2005
“Solamente” hay una cosa que deseo para este nuevo año, 2005: PAZ.
Os la deseo en vuestro interior y en todo lo que os rodea.
En lo personal y en lo político.
PAZ que abrace las copas de los árboles y se deslice por la hierba, que envuelva los edificios y suavice el rugoso asfalto. Que ilumine los ojos de la gente pequeña, de la gente grande. De las mujeres, de los hombres, de las niñas, de los niños, de aquellas personas que están entre dos tierras, de los animales y de las plantas.
PAZ que llene los estómagos y festeje las diferencias. PAZ que atasque las pistolas y siembre abrazos. PAZ destructora de fronteras y constructora de libertad.
Terminamos el 2004 llenos de lágrimas por la catástrofe que ha acabado con la vida de cientos de miles de personas, pero, ¿será suficiente? Olas gigantes que se han tragado, enfurecidas, tantas costas, tantas vidas. Creo que es un aviso, un aviso de que las cosas no pueden seguir así. Las energías de los elementos se han aunado para rogarnos que nos indignemos del todo, y que esa indignación nos impulse a luchar por la armonía. ¿Será suficiente? ¿O qué tiene que pasar para que nos demos cuenta de que el mundo está estropeado? Sobra enumerar toda la negatividad que asola nuestro planeta, la conocemos, la leemos en la prensa si es lo suficientemente “importante” como para vender ejemplares, la sentimos en forma de un no sé qué indefinible que a veces nos llena de angustia, incluso en forma de un clima cambiante que nos alerta de que algo está fallando en nuestra manera de cuidar los regalos de la naturaleza.
Toda esta desolación puede ser transformada en un enorme YA ESTÁ BIEN que nos impulse, desde nuestras pequeñas posibilidades, a realizar imposibles.
Quiero que este FELIZ AÑO NUEVO que os deseo no suene a vacío, a frase hecha. Quiero que suene a invitación a la acción, a sincero, a lleno de amor. Porque el amor es, en definitiva, lo único que se me ocurre ahora mismo para que otro mundo sea posible.

Mujer del día: Julia "Butterfly" Hill
Os la deseo en vuestro interior y en todo lo que os rodea.
En lo personal y en lo político.
PAZ que abrace las copas de los árboles y se deslice por la hierba, que envuelva los edificios y suavice el rugoso asfalto. Que ilumine los ojos de la gente pequeña, de la gente grande. De las mujeres, de los hombres, de las niñas, de los niños, de aquellas personas que están entre dos tierras, de los animales y de las plantas.
PAZ que llene los estómagos y festeje las diferencias. PAZ que atasque las pistolas y siembre abrazos. PAZ destructora de fronteras y constructora de libertad.
Terminamos el 2004 llenos de lágrimas por la catástrofe que ha acabado con la vida de cientos de miles de personas, pero, ¿será suficiente? Olas gigantes que se han tragado, enfurecidas, tantas costas, tantas vidas. Creo que es un aviso, un aviso de que las cosas no pueden seguir así. Las energías de los elementos se han aunado para rogarnos que nos indignemos del todo, y que esa indignación nos impulse a luchar por la armonía. ¿Será suficiente? ¿O qué tiene que pasar para que nos demos cuenta de que el mundo está estropeado? Sobra enumerar toda la negatividad que asola nuestro planeta, la conocemos, la leemos en la prensa si es lo suficientemente “importante” como para vender ejemplares, la sentimos en forma de un no sé qué indefinible que a veces nos llena de angustia, incluso en forma de un clima cambiante que nos alerta de que algo está fallando en nuestra manera de cuidar los regalos de la naturaleza.
Toda esta desolación puede ser transformada en un enorme YA ESTÁ BIEN que nos impulse, desde nuestras pequeñas posibilidades, a realizar imposibles.
Quiero que este FELIZ AÑO NUEVO que os deseo no suene a vacío, a frase hecha. Quiero que suene a invitación a la acción, a sincero, a lleno de amor. Porque el amor es, en definitiva, lo único que se me ocurre ahora mismo para que otro mundo sea posible.

Mujer del día: Julia "Butterfly" Hill
Obituario
Susan Sontag
(Nueva York, 1933 - 2004)
Hoy estaría en su apartamento neoyorquino llorando el maremoto. O no, probablemente ya habría llegado a Sri Lanka y, remangada, buscaría supervivientes entre el fango salado, escribiría con tinta de sangre, furia y dolor.
Ayer murió Susan Sontag a la edad de 71 años. Superó anteriormente un cáncer de mama, del que nació su libro "La enfermedad y sus metáforas" ("Illness and its metaphors"). La leucemia ha acabado finalmente con una de las voces más críticas de Estados Unidos y del mundo entero. Polémica por sus declaraciones en contra de la política de Bush, especialmente de las medidas tomadas tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y de la guerra de Iraq, Sontag fue además de activista, una excelente escritora -galardonada, entre otros premios, con el Príncipe de Asturias de las Letras en el 2003 junto con Fátima Mernissi-, una importante pensadora, directora de cine y una corresponsal aventurera.
En 1968 fue como periodista a la guerra de Vietnam. Estuvo también en la de los Balcanes.
Sus intereses iban desde el existencialismo francés, pasando por el ballet y la fotografía. Solía decir que una escritora tenía que estar interesada en todo y, utilizar, además, su talento literario para denunciar las grandes injusticias. Ella nunca abandonó la coherencia ni la acción.
En mayo de este año escribió un artículo sobre el abuso en la prisión Abu Ghraib de Bagdad. En él argumentó que las fotografías de las torturas serían la imagen definitiva de la guerra en Iraq.
Siendo ella lesbiana, fue muy celebrado también su ensayo "Notes on Camp" sobre la estética homosexual.
Poco más puedo decir de ella salvo que cuando muere alguien que escribe, mueren sus posibles libros. Pero lo que Susan Sontag ha dejado es un legado muy vivo de palabras y luchas y sólo queda darle las gracias, desde Madrid al Parnaso, por haber hecho de este planeta frecuentemente tan gris, un mundo mejor.

(Nueva York, 1933 - 2004)
Hoy estaría en su apartamento neoyorquino llorando el maremoto. O no, probablemente ya habría llegado a Sri Lanka y, remangada, buscaría supervivientes entre el fango salado, escribiría con tinta de sangre, furia y dolor.
Ayer murió Susan Sontag a la edad de 71 años. Superó anteriormente un cáncer de mama, del que nació su libro "La enfermedad y sus metáforas" ("Illness and its metaphors"). La leucemia ha acabado finalmente con una de las voces más críticas de Estados Unidos y del mundo entero. Polémica por sus declaraciones en contra de la política de Bush, especialmente de las medidas tomadas tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y de la guerra de Iraq, Sontag fue además de activista, una excelente escritora -galardonada, entre otros premios, con el Príncipe de Asturias de las Letras en el 2003 junto con Fátima Mernissi-, una importante pensadora, directora de cine y una corresponsal aventurera.
En 1968 fue como periodista a la guerra de Vietnam. Estuvo también en la de los Balcanes.
Sus intereses iban desde el existencialismo francés, pasando por el ballet y la fotografía. Solía decir que una escritora tenía que estar interesada en todo y, utilizar, además, su talento literario para denunciar las grandes injusticias. Ella nunca abandonó la coherencia ni la acción.
En mayo de este año escribió un artículo sobre el abuso en la prisión Abu Ghraib de Bagdad. En él argumentó que las fotografías de las torturas serían la imagen definitiva de la guerra en Iraq.
Siendo ella lesbiana, fue muy celebrado también su ensayo "Notes on Camp" sobre la estética homosexual.
Poco más puedo decir de ella salvo que cuando muere alguien que escribe, mueren sus posibles libros. Pero lo que Susan Sontag ha dejado es un legado muy vivo de palabras y luchas y sólo queda darle las gracias, desde Madrid al Parnaso, por haber hecho de este planeta frecuentemente tan gris, un mundo mejor.

Esta vez las cruzadas las hacemos nosotr@s
Estuvo mal. Reconozco que fui perversa; pero nunca dije que fuera buena. (Espido Freire)
Que no, que no estoy dispuesta a tolerarlo más. Estoy hasta las narices de la Iglesia Católica. De que curas, obispos y demás calaña puedan salir en los medios de comunicación, tan tranquilos, atentando contra los derechos humanos. ¿Por qué se les da voz, por qué los insultos, las descalificaciones, las puñaladas a la dignidad de las personas, tienen cabida en periódicos y televisión?
Por la parte que me toca como mujer y lesbiana, les digo a estos retrógrados amantes de la discriminación que dedicaré mis energías a pelearles, a ponerles donde les corresponde, calladitos y dando sermones sólo en misa, para quien les quiera oír voluntariamente.
La Iglesia Católica es una institución sexista que promueve la humildad cuando está infestada de dinero, y no sólo de los feligreses, que me parecería muy bien, puesto que cada cual puede utilizar su sueldo como le parezca.
La Iglesia Católica va de que ayuda al Tercer Mundo y, poniendo en un aparte a misioner@s que realmente pasan toda su vida dedicad@s a mejorar las vidas de quienes nada tienen, cumplen un gran papel demonizando el preservativo, que tanto hace contra el mal del SIDA.
La Iglesia Católica quiere imponer su moral de tradición y sentimiento de culpabilidad desde la niñez, exigiendo en un estado laico como éste que se imparta su religión en las escuelas. Ni la suya ni la de nadie. Quien quiera educar a sus hij@s en alguna religión, que les lleve a catequesis o a la sinagoga o a la mezquita o donde sea. Un colegio público no ha de enseñar una religión en concreto, pagada por toda la ciudadanía.
La Iglesia Católica es una constante doble moral que condena el aborto, queriendo legislar también el cuerpo de las mujeres. Que condena la eutanasia, prefiriendo prolongar la agonía de gente que sufre, cuando luego dicen ser todo compasión (un dato: se han gastado 84.141€ en folletos contra la eutanasia).
Y se atreven a insultarnos a nosotras las lesbianas, a los gays, a toda aquella persona que quiere vivir con libertad su sexualidad, sin hacer daño a nadie. Se atreven a decirnos que somos antinaturales, que jamás podríamos educar a una niña o a un niño en condiciones porque crecería con traumas y probablemente saldría homosexual (oh, qué horror), que debemos vivir siempre como ciudadan@s de segunda, sin derecho a casarnos o a llevar una vida digna. De hecho, el 26 de diciembre se reúnen, haciendo alarde de un gran espíritu navideño, para tramar cómo pueden destrozarnos la vida.
Y convocan una manifestación (ya, ellos dicen que no tienen nada que ver. Y una mierda) con el dinero de l@s contribuyentes para gritar sus consignas violentas, homófobas y discriminantes. Y el Papa se atreve a “regañar” a nuestro presidente del Gobierno, elegido democráticamente. ¿Pero quién es ese señor para decirle a alguien cómo tiene que llevar su país? Eso nos corresponde a la ciudadanía del mismo, ¿no?
Que no, que ya está bien, que hay que apostatar, que hay que luchar contra este mal que huele a rancio. Que es un insulto también para las y los creyentes que quieren la paz y la convivencia. Que se acabó.

Noticia de la semana: Revista Femme Fatale
Feminista de la semana: Masuda Jalal
Sugerencia de regalo de Navidad: el calendario contra la anorexia y la bulimia. Precioso.
Que no, que no estoy dispuesta a tolerarlo más. Estoy hasta las narices de la Iglesia Católica. De que curas, obispos y demás calaña puedan salir en los medios de comunicación, tan tranquilos, atentando contra los derechos humanos. ¿Por qué se les da voz, por qué los insultos, las descalificaciones, las puñaladas a la dignidad de las personas, tienen cabida en periódicos y televisión?
Por la parte que me toca como mujer y lesbiana, les digo a estos retrógrados amantes de la discriminación que dedicaré mis energías a pelearles, a ponerles donde les corresponde, calladitos y dando sermones sólo en misa, para quien les quiera oír voluntariamente.
La Iglesia Católica es una institución sexista que promueve la humildad cuando está infestada de dinero, y no sólo de los feligreses, que me parecería muy bien, puesto que cada cual puede utilizar su sueldo como le parezca.
La Iglesia Católica va de que ayuda al Tercer Mundo y, poniendo en un aparte a misioner@s que realmente pasan toda su vida dedicad@s a mejorar las vidas de quienes nada tienen, cumplen un gran papel demonizando el preservativo, que tanto hace contra el mal del SIDA.
La Iglesia Católica quiere imponer su moral de tradición y sentimiento de culpabilidad desde la niñez, exigiendo en un estado laico como éste que se imparta su religión en las escuelas. Ni la suya ni la de nadie. Quien quiera educar a sus hij@s en alguna religión, que les lleve a catequesis o a la sinagoga o a la mezquita o donde sea. Un colegio público no ha de enseñar una religión en concreto, pagada por toda la ciudadanía.
La Iglesia Católica es una constante doble moral que condena el aborto, queriendo legislar también el cuerpo de las mujeres. Que condena la eutanasia, prefiriendo prolongar la agonía de gente que sufre, cuando luego dicen ser todo compasión (un dato: se han gastado 84.141€ en folletos contra la eutanasia).
Y se atreven a insultarnos a nosotras las lesbianas, a los gays, a toda aquella persona que quiere vivir con libertad su sexualidad, sin hacer daño a nadie. Se atreven a decirnos que somos antinaturales, que jamás podríamos educar a una niña o a un niño en condiciones porque crecería con traumas y probablemente saldría homosexual (oh, qué horror), que debemos vivir siempre como ciudadan@s de segunda, sin derecho a casarnos o a llevar una vida digna. De hecho, el 26 de diciembre se reúnen, haciendo alarde de un gran espíritu navideño, para tramar cómo pueden destrozarnos la vida.
Y convocan una manifestación (ya, ellos dicen que no tienen nada que ver. Y una mierda) con el dinero de l@s contribuyentes para gritar sus consignas violentas, homófobas y discriminantes. Y el Papa se atreve a “regañar” a nuestro presidente del Gobierno, elegido democráticamente. ¿Pero quién es ese señor para decirle a alguien cómo tiene que llevar su país? Eso nos corresponde a la ciudadanía del mismo, ¿no?
Que no, que ya está bien, que hay que apostatar, que hay que luchar contra este mal que huele a rancio. Que es un insulto también para las y los creyentes que quieren la paz y la convivencia. Que se acabó.

Noticia de la semana: Revista Femme Fatale
Feminista de la semana: Masuda Jalal
Sugerencia de regalo de Navidad: el calendario contra la anorexia y la bulimia. Precioso.
Tú
La persona valiente no es la que no tiene miedo. (Joanna Baillie)
Sí, tú. Que te escudas o te escudan tras personalidades imponentes pretendiendo que eres una sombra nada más. Pero yo sé, siempre he sabido que tienes una selva apenas pisada por los seres humanos, invadiendo tu interior, corriendo por tus venas y bombeada por tu corazón. Llena de leonas, panteras, hadas que revolotean. Me alegré de poder comunicarte alguna de mis sensaciones en la noche ebria. Quizá nuestro pequeño acercamiento fue provocado por el alcohol, pero te aseguro que mi ron nunca miente. Te prometí que te iba a dedicar mi próximo post y aquí estoy, linda, cumpliendo mi promesa.
Tímida, te llamé. A lo mejor pensaste que fue una osadía por mi parte, puesto que, aunque ya hace años que nos conocemos, nuestros encuentros siempre han sido unas cuantas palabras en los pasillos de la universidad, o esa persona gracias a la cual nos conocemos y que se encargaba de hablar por las dos para romper el hielo y porque siempre tiene cosas interesantes que decir. Espero que me disculpes si hablé más de la cuenta, querida lectora anónima, lo que deseaba decirte es que, en un mundo en el que muchas conversaciones son ruidos innecesarios, tu silencio es tan valiente que te admiro. Eres muy interesante, aunque parece ser que la autoestima te flaquea a veces y piensas que, quién va a querer leerte, quién va a querer oírte. Estoy segura de que mucha gente, pero te voy a dar una respuesta de la que tengo completa certeza: YO.
¿A veces te sientes absurda? Te comprendo perfectamente. Vuélveme a llamar osada, porque tengo la cara dura de hablarte con demasiada intimidad, pero te siento, así, sin que hayamos profundizado demasiadas veces, te siento incomprendida y demasiado sensible para este mundo áspero. Pero nunca absurda.
Y aprovecho el escudo de las palabras sin rostro para decirte que me encantaría un café, y seguir conociéndonos, y seguir disfrutando de tu sonrisa. Y seguir hablando de ese "siempre te falta algo" que me comentaste. Y si nos damos vergüenza, pues nos damos vergüenza, qué demonios. Algún día nos reiremos de esto.
Con todo mi cariño.

Sí, tú. Que te escudas o te escudan tras personalidades imponentes pretendiendo que eres una sombra nada más. Pero yo sé, siempre he sabido que tienes una selva apenas pisada por los seres humanos, invadiendo tu interior, corriendo por tus venas y bombeada por tu corazón. Llena de leonas, panteras, hadas que revolotean. Me alegré de poder comunicarte alguna de mis sensaciones en la noche ebria. Quizá nuestro pequeño acercamiento fue provocado por el alcohol, pero te aseguro que mi ron nunca miente. Te prometí que te iba a dedicar mi próximo post y aquí estoy, linda, cumpliendo mi promesa.
Tímida, te llamé. A lo mejor pensaste que fue una osadía por mi parte, puesto que, aunque ya hace años que nos conocemos, nuestros encuentros siempre han sido unas cuantas palabras en los pasillos de la universidad, o esa persona gracias a la cual nos conocemos y que se encargaba de hablar por las dos para romper el hielo y porque siempre tiene cosas interesantes que decir. Espero que me disculpes si hablé más de la cuenta, querida lectora anónima, lo que deseaba decirte es que, en un mundo en el que muchas conversaciones son ruidos innecesarios, tu silencio es tan valiente que te admiro. Eres muy interesante, aunque parece ser que la autoestima te flaquea a veces y piensas que, quién va a querer leerte, quién va a querer oírte. Estoy segura de que mucha gente, pero te voy a dar una respuesta de la que tengo completa certeza: YO.
¿A veces te sientes absurda? Te comprendo perfectamente. Vuélveme a llamar osada, porque tengo la cara dura de hablarte con demasiada intimidad, pero te siento, así, sin que hayamos profundizado demasiadas veces, te siento incomprendida y demasiado sensible para este mundo áspero. Pero nunca absurda.
Y aprovecho el escudo de las palabras sin rostro para decirte que me encantaría un café, y seguir conociéndonos, y seguir disfrutando de tu sonrisa. Y seguir hablando de ese "siempre te falta algo" que me comentaste. Y si nos damos vergüenza, pues nos damos vergüenza, qué demonios. Algún día nos reiremos de esto.
Con todo mi cariño.

La Eskalera Karakola
Una mujer entra en una habitación... Pero los recursos del idioma inglés serían duramente puestos a prueba y bandadas enteras de palabras tendrían que abrirse camino ilegítimamente a alazos en la existencia para que la mujer pudiera decir lo que ocurre cuando ella entra en una habitación. Las habitaciones difieren radicalmente: son tranquilas y tempestuosas; dan al mar o, al contrario, a un patio de cárcel; en ellas hay la colada colgada o palpitan los ópalos y las sedas; son duras como pelo de caballo o suaves como una pluma. Basta entrar en cualquier habitación de cualquier calle para que esta fuerza sumamente compleja de la feminidad le dé a uno en la cara. ¿Cómo podría no ser así? Durante millones de años las mujeres han estado sentadas en casa, y ahora las paredes mismas se hallan impregnadas de esta fuerza creadora, que ha sobrecargado de tal modo la capacidad de los ladrillos y de la argamasa que forzosamente se engancha a las plumas, los pinceles, los negocios y la política. Y debe concluirse que sería una lástima terrible que le pusieran trabas o lo desperdiciaran, porque es la conquista de muchos siglos de la más dura disciplina y no hay nada que lo pueda sustituir. Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la variedad y vastedad del mundo... (Virginia Woolf)
La Eskalera Karakola es un centro social de por para mujeres, situado en el madrileño barrio de Lavapiés. No habilitado como vivienda, alberga desde el año 1996, en que un grupo de mujeres feministas lo okuparon, todo tipo de talleres, colectivos, actos de diversa índole, cine, espacio para reuniones, bar, revistas, fiestas... Antaño una panadería, la kasa conserva, para bien y para mal, muchos vestigios del paso del tiempo. Desde un horno de pan hasta una grieta en el techo. Las karakolas siempre han hecho todo lo que han podido para poner guapo el edificio. En 1999 hubo un campo de trabajo y en 2003 se presentó un impresionante proyecto de rehabilitación.
Además de su completa integración en el barrio, participando en la lucha social que impregna cada recoveco de Lavapiés, la Escalera Karakola cumple una función imprescindible dentro de los feminismos y lesbianismos: la toma de las calles. Sí, las mujeres-karakola son feministas de carne y hueso, que gritan y crean y evolucionan y están siempre en contacto con la realidad, descubriendo, aprendiendo, reivindicando, aportando. A veces escriben libros y otras pasan a la acción. Te las podrás encontrar en una manifestación contra la guerra o en el 8 de marzo, o en el Orgullo Gay o estudiando.
La Eskalera Karakola, subjetivamente. Para mí, el lugar donde aprendí, donde conocí, donde admiré, donde luché. Donde quiero seguir haciéndolo. Está muy bien, sí, poder codearme con las investigadoras feministas de la universidad, husmear en las instituciones... Vale, pero esta kasa es donde verdaderamente me siento en casa. Las diferencias a veces nos han separado, alejado, pero al mismo tiempo, las diferencias son lo que siempre se celebra en La Escalera Karakola.
Y hoy esta bitácora es para ellas, las karakolas, que se enfrentan a un juicio sin justicia el día 14 de diciembre. Tendrían que pagar 25.000€ que no tienen. El desalojo de la kasa sería una gran pérdida para el mundo feminista, y para el mundo en general.
Si estás en Madrid el 11 de diciembre, no dudes en acudir a la manifestación que tomará las calles para reivindicar lo necesario, lo imprescindible: que la Eskalera Karakola no desaparezca. Será a las 18h en Antón Martín. Posteriormente se celebrará una fiesta en la kasa, que está en la calle Embajadores 40, a las 21h.
¿Nos vemos allí?

La Eskalera Karakola es un centro social de por para mujeres, situado en el madrileño barrio de Lavapiés. No habilitado como vivienda, alberga desde el año 1996, en que un grupo de mujeres feministas lo okuparon, todo tipo de talleres, colectivos, actos de diversa índole, cine, espacio para reuniones, bar, revistas, fiestas... Antaño una panadería, la kasa conserva, para bien y para mal, muchos vestigios del paso del tiempo. Desde un horno de pan hasta una grieta en el techo. Las karakolas siempre han hecho todo lo que han podido para poner guapo el edificio. En 1999 hubo un campo de trabajo y en 2003 se presentó un impresionante proyecto de rehabilitación.
Además de su completa integración en el barrio, participando en la lucha social que impregna cada recoveco de Lavapiés, la Escalera Karakola cumple una función imprescindible dentro de los feminismos y lesbianismos: la toma de las calles. Sí, las mujeres-karakola son feministas de carne y hueso, que gritan y crean y evolucionan y están siempre en contacto con la realidad, descubriendo, aprendiendo, reivindicando, aportando. A veces escriben libros y otras pasan a la acción. Te las podrás encontrar en una manifestación contra la guerra o en el 8 de marzo, o en el Orgullo Gay o estudiando.
La Eskalera Karakola, subjetivamente. Para mí, el lugar donde aprendí, donde conocí, donde admiré, donde luché. Donde quiero seguir haciéndolo. Está muy bien, sí, poder codearme con las investigadoras feministas de la universidad, husmear en las instituciones... Vale, pero esta kasa es donde verdaderamente me siento en casa. Las diferencias a veces nos han separado, alejado, pero al mismo tiempo, las diferencias son lo que siempre se celebra en La Escalera Karakola.
Y hoy esta bitácora es para ellas, las karakolas, que se enfrentan a un juicio sin justicia el día 14 de diciembre. Tendrían que pagar 25.000€ que no tienen. El desalojo de la kasa sería una gran pérdida para el mundo feminista, y para el mundo en general.
Si estás en Madrid el 11 de diciembre, no dudes en acudir a la manifestación que tomará las calles para reivindicar lo necesario, lo imprescindible: que la Eskalera Karakola no desaparezca. Será a las 18h en Antón Martín. Posteriormente se celebrará una fiesta en la kasa, que está en la calle Embajadores 40, a las 21h.
¿Nos vemos allí?

Miedo
***Estoy en el tren de cercanías. Viene de repente, en forma de apresurados latidos en el corazón. Pero de los latidos no me doy cuenta por ahora. Sólo estoy pendiente de mi respiración, que cada vez me lo pone más difícil. ¿Qué hago? ¿Aviso a alguien? Oiga, mire, que me estoy muriendo, ayúdeme, haga algo, sáqueme de aquí. Me levanto. He desarrollado una técnica con la costumbre. Me pongo a leer el mapa con los nombres de las estaciones. Así va menguando el inexplicable pánico, porque consigo no pensar en mi cuerpo. Y durante un rato, quedan resquicios en forma de bomba en mi pecho. Nadie parece haber notado nada. Continúan leyendo el periódico gratuito, o El Código Da Vinci, o tecleando su móvil.
***Ataques de ansiedad. Gracias a una amiga conseguí bautizar lo que me sucedía. Antes de saber lo que era estaba muy preocupada. Pensaba que tenía una enfermedad del corazón y que un día me iba a dar un infarto. Ahora escribo aquí sobre ello porque ya basta de mantener oculto este fenómeno que, con sinceridad, le sucede a más gente de la que nos imaginamos. Para mí es un enorme paso admitir que me pasa esto, admitirlo en público en esta bitácora, pero es que no estoy sola, hay muchas personas por ahí que sienten pavores repentinos.
***Estoy en un proceso introspectivo, intentando comprender el origen de mis miedos. Nunca antes había sentido ansiedad al montarme en un tren, en el metro. Ahora sí. Nunca antes había sentido un terror absoluto al montarme en un avión. La última vez que lo hice me pasó. Es fundamental no dejar de hacer las cosas que te producen miedo o ansiedad, porque es entonces cuando se convierten en fobias. Las fobias no son sino miedos que te paralizan, que te impiden realizar alguna acción: desde ir al cine hasta subirte a un puente. Pueden ser miedos hacia cosas (arañas, tormentas...) o hacia emociones (la soledad, la responsabilidad...). Lo que hay que hacer es aprender a controlar esos miedos. Puede que sigan existiendo, pero se pueden dominar. Puede que desaparezcan, entonces genial. ¿Cómo controlarlos? En ello estoy. Ya os iré contando.
No hemos de olvidarlo: el miedo es una conducta aprendida, y como tal, puede desaprenderse. Las personas no nacen con miedos irracionales, asustadizas: se hacen.
Hoy he anotado las cosas que me producen este miedo y he descubierto que son bastantes, aunque yo pensaba que en general todo iba bien en mi:
- Miedo a los accidentes de coche. Puedo entender el origen, ya que en mi familia hubo uno muy terrible (ver post de julio titulado 26 de julio de 1985)
- Miedo a que le pase algo a un ser querido, supongo que por el mismo motivo.
- A veces me pongo muy nerviosa al leer en voz alta.
- Miedo a los hospitales, a los resultados de análisis, a que me encuentren un tumor...
- Y, últimamente, miedo a que me de un ataque de ansiedad.
No debemos evitar los miedos o escapar de ellos si los tenemos delante, sino preguntarnos cómo los hemos aprendido, qué nos impide desaprenderlos, y buscar el modo de hacerlos compatibles con nuestra vida o aniquilarlos si es posible.
Por tanto, resumo: mucha gente tiene miedos y ataques de ansiedad. Mediante un proceso de escucha de nuestro interior podemos determinar cuáles son. Para evitar que se conviertan en fobias debemos desaprenderlos.
El miedo es un comportamiento, y, como tal, puede ser cambiado.

Feminista de la semana: Gloria Anzaldúa.
***Ataques de ansiedad. Gracias a una amiga conseguí bautizar lo que me sucedía. Antes de saber lo que era estaba muy preocupada. Pensaba que tenía una enfermedad del corazón y que un día me iba a dar un infarto. Ahora escribo aquí sobre ello porque ya basta de mantener oculto este fenómeno que, con sinceridad, le sucede a más gente de la que nos imaginamos. Para mí es un enorme paso admitir que me pasa esto, admitirlo en público en esta bitácora, pero es que no estoy sola, hay muchas personas por ahí que sienten pavores repentinos.
***Estoy en un proceso introspectivo, intentando comprender el origen de mis miedos. Nunca antes había sentido ansiedad al montarme en un tren, en el metro. Ahora sí. Nunca antes había sentido un terror absoluto al montarme en un avión. La última vez que lo hice me pasó. Es fundamental no dejar de hacer las cosas que te producen miedo o ansiedad, porque es entonces cuando se convierten en fobias. Las fobias no son sino miedos que te paralizan, que te impiden realizar alguna acción: desde ir al cine hasta subirte a un puente. Pueden ser miedos hacia cosas (arañas, tormentas...) o hacia emociones (la soledad, la responsabilidad...). Lo que hay que hacer es aprender a controlar esos miedos. Puede que sigan existiendo, pero se pueden dominar. Puede que desaparezcan, entonces genial. ¿Cómo controlarlos? En ello estoy. Ya os iré contando.
No hemos de olvidarlo: el miedo es una conducta aprendida, y como tal, puede desaprenderse. Las personas no nacen con miedos irracionales, asustadizas: se hacen.
Hoy he anotado las cosas que me producen este miedo y he descubierto que son bastantes, aunque yo pensaba que en general todo iba bien en mi:
- Miedo a los accidentes de coche. Puedo entender el origen, ya que en mi familia hubo uno muy terrible (ver post de julio titulado 26 de julio de 1985)
- Miedo a que le pase algo a un ser querido, supongo que por el mismo motivo.
- A veces me pongo muy nerviosa al leer en voz alta.
- Miedo a los hospitales, a los resultados de análisis, a que me encuentren un tumor...
- Y, últimamente, miedo a que me de un ataque de ansiedad.
No debemos evitar los miedos o escapar de ellos si los tenemos delante, sino preguntarnos cómo los hemos aprendido, qué nos impide desaprenderlos, y buscar el modo de hacerlos compatibles con nuestra vida o aniquilarlos si es posible.
Por tanto, resumo: mucha gente tiene miedos y ataques de ansiedad. Mediante un proceso de escucha de nuestro interior podemos determinar cuáles son. Para evitar que se conviertan en fobias debemos desaprenderlos.
El miedo es un comportamiento, y, como tal, puede ser cambiado.

Feminista de la semana: Gloria Anzaldúa.
