¡Me aburro!
El primer paso para conseguir lo que quieres en la vida es este: decide qué es lo que quieres. (Ben Stein)
Tengo treinta años. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que más o menos voy por el camino adecuado, si entendemos por esto aquél que me hace sentir más satisfecha con la vida (nunca el dictado por las convenciones que a la larga es el más inconveniente, nunca el fácil que a la larga es el difícil). A veces cierta impaciencia me nubla la vista, porque observo como mucha gente de mi edad ya está teniendo bebés, ganando (y gastando) dinero y sumergiéndose en el compromiso más duradero de su vida, la hipoteca, mientras que a mí me queda alquiler para rato, no sé vestirme elegante, no me he puesto tacones en la vida, no me maquillo ni me tiño, no tengo ahorros y sigo ilusionada por muchas cosas. Y es que esto último noto que mucha gente lo pierde con la edad, con la madurez, con las responsabilidades. Y entonces el discurso de pronto empieza a ser sarcástico, plagado de chistes irónicos de persona desencantada que no mueve el culo para volverse a encantar. Entonces, de pronto, más o menos cuando cumples los treinta, se supone que ya no queda bien que una crea que el mundo puede cambiar, no quedan bien las locuras de amor, no quedan bien las opiniones que se dicen en serio y con los ojos bien grandes y bien llenos de esperanza, no queda bien intentar ser coherente con lo que se consume ni con el modo de vida, no queda bien.
Pertenezco a una generación –refiriéndome con este término no sólo a gente contemporánea y de edad parecida, sino con una cultura y una procedencia comunes- que vive en el limbo entre las personas adultas que ya deberían ser (para asumir las responsabilidades de la propia vida y de todo lo bueno y lo malo que pasa en ella) y las personas adolescentes que ya deberían haber dejado de ser (dándole excesiva importancia a lo cool, a la apariencia exterior, a las calorías, a las drogas y a muchas otras superficialidades). Yo, válgame, no me creo la persona más recta y coherente del mundo. Es duro pensarlo, pero hoy día vivir sin participar en el capitalismo extremo en el que se sume nuestra sociedad es harto difícil. Pero vamos, que siento que me aburro muchísimo rodeada de gente que utiliza el sarcasmo para hablar de lo que importa de verdad, que por regla general no puede hacer nada los fines de semana por la mañana porque ha salido hasta el amanecer y se levantará tarde, que no mete la mano en el cuenco de las patatas fritas porque engordan pero que sí que se mete una raya de coca (calorías no, pero niños-soldado todos los que quieras), que no ha tocado un libro en meses y ke eskribe todo kon k. Vamos, no me jodas.
Aburrida y enfadada, porque la indignación es buena como motor. Pero afortunada de rodearme de gente increíble que me inspira y que me enseña, eso también. Y lenta pero segura. En breve me hago autónoma para ser mi propia jefa y seguir persiguiendo mis sueños, aunque esto de perseguir los sueños de una, dicho a los treinta, es como poco cursi, y desde luego nada cool. Pero en fin, yo a lo mío. Imperfecta por dentro y por fuera, y a quien no le guste que no mire.

Tengo treinta años. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que más o menos voy por el camino adecuado, si entendemos por esto aquél que me hace sentir más satisfecha con la vida (nunca el dictado por las convenciones que a la larga es el más inconveniente, nunca el fácil que a la larga es el difícil). A veces cierta impaciencia me nubla la vista, porque observo como mucha gente de mi edad ya está teniendo bebés, ganando (y gastando) dinero y sumergiéndose en el compromiso más duradero de su vida, la hipoteca, mientras que a mí me queda alquiler para rato, no sé vestirme elegante, no me he puesto tacones en la vida, no me maquillo ni me tiño, no tengo ahorros y sigo ilusionada por muchas cosas. Y es que esto último noto que mucha gente lo pierde con la edad, con la madurez, con las responsabilidades. Y entonces el discurso de pronto empieza a ser sarcástico, plagado de chistes irónicos de persona desencantada que no mueve el culo para volverse a encantar. Entonces, de pronto, más o menos cuando cumples los treinta, se supone que ya no queda bien que una crea que el mundo puede cambiar, no quedan bien las locuras de amor, no quedan bien las opiniones que se dicen en serio y con los ojos bien grandes y bien llenos de esperanza, no queda bien intentar ser coherente con lo que se consume ni con el modo de vida, no queda bien.
Pertenezco a una generación –refiriéndome con este término no sólo a gente contemporánea y de edad parecida, sino con una cultura y una procedencia comunes- que vive en el limbo entre las personas adultas que ya deberían ser (para asumir las responsabilidades de la propia vida y de todo lo bueno y lo malo que pasa en ella) y las personas adolescentes que ya deberían haber dejado de ser (dándole excesiva importancia a lo cool, a la apariencia exterior, a las calorías, a las drogas y a muchas otras superficialidades). Yo, válgame, no me creo la persona más recta y coherente del mundo. Es duro pensarlo, pero hoy día vivir sin participar en el capitalismo extremo en el que se sume nuestra sociedad es harto difícil. Pero vamos, que siento que me aburro muchísimo rodeada de gente que utiliza el sarcasmo para hablar de lo que importa de verdad, que por regla general no puede hacer nada los fines de semana por la mañana porque ha salido hasta el amanecer y se levantará tarde, que no mete la mano en el cuenco de las patatas fritas porque engordan pero que sí que se mete una raya de coca (calorías no, pero niños-soldado todos los que quieras), que no ha tocado un libro en meses y ke eskribe todo kon k. Vamos, no me jodas.
Aburrida y enfadada, porque la indignación es buena como motor. Pero afortunada de rodearme de gente increíble que me inspira y que me enseña, eso también. Y lenta pero segura. En breve me hago autónoma para ser mi propia jefa y seguir persiguiendo mis sueños, aunque esto de perseguir los sueños de una, dicho a los treinta, es como poco cursi, y desde luego nada cool. Pero en fin, yo a lo mío. Imperfecta por dentro y por fuera, y a quien no le guste que no mire.

Comentario:
Solo puedo decir que me hace reflexionar sobre lo que quiero y lo que soy...
"perseguir los sueños..."
"perseguir los sueños..."
Comentario:
ay...
(suspiros)
y besos
y ganas de verte, aburrida o no, una mañana de éstas en las que hacemos tantas cosas..
sila
(suspiros)
y besos
y ganas de verte, aburrida o no, una mañana de éstas en las que hacemos tantas cosas..
sila
Comentario:
Me uno a tus opiniones anti-cool. Viviendo en New York, una se encuentra con la pasion cool a lo largo de los dias. Y nada, sigamos creyendo que sonhar es lo que vale la pena.
Un fuerte abrazo,
Adriana
Un fuerte abrazo,
Adriana
Comentario:
...te entiendo, yo tengo cuarenta años recién cumplido y sigo fabricando sueños. No será acaso una cuestión de carácter?? Yo creo que sí.
Un abrazo!!
Un abrazo!!
Comentario:
Yo tengo muchísimos más y aún sigo apostando, aprendiendo, trazando, decidiendo mi camino y cambiándolo si no me gusta. Lleva mi sangre y mis ilusiones, está hecho de dolor y sueños, de esperanza y corazón, es mío.
Dices bien, ese camino facilón y frívolo, es el más difícil, porque no es el tuyo, es el de los demás, el del borrego, nada has puesto en él y nada te identifica, esperas siempre que te digan lo que tienes que hacer o imitas a los demás. Es el vacío más absoluto.
Me siento identificada con lo que dices, me pasó y me pasa lo mismo, que nunca he hecho lo que se espera de mi, lo que se supone que debo hacer, sino lo que quiero y me da vida, lo que deja mi rastro de piel por el camino.
Por eso me gustas tanto, niña, por lo poco corriente que eres, siempre aprendo y descubro algo nuevo aquí, algo tuyo :D
Dices bien, ese camino facilón y frívolo, es el más difícil, porque no es el tuyo, es el de los demás, el del borrego, nada has puesto en él y nada te identifica, esperas siempre que te digan lo que tienes que hacer o imitas a los demás. Es el vacío más absoluto.
Me siento identificada con lo que dices, me pasó y me pasa lo mismo, que nunca he hecho lo que se espera de mi, lo que se supone que debo hacer, sino lo que quiero y me da vida, lo que deja mi rastro de piel por el camino.
Por eso me gustas tanto, niña, por lo poco corriente que eres, siempre aprendo y descubro algo nuevo aquí, algo tuyo :D
Comentario:
Nunca se es demasiado viejo para perseguir sueños... Me parece que la vejez llega cuando ya no los tenemos (aunque suene cursi diciéndolo una que también tiene 30) :P