La Letra Escarlata
No tengo tiempo para escribir poco
Sindicación
 
Tras la puerta entornada
Bienaventuradas las personas que inventaron la pluma, la tinta y el papel. (Isabel Burton)

En este mismo día, 30 de octubre, pero de 1811, la escritora británica Jane Austen, publicaba su primera obra: Sentido y Sensibilidad (Sense and Sensibility), inaugurando de este modo la novela moderna.
No sé dónde leí que Austen escribía en su habitación. Colocaba un objeto junto a la puerta entornada para que ésta chocase con él en caso de que alguien entrase. De ese modo Jane podía esconder la pluma y el papel y disimular que estaba haciendo cualquier otra cosa más propia de una dama. Lo que probablemente no podría de ocultar eran sus manos manchadas de tinta, que más de una riña le ocasionarían.
Una vez Jane le dijo a su hermana Cassandra: "soy una bestia salvaje, no lo puedo evitar".
Habrá gente que diga que las novelas de Austen son algo inocentes, plagadas de bobas historias de amor y dedicadas a la "gentry", las clases privilegiadas de la Inglaterra de su época. Ah, pero eso es quedarse tan en la superficie... Jane Austen inventó la novela tal y como la conocemos ahora. Sus diálogos brillantes han encontrado escasa rivalidad. Su sátira mordaz e inteligente de la superficialidad de la gente rica oculta un sentido crítico que sólo se revela ante quien lee ahondando en sus palabras. Fue, además, una gran tituladora, llenando las portadas de sus libros de divertidas aliteraciones y de dobles sentidos.
Somos hijas de Jane Austen.
 
Ana
No te puedes quedar con todas las conchas bonitas de la playa. (Anne Morrow Lindberg)

Hay cierto futuro por ahí rondando que está hecho de las cosas que no hemos llegado a vivir juntas. Y eso no es malo, eso es la vida. La misma vida que nos regaló un pasado que sí que compartimos y por el que brindo con vino muy rojo en esta noche de domingo. Brindo contigo, mi querida Ana, estés donde estés en estos momentos, quizá a unas cuantas paradas de metro, quizá viajando por el mundo...
Ana fue mi primer amor verdadero, después de un millón o más de nubes de verano e invierno. Desgarbada y preciosa, sexy y muy lista. Se atrevió con todo. Tuvo la primera palabra y la última, el primer beso y el último. Me enseñó a amar y a amarme, me mostró donde estaba la belleza, que era en un lugar distinto del que decían las revistas. Configuró sin darse cuenta mi manera desde entonces de ver mi cuerpo, de verlo bello y poderoso. Me pintó porque es pintora, y para siempre será mío el orgullo de haber sido su musa.
Con ella supe lo que era sentirse realmente amada, y amar tan fuerte que daba miedo. También, e inevitablemente, aprendí lo que era sufrir, llorar, y dejar en el camino un poquito de inocencia.
Tuve que descifrar el rencor, y dejarlo fluír, dejar que saliese por mi piel durante mucho tiempo. Y ella me concedió ese tiempo, y finalmente pudimos tomar una cerveza sin que ello significase que había peligro de incendio.
Quería rendirle aquí a Ana un pequeño homenaje, porque desde que la conocí no he vuelto a enamorarme así. A veces me pregunto si alguna vez sentiré aquellas cosas de nuevo, y llego a la conclusión de que serán distintas. No por ello mejores ni peores, pero sí distintas, porque aunque fuimos dos mujeres de tomo y lomo juntas, también éramos unas niñas, y creíamos con ardor, fervientemente, a capa y espada, en las cosas en las que ahora simplemente creemos.
Ana, ¿recuerdas todas las cartas, y ese cuaderno que te escribí día a día durante un tiempo? ¿Recuerdas aquello que ponía? Aunque pase mucho tiempo y ya no tengamos contacto, recuerda que siempre siempre te querré.
Pues es verdad. Enamorada de otra, ya en ese futuro que una vez tanto temí, aún te conservo en un lugar especial, y tu nombre siempre será un conjuro de meiga, una risa en la lejanía, un guiño cómplice en un momento difícil, un para la eternidad en el planeta de lo efímero.

 
Por si me lees
Post también titulado...

Esto es amor (4)

Por favor, envíame un milagro para mañana al mediodía. (Beatrice M. Murphy)

Querida:
Si te digo la verdad, desconozco si lees o no esta humilde pero querida bitácora mía. Nunca me lo has dicho, y siempre había creído que no. Pero últimamente me ha dado por pensar... ¿y si...?
Tenía muchas cosas que decirte, y de pronto me he dado cuenta que ninguna era transcendental. Ninguna era te quiero, ninguna era te amo.
Se trataba más bien de cosas como: me he cortado el pelo, me ofrecieron un trabajo de correctora editorial, he empezado el nuevo curso en la universidad y me gusta mucho, aprobaron el anteproyecto para que las lesbianas podamos adoptar y eso me ha puesto muy contenta, tienes que ver Mulholland Drive, hay un libro que me gustaría que leyeses, la planta que me regalaste ha crecido mucho, ya hace frío y el otro día incluso llovió...
En definitiva, que te echo de menos, que me pregunto si tú a mí también, y si es así, que me encantaría que me llamases.
Un abrazo infinito, de tu casa a la mía y más allá.

La chica que un día te arrancó una sonrisa.

 
OTOÑO
La fuerza de lo visible está en lo invisible. (Marianne Moore)

Una estación que posee connotaciones universalmente internalizadas, pese a que no en todas las partes del planeta haga -por ahora, hasta que consigamos cargárnoslo del todo- la misma temperatura. El otoño es policromático como las hojas que caen en la acera. Alguien ha barrido y las ha situado en un montón crujiente. El otoño es romántico porque casi siempre nos hemos ido de algún sitio, o se han marchado, y en alguna parte de esta machacada tierra alguien nos está extrañando. El otoño también significa para muchas personas la vuelta a la cotidianidad, que en un primer momento espanta pero que luego en ocasiones te ordena la cabeza, y comienzas a redescubrir el placer de ciertos ritos: el café mientras escuchas la radio, la lectura del periódico gratuíto mientras caminas por la calle, la tertulia del mediodía fiambrera en mano. El otoño trae el frío, que aquí en Madrid ha llegado de repente, sin avisar, sin darnos tiempo a sacar el abrigo de... ¿dónde guardé el abrigo el año pasado? Y con el frío llegan los coches, porque en esta ciudad hay personas que no saben andar, no quieren aprender a mezclarse con otras, y contaminan las calles con sus prescindibles armatostes. Tardan más que la plebe que va en metro, se enfadan mucho en los atascos. ¿Por qué se enfadan? Suya es la culpa.
Bueno, pues aquí está el otoño, y ayer me sentí muy oreja de Van Gogh (ay, sí, estoy hablando del grupo musical, qué vergüenza) pisando el cemento que conducía a la Puerta del Sol, y que estaba moteado de gotas de lluvia. Porque pensaba en ella, claro, y me decía: joder, ya hace casi un año... ¿Recordará las tardes de invierno por Madrid, las noches enteras sin dormir...?
Y también meditaba sobre las palabras, porque estudio literatura y cuidarlas como l@s veterinari@s cuidan los animales es mi cometido. Y me ponía triste pensando que han conseguido vaciar de significado muchas de ellas.
El domingo la portada del diario El País hablaba de la democracia afgana, que el inefable Bush calificó de "una cosa grandiosa". La foto era para echarse a llorar. Dos filas de personas esperando a votar: una de hombres y otra de mujeres. Porque claro, ¿cómo se van a mezclar? Y las mujeres del "liberado" Afganistán cubiertas de pies a cabeza con las siniestras burkas. Porque claro, ¿cómo van a mostrar el cuerpo? Democracia, sí. Gabby tiene en su blog otro gran ejemplo de cómo las palabras son pervertidas para beneficiar a los de siempre. Se titula "Legal e ilegal". Y después está la violencia doméstica, los daños colaterales, la justicia...
Lo que me da miedo del otoño es que las personas afortunadas por casualidad, porque nacimos donde nacimos igual que podíamos haber nacido en otro sitio, caminamos sobre sangre y casi que nos hemos acostumbrado del todo. Es la sangre de Palestina, de Ciudad Juárez, de Iraq, de las mujeres asesinadas, del hambre, de la sed, de la globalización, de Sudán, de Haití, de la pobreza, de la corrupción, la contaminación...
Es nuestra obligación comprometernos en mejorar el mundo. Cada cual a su manera, y eso quiere decir que no hace falta marcharse a África. "Piensa globalmente, actúa localmente", dice la consigna. Y esto quiere decir que desde nuestros barrios al mundo entero existen muchas posibilidades, y que todo el mundo puede ser Carlinhos Brown o Wangari Maathai sin necesidad de tener todos los medios a su alcance. Cada pequeño gesto diario puede ser un acto de lucha.
Y con este deseo de activismo cotidiano para vosotr@s y para mí, que no nos acomodemos nunca, que no nos dejemos de indignar, que mantengamos los ojos muy abiertos y las manos siempre tendidas, con esto os dejo por hoy. Feliz otoño, feliz vuelta a casa, o feliz viaje a un mundo nuevo.
 
Para Olivia
Ella sabía muy bien lo que quería de la vida: todo. (Dawn Powell)

Olivia es un nombre muy literario, o al menos a mí me sugiere literatura... Como es de suponer, deriva de olivo, la ramita que siempre hemos asociado con la paz.
Mi Olivia lo que se dice pacífica no es. Más bien todo lo contrario. Diría que tumultuosa. Imposible no sentirse siempre un poquito enamorada de ella (ay, querida, sí, te lo confieso) porque es como un fueguito de esos que pululan por La Historia Interminable. En constante movimiento aunque yo con ella me he llegado a pasar horas delante de un botellín de cerveza, haciendo novillos de la facultad en la que ninguna de las dos llegamos a licenciarnos, cómo es la vida. Tiene el pelo largo largo y rizado, y rubio, y se parece a Tori Amos pero es incluso más guapa.
Olivia, siempre que te pienso te veo con esa parka verde que tenías antes. Te quedaba demasiado grande y me daban ganas de abrazarte. Leíamos juntas a Echenique y sobre todo soñábamos. Soñábamos un montón: acerca de lo que íbamos a hacer en el futuro, de las novelas que íbamos a escribir, de cómo nos íbamos a comer el mundo. Y nos reíamos. Tú tienes una risa sutil, una especie de mmmmmm que sólo te sale bien a ti.
El tiempo, o, no sé, las circunstancias de la vida, o no sé qué, da igual, hace que nos disfrutemos con escasa frecuencia. Formas parte de un pasado que cambió mi vida pero también formas parte de un presente en el que siempre estás en mi cabeza. Y pienso: ¿qué hará Olivia? ¿Seguirá fueguito? ¿Será feliz? Siempre en mi cabeza.
Hoy nos hemos encontrado en Callao y qué bonito es que sigamos queriéndonos.
Espero un café de esos eternos contigo. Espero que me cuentes que sigues soñando, devorando novelas e intentando ser feliz.
Te quiero.

Felicidades a Elfriede Jelinek
por ese merecidísimo Premio Nobel de Literatura. Una oportunidad para conocerla mejor, hurgar en sus novelas y desentrañarla, ya que ahora las editoriales pertinentes sacarán sus libros en nuestro idioma.


Este post va dedicado a Elena Piedrafita, una mujer maravillosa que además es una madre preciosa con un niño divino.
 
Ciudadanía de segunda
Hay mucha tiranía disfrazada de protección. (Cristal Eastman)

Hoy voy a hablar de esto.

La institución matrimonial debería ser abolida por los gobiernos. Promueve la desasosegante familia nuclear, que impone cómo debes relacionarte social y sexualmente. La estructura de la familia es al mismo tiempo la estructura económica de una sociedad marcada por las desigualdades y por el miedo a lo diferente. Una familia, a mi parecer, ha de ser la gente con la que decides compartir tu vida, sea una pareja del sexo que sea, amistades, la abuela o un trío. Me viene a la cabeza una maravillosa película holandesa llamada Antonia’s Line que está dirigida por Marleen Gorris y que nos muestra las múltiples formas de ser familia.
La institución matrimonial debería ser abolida o bien tendríamos que distinguir dos palabras: matrimonio para las uniones por la Iglesia y x para las uniones civiles de personas de cualquier sexo, por ejemplo.
Dicho esto, ahora la parte positiva: una no puede evitar sentir cierto orgullo por su Gobierno y por su país cuando estamos a la vanguardia (y mira que odio esta palabra, cuyo origen es militar) del mundo.
Porque como en todo el mundo, las lesbianas y los gays somos ciudadanas y ciudadanos de segunda clase: tenemos los mismos deberes y obligaciones que cualquiera pero no los mismos derechos, véase, casarte con tu pareja con todo lo que ello conlleva: cuestiones económicas y patrimoniales, adopción...
Pero ayer el Consejo de Ministr@s aprobó el anteproyecto de ley que modifica el Código Civil para equiparar nuestros derechos con los de las parejas heterosexuales en estos aspectos. Y es que me parece increíble que tu sexualidad determine de tal modo cómo puedes vivir la vida.
A lo mejor yo nunca me caso, pero la cosa es que ahora puedo elegir entre casarme o no. Antes ya sabía lo que me tocaba.
Imaginemos que mi novia Fulanita y yo queremos adoptar una niña, por ejemplo. Como la ley no permite adopciones a parejas lesbianas, sólo una de nosotras la adopta (ya que cuando personas individuales adoptan no les preguntan con quién se acuestan). Así que legalmente Fulanita es la madre de nuestra hija. Todo va muy bien, pasan los años y de pronto Fulanita tiene un accidente y muere. Y a mí me quitan a la niña que llevo años criando como madre porque legalmente no tengo ningún derecho sobre ella.
Me pongo trágica, pero así son las cosas.
Y a quienes dicen que una niña o un niño con madres lesbianas o padres homosexuales no tiene un desarrollo normal o no es feliz o yo qué sé qué barbaridades, habrá que reiterarles lo que dicen un sinfín de estudios: que la tendencia sexual de las madres o los padres no tiene nada que ver con el bienestar de l@s hij@s. Lo importante es que se les de cariño y todo aquello que una persona necesita para vivir una infancia adecuada.
Y si acaso, la única traba que tienen est@s pequeñ@s no se encuentra en su familia, sino en la sociedad que no la respeta ni acepta. Así que mucha gente que dice preocuparse por estas niñas y niños y que por eso no está de acuerdo con la adopción de lesbianas y gays, no les está protegiendo sino todo lo contrario, amargando la vida.
Ayer brindé con muchas personas, amigas y amigos que nos habíamos despertado por la mañana incrédul@s por el cambio drástico que están experimentando nuestras vidas. Por la libertad, dijimos. Nuestras copas chocaron en medio de la plaza, donde la prensa se hacía eco de nuestro júbilo y alguien había puesto unos altavoces con música. Anoche el vecindario no pidió silencio. Había que gritar, un ratito al menos.

El 28 de septiembre fue el día por la despenalización del aborto en América Latina y el Caribe. Todo mi apoyo a nuestras hermanas de allá.

¿Te aburres? Prueba un divertido juego lésbico de ordenador aquí.