Sabiduría Cosmo del ligue
Y heme ahí que terminé sentada después del desayuno (que concluyó ya entrada la tarde ) con mis dos amigas favoritas. Esta vez evitamos el alcohol pero de una u otra manera terminamos con una revista Cosmo en las manos que Sol terminó pagando ya que nadie me había explicado que, en ese café, las revistas no son para hojearse sino para comprarse, hasta que el mesero de mirada inquisidora me lo dijo de golpe y yo lancé un “lo siento” y volví a la mesa a leer la Cosmo.
Como es bien sabido, dicha revista provee de sabiduría a toda la humanidad femenina y de manera especial respecto al asunto de cómo conseguir y mantener un chico hasta ser del todo felices y comer perdices en el desayuno, la comida y la cena.
Así pues y considerando nuestra necesidad de circular nuevamente en el mercado, nos enfocamos en el artículo titulado: cómo conseguir un chico en treinta días, que me ha parecido mucho más práctico que los recetarios esos de cocina de hágalo en 20 minutos o menos. No he podido memorizar todas las estrategiasconsejosrevelaciones que propone la revista pero ahí les dejo las reflexiones de lo que habremos de poner en practica.
Mandar a tus amigos un correo para decir que estás buscando novio: redactar un mail que diga algo como: hola, ¿qué tal? Sólo escribo para decirles a todos que estoy desesperada y en busca de un hombre que soy incapaz de conseguir por mí misma, así que, si saben de alguien ¿podrían darle mi número?
Los siguientes pasos:
1.No vayas acompañada de más de dos amigas a sitios públicos, los grupos de chicas intimidan a los chicos.
2.Procura ir a comer a un sitio cercano a la oficina de vez en cuando en las horas en las que haya más gente, así podrás interactuar con personas nuevas.
3.Ensaya conversando con el mesero, así después podrás hacerlo con mayor facilidad con los extraños.
4.Cuando un chico te mire, sepárate de tus amigas, inclina la cabeza ligeramente a un lado, mira hacia él y sonríe; después baja un poco la mirada.
5.Tropieza accidentalmente con él, envíale un trago o lánzale una nota.
6.Organiza una fiesta o invítalo a él y a sus amigos a una que tengas en puerta. Escucha de lo que conversan y opina al respecto, para que puedas integrarte y llamar la atención.
¡Y ya está! De seguro que después te llama, te pide un par de citas más y termina confesándote que eres el amor de su vida y que quiere casarse contigo, y todo en sólo 30 días, aunque claro, podrías economizar tiempo si metes todos los consejos en la coctelera, los bates por unos segundos y pones todo en práctica.
Por fin te decides, le llamas a tus dos mejores amigas y les dices que les invitas la cena y la ronda de tragos (aunque vayas a recibir el pago hasta dentro de una semana y no tengas ni para el almuerzo de mañana). Llegan al bar que está coincidentemente a la vuelta de tu oficina y entras luciendo la mini falda de cuero, las medias de red, los zapatos de tacón de aguja, el escote hasta el ombligo y el maquillaje perfecto.
Entonces te das cuenta de que el sitio es muy popular los viernes por la noche y que para entrar tendrás que esperar afuera parada en tus tacones de aguja hasta que haya un sitio libre mientras te quejas de que el tipo de la entrada no se deje sobornar. Por fin te dan la mesa, una pequeña e incomodísima cercana al servicio. Con muy poco del buen humor con que emprendiste la estrategia, tú y tus amigas se sientan y antes de ordenar aprovechas para conversar con el mesero:
-Hola, ¿qué tal? -dices
-Les tomo su orden
-Claro… va a ser una hamburguesa doble con papas fritas y una oca-cola dietética para empezar… -él anota- ¿llevas mucho tiempo trabajando aquí? –él te mira y en un total tono de indiferencia te dice-
-¿La carne va a qué término?
-Término medio, por favor –respondes con toda amabilidad- ¿qué edad tienes? –insistes en conversar mientras él ve a tus amigas y les pregunta qué van a ordenar y sale huyendo de la escena lo antes posible evadiéndote la mirada como si te lo fueras a comer a él y no a la hamburguesa que has pedido. Para colmo, no vuelve a tu mesa en toda la noche.
Llega la cena y empiezas de pronto te das cuenta de que un chico te mira y buscas en tu cabeza la lista de pasos a seguir mientras pones cara de estúpida tratando de hacer memoria y ya está, lo recuerdas. Así que inclinas la cabeza un poco, lo miras discretamente, sonríes (que según Cosmo es así como demuestras al chico que estás “disponible”) y mientras tratas de no pensar en la ridícula expresión de tu rostro… ¡lo habías olvidado! Tienes que separarte un poco de tus amigas así que mueves la silla para atrás y sin que sepas el momento exacto en que ocurre pierdes el equilibrio y terminas debajo de la mesa con la blusa en el cuello y la mini falda en la cintura. Pero claro, todos los chicos del sitio han notado tu presencia.
Vuelves a tu silla con un poco de temor. El chico que no es nada feo te sigue mirando, se te ocurre entonces mandarle una nota en unas servilleta de papel con tu número telefónico, tu nombre y un “llámame” coronado por un beso impreso con tu lipstick color rojo pasión. Pero el mesero no se acerca a ti ni por error así que te impacientas y ante tu incapacidad de armar un "avioncito" con la servilleta terminas por hacerla bolita y se la lanzas con la suerte de que le has atinado al ojo. ¿Menos mal que nadie te vio lanzarla, no?
Vuelves a la conversación con tus amigas, pides otra ronda de cervezas y decides, ¿por qué no?, enviarle un trago al chico, así que te pides una margarita. A falta de mesero (nuevamente) y gracias al entusiasmo que te ha concedido el alcohol, te pones de pie, con margarita en mano y te dirijes a la mesa del chico, pero antes de que te des cuenta la bolita de papel (si, esa que le enviste directo al ojo), se te atora en el tacón de aguja, te hace tropezar y terminas vaciándole la margarita en la camisa y sobre las piernas de su amigo que no es precisamente tan atractivo como él.
Te disculpas y para salir de la situación los invitas a una fiesta de una amiga (a la que hace años que no ves, porque ni siquiera te cae bien pero que hoy organizaba una fiesta festejando… bueno, no recuerdas pero festejaba algo, ¿no?). Ellos aceptan y terminan yendo al piso de tu amiga donde ella se pasa la noche preguntándose de dónde demonios ha salido tanta gente.
Después te despiertas en la madrugada en cama del amigo del chico (el que no es nada guapo) y decides salir discretamente, ir a casa, tomar un par de aspirinas para la resaca y un poco de café. Lo haces y te parece bien que el tipo no sepa tu nombre, ni tú el suyo. Y cuando vas a meterte en la cama a descansar un poco te suena el móvil
-¿Diga?
-¿Maripili? –no reconoces la voz masculina
-Si –respondes
-¿Qué tal?, soy Juanjillo
-¿Quién?
-Nos conocimos anoche, en el bar… -te dice y sabes que tienes un problema
-¡Ah!, claro…
-¿Estarás en tu casa el día de hoy? –pregunta
-No lo creo… -dices dudosa, de seguro el chico quiere otra cita y no tarda en declararte su amor, que has seguido los consejos Cosmo y no puede fallar
-Vale, no importa. Lo que pasa es que anoche te has vomitado en mi auto y he quedado de enviarte la cuenta del auto-lavado…
Y es así como terminas aceptando una segunda cita, en la que él paga la cena y los tragos, para evitar pagarle la cuenta del auto-lavado ahora que no tienes ni un duro partido por la mitad, mientras piensas en algo para evadir la tercera cita en la que, de seguro, te pedirá matrimonio porque la sabiduría Cosmo no se equivoca.
Como es bien sabido, dicha revista provee de sabiduría a toda la humanidad femenina y de manera especial respecto al asunto de cómo conseguir y mantener un chico hasta ser del todo felices y comer perdices en el desayuno, la comida y la cena.
Así pues y considerando nuestra necesidad de circular nuevamente en el mercado, nos enfocamos en el artículo titulado: cómo conseguir un chico en treinta días, que me ha parecido mucho más práctico que los recetarios esos de cocina de hágalo en 20 minutos o menos. No he podido memorizar todas las estrategiasconsejosrevelaciones que propone la revista pero ahí les dejo las reflexiones de lo que habremos de poner en practica.
Mandar a tus amigos un correo para decir que estás buscando novio: redactar un mail que diga algo como: hola, ¿qué tal? Sólo escribo para decirles a todos que estoy desesperada y en busca de un hombre que soy incapaz de conseguir por mí misma, así que, si saben de alguien ¿podrían darle mi número?
Los siguientes pasos:
1.No vayas acompañada de más de dos amigas a sitios públicos, los grupos de chicas intimidan a los chicos.
2.Procura ir a comer a un sitio cercano a la oficina de vez en cuando en las horas en las que haya más gente, así podrás interactuar con personas nuevas.
3.Ensaya conversando con el mesero, así después podrás hacerlo con mayor facilidad con los extraños.
4.Cuando un chico te mire, sepárate de tus amigas, inclina la cabeza ligeramente a un lado, mira hacia él y sonríe; después baja un poco la mirada.
5.Tropieza accidentalmente con él, envíale un trago o lánzale una nota.
6.Organiza una fiesta o invítalo a él y a sus amigos a una que tengas en puerta. Escucha de lo que conversan y opina al respecto, para que puedas integrarte y llamar la atención.
¡Y ya está! De seguro que después te llama, te pide un par de citas más y termina confesándote que eres el amor de su vida y que quiere casarse contigo, y todo en sólo 30 días, aunque claro, podrías economizar tiempo si metes todos los consejos en la coctelera, los bates por unos segundos y pones todo en práctica.
Por fin te decides, le llamas a tus dos mejores amigas y les dices que les invitas la cena y la ronda de tragos (aunque vayas a recibir el pago hasta dentro de una semana y no tengas ni para el almuerzo de mañana). Llegan al bar que está coincidentemente a la vuelta de tu oficina y entras luciendo la mini falda de cuero, las medias de red, los zapatos de tacón de aguja, el escote hasta el ombligo y el maquillaje perfecto.
Entonces te das cuenta de que el sitio es muy popular los viernes por la noche y que para entrar tendrás que esperar afuera parada en tus tacones de aguja hasta que haya un sitio libre mientras te quejas de que el tipo de la entrada no se deje sobornar. Por fin te dan la mesa, una pequeña e incomodísima cercana al servicio. Con muy poco del buen humor con que emprendiste la estrategia, tú y tus amigas se sientan y antes de ordenar aprovechas para conversar con el mesero:
-Hola, ¿qué tal? -dices
-Les tomo su orden
-Claro… va a ser una hamburguesa doble con papas fritas y una oca-cola dietética para empezar… -él anota- ¿llevas mucho tiempo trabajando aquí? –él te mira y en un total tono de indiferencia te dice-
-¿La carne va a qué término?
-Término medio, por favor –respondes con toda amabilidad- ¿qué edad tienes? –insistes en conversar mientras él ve a tus amigas y les pregunta qué van a ordenar y sale huyendo de la escena lo antes posible evadiéndote la mirada como si te lo fueras a comer a él y no a la hamburguesa que has pedido. Para colmo, no vuelve a tu mesa en toda la noche.
Llega la cena y empiezas de pronto te das cuenta de que un chico te mira y buscas en tu cabeza la lista de pasos a seguir mientras pones cara de estúpida tratando de hacer memoria y ya está, lo recuerdas. Así que inclinas la cabeza un poco, lo miras discretamente, sonríes (que según Cosmo es así como demuestras al chico que estás “disponible”) y mientras tratas de no pensar en la ridícula expresión de tu rostro… ¡lo habías olvidado! Tienes que separarte un poco de tus amigas así que mueves la silla para atrás y sin que sepas el momento exacto en que ocurre pierdes el equilibrio y terminas debajo de la mesa con la blusa en el cuello y la mini falda en la cintura. Pero claro, todos los chicos del sitio han notado tu presencia.
Vuelves a tu silla con un poco de temor. El chico que no es nada feo te sigue mirando, se te ocurre entonces mandarle una nota en unas servilleta de papel con tu número telefónico, tu nombre y un “llámame” coronado por un beso impreso con tu lipstick color rojo pasión. Pero el mesero no se acerca a ti ni por error así que te impacientas y ante tu incapacidad de armar un "avioncito" con la servilleta terminas por hacerla bolita y se la lanzas con la suerte de que le has atinado al ojo. ¿Menos mal que nadie te vio lanzarla, no?
Vuelves a la conversación con tus amigas, pides otra ronda de cervezas y decides, ¿por qué no?, enviarle un trago al chico, así que te pides una margarita. A falta de mesero (nuevamente) y gracias al entusiasmo que te ha concedido el alcohol, te pones de pie, con margarita en mano y te dirijes a la mesa del chico, pero antes de que te des cuenta la bolita de papel (si, esa que le enviste directo al ojo), se te atora en el tacón de aguja, te hace tropezar y terminas vaciándole la margarita en la camisa y sobre las piernas de su amigo que no es precisamente tan atractivo como él.
Te disculpas y para salir de la situación los invitas a una fiesta de una amiga (a la que hace años que no ves, porque ni siquiera te cae bien pero que hoy organizaba una fiesta festejando… bueno, no recuerdas pero festejaba algo, ¿no?). Ellos aceptan y terminan yendo al piso de tu amiga donde ella se pasa la noche preguntándose de dónde demonios ha salido tanta gente.
Después te despiertas en la madrugada en cama del amigo del chico (el que no es nada guapo) y decides salir discretamente, ir a casa, tomar un par de aspirinas para la resaca y un poco de café. Lo haces y te parece bien que el tipo no sepa tu nombre, ni tú el suyo. Y cuando vas a meterte en la cama a descansar un poco te suena el móvil
-¿Diga?
-¿Maripili? –no reconoces la voz masculina
-Si –respondes
-¿Qué tal?, soy Juanjillo
-¿Quién?
-Nos conocimos anoche, en el bar… -te dice y sabes que tienes un problema
-¡Ah!, claro…
-¿Estarás en tu casa el día de hoy? –pregunta
-No lo creo… -dices dudosa, de seguro el chico quiere otra cita y no tarda en declararte su amor, que has seguido los consejos Cosmo y no puede fallar
-Vale, no importa. Lo que pasa es que anoche te has vomitado en mi auto y he quedado de enviarte la cuenta del auto-lavado…
Y es así como terminas aceptando una segunda cita, en la que él paga la cena y los tragos, para evitar pagarle la cuenta del auto-lavado ahora que no tienes ni un duro partido por la mitad, mientras piensas en algo para evadir la tercera cita en la que, de seguro, te pedirá matrimonio porque la sabiduría Cosmo no se equivoca.
Comentario:
Jejeje! Vaya tela de post, lo q me he podido reir recien levantado :D q digo yo q esos consejos los escribiran las redactoras del Cosmo y espero q no sean sus propios pasos xq estaran mas solas q la one :P o será q cómo ellas están solas quieren lo mismo para el resto de las chicas? En cualquier caso, esa revista parece de ciencia ficción :p te ha quedado bordado.
Un abrazo.
Un abrazo.
Comentario:
Jajajajajajaja... por favor, lo que me he podido reír leyéndote :p La sabiduría Cosmo sobre las técnicas para ligar no se equivocará nunca, pero a mí me pasa tres cuartos de lo mismo que a ti, por mucha cara idiota que ponga o por mucho que ensaye con el charcutero.
En lugar del Cosmo hay que leer el Manual de la Perfecta Cabrona (es un libro, lo juro, existe). No lo he leído aún pero fijo que nos hace más felices.
Besotes.
En lugar del Cosmo hay que leer el Manual de la Perfecta Cabrona (es un libro, lo juro, existe). No lo he leído aún pero fijo que nos hace más felices.
Besotes.





