Las disertaciones de Letboy: el mal

Al hilo de un blog vecino he tenido recientemente un par de conversaciones interesantes con un compañero de trabajo y una amiga( bienvenida al barco de nuevo, Annie). Conjeturaban en el blog vecino sobre el juicio de dos chicos Barceloneses por apalear, quemar y torturar a una pobre mendiga que dormía en un cajero. Siempre que hablamos de "El mal" nos lo imaginamos cómo algo oscuro y sombrío, algo vinculado a una naturaleza esotérica. Mucho tiene que ver en ello la religión. Hemos sido educados de tal modo que identificamos el asunto con el demonio y las fuerzas tenebrosas. Así pues, desde pequeños nos inculcan que está mal hacer esto o áquello, ¿cuántas veces nos han amenazado con ir al infierno?. Defiende Aitor (gran bebedor y mejor contertulio) que el problema va más allá del trasunto religioso, que tienen que ver los condicionantes que rodean al individuo; sus vivencias que le llevan a hacer "el mal". Defiende, siempre afín a la polémica, que para algún asesino matar no es nada malo pues ve su acto cómo algo natural así cómo el que roba lo hace por necesidad. Tiene su teoría ciertas grietas, más allá de las evidencias morales, pues un niño pequeño de tres años reacciona ante un niño de su edad golpeandole cuando le quitan su juguete. ¿Conoce acaso el niño el concepto de la envidia? dudo mucho que la conozca pero sí la siente. Por tanto esos condicionantes sociales y emocionales que vínculamos al individuo son algo innato al ser humano que si bien se desarrollan en mayor o menor medida, nacen con nosotros. ¿Es por tanto "El mal" una característica del individuo? puede que sí. Annie, una chica maravillosa a la que yo no achacaba ni un ápice de maldad, me reconoció ayer de madrugada que hay veces que hace cosas que no son correctas aún a sabiendas de que no lo son. Preguntándole los motivos me confesó que encuentra satisfacción en algunos de estos actos. Esto también me resulta extraño pues, yo, jamás he cometido un acto que mi conciencia juzgase incorrecto. Nos acercamos a la que para mí es la clave del asunto: La conciencia. Tal vez en esos actos deliberadamente erróneos se pueda encontrar satisfacción pues siempre nos atrae lo prohibido. Algunas veces me he sentido tentado de hacer "el mal" pero siempre, en los límites que separan lo correcto de lo incorrecto, me he detenido y pese a que puede que haya salido perjudicado siempre he acabado haciendo lo que mi conciencia me ha dictado. Para mí el objetivo primordial de cada día es aspirar a que un minuto antes de que cierre los ojos para dormir, mientras repaso cómo me ha ido el día, pueda sentir un atisbo de plenitud, de felicidad (¿existe tal cosa?). Habrá quién me diga, Aitor entre ellos, que también los chicos de Barcelona durmieron los siguientes días tranquilos, sin importarles las puñaladas y los gritos de sufrimiento de la pobre mendiga.
Sigo pensando que es demasiado fácil echar la culpa a la sociedad de todos nuestros problemas, quizás haya que buscar más en el interior que en el exterior. Supongo que si cruzamos ciertas líneas nos situamos más cerca de la locura que de la realidad. Miremos desde el punto de vista que miremos lo que hicieron esos chicos es abominable. Ignoro los condicionantes que les empujaron a cometer tal atrocidad, lo único que tengo claro es que su acto es condenable. Quizás esté demasiado influenciado por la doctrina católica pero debemos juzgar "El mal" cómo una tara del individuo que actúa sin importarle las consecuencias de sus actos. Y si el individuo cree que sus actos son legítimos en pos de su código ético, juzguemosle entonces por tener un código ético equivocado. Defandamos los valores más justos, áquellos que se basan en la bondad del ser humano en torno a una conciencia común que nos salvaguarde de nosotros mismos, de esos instintos que desde pequeños anidan en nosotros y que en algunos casos se desarrollan más que en otros, pero que todos sin duda tenemos. Condenemos, por tanto, no los actos sino el alma de cada ser humano. Juzguemos el mal cómo una enfermedad de la conciencia. Aunque de esto último no estoy muy seguro de ser el que está sano o de ser el que porta la enfermedad...
Y la noche se quedó en silencio

Y la noche se quedó en silencio
ante dos siluetas
unidas sin remedio.
Y tu labios en mis labios
en un beso eterno,
y en mi espalda tus manos
arañando el deseo.
Y la noche se quedó en silencio
ante dos siluetas,
que ardían en el fuego
y mi lengua en tu cuello
sembrando pecado;
y tu mirada en mi alma
conquistando mis sueños.
Y la noche se quedó en silencio
ante dos siluetas
que aprovechan el tiempo.
que saben que a cada instante,
le sigue el recuerdo,
que se aman sin concesiones,
sólo les importa el momento.
Y la noche se quedó en silencio
ante dos siluetas
confundidas entre jadeos,
Y en mi pecho
el calor de tu aliento,
mientras tu lengua
me escribe un te quiero....
Recuerdo en clave de A

Recuerdo en clave de A
Y de nuevo el recuerdo
entre las sabanas
arropa mi cuerpo
en esta madrugada.
como la vela de cera
que no se apaga.
Y cuando la lagrima
asoma en mi cara,
solo queda el consuelo
de que has sido mi amada.
La que reía, la que soñaba,
la que todo lo daba
sin pedirme nada.
a la que en la mañana
la luz iluminaba su cara
cuando acariciaba
el valle de tu espalda.
a la que besaba
con todas mis ganas.
entonces nada importaba;
ni los silencios, ni las palabras
sólo tú y yo,
sólo nuestras almas
eternamente entrelazadas.
¡Ay maldita¡ sabíamos
que la vida no acaba
mientras te recuerde
la persona que te ama...
A Noe...maldita, sigue siendo para siempre...
La diligencia

Hace unos días, hablando con un apasionado del Western, salía a relucir "La diligencia", y me decidí a volver a verla de nuevo. Qué maravilla de un género tal vez tenga injustamente olvidado. El viaje desde Nuevo México que emprende Ford es un prodigio en todos los sentidos. Primero por unos personajes inolvidables. Ringo Kidd(John Wayne, rescatado de las películas de serie b) sentando cátedra en el papel de antihéroe con valores tradicionales y sentimientos nobles. John Carradine cómo símbolo del juego y la elegancia. Donald Meek cómo el hombre de negocios que trafica con Whisky aunque bien pudiera traficar con almas. Y qué decir de la prostituta, tal vez la más íntegra de todos, o ese entrañable médico borrachín que se llevó el óscar...todo ello lo entremezcla el guionista Dudley Nichols y nos ofrece una crítica social dónde se trata el eterno problema de clases, el alcohol o la prostitución de un modo nada conservador. "La diligencia" es un western en el que caben muchos más géneros como la comedia o el drama. Inolvidable la escena dónde todos se sienta a comer dejando a un lado a la meretriz y Ringo Kidd va a su lado. No vamos a descubrir a estas alturas a John Ford, basta nombrar "El hombre que mató a Liberty Valance" o "Centauros del desierto" para elevarle a los altares. Aquí se muestra especialmente experimental con los movimientos de cámara dando lecciones de cine que otros cómo Orson Welles llevarían más allá en obras cómo "Ciudadano Kane"( los techos y los interiores). Ford se carga la cámara al hombro en varias escenas y nos monta en "La diligencia" cómo si fueramos un viajero más. El cruce del río o la aparición "antinatural" de Jerónimo y sus apaches serían suficiente para darle un Óscar a cualquiera( no se lo llevó ese año) pero es que además de trabajar los interiores y la luminosidad Ford nos regala unos exteriores de "Monument Valley" que rozan lo onírico. Nadie cómo él ha sabido retratar el polvo en las botas del pistolero, el maquillaje de las mujeres del Far West o el trotar desbocado de los caballos en una persecución trepidante...

John le dijo: "Coge un trozo de papel y apunta las veces que habla Wayne en "La diligencia".
Así lo hizo Parrish y Ford le preguntó:
- ¿Cuántas veces?- 14 diálogos solamente.
- Pues esa es la manera de hacer de un actor un buen actor. No dejarle hablar. Contestó Ford.
Ganó dos Óscars de Hollywood: mejor actor secundario (Thomas Mitchell), y mejor banda sonora.
Más apatía

Aunque me miras
no ves mi alma.
(¿o acaso lo intuyes?)
si te veo con otro
no me importa nada.
si me hablas
no reparo en tus palabras.
cuando me tocas
te siento extraña.
Al pasar a mi lado
te retiro la mirada.
tal vez me confunda
y sonrías sin ganas,
pero es en mi interior
dónde anida la desgana.
Y no me importa
el silencio, la distancia
infinita, que aún estando
a mi lado, nos separa
el tiempo, los demás,
este cielo que no aclara,
la insondable añoranza
del que nunca tuvo nada.
Más apatía.
Apatia

Río sin ganas,
miro a la gente sin
reparar en nada.
camino sin ir
a ningun lado.
me tumbo y
no descanso,
me duermo
pero no sueño.
si fallo otra vez
no lo intento,
si me mientes
yo te creo.
si quieres más
te doy menos,
si buscas palabras,
doy silencio,
para las prisas,
más tiempo.
pienso que es ajeno
lo que es nuestro.
porque aunque te beso
no te siento,
aunque te busco
no te encuentro.
dime ven y
me quedaré quieto.
si quieres calor
sólo soy hielo.
escribo en prosa
cuando busco versos,
cuando escribo
no me leo...
apatia.
La sombra

Y entonces llega la sombra,
justo en el momento
en que una lágrima asoma
lacerando mis sueños.
La noche, la carcoma
que arrasta mis recuerdos.
la melancolia, las horas,
este no tener tu cuerpo,
este pensarte a solas,
a solas con mis sentimientos.
imaginar cómo serían las cosas,
no sentirme cómo me siento.
Y entonces llega la sombra,
y soy un títere del tiempo,
del ayer y no del ahora,
del sinsentido, del tormento.
de no ser esa persona
que da vida tu aliento.
ese al que enamoras
casi sin proponertelo.
y ya soy parte de la sombra,
que me acoge entre miedos
para mostrarme que el que llora
sólo es sonido en el silencio.
Y la inspiración volvió(breve poemario)

I
Te pienso apenas.
Y el silencio es el eco
De tus sonrisas lejanas.
La noche es una sábana
incompleta;
Le faltan los hilos
de tus entrañas.
Y en esta luna muerta,
Ahogada en la madrugada,
Y en esta oscuridad tan llana,
Y en la soledad de mis manos
Que te buscan sin hallar nada,
Me faltas, me faltas...
II
Y entonces me sonríes
y todo me da igual,.
las luces de la ciudad.
la lluvia, las miradas
de la gente que pasa.
Sólo tu cabeza en mi hombro,
en mitad de la nada,
miradas entre los escombros,
vacíos que llenan mi alma.
Y entonces me sonríes,
y todo se me olvida,
la rabia, los desquites,
el olvido, la melancolia.
Y tus ojos, tus labios,
tus manos de seda
que mi piel cincela,
son versos sueltos
de un poema incompleto;
la melodía inconclusa
de unos sentimientos
que a oscuras
busco pero no encuentro.
Y entonces me sonríes...
III
Mis dedos son arañas
Que desvelan tus pudores,
Que arremeten incesantes
Tus nervios dormidos.
De polo a polo,
Con sal y azúcar,
Con valles y cerros
Que rebosan dulzura.
Mi boca es madera
Que crea tus formas,
Que inunda sin tregua tu barro de seda.
De norte a sur,
Con llanto y sonrisas,
Con luces y cuevas
Que van formando la vida.
Cincelando, puliendo el marfil de tus huesos
Hasta que el alma se funda con el mismo cielo.
IV
Rompí las cadenas que ataban
Mis sueños,
Escupí el sabor amargo
De mis recuerdos.
Gracias a ti supe que el tiempo
Era sólo vino que se derrama.
Desde ese momento
Besé con rabia,
Reí en el silencio,
Abandoné camas al llegar el alba,
No suspiré por nadie
Ni por nada.
Hice juegos malabares
Al borde del precipicio.
Y hasta puede que sea verdad
Que recorrí mil caminos
Antes de que mis huellas
Sólo fueran el eco infinito
De tus palabras.
Sí, un día pregunté tu nombre
Y me respondiste libertad
V
Mira a las nubes,
Permanece en silencio
Y dime que cuanto tuve
Sólo fue miedo.
Dime que ese gesto
Que vi en tu cara
No era nuestro,
Que el amor no se acaba.
Dime que cuando
La luz se apague
Podré sentir tus manos
Para así calmarme.
Que me digan tus ojos
Todo cuánto saben,
Que me hable tu corazón
Para que todo acabe.
Dime tú amor,
Que tu corazón aún por mi late





