DÍA V: ¡¡¡Viva mi vagina!!!
Ser buena es seguir el camino fijado, comportarse, ser silenciosa, ser pasiva, encajar, gustar. Ser genial es ser un caos, tener barriga, decir lo que piensas, luchar por lo que crees, luchar por un cambio, no dejar que alguien silencie lo que sabes que son tus verdades. (Eve Ensler)
En febrero se celebra en todo el mundo el Día V. V de vagina. Qué palabra tan fea, ¿no? Pues no. Nos han educado para que todas las palabras que se refieren a “allí abajo” nos suenen mal: vagina, coño, vulva… Pues reeduquemos nuestros oídos, amigas, porque hay algo mágico, misterioso, sinuoso, en esa v. V de victoria, de voluptuosidad, de valentía, de verdad, de vagina… Nuestras vaginas, chicas, nuestras vaginas. Con pelos, claro que sí. Pelos que la protegen, que la hacen aún más rizada y bella. Porque si no te gustan los pelos, no te gustan las vaginas, y si no te gusta tu vagina, no te gustas tú. Los coños tienen que oler a coño, por supuesto. No tienen que oler a flores, ni a frescor matutino, ni a yo que sé qué. Tienen que oler a coño. El clítoris es un órgano destinado única y exclusivamente al placer. No sirve para nada más (¡qué más queremos!). Es el órgano femenino o masculino con más terminaciones nerviosas. ¿No es maravilloso? Nuestra vagina es esa parte de nuestro cuerpo que, como cualquier otra, es sólo nuestra. Explórala, disfrútala, refúgiate en ella, es un regalo. Está caliente, es acogedora, y, como la mayoría de las delicias de este mundo absurdo, es pecado. No la ignores, no la olvides. Repite su nombre dentro de ti tantas veces como sea necesario, y con la reverencia que se merece. ¿A que ya no te suena tan mal?
El Día V es un movimiento global para acabar con la violencia contra las mujeres. Por todo el mundo, se celebran los Monólogos de la Vagina creados por Eve Ensler, basados en entrevistas a más de doscientas mujeres. Los beneficios de cada función (el año pasado, 2005, se consiguieron unos cuatro millones de euros por todo el mundo) van destinados a proyectos antiviolencia, como organizaciones para detener las violaciones de mujeres y niñas, la violencia machista, la explotación sexual, la mutilación genital femenina, los asesinatos de Ciudad Juarez etc. El 90% de los beneficios de la función a la que asistí yo ayer en Skidmore College fueron destinados al Saratoga Springs Domestic Violence Rape Crisis Center.
Cada año, la campaña global del Día V destina el 10% de sus beneficios a un determinado grupo de mujeres que está sufriendo violencia. Este año 2006 este dinero va destinado a las mujeres de distintas etnias asiáticas que eufemísticamente eran apodadas “mujeres Comfort”. Entre 1932 y 1945 fueron forzadas a ofrecer sus servicios sexuales a las tropas japonesas. Entre 50.000 y 200.000 mujeres fueron secuestradas y vendidas para estos fines. Desde los años 90, ya ancianas, las supervivientes rompieron el silencio clamando justicia. Llevan trece años manifestándose todos los miércoles delante de las embajadas de Japón. El gobierno japonés niega tener ninguna responsabilidad legal. Estas mujeres exigen una disculpa oficial antes de morir.

Sobre el Día V visita…
Universidad de Puerto Rico
V Day USA (en ingles)
V Day UK (en ingles)
V Day Europa
Para saber más de tu vagina visita…
All About my Vagina (en ingles)
Wikipedia Vagina
Mujeres Hoy
Acerca de las “mujeres Comfort” visita…
The Comfort Women Project (en ingles)
Amnistia Internacional
La Republica de las Mujeres
Si te gustan las ilustraciones de este post, pincha aquí.
En febrero se celebra en todo el mundo el Día V. V de vagina. Qué palabra tan fea, ¿no? Pues no. Nos han educado para que todas las palabras que se refieren a “allí abajo” nos suenen mal: vagina, coño, vulva… Pues reeduquemos nuestros oídos, amigas, porque hay algo mágico, misterioso, sinuoso, en esa v. V de victoria, de voluptuosidad, de valentía, de verdad, de vagina… Nuestras vaginas, chicas, nuestras vaginas. Con pelos, claro que sí. Pelos que la protegen, que la hacen aún más rizada y bella. Porque si no te gustan los pelos, no te gustan las vaginas, y si no te gusta tu vagina, no te gustas tú. Los coños tienen que oler a coño, por supuesto. No tienen que oler a flores, ni a frescor matutino, ni a yo que sé qué. Tienen que oler a coño. El clítoris es un órgano destinado única y exclusivamente al placer. No sirve para nada más (¡qué más queremos!). Es el órgano femenino o masculino con más terminaciones nerviosas. ¿No es maravilloso? Nuestra vagina es esa parte de nuestro cuerpo que, como cualquier otra, es sólo nuestra. Explórala, disfrútala, refúgiate en ella, es un regalo. Está caliente, es acogedora, y, como la mayoría de las delicias de este mundo absurdo, es pecado. No la ignores, no la olvides. Repite su nombre dentro de ti tantas veces como sea necesario, y con la reverencia que se merece. ¿A que ya no te suena tan mal?
El Día V es un movimiento global para acabar con la violencia contra las mujeres. Por todo el mundo, se celebran los Monólogos de la Vagina creados por Eve Ensler, basados en entrevistas a más de doscientas mujeres. Los beneficios de cada función (el año pasado, 2005, se consiguieron unos cuatro millones de euros por todo el mundo) van destinados a proyectos antiviolencia, como organizaciones para detener las violaciones de mujeres y niñas, la violencia machista, la explotación sexual, la mutilación genital femenina, los asesinatos de Ciudad Juarez etc. El 90% de los beneficios de la función a la que asistí yo ayer en Skidmore College fueron destinados al Saratoga Springs Domestic Violence Rape Crisis Center.

Cada año, la campaña global del Día V destina el 10% de sus beneficios a un determinado grupo de mujeres que está sufriendo violencia. Este año 2006 este dinero va destinado a las mujeres de distintas etnias asiáticas que eufemísticamente eran apodadas “mujeres Comfort”. Entre 1932 y 1945 fueron forzadas a ofrecer sus servicios sexuales a las tropas japonesas. Entre 50.000 y 200.000 mujeres fueron secuestradas y vendidas para estos fines. Desde los años 90, ya ancianas, las supervivientes rompieron el silencio clamando justicia. Llevan trece años manifestándose todos los miércoles delante de las embajadas de Japón. El gobierno japonés niega tener ninguna responsabilidad legal. Estas mujeres exigen una disculpa oficial antes de morir.

Sobre el Día V visita…
Universidad de Puerto Rico
V Day USA (en ingles)
V Day UK (en ingles)
V Day Europa
Para saber más de tu vagina visita…
All About my Vagina (en ingles)
Wikipedia Vagina
Mujeres Hoy
Acerca de las “mujeres Comfort” visita…
The Comfort Women Project (en ingles)
Amnistia Internacional
La Republica de las Mujeres
Si te gustan las ilustraciones de este post, pincha aquí.
¡¡¡FIESTA!!!
Una fiesta no es nunca lo suficientemente bulliciosa (Jane Austen)
Ay, ya lo sé, bruja, tú a eso de los cumpleaños no le das importancia, pero es que ya me conoces, cualquier excusa para hacer una fiesta me vale… Cualquier ocasión para celebrarte es buena… Ojala estuviera contigo, mi niña, mi amor. Te haría tu pastel favorito, con chocolate y frambuesa, y tendría justificación para estar dándote besos absolutamente todo el rato (como si alguna vez me hubiera hecho falta). Prometo que si me dejas intentaré hacerte un pastel todos los años a partir del que viene e incluso cuando se nos caigan todos los dientes de viejas reviejas que seremos, y tardemos horas en terminarnos nuestra porción. Hoy La Letra Escarlata es tuya, para que te felicite todo el mundo y porque, queridas lectoras, queridos lectores, Hester Prynne le debe tantos momentos de inspiración a su pelirroja… ¡¡¡FELIZ CUMPLEAñOS AMORA!!!
****************TE QUIERO****************

Ay, ya lo sé, bruja, tú a eso de los cumpleaños no le das importancia, pero es que ya me conoces, cualquier excusa para hacer una fiesta me vale… Cualquier ocasión para celebrarte es buena… Ojala estuviera contigo, mi niña, mi amor. Te haría tu pastel favorito, con chocolate y frambuesa, y tendría justificación para estar dándote besos absolutamente todo el rato (como si alguna vez me hubiera hecho falta). Prometo que si me dejas intentaré hacerte un pastel todos los años a partir del que viene e incluso cuando se nos caigan todos los dientes de viejas reviejas que seremos, y tardemos horas en terminarnos nuestra porción. Hoy La Letra Escarlata es tuya, para que te felicite todo el mundo y porque, queridas lectoras, queridos lectores, Hester Prynne le debe tantos momentos de inspiración a su pelirroja… ¡¡¡FELIZ CUMPLEAñOS AMORA!!!****************TE QUIERO****************


Primera persona del singular del futuro imperfecto
Mientras tengamos el don de la vida, lo que me resulta la mayor tragedia es permitir que parte de nosotras muera –ya sea nuestro espíritu, nuestra creatividad, o nuestra gloriosa unicidad. (Gilda Radner)
Una especie de quiniela de las películas que podrían llevarse Oscars este año, cuatro latas de cerveza arrugadas como si se tratasen de bolas de papel de alguien que no encuentra la inspiración, una caja con pinceles sucios, la radio puesta (suena el dichoso reggaeton que a todo el mundo le ha dado por escuchar últimamente y que a mí me produce dolor de cabeza), olor a no haber ventilado en varios días, una montaña de sábanas en la cama, una caja de pizza que no me atrevo a abrir.
- ¿Lo encuentras? –me pregunta mi compañera de casa desde la cocina, donde preparará tortitas, lo dejará todo perdido y me importará poco, porque ya me he acostumbrado. La gente en Estados Unidos es muy desordenada, ni la persona más descuidada de Madrid les puede superar. Creo que es porque tienen muchísimas cosas, tonterías que a veces una no sabe ni para qué sirven, cosas que se compran cada vez que van al centro comercial, no sé.
- Sí, aquí está, gracias –cojo el libro que estaba buscando de debajo de una pila de cuadernos. Cierro la puerta.
Afuera está nevando. Me pongo el abrigo negro, que es el más gordo que tengo, y la bufanda y los calentadores que me ha hecho mi bruja (¿no es maravillosa?). Los guantes que me regaló mi amiga Henar, el gorro que me hace parecer peruana.
Cómo cambian los paisajes según el tiempo que haga. Ahora los árboles deshojados muestran lo que se ocultaba cuando llegué en verano a Saratoga Springs. Muchas personas caminan presurosas con sus vasos de papel llenos de café. Yo sin embargo me quedo abobada, con la nariz cada vez más roja, mirando al infinito.
Cada vez soy más consciente de que estoy viviendo una especie de paréntesis privilegiado. Durante un año me han metido en una burbuja donde sé lo que tengo que hacer en cada momento. Ir a clase, leer, estudiar, escribir, trabajar, quedar a cenar, pasear… No me tengo que plantear nada, el sistema universitario elitista de los Estados Unidos de América me protege.
Pero allá, acechándome, está el futuro próximo. Se llama junio y en la mochila carga verbos como licenciarse, escribir (o salvarse, para mí significan lo mismo), trabajar, regresar… Es un futuro que me da miedo pero que a la vez me apetece. El gran problema burgués de “qué hago con mi vida” que tenemos el lujo de poder plantearnos.
Saratoga celebra el Winterfest, un equivalente al Groundhog Day (Día de la Marmota) que se celebra en Pennsylvania, y por el que se guía la gente para saber cuánto queda de invierno (no sé si habéis visto la película de Atrapado en el tiempo, trata este acontecimiento). Hay un concurso de sopas por los restaurantes del pueblo, otro de muñecos de nieve, y no sé qué banda de música toca con los trombones semicongelados. Tengo el libro en el bolso y allí está mi cafetería favorita. Siempre que entro las gafas se me empañan y con la parafernalia de la bufanda, el bolso, el monedero y todo eso, tardo un buen rato en poder limpiarlas y mirar a mi alrededor. La chica de la barra me conoce y sabe que me gusta el café con aroma de avellanas. Me da ganas de decirle:
- Eeeeeh, ponme también un poquito de futuro, por favor.
Espero que mi vida siempre sea una mezcla de habitación estadounidense desordenada y burbuja precisa y protectora, unas gafas empañadas por el calor de un lugar agradable donde saben el tipo de café que te gusta y el frío blanco de una nevada predicha por el sueño de una marmota, que te fuerza a abrirte un camino por tu cuenta y riesgo. Hay cosas que sé que quiero, cosas que no sé si quiero, cosas que sé que no quiero…Hay miedos, hay ganas, hay perezas, hay la emoción de un futuro incierto y apetecible. Voy a terminar este post con una pregunta retórica y manida, pero ay, tan cierta: ¿quién dijo que fuera fácil?

- ¿Lo encuentras? –me pregunta mi compañera de casa desde la cocina, donde preparará tortitas, lo dejará todo perdido y me importará poco, porque ya me he acostumbrado. La gente en Estados Unidos es muy desordenada, ni la persona más descuidada de Madrid les puede superar. Creo que es porque tienen muchísimas cosas, tonterías que a veces una no sabe ni para qué sirven, cosas que se compran cada vez que van al centro comercial, no sé.
- Sí, aquí está, gracias –cojo el libro que estaba buscando de debajo de una pila de cuadernos. Cierro la puerta.
Afuera está nevando. Me pongo el abrigo negro, que es el más gordo que tengo, y la bufanda y los calentadores que me ha hecho mi bruja (¿no es maravillosa?). Los guantes que me regaló mi amiga Henar, el gorro que me hace parecer peruana.
Cómo cambian los paisajes según el tiempo que haga. Ahora los árboles deshojados muestran lo que se ocultaba cuando llegué en verano a Saratoga Springs. Muchas personas caminan presurosas con sus vasos de papel llenos de café. Yo sin embargo me quedo abobada, con la nariz cada vez más roja, mirando al infinito.
Cada vez soy más consciente de que estoy viviendo una especie de paréntesis privilegiado. Durante un año me han metido en una burbuja donde sé lo que tengo que hacer en cada momento. Ir a clase, leer, estudiar, escribir, trabajar, quedar a cenar, pasear… No me tengo que plantear nada, el sistema universitario elitista de los Estados Unidos de América me protege.
Pero allá, acechándome, está el futuro próximo. Se llama junio y en la mochila carga verbos como licenciarse, escribir (o salvarse, para mí significan lo mismo), trabajar, regresar… Es un futuro que me da miedo pero que a la vez me apetece. El gran problema burgués de “qué hago con mi vida” que tenemos el lujo de poder plantearnos.
Saratoga celebra el Winterfest, un equivalente al Groundhog Day (Día de la Marmota) que se celebra en Pennsylvania, y por el que se guía la gente para saber cuánto queda de invierno (no sé si habéis visto la película de Atrapado en el tiempo, trata este acontecimiento). Hay un concurso de sopas por los restaurantes del pueblo, otro de muñecos de nieve, y no sé qué banda de música toca con los trombones semicongelados. Tengo el libro en el bolso y allí está mi cafetería favorita. Siempre que entro las gafas se me empañan y con la parafernalia de la bufanda, el bolso, el monedero y todo eso, tardo un buen rato en poder limpiarlas y mirar a mi alrededor. La chica de la barra me conoce y sabe que me gusta el café con aroma de avellanas. Me da ganas de decirle:
- Eeeeeh, ponme también un poquito de futuro, por favor.
Espero que mi vida siempre sea una mezcla de habitación estadounidense desordenada y burbuja precisa y protectora, unas gafas empañadas por el calor de un lugar agradable donde saben el tipo de café que te gusta y el frío blanco de una nevada predicha por el sueño de una marmota, que te fuerza a abrirte un camino por tu cuenta y riesgo. Hay cosas que sé que quiero, cosas que no sé si quiero, cosas que sé que no quiero…Hay miedos, hay ganas, hay perezas, hay la emoción de un futuro incierto y apetecible. Voy a terminar este post con una pregunta retórica y manida, pero ay, tan cierta: ¿quién dijo que fuera fácil?

Obituario: Betty Friedan
Ninguna mujer tiene un orgasmo abrillantando el suelo de la cocina (Betty Friedan)
Betty Friedan murió ayer, en su 85 cumpleaños, pero conservando la edad que tenía en 1963, que es cuando cambió un poco su mundo, el de las amas de casa de los países desarrollados. Fue entonces cuando escribió uno de los libros que se considera de los más influyentes del siglo XX, La mística de la feminidad (The Femenine Mystique).
En La mística de la feminidad, Friedan analizaba “el problema sin nombre”, ese en el que se vieron inmersas las mujeres tras la II Guerra Mundial. Muchas de ellas habían trabajado durante la guerra, o habían ido a la universidad. Pero en cuanto se casaban, se veían entrando de lleno en una domesticidad forzada, relegadas al cuidado de sus hijas e hijos y a preparar la cena de sus maridos para que al llegar a casa del trabajo se lo encontrasen todo perfecto. La autora desarrolló en su ensayo temas que ahora nos parecen obvios (aunque sigue siendo un verdadero placer leerlo), pero que en ese momento apenas habían salido a la luz: la forma en que el sistema educativo desfavorecía a las niñas, los anuncios sexistas, la discriminación laboral, las teorías freudianas… Todo ello, según Friedan, arrastraba a las mujeres de la vida pública a una pasiva e infantilizada domesticidad.
La mística de la feminidad fue la mecha que encendió la bomba feminista que posteriormente se llegó a conocer como segunda ola (siendo la primera ola de lucha feminista aquella que tuvo lugar a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las mujeres lucharon por el sufragio femenino). Tal es la fuerza de la palabra escrita, mucho más poderosa que un ejército.
Betty Friedan fue una activista que luchó a favor del aborto y los derechos reproductivos de las mujeres. En 1966 fue una de las fundadoras de la NOW (Nacional Organization for Women), una institución de gran relevancia aquí en Estados Unidos, y que ha conseguido cambiar muchas leyes e incluso partes de la Constitución que desfavorecían a las mujeres.
Betty Friedan es el claro ejemplo de cómo una persona cualquiera puede cambiar el mundo.
Betty, a ver si algún día nos cuentas cómo es ese lugar a donde van las chicas que no van al cielo.

Betty Friedan murió ayer, en su 85 cumpleaños, pero conservando la edad que tenía en 1963, que es cuando cambió un poco su mundo, el de las amas de casa de los países desarrollados. Fue entonces cuando escribió uno de los libros que se considera de los más influyentes del siglo XX, La mística de la feminidad (The Femenine Mystique).
En La mística de la feminidad, Friedan analizaba “el problema sin nombre”, ese en el que se vieron inmersas las mujeres tras la II Guerra Mundial. Muchas de ellas habían trabajado durante la guerra, o habían ido a la universidad. Pero en cuanto se casaban, se veían entrando de lleno en una domesticidad forzada, relegadas al cuidado de sus hijas e hijos y a preparar la cena de sus maridos para que al llegar a casa del trabajo se lo encontrasen todo perfecto. La autora desarrolló en su ensayo temas que ahora nos parecen obvios (aunque sigue siendo un verdadero placer leerlo), pero que en ese momento apenas habían salido a la luz: la forma en que el sistema educativo desfavorecía a las niñas, los anuncios sexistas, la discriminación laboral, las teorías freudianas… Todo ello, según Friedan, arrastraba a las mujeres de la vida pública a una pasiva e infantilizada domesticidad.
La mística de la feminidad fue la mecha que encendió la bomba feminista que posteriormente se llegó a conocer como segunda ola (siendo la primera ola de lucha feminista aquella que tuvo lugar a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las mujeres lucharon por el sufragio femenino). Tal es la fuerza de la palabra escrita, mucho más poderosa que un ejército.

Betty Friedan fue una activista que luchó a favor del aborto y los derechos reproductivos de las mujeres. En 1966 fue una de las fundadoras de la NOW (Nacional Organization for Women), una institución de gran relevancia aquí en Estados Unidos, y que ha conseguido cambiar muchas leyes e incluso partes de la Constitución que desfavorecían a las mujeres.
Betty Friedan es el claro ejemplo de cómo una persona cualquiera puede cambiar el mundo.
Betty, a ver si algún día nos cuentas cómo es ese lugar a donde van las chicas que no van al cielo.

Patatas fritas
Hoy no hay cita. Hoy dejad este blog. Hoy pasaos mejor por aquí, o por aqui, y si teneis tiempo, pues por aqui, o no, mejor por aqui, o tal vez por aqui, o, en fin, por aqui. Vamos a enfadarnos un mucho todas y todos, que eso es bueno.
Me acabo de enterar de que las patatas fritas de bolsa se inventaron aquí, en Saratoga Springs, por un cocinero indio americano que las ideó y se las dio a probar al magnate Vanderbilt (cuya mansión es una de las atracciones turísticas de la zona) allá por 1853. De hecho en un primer momento, este tipo de patatas se llamaban “Saratoga chips.” Así que la próxima vez que abráis una bolsa de, qué se yo, onduladas, o sabor barbacoa, o las de toda la vida que en Madrid siguen vendiendo en grasientas bolsas amarillas, acordaos de mí, esta chica de ciudad que ha ido a parar al enclave más victoriano de Estados Unidos, donde ayer no le dejaron tomarse una cerveza en un bar por no llevar un pasaporte que demostrase que soy mayor de 21 años (¡yo que tengo 28! Me lo tomo como un cumplido) y donde, por cierto, una nota interesante, Sylvia Plath escribió varios de sus poemas cuando pasó una temporada en la colonia literaria de Yaddo. Feliz y crujiente cual patata frita fin de semana.

(Y ponerme a hablar de estas chorradas sólo porque me producen tanta tristeza noticias como esta de aquí que a veces no me siento con fuerza para comentarlas… Ah, pero las fuerzas se recuperan, dadme un poco de tiempo.)
Me acabo de enterar de que las patatas fritas de bolsa se inventaron aquí, en Saratoga Springs, por un cocinero indio americano que las ideó y se las dio a probar al magnate Vanderbilt (cuya mansión es una de las atracciones turísticas de la zona) allá por 1853. De hecho en un primer momento, este tipo de patatas se llamaban “Saratoga chips.” Así que la próxima vez que abráis una bolsa de, qué se yo, onduladas, o sabor barbacoa, o las de toda la vida que en Madrid siguen vendiendo en grasientas bolsas amarillas, acordaos de mí, esta chica de ciudad que ha ido a parar al enclave más victoriano de Estados Unidos, donde ayer no le dejaron tomarse una cerveza en un bar por no llevar un pasaporte que demostrase que soy mayor de 21 años (¡yo que tengo 28! Me lo tomo como un cumplido) y donde, por cierto, una nota interesante, Sylvia Plath escribió varios de sus poemas cuando pasó una temporada en la colonia literaria de Yaddo. Feliz y crujiente cual patata frita fin de semana.

(Y ponerme a hablar de estas chorradas sólo porque me producen tanta tristeza noticias como esta de aquí que a veces no me siento con fuerza para comentarlas… Ah, pero las fuerzas se recuperan, dadme un poco de tiempo.)
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No puedes disparar a una idea (Thomas E. Dewey)
Considerable altura y gordura, pelo corto, gafas.
Si la gente piensa que soy un hombre, todo va bien. Un hombre puede ser así de grande. La gente se siente protegida con un hombre así. Si voy por la calle y la gente piensa que soy un hombre, me siento bien, siento el poder que ello me da, siento las miradas de aprobación.
Si la gente piensa que soy una mujer, automáticamente me convierto en una gorda repulsiva. ¿Cómo no se pone a dieta? ¿Cómo no viste más femenina? Qué horror…
Ayer asistí al monólogo Clearly Marked (Claramente Definida/o, imposible traducción sin género, mecachis en la mar), de S. Bear Bergman, a quien describen en el programa de la función como “el ejemplo perfecto de lo que puede suceder si sobreeducas a alguien rebelde.” S. Bear Bergman ha publicado ensayos, poesía, ficción, teatro, y todo lo publicable, además de haber recibido varios premios por sus actuaciones. Pulula por las universidades norteamericanas dando conferencias acerca de géneros y sexualidades, y ha conseguido que las políticas de estas instituciones hacia estudiantes transgéneros y transexuales cambien para mejor.
Ayer S. Bear Bergman nos explicó en clave de humor inteligente cómo las etiquetas (fat, man, woman, lesbian, transgender, Jew…) nos constriñen y lo único que hacen es marcar las diferencias para que estas diferencias decidan quién tiene el poder y quién no.
Y la única etiqueta que ella quería la tenía marcada en el pecho cuando se quitó la camiseta y todo el público observamos su hermoso cuerpo de disidente. Tenía una pegatina que decía LOVED.

Considerable altura y gordura, pelo corto, gafas.
Si la gente piensa que soy un hombre, todo va bien. Un hombre puede ser así de grande. La gente se siente protegida con un hombre así. Si voy por la calle y la gente piensa que soy un hombre, me siento bien, siento el poder que ello me da, siento las miradas de aprobación.
Si la gente piensa que soy una mujer, automáticamente me convierto en una gorda repulsiva. ¿Cómo no se pone a dieta? ¿Cómo no viste más femenina? Qué horror…
Ayer asistí al monólogo Clearly Marked (Claramente Definida/o, imposible traducción sin género, mecachis en la mar), de S. Bear Bergman, a quien describen en el programa de la función como “el ejemplo perfecto de lo que puede suceder si sobreeducas a alguien rebelde.” S. Bear Bergman ha publicado ensayos, poesía, ficción, teatro, y todo lo publicable, además de haber recibido varios premios por sus actuaciones. Pulula por las universidades norteamericanas dando conferencias acerca de géneros y sexualidades, y ha conseguido que las políticas de estas instituciones hacia estudiantes transgéneros y transexuales cambien para mejor.
Ayer S. Bear Bergman nos explicó en clave de humor inteligente cómo las etiquetas (fat, man, woman, lesbian, transgender, Jew…) nos constriñen y lo único que hacen es marcar las diferencias para que estas diferencias decidan quién tiene el poder y quién no.
Y la única etiqueta que ella quería la tenía marcada en el pecho cuando se quitó la camiseta y todo el público observamos su hermoso cuerpo de disidente. Tenía una pegatina que decía LOVED.
