Dilemas de la soltería
La verdad es que disfruto terriblemente mi soltería; como siempre he sido una persona fiel, ahora me siento con una libertad espectacular en muchos sentidos, sin embargo, hay ocasiones en las que las cosas se tornan un tanto extrañas; por ejemplo, cuando recibes la invitación para la boda de tu amigo, con dos boletos para la recepción.
Jamás me había ocurrido algo semejante, de hecho había rehuido de los eventos sociales donde la gente va en parejas (no sólo por miedo a sentirme Bridget Jones siendo por su soltería el blanco de dolosos comentarios en la cena de parejas) sino incluso a los eventos familiares. Jamás asistí a un evento familiar en pareja y el único sitio donde estuve acompañada de alguien en ese sentido fue el velorio de mi abuela donde mi ex hico un acto de presencia tan relámpago como inútil.
Pero ahora pasó. Este sábado tengo la boda de uno de mis mejores amigos. Y tengo dos boletos para la recepción. En cualquier otro caso, habría ido sola o invitado a mi amiga Sol para compartir la mesa y el taxi; pero ella también tiene dos boletos (y su propio dilema por resolver). Así que, antes de decidir quién sería el afortunado chico que habría de acompañarme (o si resultaría más redituable presentarme sola), le pregunté a mi amigo:
Yo: ¿Habrá solteros en tu boda?
El novio: Sí… ustedes (refiriéndose a Sol y a mí)
Yo: (suelto sonora carcajada)
Sol: Ahora me doy cuenta que, incluso entre los solteros, hay categorías: los que van solos a las bodas y los que no…
Así que iré; con un chico que insiste en ser mi chico y al que yo insito en negarmele; ya les contaré estos episodios de mi vida en los que me he aferrado con todo a mi soltería mientras lucho por no perder mi empleo (otro episodio cómico); pero no me olvido de ustedes y espero ponerme al día con sus blogs pronto.
(¿Ya listos para las vacaciones? Muchos besos)





