hace el autor a través de Billy Bones al avisarnos de que no nos fiemos del marinero de la pata de palo en las primeras hojas del libro. Maestro del engaño y la doblez se revela cómo un embaucador capaz de engatusar con sus palabras tanto a las gentes de mal vivir cómo a sus adversarios. Pese a la maldad que destila Silver y el daño que causa a los protagonistas, el final que le reserva Stevenson no podía ser otro. Es tanta la fascinación que se siente por él que otro final no era posible, el lector nunca se lo habría perdonado. Peor suerte corren el resto de personajes negativos, desde Pew a los piratas abandonados, todos rinden cuentas con el destino en una lectura muy moralista dónde el que está fuera de la ley acaba pagándolo.
Aparte de estos personajes hay otros dos que no son de carne y hueso. Me refiero a “La Hispaniola” y a la isla en sí. Stevenson recrea hasta el último detalle el barco y la isla, desde el más pequeño cabo hasta los árboles y las tres grandes colinas que presiden ese pedazo de tierra que el autor no quiso ubicar en ningún lugar real. Es habitual encontrar en las diferentes ediciones un mapa con la situación del tesoro y las partes detalladas del barco. Hay que avisar al léctor que trate de hacerse con una edición nueva que contenga muchas anotaciones a pie de página pues el lenguaje no es sencillo, en ocasiones muy técnico, y sin estas notas no logra sacársele todo el juego a este maravilloso libro.
Se pueden hacer muchas lecturas de la novela, y todas ellas, y algunas más que se me escapan caben en ella. No me parece acertado decir que estamos ante una novela para jóvenes, creo que estamos ante una novela capital para todas las edades. Sávater sostiene que el gran tema es el de la orfandad y la relación paterno-filial de Silver y Hawkins, que tras la pérdida de su padre en los primeros capítulos parece sustituirle por la del pirata, al menos hasta que oye la conversación en el barril de manzanas… otra lectura obvia es la del viaje iniciático, ya comentado, que hace el pequeño. La huída de una realidad anodina para emprender un viaje que se sale de lo común, una aventura fantástica que todos hemos deseado vivir. Stevenson tiene una visión algo pesimista de la vida, aunque a veces la contrapone con otra más positiva, cosa que queda patente en la conversación entre Jim e Israel Hands, un pirata desengañado de la vida y perseguido por su mala suerte.
Sea cómo fuere, cada uno tendrá la suya. Lo que es innegable es que estamos ante una de las cimas de la literatura de todos los tiempos. Un mapa del tesoro, unos piratas sin escrúpulos, un viaje a bordo de un barco de leyenda, un joven para hacer frente a un montón de peligros y adversidades y John Silver, sobre todo John Silver. ¡Ah¡ y esa vieja tonada marinera…
¡Quince hombres en el cofre del muerto,
Yo-jo-jó y una botella de ron¡
¡La bebida y el diablo acabaron con el resto,
Yo-jo-jó y una botella de ron¡
Llegada a Port Royale

El restallar del látigo era el único sonido que se oía en cubierta. Mis ojos trataban de alejarse de la espalda encentada de James el tuerto, que atado al palo del trinquete, aguantaba, sin soltar un solo quejido, el último de los treinta y nueve latigazos que marcaban las leyes del capitán Phillips, las nueve normas por las que se regían todos los barcos piratas de la zona; también el nuestro: “El vuelo del Fénix”, una goleta de tres palos y cuarenta metros de eslora que más que surcar las aguas, parecía acariciar las olas.
Tom, un marinero curtido en mil batallas, bajito y de aspecto fornido, fue el primero en desatar a James y ofrecerle un trago de ron. El resto de la tripulación estalló en un clamor, incluido el capitán Kirk, que desde la escota había contemplado toda la escena. Entonces habló:
- ¡Ron para todos¡- dijo con su voz ronca.
Y entonces la tripulación saltó y vitoreó al capitán Kirk, olvidando así cincuenta días en compañía del azul del mar inmenso. Atrás habían quedado dos intentos fallidos de motín que acabaron con la temida “mota negra” convertida en papel mojado, en parte por el feliz hallazgo de una pequeña fragata de comerciantes españoles que contribuyeron a llenar las bodegas de “El vuelo del Fénix” de mercancías que supondrían una buena cantidad de “Piezas de a ocho”. No obstante, la batalla había sido dura. Los cañones del barco español habían dañado nuestro mastelero y la gavia, aunque no tendríamos problemas para llegar a tierra. Peor aún había sido la pérdida de dos de nuestros mejores hombres. Jack, nuestro contramaestre, había caído bajo el fuego enemigo, mientras que Suso, que apenas era un chaval dejó su vida en el abordaje, atravesado por el acero de uno de esos perros españoles al que más tarde dimos su merecido tirandolo por la borda para deleite de los tiburones, que habían acudido prestos al olor de la sangre. Otros resultaron heridos, aunque es harto probable que algunos se causaran las heridas ellos mismos, para recibir la recompensa de cuatrocientas “piezas de a ocho”.
Tras el abordaje, tres días de ron y fiesta desembocaron en la pelea entre Tom y James el tuerto. Los hechos ocurrieron así: Estaba Tom entonando una vieja canción en honor de los caídos cuando James le interrumpió con aquellos versos míticos:
¡ Quince hombres en el cofre del muerto,
Yo-jo-jó, y una botella de ron¡
No es que James fuese un mal tipo, lo que realmente pasaba es que no toleraba bien la bebida. Tom, ante semejante falta de respeto, no pudo por menos que sacar su espada y ponerla en el cuello del tuerto, el cuál, en un rápido giro consiguió desarmar a su adversario y someterlo bajo sus pies. La pelea acabó con la entrada del capitán Kirk, que una vez supo la verdad del asunto no pudo por menos, tan estricto como era, que aplicar su merecido castigo a James.
Ver sobre cubierta a aquellos dos tipos abrazados daba fe de la buena convivencia, raro entre piratas, que nos había acompañado en nuestra travesía. Fue entonces cuando Terry, que estaba subido en lo más alto del palo mayor avistó tierra. Estábamos apunto de llegar a Port Royale. Todos acudimos presurosos a la proa del barco, y en efecto, las altas torres de la bahía de Kingston se asomaban en la línea del horizonte. Embelesados asistimos a la llegada al puerto dónde estaban atracados los más famosos barcos de todo el caribe: “La hispaniola”, “La perla negra” de Jack Sparrow y el más temido de todos: “Walrus” del Capitán Flint. También estaba en su barco Edward Teach, conocido como Barba Negra, que saludó desde cubierta al capitán Kirk, el cuál correspondió quitándose el sombrero.
- ¡Parece que hay una convención de piratas¡- gritó alguien.
- Desplegad la Jolly Rogers- ordenó el capitán- ¡que todos se enteren que “El vuelo del Fénix ha llegado¡
La dársena de las ejecuciones estaba vacía y en el puerto sólo unos pocos rufianes paseaban en busca de trabajo. Todos ayudamos a bajar el cargamento del barco y fue en el justo momento en que hubimos descargado la última carga cuando el suelo empezó a temblar bajo nuestros pies. Aquella mañana del 7 de Junio de 1692 murieron más de tres mil personas en Port Royale, no faltó quien dijo que con una especie de justicia divina, pues la mayoria de navegantes que atracaban en Port Royale eran piratas, bucaneros, corsarios o filibusteros; gente de mal vivir y peor navegar en definitiva.
Tardamos en reconstruir “El vuelo del Fénix”, que hacía honor a su nombre, cerca de dos meses y empleamos casi todo el valor de lo conseguido, al menos la parte que no gastamos en fulanas y ron. El día que abandonamos el lugar juramos no volver allí jamás, cosa que no cumplimos, pues Port Royale era en definitiva la patria de todos y el único lugar al que un pirata podía volver cómo el que vuelve a su hogar.
Piratas de cine...y literatura

Mucho antes de que el cine naciera los autores de la literatura clásica ya habían dado cabida en sus obras a los Piratas. Empezando por Cervantes en su Quijote, dónde el caballero y su fiel escudero nos relatarían el cautiverio de un preso por los piratas turcos en la primera parte hasta la captura de un bajel berberisco en la segunda. Fue El manco de Lepanto un conocedor de primera mano de las fechorías cómo así nos lo relata en la obra de teatro “Los baños de Argel”, también con el romanticismo los poetas dedicaron sus versos a estos personajes, desde Lord Byron a Espronceda con sus cien cañones por banda…fue la literatura finisecular y de principios del XX la que mayores frutos dio al género. Salgari nos llevó de la mano de Sandokan y otros corsarios hasta parajes inhóspitos. Será Julio Verne uno de los autores más fecundos, “Un capitán de quince años”, “Los hijos del Capitán Grant” y el sucesor del personaje de Salgari: El capitán Nemo, que a bordo del Nautilus nos llevará a recorrer “La isla misteriosa” y “Veinte mil leguas en viaje submarino”. La soledad de una isla desierta nos la descubrirán novelas cómo “El señor de las moscas” de William Holding” o “Los robinsones Suizos”, aunque en este aspecto ninguna destacará cómo “Robison Crusoe” de Daniel Dafoe. En una relación más amplia con el mar caben destacar obras maestras cómo “Lord Jim” de Joseph Conrad, “La expedición del pirata” de Jack London o la celebérrima “Moby Dick”, una de las obras capitales de la literatura Universal del controvertido Melville. También en España se ha escrito sobre el tema, cómo la muy estimable novela de Vazquez Figueroa “Piratas” o las pésimas “La carta esférica” o “Cabo Trafalgar” de mi odiado Pérez Reverte…en cualquier caso hay que decir que estamos ante un tipo de historias que parecen estar en vías de extinción, los ideales de libertad, la gallardía y el valor al servicio del honor, la ensoñación de este tipo de historias, en muchos caso políticamente incorrectas, parecen no tener cabida en un mercado atiborrado de Best- sellers vacíos en forma y contenido.
Las aventuras de piratas siempre se han prestado bien a la hora de ser llevadas al cine. Ver cómo el agua golpea a Tajamar mientras una voz llega desde lo más alto anunciando una tierra perseguida durante meses o asistir a un abordaje, con toda su virulencia, es puro cine visual. Pocas emociones pueden equipararse al atraque de un barco en Port Royale o en Isla tortuga o a un duelo de espadas en la cubierta de un bajel pirata.
Motines a bordo, búsquedas de tesoros; la aventura en definitiva siempre ha interesado al mundo del celuloide, y casi siempre con buenos resultados. El motín más novelado de la historia, el del Bounty, dio pie a dos películas: “Rebelión a bordo” y su remake fueron grandes historias, dónde siempre había una mujer a la que consagrar las conquistas y un héroe, cómo Marlon Brandon, que todos deseábamos ser. Siempre hubo grandes nombres en la literatura que fueron trasladados con mayor o menos fortuna, y también fueron interpretados por grandes figuras de la época. “Los bucaneros” por Anthony Quinn, “El capitán Kidd” por Charles Laughton, “El temible burlón” con Burt Lancaster o un Clark Gable fuera de sitio en “Mares de la China”. Mención aparte merece Errolt Flint, para mí, el arquetipo en esta clase de personajes, inolvidables sus actuaciones en “La isla de los corsarios” o “El capitán Blood”. Mención aparte merece la versión de “Moby dick” que realizó el siempre genial John Huston, una lástima que Gregory Peck no terminase de encajar en su papel, el que sin duda hubiera bordado el aquí secundario Welles.
En un pasado reciente hay que destacar la muy correcta, aunque algo fría y plomiza, “Master and comander” y la serie de piratas del caribe, especialmente la primera, ya que la segunda redunda en el efectismo y el freakismo de su antecesora.
Hemos dejado, a propósito, fuera de esta pequeña revisión al género el paradigma de la novela de aventuras, y sus versiones, más bien fallidas, cinematográficas; me refiero, cómo es natural a esa obra maestra llamada “La isla del tesoro”, de Robert Louis Stevenson. Para esto tendrán que esperar unos días.
Aquí les dejo un pequeño trailer de la tercera entrega de los piratas del caribe, esperemos que vuelvan al camino marcado por la primera. Y también espero me perdonen las posibles omisiones que haya cometido en el artículos, pero es que son tantas y tantas las obras sobre el mar y los piratas…
"HABLO CON EL MAR"
Sentado en estas rocas, mar, te escucho.
No entiendo tus palabras pero adivino a ciegas
que algo quieres decirme mas no puedes llevarme
adonde yo quisiera, ¡oh inmensidad sin centro!
No te entiendo, madre-muerte, madre-amante, madre-amor,
¿O eres tú la que no entiende mi modo humano de hablar?
¿Hasta cuando tengo que seguir esperando
mi retorno a tu origen, madre natal?
Gabriel Celaya
La semana pirata

Aprovechando el maravilloso blog de cine de ABC, dirigido y gestionado por Oti Rodríguez Marchante, que tiene por nombre "Una de piratas", vamos a dedicar esta semana que empieza a la mar y a los piratas. Para ello haremos un recorrido a través de los años destacando las mejores películas que han abordado, con mayor o menor fortuna, este género. Continuaremos con un relato a bordo de un barco pirata y terminaremos rindiendo un merecido homenaje al paradigma de los libros de aventura, "La isla del tesoro". Comenzamos pues con el parche en el ojo y la espada en la mano al grito de ... ¡Al abordaje¡
Mi lista
He aquí mi lista de imprescindibles, esas películas que he visto hasta la fecha y que para mí todo buen aficionado al cine debería de ver en algún momento de su vida, bien sea por su aportación a la historia del cine o bien sea por mis gustos personales a la hora de disfritarlas. Se ha tratado de no repetir en exceso los autores en una misma década, de ahí que pueda haber ausencias destacables. Así mismo no he tratado de extenderme en demasía en las décadas más interesantes, las que irían entre el 40 y el 70. De todas formas esta lista se irá incrementando a medida que vaya viendo más titulos, pero a pesar de la imperfección, ahí va:

1920-1930: 1: El acorazdo Potemkim- Eisestein 2: Amanecer- Murnau 3- Metrópolis- Fritz Lang. Mención especial para: El maquinista de la general- Búster Keaton y La quimera del oro- Chaplin.

1930- 1940: 1: Luces de la ciudad- Chaplin 2: M, el vampiro de Dusseldorf- Fritz Lang 3: La gran ilusión- Renoir. Mención especial para: Las reglas del juego, Historia del último crisantemo, Tiempos modernos, La fiera de mi niña y La diligencia.

1940-1950: 1: El crepúsculo de los Dioses- Wilder 2- Casablanca- Curtiz 3-Ciudadano Kane- Welles. Mención especial para: Perdición, ¡Que bello es vivir¡, Ser o no ser, Los olvidados, El tercer hombre, Los mejores años de nuestra vida, Carta a una desconocida, El sueño eterno, ser o no ser, El ladrón de bicicletas, Rashomon y Roma ciudad abierta.

1950-1960: 1: Cuentos de la luna pálida de Agosto- Mizoguchi 2: El apartamento- Wilder 3: El séptimo sello- Bergman. Mención especial para : Los siete samuráis, Con la muerte en los talones, Con faldas y a lo loco, Psicosis, Los 400 golpes, Centauros del desierto, Vértigo, Con faldas y a lo loco, La trilogía de Apu, Ikiru, Al final de la escapada, La noche del cazador, The Orden, Sed de mal, Cuentos de Tokio, La Strada y Testigo de cargo.

1960- 1970: 1 El hombre que mató a Liberty Valance- Ford 2. Persona- Bergman 3- El Verdugo- Berlanga. Mención especial para: Matar a un ruiseñor, Grupo salvaje, Fellini ocho y medio, El buscavidas, Viridiana, Espartaco, Lawrence de Arabia, El mercenario y El ángel exterminador.

1970- 1980: 1: El padrino I Y II- Coppola 2: Dersú Uzala- Kurosawa 3- Taxi driver- Scorsese. Mención especial: Amarcord, Toro salvaje, Manhattan, El hombre elefante, La naranja mecánica, El espejo, Star wars, El cazador, Barry Lindon, El espíritu de la colmena, La noche americana, Chinatown y el golpe.

1980-1990: 1: Erase una vez en América- Leone 2: Uno de los nuestros- Scorsese 3- Ran- Kurosawa. Mención especial para: Blade Runner, Cinema Paradiso, Delitos y faltas, El precio del poder, Terciopelo azul, El resplandor y Los santos inocentes.

1990- 2000: 1:Pulp Fiction- Tarantino 2: Sin perdón- Eastwood 3: Vivir- Zhang Yimou. Mención especial para: Reservoir Dogs, Carretera perdida, La lista de Schindler, El silencio de los corderos, Trainspotting, Misterioso asesinato en Manhattan y Léolo.

2000- 2007: 1: Million dollar baby- Eastwood 2: Ciudad de Dios- Meirelles 3: In the mood for love- Wong Kar Wai.Mención especial para: 2046, Amores perros, Cartas desde Iwo Jima, Match point, Mulholland drive, Hierro 3 y el señor de los anillos

1920-1930: 1: El acorazdo Potemkim- Eisestein 2: Amanecer- Murnau 3- Metrópolis- Fritz Lang. Mención especial para: El maquinista de la general- Búster Keaton y La quimera del oro- Chaplin.

1930- 1940: 1: Luces de la ciudad- Chaplin 2: M, el vampiro de Dusseldorf- Fritz Lang 3: La gran ilusión- Renoir. Mención especial para: Las reglas del juego, Historia del último crisantemo, Tiempos modernos, La fiera de mi niña y La diligencia.

1940-1950: 1: El crepúsculo de los Dioses- Wilder 2- Casablanca- Curtiz 3-Ciudadano Kane- Welles. Mención especial para: Perdición, ¡Que bello es vivir¡, Ser o no ser, Los olvidados, El tercer hombre, Los mejores años de nuestra vida, Carta a una desconocida, El sueño eterno, ser o no ser, El ladrón de bicicletas, Rashomon y Roma ciudad abierta.

1950-1960: 1: Cuentos de la luna pálida de Agosto- Mizoguchi 2: El apartamento- Wilder 3: El séptimo sello- Bergman. Mención especial para : Los siete samuráis, Con la muerte en los talones, Con faldas y a lo loco, Psicosis, Los 400 golpes, Centauros del desierto, Vértigo, Con faldas y a lo loco, La trilogía de Apu, Ikiru, Al final de la escapada, La noche del cazador, The Orden, Sed de mal, Cuentos de Tokio, La Strada y Testigo de cargo.

1960- 1970: 1 El hombre que mató a Liberty Valance- Ford 2. Persona- Bergman 3- El Verdugo- Berlanga. Mención especial para: Matar a un ruiseñor, Grupo salvaje, Fellini ocho y medio, El buscavidas, Viridiana, Espartaco, Lawrence de Arabia, El mercenario y El ángel exterminador.

1970- 1980: 1: El padrino I Y II- Coppola 2: Dersú Uzala- Kurosawa 3- Taxi driver- Scorsese. Mención especial: Amarcord, Toro salvaje, Manhattan, El hombre elefante, La naranja mecánica, El espejo, Star wars, El cazador, Barry Lindon, El espíritu de la colmena, La noche americana, Chinatown y el golpe.

1980-1990: 1: Erase una vez en América- Leone 2: Uno de los nuestros- Scorsese 3- Ran- Kurosawa. Mención especial para: Blade Runner, Cinema Paradiso, Delitos y faltas, El precio del poder, Terciopelo azul, El resplandor y Los santos inocentes.

1990- 2000: 1:Pulp Fiction- Tarantino 2: Sin perdón- Eastwood 3: Vivir- Zhang Yimou. Mención especial para: Reservoir Dogs, Carretera perdida, La lista de Schindler, El silencio de los corderos, Trainspotting, Misterioso asesinato en Manhattan y Léolo.

2000- 2007: 1: Million dollar baby- Eastwood 2: Ciudad de Dios- Meirelles 3: In the mood for love- Wong Kar Wai.Mención especial para: 2046, Amores perros, Cartas desde Iwo Jima, Match point, Mulholland drive, Hierro 3 y el señor de los anillos
Sin perdón

En 1992 Clint Eastwood sorprendía al mundo revitalizando un cine que parecía en vías de extinción; un género que agonizaba tras haber vivido épocas memorables; estamos hablando, por supuesto, del western. Bien es cierto que dos años antes Kevin Costner había bailado con sus lobos, y con el sopor del público, pero sería esta obra maestra sin paliativos la que rendiría un memorable homenaje a este tipo de cine.
Un género que había contado con genios de la talla de Ford, Hawks, Mann o el crepuscular Peckinpack. “Centauros del desierto”, “La diligencia”, “El hombre que mató a Liberty balance”, “La muerte tenía un precio”,“Horizontes lejanos”, “Río rojo”, “Sólo ante el peligro”, “Horizontes de grandeza”…son incontables las películas inolvidables que figuran en el Olimpo cinematográfico. Hablar de John Wayne, de Gary Cooper o de “Monument Valley” es hablar de una época dorada del cine, los años del cine clásico en su máximo esplendor. Unos caballos golpeados por unas espuelas huyendo de los indios, el séptimo de caballería con el general Caster a la cabeza, duelos antológicos en pueblos de leyenda, peleas en bares dónde vuelan los bancos y los ligeros de las bailarinas, la figura del reverendo, la del renegado, la del borrachin, el sheriff intentando poner cordura… todo esto es el Oeste y el rubio había crecido y hecho crecer al western. Clint Eastwood siempre será, entre otras cosas, ese pistolero callado, con una pajita en la boca y un poncho ajado, que tapando su rostro con un sombrero no dudará en vender su alma “Por un puñado de dólares” o por la sonrisa de una mujer. Clint fue el estandarte del llamado “spaghetti western”, de la mano de Sergio Leone rodaría “La trilogía del dólar”, una serie de películas que no goza del favor de la crítica pero sí del público. ¿Quién no ha silbado alguna vez la melodía de “La muerte tenía un precio”? o ¿Quién no recuerda ese trepidante duelo de “El bueno, el feo y el malo”?.
Recogiendo el testigo de Peckinpak, que con su “Grupo salvaje” cerró oficialmente el western en una obra que algún día comentaré, Eastwood decidió rendir su particular homenaje a sus maestros: Sergio Leone y Don Siegel, a los que superaría ampliamente. William Munny (Estwood) es un viejo pistolero retirado que cuida en solitario de sus hijos tras la muerte de su mujer. Sólo aspira a cuidar de sus cerdos y recoger la cosecha, hasta que llega un viejo amigo suyo, interpretado de Morgan Freeman, y le convence, para que en compañía de un joven y cegato inexperto, den caza a un par de forajidos que marcaron el rostro de una prostituta. Los problemas comenzaran cuando lleguen a un pueblo regido por la ley de un Sheriff sin escrúpulos, litle Bill (Gene Hackman).
Clint Eastwood es, para mí, el último gran director clásico que nos queda, es impresionante con que calma nos cuenta la historia, con una sobriedad despojada de todo alarde para retratarnos perfectamente la vida que destila ese pueblo. Pero para mí, esta es una película de personajes, dotándolos de una profundidad y una evolución a lo largo del metraje simplemente magistral.
Desde el propio directo a Gene Hackman, que se llevaría el Óscar, bordan los papeles. La profundidad sicológica de estos es impresionante y sus interpretaciones, más cerca del clasicismo que de las técnicas actuales nos hacen recordar que cualquier tiempo pasado sí fue mejor.
Estamos ante un homenaje con muchos tintes irónicos, el propio personaje de Munny no deja de ser una parodia del prototipo de héroe que tantas veces vimos interpretar a él mismo o a John Wayne. Pese a que tratan de dar caza a dos forajidos que han marcado a unas prostitutas, sus métodos no pueden catalogarse de honrados. Son caza recompensas que no dudan en matar a sangre fría, han pasado sus vidas matando a personas y los fantasmas de estos se les aparecen ahora para atormentarles. Tienen remordimientos y saben que están condenados sin remisión. Podían haber elegido otras vidas, pero esa es la que les ha tocado en suerte.
Estamos ante cine con mayúsculas, ganadora de cuatro óscar, entre ellos el mayor galardón, la mejor película de un director que ha hecho joyas de la magnitud de “Bird”, “Million dollar baby”, “Un mundo perfecto” o la reciente “Cartas desde Iwo Jima”. Estamos ante el mayor homenaje que se ha hecho al género tras el punto y final de “Grupo salvaje”. Para este humilde aprendiz de escritor, una de las diez mejores películas de los noventa.
No me resisto a comentar la escena final NO LEAN SI NO LA HAN VISTO...Bill Munny entra en el bar, pregunta ¿Quién es el dueño de esta pocilga? y se convierte en el ángel exterminador...a la salida dos tipos pueden matarle...pero no lo hacen...¿los motivos? un hombre se ha convertido en Dios, pero en un Dios vengativo y lleno de odio.
Aquí les dejo dicha escenita: sin palabras, sin perdón.
Viaje al fin de la noche

Louis Ferdinand Céline es uno de los máximos exponentes de esa raza de escritores que son considerados cómo “malditos”. El joven Céline creció en el París de principios del Siglo XX, tras trabajar cómo empleado de seguros combatió en la Primera Guerra Mundial, cuyas secuelas, en forma de zumbidos en el oído y dolores de cabeza, le acompañarían y atormentarían el resto de su vida. Aunque serían los recuerdos lo que más le marcasen. Tras exiliarse en Camerún, dónde contraería la malaria, sería condenado a muerte en Dinamarca, acusado, ni más ni menos, que de colaboracionismo con los nazis. Escapando de la condena logró instalarse en Alemania, dónde posteriormente pasaría un año en la cárcel. Finalmente, en 1951, volvería a su patria, obteniendo el perdón nacional…pero retrocedamos en el tiempo, concretamente hasta 1932, para asistir al alumbramiento de una de las obras capitales del siglo que se nos escapó: Viaje al fin de la noche.
Ferdinand Bardamu, el protagonista de esta epopeya moderna, es el ejemplo perfecto de antihéroe. Misógino, amoral, machista, ventajista, tramposo, renegado, individualista y por encima de todo con un instinto de supervivencia más allá de toda duda. Tras malear por los bulevares de París, Bardamu, se verá alistado, por una apuesta, en el ejército de su país. Ahí comenzaran las desdichas de este nuevo Quijote al uso. Sus pasos nos llevarán desde las colonias Francesas hasta los Estados Unidos, en busca de su particular “American Dream”, para regresar, ahora cómo doctor, a la Francia eterna, a la Francia de los cuadros de Toulouse Lautrec y los Campos Elíseos.
El libro, cómo se puede adivinar por la biografía del autor, es una plasmación directa de los avatares que sufrió a lo largo de su vida, de los ya vividos y de los que le tocaría vivir.
Elisabeth Craig, amante de Céline, es la musa que recorre la obra, y a la que esta está consagrada. Bailarina y vividora se pueden adivinar su rastro a través de varios personajes femeninos, cómo Molly o la tierna Lola.
Llegados a este punto es de recibo avisar al futuro lector sobre la verdadera naturaleza del libro; una naturaleza trágica y pesimista, con una visión del mundo nihilista y corrompida tanto moral cómo físicamente; un libro duro, durísimo, que no todo el mundo podrá degustar. A través de sus páginas se adivina el mal y la podredumbre de un mundo en descomposición, habitado por una humanidad mezquina y cruel que sólo lucha por sus intereses. Cómo vehículo a esta temática sólo puede ser válido un lenguaje igual de complicado. No es fácil leer las más de quinientas hojas de esta asoladora novela, su estilo, en su época, fue totalmente innovador: una mezcla de literatura automática, muchas veces de difícil traducción por su empeño por plasmar el más directo lenguaje oral. No escatimará Celine en usar palabras malsonantes y expresiones rayanas en lo más soez. Dejaremos aquí un par de fragmentos, el primero una interesante reflexión sobre el nacionalismo:
"Hatajo de granujas, ¡es la guerra! -nos dicen-. Vamos a abordarlos, a esos cabrones de la patria nº2, ¡y les vamos a reventar la sesera! ¡Venga! ¡Venga! ¡A bordo hay todo lo necesario! ¡Todos a coro! Pero antes quiero veros gritar bien: "Viva la patria nº1!"".
Y este otro sobre la naturaleza humana:
"Los hombres se aferran a sus cochinos recuerdos, a todas sus desgracias, y no se les puede sacar de ahí. Con eso ocupan el alma. Se vengan de la injusticia de su presente revolviendo en su interior la mierda del porvenir. Justos y cobardes que son todos, en el fondo. Es su naturaleza."
Supongo que ya se harán una idea de a lo que van a enfrentarse, porque la literatura no siempre ha de ser un vehículo para nuestro disfrute, sino que hay veces en que se ha de sufrir para llegar a ese mismo, o superior, placer (¿será esto el masoquismo?). Atrévanse a leer esta novela clave para entender la literatura de entreguerras, para sentirse deslumbrados ante una de las mayores obras de arte del siglo pasado. Olviden los prejuicios, no sean de esa clase de estupidos que no son capaces de separar el grano de la paja, la obra de la vida del autor. Háganme caso y déjense llevar por este fascinante viaje al fin de la noche, un viaje a las entrañas del alma humano, y así comprenderán la lógica evolución de la literatura francesa y los orígenes de ese otro gran pesimista convencido que es Michel Houellebeq, otro gran autor, pero eso ya es otra historia que quizá otro día contemos.
El juego

A Faulkner, por sus relatos.
Era un hombre honrado. Vivía en Nueva Orleáns, a las orillas del Mississipi, le gustaba el Jazz, era amigo de sus amigos y no tenía más familia que una vieja guitarra a la que hacía llorar cada noche, justo antes de dormir. Trabajaba seis días a la semana en la oficina de correos clasificando cartas, el séptimo jugaba al póquer. Se llamaba Lucius y fue él quien me contó esta historia.
La noche era pegajosa, cómo todas las noches de Nueva Orleáns, el viejo club al que solía acudir Lucius hervía entre las notas de Stevie Ray Vaughan que tocaba Pride and Joy. El humo de los cigarros conferían al lugar una atmósfera cargada en exceso, el salón principal estaba lleno de murmullos y sonrisas, de faldas de largo vuelo y camisas blancas sudadas. El Whisky carraspeaba las gargantas de los hombres y el Dry Martini se derretía entre los dedos de las señoritas y de las que no lo eran ni presumían de serlo. Las aspas del ventilador que colgaban del techo se movían con una exasperante lentitud y el viejo Ringo hacía unos esfuerzos ímprobos por mantenerse en pie mientras el camarero le negaba una última copa.
En la trastienda, una pequeña habitación del piso superior, el ambiente estaba igual de cargado. Las notas de la endiablada guitarra de Stevie eran perfectamente audibles por las cinco personas que se sentaban alrededor de una mesa de tapete verde. Un crupier repartía los naipes de forma metódica. A su derecha el negro Lucius amontonaba las cartas debajo de sus enormes manos, a su lado estaba el reverendo Loid Johnson con su hábito y el crucifijo asomando en su cuello. En el lado izquierdo estaba un forastero que se había unido a la partida a última hora, su sudor hacía denotar que la noche no iba bien para él, y en efecto sus pocas fichas contrastaban con el enorme montón que estaba a su lado. Estas pertenecían a Jack Fournier, una leyenda del póquer; conocido a todo lo largo del Mississipi por su destreza en el juego y por haber hecho fortuna con tan sólo unos cientos de dólares.
Lucius me dijo que la partida transcurría con normalidad, pese a que Fournier dominaba con claridad a los demás, la suerte no había sido del todo esquiva con él. Mientras el reverendo acumulaba unas pocas pérdidas, él aún conservaba, no sin apuros, la cantidad con que había entrado en la mesa. El forastero había corrido peor suerte y había perdido en unas cuantas manos una suma indecente de dinero. Entonces entró él.
Una enorme túnica negra cubría su cuerpo y una capucha tapaba su cara. Sólo sus pálidas manos, blancas como la nieve de invierno, quedaban al descubierto. Arrojó un enorme fajo de billetes grandes sobre el tapete y preguntó si podía entrar en la mesa. El crupier nos lanzó una mirada y todos asentimos. Pronto el forastero se vio fuera del juego y no tardó el reverendo en seguir sus pasos. Entonces llegó mi mano. Jack Fournier no vio mi envite, pero el misterioso visitante puso todo su dinero en centro de la mesa. Yo hice lo propio, pues nunca había visto tantos dólares juntos. No podía perder. Poco a poco, con una premeditada lentitud, todo pose, fui arrojando una a una mis cartas. Un ocho, una reina, otra reina y una tercera más que acompañando a otro ocho hacía un full. Sonreí. Entonces el hombre de la túnica descubrió sus cartas. Póquer de ases. Había perdido todo.
La partida continúo con Jack, que lentamente fue sucumbiendo ante la suerte de su oponente hasta acabar sin nada.
- Se acabó- dijo un Jack herido en su orgullo.
- Aún no- respondió su contrincante.
Jack, confundido, dijo que no le quedaba nada más que jugarse a lo que el hombre de la túnica respondió:
- Aún te queda lo que he venido buscando esta noche, tu alma.
Y entonces descubrió su rostro. Jamás he visto a nadie tan pálido. Sus ojos, encerrados en unos rasgos famélicos, no tenían pupilas y su boca encerraba una sonrisa barroca que portaba todo el miedo y el horror que los siglos habían ido marcando sobre el rostro del mismísimo diablo.
El forastero se levantó sobresaltado, lleno de espanto, y abandonó el lugar con toda la premura que le permitían sus piernas. El reverendo empezó a santiguarse y a pedir perdón al cielo, renegando del vicio del juego y prometiendo no volver a jugar si salía de aquella. Lucius, por su parte, permaneció inmóvil, aterido por el pavor y hundido en su silla observando, no sin cierto morbo, el transcurso de los acontecimientos. El diablo retó a Jack a descubrir una sola carta. Las reglas eran fáciles; ganaría el que sacara la carta más alta. De debajo de su túnica sacó más y más dinero y llenó la mesa de dólares. Una fortuna contra un alma. Jack tragó saliva y dirigió su mirada hacia la enorme cantidad de dinero que, sin duda, llenaría su vida de lujos y placeres. Tal fue su ambición que aceptó, insensato, la apuesta del diablo. Cogió la baraja y empezó a mezclarla y a cortarla una y otra vez, con una rapidez inusitada. Paró y descubrió su carta. Una Jota de corazones. Ofreció el taco al diablo y este, tras cortarla una sola vez desparramó toda la baraja sobre la mesa, quedándose sólo con una; el as de picas, el as negro. No podía ser de otro modo exclamó en un susurro. Volvió a cubrir su rostro y con un gesto, apenas perceptible, indicó a Jack Fournier, ya sin voluntad, que le siguiera. Ambos abandonaron la habitación y el local ante la mirada atónita de Lucius. Nadie volvió a saber nada de Jack, probablemente, aún hoy, siga jugando al póquer en el infierno y apostando, en vano, por la libertad de su alma condenada.
Esta es la historia que me contó Lucius, esta es la historia de Jack Fournier, el insensato que jugó al póquer con el diablo.
Carlos Robledo García. Madrid a 10 de Abril de 2007. Levemente inspirado en un relato del maestro Faulkner.





