OTOÑO
La fuerza de lo visible está en lo invisible. (Marianne Moore)
Una estación que posee connotaciones universalmente internalizadas, pese a que no en todas las partes del planeta haga -por ahora, hasta que consigamos cargárnoslo del todo- la misma temperatura. El otoño es policromático como las hojas que caen en la acera. Alguien ha barrido y las ha situado en un montón crujiente. El otoño es romántico porque casi siempre nos hemos ido de algún sitio, o se han marchado, y en alguna parte de esta machacada tierra alguien nos está extrañando. El otoño también significa para muchas personas la vuelta a la cotidianidad, que en un primer momento espanta pero que luego en ocasiones te ordena la cabeza, y comienzas a redescubrir el placer de ciertos ritos: el café mientras escuchas la radio, la lectura del periódico gratuíto mientras caminas por la calle, la tertulia del mediodía fiambrera en mano. El otoño trae el frío, que aquí en Madrid ha llegado de repente, sin avisar, sin darnos tiempo a sacar el abrigo de... ¿dónde guardé el abrigo el año pasado? Y con el frío llegan los coches, porque en esta ciudad hay personas que no saben andar, no quieren aprender a mezclarse con otras, y contaminan las calles con sus prescindibles armatostes. Tardan más que la plebe que va en metro, se enfadan mucho en los atascos. ¿Por qué se enfadan? Suya es la culpa.
Bueno, pues aquí está el otoño, y ayer me sentí muy oreja de Van Gogh (ay, sí, estoy hablando del grupo musical, qué vergüenza) pisando el cemento que conducía a la Puerta del Sol, y que estaba moteado de gotas de lluvia. Porque pensaba en ella, claro, y me decía: joder, ya hace casi un año... ¿Recordará las tardes de invierno por Madrid, las noches enteras sin dormir...?
Y también meditaba sobre las palabras, porque estudio literatura y cuidarlas como l@s veterinari@s cuidan los animales es mi cometido. Y me ponía triste pensando que han conseguido vaciar de significado muchas de ellas.
El domingo la portada del diario El País hablaba de la democracia afgana, que el inefable Bush calificó de "una cosa grandiosa". La foto era para echarse a llorar. Dos filas de personas esperando a votar: una de hombres y otra de mujeres. Porque claro, ¿cómo se van a mezclar? Y las mujeres del "liberado" Afganistán cubiertas de pies a cabeza con las siniestras burkas. Porque claro, ¿cómo van a mostrar el cuerpo? Democracia, sí. Gabby tiene en su blog otro gran ejemplo de cómo las palabras son pervertidas para beneficiar a los de siempre. Se titula "Legal e ilegal". Y después está la violencia doméstica, los daños colaterales, la justicia...
Lo que me da miedo del otoño es que las personas afortunadas por casualidad, porque nacimos donde nacimos igual que podíamos haber nacido en otro sitio, caminamos sobre sangre y casi que nos hemos acostumbrado del todo. Es la sangre de Palestina, de Ciudad Juárez, de Iraq, de las mujeres asesinadas, del hambre, de la sed, de la globalización, de Sudán, de Haití, de la pobreza, de la corrupción, la contaminación...
Es nuestra obligación comprometernos en mejorar el mundo. Cada cual a su manera, y eso quiere decir que no hace falta marcharse a África. "Piensa globalmente, actúa localmente", dice la consigna. Y esto quiere decir que desde nuestros barrios al mundo entero existen muchas posibilidades, y que todo el mundo puede ser Carlinhos Brown o Wangari Maathai sin necesidad de tener todos los medios a su alcance. Cada pequeño gesto diario puede ser un acto de lucha.
Y con este deseo de activismo cotidiano para vosotr@s y para mí, que no nos acomodemos nunca, que no nos dejemos de indignar, que mantengamos los ojos muy abiertos y las manos siempre tendidas, con esto os dejo por hoy. Feliz otoño, feliz vuelta a casa, o feliz viaje a un mundo nuevo.
Una estación que posee connotaciones universalmente internalizadas, pese a que no en todas las partes del planeta haga -por ahora, hasta que consigamos cargárnoslo del todo- la misma temperatura. El otoño es policromático como las hojas que caen en la acera. Alguien ha barrido y las ha situado en un montón crujiente. El otoño es romántico porque casi siempre nos hemos ido de algún sitio, o se han marchado, y en alguna parte de esta machacada tierra alguien nos está extrañando. El otoño también significa para muchas personas la vuelta a la cotidianidad, que en un primer momento espanta pero que luego en ocasiones te ordena la cabeza, y comienzas a redescubrir el placer de ciertos ritos: el café mientras escuchas la radio, la lectura del periódico gratuíto mientras caminas por la calle, la tertulia del mediodía fiambrera en mano. El otoño trae el frío, que aquí en Madrid ha llegado de repente, sin avisar, sin darnos tiempo a sacar el abrigo de... ¿dónde guardé el abrigo el año pasado? Y con el frío llegan los coches, porque en esta ciudad hay personas que no saben andar, no quieren aprender a mezclarse con otras, y contaminan las calles con sus prescindibles armatostes. Tardan más que la plebe que va en metro, se enfadan mucho en los atascos. ¿Por qué se enfadan? Suya es la culpa.
Bueno, pues aquí está el otoño, y ayer me sentí muy oreja de Van Gogh (ay, sí, estoy hablando del grupo musical, qué vergüenza) pisando el cemento que conducía a la Puerta del Sol, y que estaba moteado de gotas de lluvia. Porque pensaba en ella, claro, y me decía: joder, ya hace casi un año... ¿Recordará las tardes de invierno por Madrid, las noches enteras sin dormir...?
Y también meditaba sobre las palabras, porque estudio literatura y cuidarlas como l@s veterinari@s cuidan los animales es mi cometido. Y me ponía triste pensando que han conseguido vaciar de significado muchas de ellas.
El domingo la portada del diario El País hablaba de la democracia afgana, que el inefable Bush calificó de "una cosa grandiosa". La foto era para echarse a llorar. Dos filas de personas esperando a votar: una de hombres y otra de mujeres. Porque claro, ¿cómo se van a mezclar? Y las mujeres del "liberado" Afganistán cubiertas de pies a cabeza con las siniestras burkas. Porque claro, ¿cómo van a mostrar el cuerpo? Democracia, sí. Gabby tiene en su blog otro gran ejemplo de cómo las palabras son pervertidas para beneficiar a los de siempre. Se titula "Legal e ilegal". Y después está la violencia doméstica, los daños colaterales, la justicia...
Lo que me da miedo del otoño es que las personas afortunadas por casualidad, porque nacimos donde nacimos igual que podíamos haber nacido en otro sitio, caminamos sobre sangre y casi que nos hemos acostumbrado del todo. Es la sangre de Palestina, de Ciudad Juárez, de Iraq, de las mujeres asesinadas, del hambre, de la sed, de la globalización, de Sudán, de Haití, de la pobreza, de la corrupción, la contaminación...
Es nuestra obligación comprometernos en mejorar el mundo. Cada cual a su manera, y eso quiere decir que no hace falta marcharse a África. "Piensa globalmente, actúa localmente", dice la consigna. Y esto quiere decir que desde nuestros barrios al mundo entero existen muchas posibilidades, y que todo el mundo puede ser Carlinhos Brown o Wangari Maathai sin necesidad de tener todos los medios a su alcance. Cada pequeño gesto diario puede ser un acto de lucha.
Y con este deseo de activismo cotidiano para vosotr@s y para mí, que no nos acomodemos nunca, que no nos dejemos de indignar, que mantengamos los ojos muy abiertos y las manos siempre tendidas, con esto os dejo por hoy. Feliz otoño, feliz vuelta a casa, o feliz viaje a un mundo nuevo.
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Hermoso texto. Recojo tu consigna.
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del otoño me preocupa su abrazo de melancolía y su luz oscura, por eso busco sus colores y sus sorpresas
me gustaría pensar que entre todos el mundo puede ir a mejor, pero unos días parece algo más difícil q otros..
muxus!
me gustaría pensar que entre todos el mundo puede ir a mejor, pero unos días parece algo más difícil q otros..
muxus!
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De adolescente me dejó de gustar el otoño. El año pasado, sin duda el otoño más triste de mi vida, escuché los susurros de las hojas caídas y me reconcilié con él.Soy bebé de verano, pero ahora me gusta la intimidad del otoño.
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Otoño es una de mis estaciones favoritas, me gustan sus colores y el frío.
Pasan las estaciones pero el mundo se queda quieto, estancado, nada parece cambiar demasiado por más que mude de vestido.
Pasan las estaciones pero el mundo se queda quieto, estancado, nada parece cambiar demasiado por más que mude de vestido.
Comentario:
Gracias.
Olivia me ha remitido a Octavia y ¡han caído del libro dos bonobuses de los naranjas (¿recuerdas?)!
y...
"Entonces, ¿en qué creía? En el humor. En reirme de los sistemas, de la gente, de uno mismo. En reirme de mi propia necesidad de reirme constantemente. En ver la vida tan contradictoria, multilateral, diversa, divertida, trágica y con momentos de belleza terrible. En ver la vida como un pastel de frutas, incluyendo ciruelas deliciosas y almendras podridas, pero destinado a que nos lo comamos con hambre porque no se pueden celebrar las ciruelas sin envenenarnos, en ocasiones, con las almendras" Erica Young. Miedo a volar.
Feliz otoño, cargado de nostalgia y recuerdos que la memoria, juguetona siempre, se empeña en devolvernos felices.
Olivia me ha remitido a Octavia y ¡han caído del libro dos bonobuses de los naranjas (¿recuerdas?)!
y...
"Entonces, ¿en qué creía? En el humor. En reirme de los sistemas, de la gente, de uno mismo. En reirme de mi propia necesidad de reirme constantemente. En ver la vida tan contradictoria, multilateral, diversa, divertida, trágica y con momentos de belleza terrible. En ver la vida como un pastel de frutas, incluyendo ciruelas deliciosas y almendras podridas, pero destinado a que nos lo comamos con hambre porque no se pueden celebrar las ciruelas sin envenenarnos, en ocasiones, con las almendras" Erica Young. Miedo a volar.
Feliz otoño, cargado de nostalgia y recuerdos que la memoria, juguetona siempre, se empeña en devolvernos felices.
Comentario:
Nací un 21 de noviembre, en primavera, a punto de recibir el verano. Llevo casi 20 años festejando mi nacimiento en otoño, con frío y guantes, y siempre que estoy a punto de apagar las velitas, mi cuerpo siente cierta melancolía, cierta nostalgia de esas diez primaveras primeras. Y la nostalgia es lo que tiene (en griego “regreso” se dice nostos. Algos significa “sufrimiento”. La nostalgia es, pues, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar). Como ya no vivo mi cotidianidad primaveral en noviembre, intento festejar los otoños con canciones que me reconcilien. Y un buen comienzo es escuchar y cantar la canción "Octobre" de Francis Cabrel. No me devuelve el mismo calor de antaño pero al menos me sirve para dosificar, poquito a poco, la entrada brusca de las noches en los días.
Comentario:
Me ha gustado mucho leerte. Qué bueno todo lo que ha hecho y hace carlinhos brown, la música puede salvarnos siempre. Me gusta especialmente el sol de otoño, más en el mediterráneo, me siento muy de esta estación, nací en octubre, quizás tiene algo que ver.un beso
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hola, devuelvo visitas... interesante blog, contenido, estètica... espero que volvamos a cruzarnos
a mì tambièn me habitan muchas
besitos
a mì tambièn me habitan muchas
besitos
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cada vez que entro aquí veo un cambio de look, tienes mucha razón en lo que dices, sobre todo en el tema afgano...es vergonzoso...a veces me da miedo encender la tele o leer el periódico al ver que noticia peor que la anterior puede llegar a mí...un beso
Comentario:
La vida pasaba y yo sentía que me iba a morir de amor...
Cómo me gustaría estar en otoño. Pero claro, tampoco podría cambiar el mundo.
Saludos!
Cómo me gustaría estar en otoño. Pero claro, tampoco podría cambiar el mundo.
Saludos!
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no está mal, música y hojas,
a lo mejor es posible otro mundo.
besos
a lo mejor es posible otro mundo.
besos
Comentario:
Bien, totalmente de acuerdo; y si puede ser, súbanse a lo alto de una montaña con los brazos abiertos y vayan cerrándolos al par que creen que son capaces de cambiar la puta energía de este mundo.
Saluditos
*más bancos para los pobres
Saluditos
*más bancos para los pobres

