Invierno en Madrid

Invierno en Madrid
Por encima de los mil puentes
Del maltrecho Manzanares
Vuelan los pájaros antes
De que el invierno llegue.
Luego los tejados de escarcha
Sobre el cielo de alquitrán
Que oculta el sol ausente
Que no alumbra la ciudad.
El frío recorre las calles
Y una niña se detiene
Frente a esos escaparates
Llenos de sueños y juguetes.
El estanque del Retiro
Se queda huérfano de barcas
Y se llena el rastrillo
De gente, en la Cava Baja.
Se engalana la Gran Vía
Con formas, luces y colores
Que anuncian que la navidad
Llega a todos los rincones.
En Legazpi cantan los niños
Con panderetas Villancicos
Y alegran por igual al rico
Cómo al pobrecito mendigo.
A Madrid llega el invierno,
El otoño queda atrás,
Tras las nieves de Febrero
La Primavera nos atajará.
Muerte de un ciclista

Volvemos al cine patrio cómo el que acaba volviendo al hogar para demostrar que en este país sí que se ha hecho, y aún se hace, aunque menos, buen cine. ¿Neorrealismo italiano? ¿Nouvelle Vague? Aquí tenemos a directores de la talla del recientemente difunto Fernán Gómez, Berlanga,Buñuel o Bardem que nada tienen que envidiar a los Rosselini, Fellini, Truffaut o cualquier otra cinematografía europea. Vamos a tratar de una de las películas que figuran siempre en todas las listas de los mejores títulos del cine español. Me refiero a “Muerte de un ciclista” de Bardem.
Declaraba el director tras ganar el premio internacional en Cannes lo siguiente: “El problema del cine español es que no es ese testigo que nuestro tiempo exige a toda creación humana". Bardem fue aún más lejos en su valoración de tan significativo encuentro cuando declaró que "el cine español es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico".
No se puede explicar mejor. Corría el año 1955 y la censura Franquista no permitía ninguna alegría en una cinematografía dominada por el cine autocomplaciente con el régimen, que servía de propaganda fascista a los intereses bastardos del caudillo. De hecho, “Muerte de un ciclista” fue catalogada cómo “muy peligrosa” y metió mano en el metraje, obligando a un final moralizante que castigaba no el crimen ni la falta de auxilio, sino el adulterio de los personajes. Pese a esto, el tiempo pone a cada uno en su lugar y hoy día podemos disfrutar, por completo, de una de las mejore cintas políticas crítica con la dictadura y la moral burguesa imperante en la época.
La historia arranca con el atropello de un ciclista por parte de una joven burguesa y su amante, un profesor universitario. Desde el primer momento el director nos deja claras sus intenciones: no vemos el cuerpo del muerto agonizante, lo que nos interesa es la huída, sin prestar ayuda al moribundo, de los protagonistas.
Esta trama, aparentemente sencilla, derivará en los conflictos morales de los personajes que interpretan un enorme Alberto Closas y una enigmática Lucía Bosé. Ambos se verán atrapados sin salida, él por sus remordimientos y ella por un crítico de arte que encarna a la perfección Carlos Casaravillas (un malo habitual del cine español). Mientras él trata de redimir sus pecados enredando en la vida de la viuda y tratando de entregarse a la policía, ella encarnará la hipocresía de ese mundo burgués acomodado dispuesto a hacer cualquier cosa por seguir manteniendo su posición.

La carga social a lo largo de todo el metraje es un fiel reflejo de la época dónde se muestra sublimemente ese contraste entre las zonas pobres de Madrid, dónde sobrevive la clase social menos pudiente y esas fiestas con champagne y pianistas que sirven de obras benéficas a favor de los “niños discapacitados, de los niños tontos” que no son otra cosa que una máscara para camuflar la ostentación impúdica de una gente sin alma. ¿No les suena esto al “neorrealismo italiano?
Bardem tira con bala y no sólo desafía a la dictadura con una relación adultera sino que también se atreve a mostrar revueltas estudiantiles y “el enchufismo” de determinados puestos de relevancia social que aún hoy podrían estar vigentes.
Por si todo esto no fuera poco la forma en que está narrada la película nos deja el regusto del mejor cine negro americano, del que el autor se declaró incondicional y que tanto recuerda a otra gran película de la época: "El extraño viaje". Encuadres barrocos, primeros planos agobiantes y cerrados y una tensión que va in crecendo hasta un desenlace final que te deja pegado a la silla. Estamos hablando de cine sin fronteras, de cine con mayúsculas.

Aquí les dejo un par de joyas:
El silencio llena la película, cargada con una atmosfera que por instantes bien podría ser la de "La jungla de asfalto" o la de "Perdición"
¿No les recuerda esto, aunque sea vagamente, a la famosa escena de la muerte y el caballero en la celda de "El séptimo sello?
Las disertaciones de Letboy: Libros

Un año más la pantomima del “Premio Planeta” ha tenido lugar. Nos anuncian varios días antes los finalistas y el rumor de ganadores empieza por ser el principio de la maquinaria de Marketing de la empresa del señor Lara, un hombre inteligente y millonario a partes iguales. Varios son los nombres que han sonado pero finalmente el premio se lo lleva un trotamundos literario llamado Juan José Millás con, al parecer, una novela histórica llamada “El mundo”. El premio de consolación es para “Villa Diamante” de Boris Izaguirre. Sí, han oído bien, el finalista de este año del premio mejor dotado económicamente ha sido un señor que cuenta entre sus logros el haber sido contertulio de un programa “de culto” como “Crónicas marcianas”.
Cómo ya he dicho anteriormente, el señor Lara es un hombre muy inteligente y lleva desde la década de los noventa intentando dotar de cierto prestigio literario al certamen. Vargas Llosa, Cela, Skarmeta o De Prada han pasado a engrosar la lista de honor. Fijémonos, por ejemplo, en la década de los sesenta: Marta Portal, Manuel Ferraz o Luis Romero. ¿No les suenan estos autores? Lo cierto es que a mí tampoco. En estos tipos de concursos, hay una regla no escrita por la que el primer premio se le concede a un autor más o menos consolidado y a otro que suelen ser promesas. ¿Será Boris una de esas promesas? Lo cierto es que no lo se, pero las pocas ganas que tengo de leer cada año a los ganadores este año han pasado a ser menos que cero. En cuánto al señor Millás solamente decir que es un ganador bastante aseado…me explico: Trabaja en la cadena Ser, escribe en “El país” unos artículos bastante buenos, ha ganado premios como “El Nadal” y es, en general, un autor que goza del favor de la crítica y en menor medida del público. “Primavera de luto” y “La soledad era esto” son, para mí, dos de sus mejores novelas. Es un autor comprometido socialmente, con ideas de izquierdas, y preocupado por la introspectiva de sus personajes a los que frecuentemente a través de un suceso cotidiano los transporta al género fantástico sin despeinarse. Lo dicho, un autor muy aseado.
Llevo unos días pensando en la finalidad de los premios literarios. Bien es cierto que algunos como “El Nadal” nos descubren de cuando en cuando a autores muy válidos, pero la inmensa mayoría sólo sirve para fines económicos, en el caso del editor, y promocionales en el caso del escritor. Supongo que la Literatura también sirve como fiel reflejo de la sociedad en qué vivimos; esta mañana fui a la Biblioteca de mi pueblo (Cebreros), una de las mejores de todo Ávila, tanto por instalaciones cómo por número de libros. El caso es que pregunté por una lista de autores que yo creía más o menos conocidos. Me valía casi cualquier libro. Pregunté por Boyle, Roth, Houellebecq, Updike y De Lillo. Nada, la base de datos no encontraba ninguna referencia. ¿Tal vez Kerouac? Tampoco. Entonces pienso que quizás estos autores no sean muy conocidos. Pienso un poco y acuden a mi cabeza dos premios Nóbel: Cohetes y Pamuk. La señorita me sonríe cortésmente y vuelve a teclear en el ordenador. Tras unos segundos me pide perdón al no encontrarlos. Yo también la sonrío y la digo que no se preocupe, que voy a darme un paseo entre las enormes estanterías. Siempre me ha gustado ir a las bibliotecas sin tener decidido el libro que voy a sacar, es cómo si él te eligiera a ti. Paseas entre las baldas, con ese olor inconfundible de los libros ajados por el tiempo…y es entonces, esta mañana, cuando compruebo el horror( cómo el Kurtz de Conrad). Mis ojos ven demonios, o gigantes cual Don Quijote, encarnados en una colección con las obras completas de Barbara Wood. A unos pocos pasos veo otra colección de Christian Jacq sobre egiptología. Mis pulsaciones van en aumento, incluso una gota de sudor se asoma a mi frente. Entonces veo algo indescriptible, más allá de toda crueldad insondable, algo inimaginable incluso para la mente retorcida de Stephen King…ahí están, apilados y amenazantes, cuatro volúmenes cuatro de “El código Da Vinci” de Dan Brown, con sus cubiertas impolutas e impertérritas, y noto (juro que no es cosa de fantasía) cómo escucho las voces de personajes que viven atrapados en sus antiguas ediciones, en libros que resisten como pueden el paso de los años para tal vez caer en el olvido. Sí, escucho a Emma Bovary llorar, a los hermanos Karamazov murmurando, a Ben gun esperando ser rescatado de nuevo, el murmullo de los personajes de la colmena, el ruido del tiempo y la maldición de la familia Buendía, A Santa Teresa Levitando, a la celestina preparando pociones de amor y hasta veo luchar a los Dioses Homéricos. Pero son unas palabras las que me hacen huir despavorido del lugar: “Sancho, con la novela Romántica hemos topado”.





