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El Blog de Letboy
Acerca de
Letboy, otrora conocido como Carlos Robledo, es el encargado y responsable de la página y de todas las opiniones vertidas en ella. Casi economista, escritor a tiempo parcial, lector compulsivo, aprendiz de cineasta, guitarrista sin oído,ajedrecista sin dama, aficionado al fútbol en mis ratos libres y en general interesado en todo aquello que me haga disfrutar.
Sindicación
 
Solo



Siempre quiso viajar solo,
sin compañia ni temores
que hicieran de su camino
un crisol de recuerdos.
Herido en su orgullo
caminó con la frente alta,
miró por encima del hombro
y prestó su voz a la mañana
para que cantase el alba.
Aprendió que sus pasos
eran sólo ceniza
del cigarro que se apaga.
Al llegar la noche
siempre está en tierra extraña.
No añora a nadie
pues atrás no ha dejado nada.
Sólo en los días de tormenta
cuando la lluvia le moja,
Sólo en ese momento recuerda
el tiempo en que era niño.
Lejos quedan esos días
de los que aún guarda
un rinconcito en su memoria...
Ahora viaja solo...





 
Los renglones torcidos de Dios





Alice Gould es ingresada en un maniconio por el intento de envenenamiento de su marido. Ella defiende que es una detective privada que ingresa en el manicomio para investigar, a petición de un cliente, un asesinato. ¿Está realmente loca Alice o por el contrario dice la verdad? he ahí el juego que nos lanza Torcuato Luca de Tena y que nos hará deborar las páginas en busca de una respuesta que quizás no encontremos al final, porque a fin de cuentas ¿quién es capaz de discernir dónde acaba la locura y dónde empieza la cordura?.

Narrada de una manera sublime, dosificando las pistas y los golpes de efecto con maestría Torcuato Luca de Tena nos deleita con una historia que nos atrapará sin remisión. El autor, que ingresó voluntariamente en un siquiátrico durante más de dos semanas nos descubre de forma ejemplar la vida dentro de un sanatorio y nos va descubriendo la vida de los internos y de la gente que trata con ellos, a los que está dedicado el libro. Es imposible no sentirse conmovido ante pacientes cómo la niña pendular, los dos hermanos que no se reconocen entre sí o áquel que teme al agua...para ello no se escatima en tecnicismos y en una crudeza que hace aún más realista el libro. Desde el momento en que Alice es despojada de todas sus pertenencias uno siente una extraña sensación de angustia y desamparo, que parece estar impregnada en cada uno de los rincones del sanatorio



- Hay algo, señora de Almenara, que quisiera advertirle. Apenas cruce esa puerta entrará usted en un mundo que no va a serle grato.
- Si hubiera podido escoger- dijo ella sonriendo- habría reservado plaza en el hotel Don Pepe, de Marbella, y no aquí.
Sin ahcer caso de su sarcasmo, Ruipérez prosiguió:
-No toleramos que unos pacientes hieran, humillen o molesten voluntariamente a los demás. Si un enfermo, por ejemplo, sufre alucinaciones y cree ver al demonio, no toleramos que otro u otros, por mofarse de él, le asusten con muñecos o dibujos alusivos al diablo. Los castigos que imponemos a quienes hacen eso son muy duros.
- Hacen ustedes muy bien.


. Porque pese al humor de ciertas situaciones que rozan lo grotesco,hay un cierto halo de tristeza e incomprensión en cada una de las páginas de la novela del que es muy díficil despegarse aún cuando uno ha terminado el libro. Narrado de forma directa, con multitud de diálogos que dotan de más ritmo a la trama, "Los renglones torcidos de Dios" nos retrotae a las mejores novelas de misterio y pese a lo rebuscado de algunas situaciones (me refiero, por ejemplo, a la historia de los dos Etarras) uno se hace cargo de lo difícil que tiene que ser la vida dentro de un sanatorio, tanto para los pacientes cómo para los que les tratan. Es fácil escuchar los ecos de "La montaña Mágica" o de ciertas novelas más o menos góticas.Pero si hay algo realmente fascinante y cautivador dentro de la novela es su personaje protagonista: Alice Gould. Inteligente, refinada,culta y poseedora de una personalidad arrolladora y carismática a la altura de otros grandes de la literatura Universal (no pondré nombres para que no se me tache de blasfemo). Desde la primera aparición el personaje nos gana para su causa y es ahí cuando el autor juega con nosotros poniendonos en su piel. ¿Está realmente loca?¿lo están los demás personajes?¿o tal vez el lector?. Descubránlos por ustedes mismos, yo nunca podré olvidar a Alice Gould...

-Afirma usted, señora, carecer de motivos para haber intentado envenenar a su marido.
- En efecto. Nadie tiene motivos para destruir un espléndido objeto ornamental. Mi decepción, respecto a la vacuidad de su carácter, no puede obcecarme hasta el punto de negar que su exterior es asombrosamente perfecto. Créame que me siento orgullosa cuando leo en los ojos de otras mujeres un punto de admiración hacia su espléndida belleza. ¡Cierto que experimento la misma vanidad cuando alguien en el hipódromo elogia la armonía de líneas de un caballo preferido de mis cuadras¡¡ Y no se me ocurre por ello matar a mi caballo¡


 
El Farsante (Primera parte)



Conocí a Santos en un bar de la corredera alta que solía frecuentar con los compañeros de facultad. Nos presentó Alberto, que nunca me llegó a explicar como le había conocido ni en que circunstancias. Corrían los primeros años de mi estancia en Madrid (da vértigo pensar en cuánto tiempo hace de áquello) y yo estaba abierto a nuevas amistades. Santos enseguida logró fascinarme. Era díficil no quedarse embaucado ante su retórica y su capacidad intelectual. Recuerdo que ese primer día en el bar de la corredera alta se pasó toda la tarde hablando de los clásicos de la literatura Rusa. Aunque tenía a Tolstoi en muy alta estima y no escatimaba en parabienes hacia su prosa de lija y cemento, cómo así la definía, al que verdaderamente admiraba era a Dostoievski. Le gustaba especialmente "El jugador" y sobre todo "El idiota", en palabras suyas un auténtico tratado sobre el hombre y sus miserias; decía que Dostoievski era un pesimista convencido y El príncipe el personaje más cautivador de la literatura Universal. Cinco días despues, en el mismo bar de la corredera alta, me volví a encontrar con él. Yo estaba sólo, sentado en una mesa, leyendo y tomando un café mientras leía el pasaje en que el príncipe llega en tren a la ciudad que habrá de cambiarle la vida. Pidiendome permiso se sentó a mi lado dedicandome una sonrisa al ver el título del libro que estaba leyendo. Vestía un traje negro de una tela que no estaba al alcance de todos los bolsillos y una corbata fina. Era alto, debía de estar cercano a la treintena y guardaba cierto parecido a los cantantes de los grupos de rock de los ochenta; delgado, con los pomulos hundidos y un peinado descuidado que no se molestaba en ocultar algunas canas sueltas. Sacó del bolsillo interior de su americana una pitillera plateada y me ofreció un cigarrillo que yo, aunque no fumaba, acepté por cortesía. No recuerdo cómo surgió pero áquella tarde fue la primera en que me habló de sus negocios, tal vez fuera por las copas que pronto nos empezamos a tomar mezclando en vaso largo la noche, los hielos y el vodka negro. El caso es que fue en un reservado de una de las discotecas de la Gran Vía cuando me dijo a lo que se dedicaba. Él se definía cómo un vividor que aprovechaba ciertos resquicios legales para engañar a ciertos ejecutivos. No puedo negar que el tema me interesó. Al parecer se trataba de una especie de doble contabilidad mediante la cuál todo el mundo salía ganando, una especie de blanqueo de dinero que conseguían ocultar en una empresa con sede en Las Islas Caimán. Cómo la noche se prolongó hasta el amanecer Santos tuvo la gentileza de invitarme a dormir a su casa, un ático de soltero colindante a la Plaza del Carmen, ya que yo me veía incapaz de encontrar mi casa aunque hubiera estado en la misma Puerta del Sol.

Desperté con la tarde bien entrada. Los rayos de sol que se filtraban a través de los resquicios que dejaban las persianas y que me cegaban la vista y el espantoso dolor de cabeza, fue lo primero que sentí al abrir los ojos. Me revolví en la cama, cómo nos revolvemos en esos días de resaca, y fue entonces cuando noté que no estaba sólo en la cama. A mi lado, para mi sorpresa, se hallaba una chica de larga melena rubia y rasgos eslavos. Traté de recordar qué hacía áquella chica allí, a mi lado, pero todo esfuerzo fue en vano. Mi memoria sólo alcanzaba a recordar hasta el momento de la salida de la discoteca, pero nada recordaba del viaje de vuelta ni de mi llegada al ático. ¿Sería posible que la noche no hubiera acabado allí?. He de reconocer que mi autoestima se vio alimentada al ver la belleza de la muchacha. Era perfecta. Su larga melena rubia tapaba parte de sus pequeños senos. Su perfilada cara parecía esculpida por un escultor griego, su nariz era una oda a la perfección y la armonía de sus labios...algo había en sus labios que llamó mi atención. Un hilillo de sangre se escapaba por su comisura, cuyo rojo intenso contrastaba con la palidez de su piel. Me asusté. Con mis manos temblorosas traté de despertarla, primero de un modo delicado y luego de un modo más firme. La respuesta fue la misma: ninguna. Me levanté de la cama sobresaltado. Mi cuerpo desnudo me hizo sentirme rídiculo. Me volví a acercar a ella y puse mi mano en su pecho, muy cerca de su pezón sonrosado. Su corazón no latía.
Salí de la habitación en busca de Santos. Le busqué en la cocina, en la otra habitación, el salón y el cuarto de baño pero no encontré ni rastro de él. Me senté en el sofá, encendí un cigarrillo y traté de pensar...
"Estaba en casa de un hombre al que apenas conocía con una muerta en la cama dónde había dormido y no recordaba nada de lo que había sucedido". Estaba jodido, muy jodido.

Entonces reparé en una hoja que estaba escrita sobre la mesa. Era una letra sinuosa y elegante, de trazo fino, cómo si la punta de la pluma apenas hubiera rozado el papel. En el encabezado ponía mi nombre...

"Estaba subyugado por el encanto de las buenas maneras, por aquella aparente sencillez y aquella extrema franqueza. No se le ocurrió siquiera que tal cordialidad, tan buen humor, tanta nobleza, tanta dignidad personal pudiesen ser un barniz meramente exterior. A despecho de su aspecto imponente, la mayoría de los circunstantes eran personas bastante hueras que en su presunción, ignoraban por ende la superficialidad de casi todas sus cualidades "

"El idiota", Dostoievski.


Continuará...
 
4 de Noviembre


Empiezo a olvidar lo que soy,
lo que hice,
lo que hicimos.
Por lo que fuímos conocidos.
Nuestros besos,
Nuestros despechos,
las cosas que tuvimos
y que ahora pierdo
en los rincones más reconditos
de mi jodida memoria.
Empiezo a olvidar lo que soy,
los momentos contigo,
las noches arropados
bajo las sabanas por el frío,
las sonrisas, las lágrimas,
las largas tardes de domingo.
Y ahora cierrlo los ojos
y tu imagen ya no está conmigo
¿dónde queda la luz de tus ojos,
dónde comienza el olvido?
¿Olvidaré las palabras,
olvidaré el cariño?
He olvidado el cuatro
de noviembre.
Cuando pierda tu recuerdo
me perderé yo contigo...


Para Noe...ya ves que sigo siendo el mismo capullo que se olvida de todo.
 
Camino




En el inseguro azar de la tarde,
en cada secreto oculto
que esconden las esquinas
pasea el caminante sin rumbo.
Aunque muchos le rodean
se sabe sólo
cómo la noche intranquila
ante las miradas de los otros.
ante la indefinible sensación
de pérdida y nostalgia
que lleva por abrigo.
Y el caminante camina
con sus pasos lentos,
pesados cómo el peso
de las horas muertas,
cómo el largo silencio
que no cae en el olvido.
Y no llega el caminante
a ninguna parte
pues en ninguna parte
le esperan.
Sólo camina por las calles,
a solas con sus recuerdos.
Y cuando la lluvia empieza
la noche ya ha caído,
y las luces de la ciudad
iluminan su camino.
cuando se funde con la noche
la madrugada es su destino:
allá dónde va la gente
que se va sin haber venido.


Para Anita, "Annie hall", para que las aguas vuelvan a su cauce y para que olvide todo cuánto hice mal (que no fue poco) y que demonios...por elegir esta canción:








 
Soy



Soy el que muerde las cadenas
que arrastran tus pecados,
el que te ofrece la mano,
el que siempre está a tu lado.
Soy el viento en arrullo
que nubla tus sentidos,
el caminante perdido
que busca lo que no tuvo.
Soy la caricia, el abrazo,
la tempestad sin calma,
la ola que llega a la playa,
la lágrima de tu cara.
Soy la más dulce palabra,
un perdona, un te quiero,
una mirada, un lo siento,
el que quiere aunque no puedo.
Soy la verdad de las mentiras,
el que sueña en la mañana,
el rubor si me miras,
la felicidad si me amas.
Soy todo y soy nada,
el vacío de los momentos,
la sombra que se alarga.
la distancia y el tiempo.
Soy el frío de la madrugada,
la mano que te arropa,
el que no siente nada.
Soy un farsante...