La Letra Escarlata
No tengo tiempo para escribir poco
Hester Prynne
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Sindicación
 
El amor en tiempos de infamia
Es que, obedecer por obedecer, eso sólo lo hace gente como usted (El laberinto del Fauno, Guillermo del Toro)

Leo y tiemblo de emoción con la preciosa novela de Beatriz Gimeno, Su cuerpo era su gozo (Editorial Foca, 2005). Una época –la de la ignominiosa dictadura de Franco- que sólo había imaginado (pero tengo una imaginación que tiende al romanticismo y a la inocencia, bastante fraudulenta a la hora de ponerse en lo peor, para qué nos vamos a engañar) se materializa ante mis ojos, y la vida estropeada de dos chicas que simplemente se querían se posiciona delante de mí. Casi puedo tocar el brazo fuerte de Luz, mirarla a los ojos cansados y decepcionados, ahogarme en su soledad resignada. Casi puedo oler la manzanilla que se pone Alicia en su pelo rubio, quitarle una lágrima de la mejilla, aterrorizarme con su miedo. Huelo el cóctel de neutralidad y cloroformo de un hospital donde intentan curar una enfermedad que no es tal, hiede la hipocresía de las monjas sonrientes, de los policías paternalistas, de las familias que “sólo quieren lo mejor para sus hijas,” apesta el qué dirán y el qué dicen y el pozo de la inexistencia donde se intenta sumir aquello que es real pero que sin nombre se convierte en silencio.
Truena ese silencio, es eco estos días. Al carajo la inmemoria histórica. Que salgan los nombres de todas aquellas instituciones religiosas y laicas (y las personas que las dirigían o que trabajaban en ellas) que internaban a las mujeres sólo por ser lesbianas, drogándolas con pastillas e incluso sometiéndolas a electroshock, robándoles su memoria y sus fuerzas. Que den la cara quienes por “amor de Dios” destrozaron vidas que ahora son irrecuperables, para siempre jamás irrecuperables. Que se condene la lesbofobia genocida (de muerte rápida o lenta) que tiene categoría mundial y que aquí ha contado siempre con una delegación intachable de pestilentes fascistas. Que salgan a la luz sosegadora de la verdad las caras y las voces de quienes fueron silenciadas, que se escuchen sus historias y que éstas sean maestras para todas nosotras, herederas afortunadas del mundo que ellas allanaron para que nos fuera menos difícil caminar.
 
Comentario:
Gran alegato, estoy contigo y con todas, Hester...
 
Comentario:
Haberlos haylos... descendientes de esas consecuencias, de ese cambio de dirección que dió la educación.
La envidia es una enfermedad mediterránea y se siembra más de lo que debiera. La solidaridad se pinta más en los carteles que se practica. El olvido y el mantenerse al "margen de lo que no nos afecta es el ERROR".

Así nos vá. Quienes luchan contra ello en vez de sentirse arropados van desnudos por la calle. La negación de lo evidente es la ceguera de lo humano.

Saludos
 
Comentario:
Estaría bien algún tipo de lista/homenaje con la mayor cantidad de nombres que han sufrido a lo largo de tantos y tantos años.
Y por pedir que no quede, que también reclamo una lista con todas aquellas instituciones y personas que las integraron y que fueron participes de esas barbaridades.
Como dice Hester, ya está bien de inmemoria, que salga a la luz toda la verdad

Besos mil
 
Comentario:
Querida Hester!, qué linda sos!!!. Muchas veces leo más de una vez tus posts... me aferro a ellos como una maderita que flota en el medio de un mar de náufragos... Me gusta sentirme a salvo en medio de tanta necedad... Por eso vuelvo aquí... siempre...

Un abrazo de argenta.
No