Día Internacional Contra la Violencia Machista
Muchos de los asesinos machistas se suicidan después de haber matado a su novia/mujer/ex novia/ex mujer, y yo quiero decirte a ti que te has topado con este texto, que hagas lo mismo, pero antes de quitarle la vida a ella.Vamos, que cuando te dirijas a su portal con una botella de ácido sulfúrico o un bote de gasolina y un mechero, cuando tengas el cuchillo en la mano o el puño apretado, cuando estés rojo de rabia y la violencia te nuble la vista, entonces, suicídate.
Hazlo por lo que te de la gana. Por no tener mala prensa post mortem, porque lo que tus hijos recuerden de ti no sea que les has arrebatado a su madre, porque te sale de los huevos, por parecer tú la víctima, para despertar compasión o simpatía, porque en el fondo te daría pena matarla, para que ella se sienta mal, por lo que te de la gana, por la razón que más te guste, pero suicídate antes de matarla a ella.
Piénsalo. Al mundo no le haces falta si eres un maltratador. Pero sí serás útil como Un Maltratador Menos. ¿Qué tal si, para variar, la lista de maltratadores muertos es más larga que la de mujeres asesinadas?
¡Venga, amigo, suicídate antes de matarla! Existen métodos nada dolorosos, y tu existencia cegada por los celos y el odio llegará por fin a término. Desde La Letra Escarlata, todo mi apoyo para tu valiente acto de librarnos de ti. Por lo que sea, por lo que más quieras o por lo que más odies, suicídate antes de hacerle nada a ella.


2006
2005
2004
Elphaba
Es hora de desafiar la gravedad (Elphaba. Wicked, the musical)
Yo tengo amigas ficcionales (y algún que otro amigo también), personajes de libros (a veces incluso de películas o de obras de teatro) que me han llegado tan adentro que pienso que podríamos ser grandes amigas si tan sólo existieran, que podría contarles cosas muy personales o pedirles consejo. Y de hecho, qué demonios, a veces lo hago, a veces me pregunto: ¿Qué haría ella? O recurro a la novela en cuestión y me vuelvo a adentrar por infinita vez en el texto para buscar consuelo, recetas para la vida, un poco de conversación, lo que sea. Llevo a estos seres en un lugar muy íntimo y especial que hay en mí y desde que era niña componen una parte muy importante de mi vida interior.
Algunas de estas grandes amigas son Jane Eyre, del libro homónimo de Charlotte Brontë, Ruth Cole, de Una mujer difícil (A widow for one year) escrita por John Irving, Jo March de Mujercitas (Little Women) por Louisa May Alcott, Idgie Threadgoode de Tomates verdes fritos (Fried Green Tomatoes at the Whistle Stop Cafe) de Fannie Flagg, Becky Sharp de Vanity Fair por W.M. Thakeray, Lyra de la trilogía La materia oscura (His Dark Materials) de Philip Pullman, Paulina del libro con el mismo título de Ana María Matute, Celia de la serie de Elena Fortún, George Kirrin de las historias de los Cinco (The Famous Five) de Enid Blyton y la famosa Hermione Granger de la saga de Harry Potter creada por J.K. Rowling.
Desde que descubrí la obra de Gregory Maguire, Wicked, hace ya más de dos años, Elphaba –la bruja verde protagonista- también ha entrado a formar parte de ese elenco de amigas ficcionales que llevo donde quiera que vaya. Y no sólo eso, sino que se ha convertido en una especie de heroína que invoco en distintos momentos del día para recobrar fuerzas. Hace poco estuve en Londres con el solo propósito de ver la representación del musical basado en esta maravillosa novela. Me arruiné, y sin duda mereció la pena. Fueron tres horas de representación y de inspiración que siempre conservaré en mi memoria. En el climax de la obra, el canto a la amistad de Elphaba y Glinda, se me saltaron las lágrimas.
¿Y qué tiene Elphaba? Maguire ha escrito una metáfora del mundo, de las ansias de poder, de la hipocresía, de la política, de la gente diferente, de la soledad, de la solidaridad. Ha retomado el personaje de la malvada bruja del Oeste de El maravilloso mago de Oz (The Wonderful Wizard of Oz), la novela de Frank L. Baum, y ha ahondado en sus sueños y motivaciones, en su vida y en qué le llevo a ser “malvada,” o mejor aún, a que la considerasen “malvada.” Esta es Elphaba, que nació verde y sólo por eso fue condenada. Elphaba, para quien lo que más importa es la amistad y la compasión, y que se convierte en una proscrita sólo por defender sus convicciones e intentar salvar a los animales de ser esclavizados. No quiero revelaros demasiadas cosas de la historia, pero sin duda os recomiendo la novela y, si podéis permitiros un lujo así, el musical.
Y os dejo, que me voy a tomar un café con las amigas de las que os he hablado.

Yo tengo amigas ficcionales (y algún que otro amigo también), personajes de libros (a veces incluso de películas o de obras de teatro) que me han llegado tan adentro que pienso que podríamos ser grandes amigas si tan sólo existieran, que podría contarles cosas muy personales o pedirles consejo. Y de hecho, qué demonios, a veces lo hago, a veces me pregunto: ¿Qué haría ella? O recurro a la novela en cuestión y me vuelvo a adentrar por infinita vez en el texto para buscar consuelo, recetas para la vida, un poco de conversación, lo que sea. Llevo a estos seres en un lugar muy íntimo y especial que hay en mí y desde que era niña componen una parte muy importante de mi vida interior.
Algunas de estas grandes amigas son Jane Eyre, del libro homónimo de Charlotte Brontë, Ruth Cole, de Una mujer difícil (A widow for one year) escrita por John Irving, Jo March de Mujercitas (Little Women) por Louisa May Alcott, Idgie Threadgoode de Tomates verdes fritos (Fried Green Tomatoes at the Whistle Stop Cafe) de Fannie Flagg, Becky Sharp de Vanity Fair por W.M. Thakeray, Lyra de la trilogía La materia oscura (His Dark Materials) de Philip Pullman, Paulina del libro con el mismo título de Ana María Matute, Celia de la serie de Elena Fortún, George Kirrin de las historias de los Cinco (The Famous Five) de Enid Blyton y la famosa Hermione Granger de la saga de Harry Potter creada por J.K. Rowling.
Desde que descubrí la obra de Gregory Maguire, Wicked, hace ya más de dos años, Elphaba –la bruja verde protagonista- también ha entrado a formar parte de ese elenco de amigas ficcionales que llevo donde quiera que vaya. Y no sólo eso, sino que se ha convertido en una especie de heroína que invoco en distintos momentos del día para recobrar fuerzas. Hace poco estuve en Londres con el solo propósito de ver la representación del musical basado en esta maravillosa novela. Me arruiné, y sin duda mereció la pena. Fueron tres horas de representación y de inspiración que siempre conservaré en mi memoria. En el climax de la obra, el canto a la amistad de Elphaba y Glinda, se me saltaron las lágrimas.
¿Y qué tiene Elphaba? Maguire ha escrito una metáfora del mundo, de las ansias de poder, de la hipocresía, de la política, de la gente diferente, de la soledad, de la solidaridad. Ha retomado el personaje de la malvada bruja del Oeste de El maravilloso mago de Oz (The Wonderful Wizard of Oz), la novela de Frank L. Baum, y ha ahondado en sus sueños y motivaciones, en su vida y en qué le llevo a ser “malvada,” o mejor aún, a que la considerasen “malvada.” Esta es Elphaba, que nació verde y sólo por eso fue condenada. Elphaba, para quien lo que más importa es la amistad y la compasión, y que se convierte en una proscrita sólo por defender sus convicciones e intentar salvar a los animales de ser esclavizados. No quiero revelaros demasiadas cosas de la historia, pero sin duda os recomiendo la novela y, si podéis permitiros un lujo así, el musical.
Y os dejo, que me voy a tomar un café con las amigas de las que os he hablado.
