La Letra Escarlata
No tengo tiempo para escribir poco
Acerca de
Escribir es sencillo. Tan sólo tienes que sentarte frente al ordenador y abrirte una vena.
Sindicación
 
AUTOBIOGRAFÍA: capítulo uno
Mi vida empezó la primera vez que me enamoré locamente.
Y después me nacieron, como diría Clarín, un par de décadas antes más o menos. Saqué primero una mano, recuerda mi madre, lo cual asustó bastante a las enfermeras que se asomaron a sus cavernas uterinas para comprobar cómo iba el proceso. Así que ya estaba claro que o bien iba a tocar las castañuelas en los saraos o bien iba a salir escritora (de acuerdo, he acabado haciendo ambas cosas). A todo esto mi formidable madre rompió aguas haciendo la compra en un centro comercial de la calle Pío XII. Terminó de pagar, cogió el coche, se fue a casa y esperó a que mi padre llegase de trabajar para que la llevase al hospital. Claro que estaba acostumbrada ya a esos menesteres. Había tenido seis bebés ya y todavía le quedaría por nacer a mi hermana pequeña antes de decir hasta aquí hemos llegado.
Fui una cría gorda –“hija mía, me paraban por la calle para preguntarme qué te daba de comer”- y feliz y casi me muero de una intoxicación –“te pellizcábamos y se quedaba la forma del pellizco, te habías deshidratado”- pero un día desperté y me levanté de la cuna y dije “¡hola!” a mis hermanas y hermanos, quienes estaban viendo la televisión. Se pusieron a vitorearme y a aplaudir. Yo de todo esto no me acuerdo, que me lo han contado, pero sí de pasar en volandas de un brazo adolescente a otro durante toda mi concurrida infancia.
Mi hermana Esther hacía fiestas cuando estábamos las pequeñas a su cuidado porque mi madre y mi padre se habían ido de viaje. Salíamos a saludar, vestidas iguales, y cuando todas sus amigas y sus novios habían jugado un rato con nosotras y habían dicho quinientas veces “qué ricas son” y se habían hartado y querían bailar y beber, Esther nos encerraba en nuestro cuarto y nos regañaba si salíamos (pero nos daba ganchitos y coca-cola).
Esther era la rebelde. Se teñía el pelo y nos obligaba a aprendernos las canciones de Alaska de memoria para que las cantásemos delante de su panda y todo el mundo dijera “qué ricas son”. ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?fue una de las primeras historias tristes que escuché, y como dándome pistas de un futuro cercano que me iba a marcar para siempre, el tema era un accidente de coche.
La descubrí fumando y me dio a probar un cigarrillo. Después me dijo: “ahora, si le cuentas a papá y a mamá que fumo, les diré que tú también lo has hecho”. Yo tenía unos cuatro años.
Un día estaba comiéndose un polo en la piscina y me dijo: “si te tiras sin flotador, te regalo este helado”. Así aprendí a nadar.
Me hacía leerle las novelas que le mandaban en el instituto porque a ella le daba pereza. Se tumbaba en la cama y yo me sentaba a su lado y pasaba página tras página en voz alta. Así, con siete años, yo ya había leído El señor de las moscas, Cinco horas con Mario y La Colmena, entre otros libros (lo cual no quiere decir que hubiese comprendido algo de lo que querían decir). Después estudio taquigrafía y seguí leyéndole para que pudiese practicar con mis dictados.
Cuando a mi abuela Concha le empezó a fallar la vista, también era yo la que le leía esas novelas baratas que se compran en los quioscos, de Harlequín, Jazmín y Corín Tellado.
Así aprendí a ser escritora y supongo que también a ser demasiado romántica.
A ser novelera lo aprendí de mi madre, que para que cenásemos sin rechistar, y también en el coche al llevarnos al colegio, charlaba historias. Ningún cuento lo contó como “de verdad” era, y después al leer a Andersen, Perrault y los Grimm me quedé boquiabierta con los cambios. Por supuesto mi madre era mucho mejor que Andersen, Perrault y los Grimm, a dónde vamos a ir a parar.
Había una vieja fondue que en casa se utilizaba para guardar caramelos. Estaba colocada en un estante muy alto de la cocina que sólo mi madre parecía poder alcanzar. Era marrón con la parte superior dorada, y mágica para mi hermana pequeña y para mí, casi tanto como las lámparas donde habitaban los genios.
Mi padre llegaba tarde del trabajo, vestido con trajes serios y corbatas serias. Nos regalaba paquetes de folios y lapiceros muy nuevos, con la punta afilada. Pisapapeles, clips y flamantes gomas de borrar. Si tenía viajes de negocios volvía con una muñeca repollo, un peluche de Gremlins o algo que nadie tenía todavía en el colegio y que nos volvía reinas por un día en el patio.
En el patio jugábamos a hacer arena fina y a imaginarnos que éramos protagonistas de la serie V. Más adelante, cuando me cambiaron a otro colegio, yo fui más reservada y pasaba los recreos escribiendo cuentos con otra niña que se llamaba Cristina. Pero en ambos centros miré a través de las verjas que nos separaban de la calle y envidié a la gente que andaba por la calle. Pueden ir a donde quieran, pensaba, pueden hacer lo que deseen, creía yo. Una vez, observando cómo se difuminaba el rastro que había dejado un avión en el cielo, blanco y recto y blando, no me di cuenta de que había sonado la sirena que nos anunciaba que era la hora de volver a clase y me quedé sola en el patio, sin caer en la cuenta de que las voces infantiles que antes chillaban a mi alrededor se habían extinguido. Una celadora me descubrió y me llevó a clase. Reprimenda.
Siempre he sido lo que fui en el patio del colegio.
 
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Sí. Yo también jugaba a hacer arena fina.
Un besito
 
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al finnn, pude sacar el ratico que quería para saber si segúias por estas tierras, y aun no había emigrado. Huurrraaa... sigues aki. que bien, poder leer este trocin de ti, que me ha dejado con sabor a querer más. De verdad que Corin Tellado, y tu madre como maestras, han sido las mejores...
 
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pasaba por aqui y te dejo besitos. cuidate. te veo esta noche. jeje. seguro que doy envidia. sí, sí. soy amigo de la hester!
 
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Gracias por los piropos, de verdad :-)
elena, no, no volvería a ser pequeña. Hubo momentos felices pero también mucha confusión, a veces impotencia. Creo que tendría los años que tengo, porque soy quien soy por lo que he vivido. Para bien y para mal.
bea, el capítulo II, pronto en tu kiosco, jaja... No, en serio, muchas gracias por esperarlo, me halaga, de nuevo me sonrojo. Pronto lo pondré en el blog, por supuesto.
Malamala, me voy lejos, pero La Letra Escarlata seguirá, y en ella os contaré mis ayayai, peripecias estadounidenses.
¡Besos por doquier!
 
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Hester, no sé bien qué decir...
Salvo que así da gusto volver: encontrando tus palabras, susurradas como secretos de niños (que son los secretos más importantes).
Me he acordado de cuando cogía la linterna para leer cuando me mandaban a la cama, y de los juegos del patio, y de tantas y tantas cosas
Gracias, Hester, por haber sacado primero una mano.
 
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Qué de recuerdos.. sensaciones suavizadas por el tiempo... rompen su encierro y tú liberandolo todo, sacando siempre algo de cada uno contigo... Me voy a recordar cómo era yo con babi en ese patio donde también me gané algún castigo por quedarme mirando el mundo, curiosa, asombrada, arrobada...
Esto promete, como siempre.
Besotes atrasados¡ que he estado de relaxes y vacaciones.
(Te vas lejotes? pero no te perderás, verdad? san interné es Grande y no perderemos el contacto... dime que no...)
 
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¿Cuándo sale publicado el capitulo II de la Autobiografia? Esto es como cuando te levantabas el lunes por la mañana e ibas al kiosko a comprar la Superpop. El de la tienda te decia no , todavia no ha llegado, hasta la tarde no llega y tú ....no podias esperar mas.
Miro todos los dias si ha salido el capitulo II pero nada....
 
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me emocionas Hester
un quiero
 
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Estoy de acuerdo con todo el mundo...me encanta esta forma de hacer retrospectiva...me he sentido bastante identificada..a medida que te leía me iban llegando mis propios recuerdos...muy agradable!!
 
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Sólo para saludarte... y para que sepas que siempre te leo.
Escribes tan lindo que en lugar de ver letras veo imágenes de lo que vas contando.
¡Adelante!
 
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Me ha encantado!!! Espero con ansia la continuación ;)
 
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¿volverias a ser pequeña? (oficialmente pequeña digo)

me sonrie leerte
elena
 
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.... ahora si te queda un mes y se me empañan los ojos al leerte amiga mía.
 
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Siempre me dejas la sensación de que el mundo visto por tí es un buen sitio para vivir.
Un abrazo
 
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Admiro a las personas que, como tú, pueden mirar hacia atrás sin ira.

Eres grande, pequeña.

 
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Parece ser que el sol tiene forma humana... casi, casi podría decir QUE ERES UN SOL.... casi, casi, no.
Lo afirmo.

Mil besos
 
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Acabo de caer aquí por casualidad, pero te he leído y me he quedado un buen rato. No dudes qe volveré. Me encanta tu forma de contar las cosas. No sé por qué, ni cómo lo has hecho, pero te he sentido cerca, muy cerca...
 
Comentario:
Me gusta tu forma de contarte.
Veo que ha vuelto la Hester de antes de los examenes de Junio, me gustaba aquella chica que pensaba, reflexionaba y vivia en voz alta, veo que ya estas mas descansada.
Poco a poco te vas haciendo con un universo "mitad realidad- mitad ficción" que identifica lo que escribes como "marca Hester"
Me alegro.
No