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Letras solubles en café
Soliloquios de imagenes mentales y sabores emotivos
Acerca de
Intrínseca, natural, transparente. Aferrada a ser yo misma con todas sus consecuencias. Generalmente alegre. Aficionada a las letras, al cine y a los besos.
Sindicación
 
Idilio de viaje en autobús
El viaje era un compromiso, independientemente de su índole, era un compromiso. Viajar ocho horas en autobús, estar en el evento de una hora, en otra ciudad, en una gran urbe y volver, en autobús otras ocho horas de viaje. Una travesía. Tú no fallas a tus compromisos.

A tu llegada, él está ahí, organizando. De pronto te das cuanta que muchas personas no van a venir. Que de los quince que subirán al autobús, son solo una chica más y tú. Tú tienes sueño y el médico te ha advertido que necesitas dormir, pero él insiste en que te sientes a su lado en la parte trasera del autobús mientras él bebe, fuma –aunque no debe- y conversa de temas que a ti te da igual escuchar o no.

Entonces la tertulia masculina se dispersa un poco y te dice que le debes una cena romántica. Tú le explicas que no, que estuviste tentada a pedirle que te acompañara, pero que no lo hiciste, y que por tanto él no aceptó y que, en resumen, no le debes nada. Entonces él quiere que le hables de las circunstancias, de esa misteriosa cena y tú no quieres. No quieres repetir la historia. Pero terminas explicando que le habías organizado una cena romántica a tu novio, que era sorpresa y que el tío te canceló unas horas antes.

Como suele suceder el se siente con la libertad para hablar de “tu novio” aunque no lo conoce y para ahorrarle el discurso le dices que te importa un carajo si es que tiene otra o si es que el trabajo de verdad lo absorbe o si es que, sencillamente no quería estar más contigo y no ha podido decírtelo. Que da igual, porque ya no tienes novio.

Pudiste prever que ese tío intentaría besarte en la parte trasera del bus aún sabiendo que no era lo más conveniente, pero no previste que te diría que “vamos, sé leer entre líneas, ¿por qué te cuesta tanto aceptarlo?” y entonces te da un poco de pena decirle que en realidad no te interesa.

No lo habías previsto, aunque debiste hacerlo. Él comienza a abrazarte y besarte. Tú lo dejas hacer, sabiendo hacia donde se encamina. Te declama un par de poemas –suyos, por cierto-, te pregunta si puede besarte y ofreces la mejilla. Entonces te dice que no pensaba besarte en los labios, que no lo haría sabiendo que no estás de acuerdo y tú dices que te alegra, porque no sabes qué más decir.

Él insiste diciendo que siempre le has gustado, que quiso besarte desde el primer día que te conoció (hace dos años), que cuando volvieron a coincidir (hace tres meses) guardó su distancia sabiendo que tenías novio –por qué tú se lo dijiste-, que le pareces atractiva, que le encanta como hueles, que eres una mujer de carácter y tierna a la vez, que teme que se enamorará de ti, y entonces le dices que no, que no se lo aconsejas. Que como amiga le adviertes que lo mejor es que no se enamore de ti. Acostumbras decírselo a los tíos, lo dices de verdad, de corazón, pero no te hacen caso, o pretenden no haber tomado el consejo.

Entonces te dice -con el aliento perfumado por la cantidad de cervezas que se ha tomado- que muere de ganas por besarte y antes de que tú aceptes o rechaces, te besa y lo dejas hacer. Y das una explicación entrecortada e inocente diciendo que acabas de terminar con tu novio, que no es un buen momento, que estás voluble y susceptible. Pregunta si acaso crees que se está aprovechando, le dices que no es eso a lo que te refieres y le sales con el cuento chino de que le gusta a tu amiga –que ni siquiera es tu amiga, que igual te da la vida de la mujer, que han vivido una enfrente de la otra toda una vida sin acaso tener más que un par de charlas triviales-. Él lo piensa, dice que no se había dado cuenta, pero vuelve a besarte.

Si quieres, me voy, lo dejo así, te ofrece. Tú respondes con un “no sé”, “no sé lo que quiero, no ahora, ése es el problema”. Y entonces él sigue besándote, acariciándote y tu sigues pensando que sus besos no son como los de R (tu ex), que no te acaricia como lo hacía él, que no te da la gana que él, el que está ahora sentado junto a ti, meta la mano bajo la blusa. Simplemente no es R, y no hay otra cosa que R en tu cabeza mientras él intenta darte sus besos y acariciarte mientras susurra a tu oído un sin fin de frases hechas.

Lo aceptas. No debía pasar, por muchas razones que tienen que ver con tu imagen, tu carrera, tu futuro. Pero ha pasado. Y ni siquiera te gusta como besa, como te toca, como correspondes sin ganas. Y te dice que duermas, que velará tu sueño. Tú piensas que necesitas descansar, ya habrá tiempo después de hablar, tal vez no haya necesidad, tal vez él entienda que todo ocurrió de manera circunstancial: la noche, el asiento trasero, tu quebrado estado emocional, su elevado índice etílico en la sangre. Concluido el viaje todo podrá volver a la normalidad.

Pero él se duerme a tu lado, abrazándote, buscándote. Se despierta y te besa sutilmente, te acaricia. Las cosas se tranquilizan cuando llegan, comen, se presentan al evento. Pero de regreso al autobús, aparta su sitio a tu lado, te abraza y sigue hablando a tu oído, diciendo que disfruta escuchándote suspirar, viéndote dormir. Y te besa aún cuando sabe que tu padre está por llegar por ti. Y dice que te llamará mañana, que lo que ha pasado no es culpa del alcohol, que era algo que él había estado deseando.

Y tú no sabes como decirle que no quieres, que no puedes estar con él. Que sabes de su divorcio, de que es un patán profesional, de los hijos que no ha reconocido –o conocido siquiera-. Cómo decirle que no puedes estar con alguien que echa más humo que la chimenea o que bebe en cantidades industriales. Que no te interesa.

Entonces despiertas. Vas al trabajo y haces tu día viendo el móvil de reojo, esperando a que suene, a escuchar su voz del otro lado de la línea, planeas la cita y preparas mentalmente el discurso: pero si somos tan buenos amigos, ¿para qué echar la amistad por la borda?, que estoy confundida y cansada, que no quiero involucrarme con nadie ni ahora ni en algún tiempo… y sabes que terminarás inventándote algo para salir airosa y libre de la conversación.

Y vuelves a pensarlo y te preguntas ¿acaso empiezo a ser una chica mala de esas de las que hablaba Pau en su post?, ¿me he vuelto una persona de esas que niega el afecto para atraer chicos?, ¿será que estoy aprendiendo a jugar el papel de mosca muerta en esta especie de risk de las relaciones, como escribía mister PaperBoat?, ¿o sencillamente eres capaz de reconocer que se te fue la pinza en el asunto una noche y que ahora, la conversación pendiente para ponerle punto final a todo este ajetreo, no es más que una manera de recobrar los gramos de coherencia que perdiste?

La pregunta del millón es ¿debes sentirte orgullosa porque alguien más se ha sentido interesado en ti por más de una noche o sentirte mal por haber dejado que otro se creyera que había un mañana contigo cuando tú sabías de antemano que no te interesaba que el idilio sobreviviera a las horas de viaje?

¿Tú lo sabes? Porque yo no lo sé.
 
Comentario:
adicta a los besos???
no lo habia leido
podemos formar un club

besos

A.-
 
Comentario:
YAHORAQUEBONITA: Te cuento, para bien o para mal, el sujeto no llamó. Lo cierto es que he estado tentada a llamarle. Al final, tienes toda la razón, estoy confundida y en proceso de aclarar mi confusión. Gracias.


CASTOR: agradezco su visita y la practicidad de su consejo. He querido dejar un comentario en su blog pero eso es imposible ya que la configuración no permite dejar comentarios cuando no se es usuario de blogger, ¿va a cambiar eso?


SUGRAÑES: Sí que debe ser difícil ser tú, ¿alguna vez has pensado en cambiar tu vida por la de alguien más? porque se me ocurre hacerte una propuesta =P


SAYURY: Gracias por tus palabras, estoy tranquila, por fortuna, o en proceso de estarlo. Sigo pendiente de tus recomendaciones cinematográficas.

PAPER: Guapo, te leo y me pregunto lo mismo ¿cómo no voy a terminar enamorada de ti?
 
Comentario:
Cariño, sea lo que sea... a lo hecho pecho. Ya no hay vuelta atrás y es mejor no pensar en lo que debiste o no debiste hacer. Tampoco sabes cuáles fueron realmente sus motivos (y puede haber muchos, no te engañes). No te sientas culpable por nada.

A mí me parece que sabes que no quieres nada con él, pero que necesitas un poco de cariño y afecto. Y él te lo supo brindar en esos momentos. No hay razón para sentirse mal porque todos estamos vulnerables en alguna ocasión. Lo que sí estaría mal es que continuaras, que le hicieras creer que sí podría haber algo cuando sabes de sobra que no.

No creo que te hayas convertido en una chica mala o estés negando el afecto. Pero sí que todo es un risk. Y a algunos no nos gusta jugar, porque, como dices, perdemos la coherencia. No somos nosotros mismos. Y jugamos limpio.

Sé que tú lo harás.

Un abrazo fuerte fuerte!
 
Comentario:
A mí me parece que el chico en cuestión se "aprovechó" de tu debilidad emocional y por eso debes estar tranquila, porque no lo has engañado...

Saludos y un abrazo desde Rod@ndo!
 
Comentario:
si hubiera sido tu me habria bajado del autobus y me habria ido andando.
si hubiera sido el te habrias enamorado perdidamente y a lo mejor el que se hubiera bajado e ido andando seria yo.
si hubiera sido yo...ay, que difícil es ser yo.
 
Comentario:
Haberlo echado por la ventana. Saludos.
 
Comentario:
Cuando se esta confundida, no se es coherente, cuando se esta baja no hay fuerzas para enfrentar hacer daño, no es ser cruel, solo incapacidad d devolver lo q te ofrecen y ademas no siempre tiene q interesarte lo q te dan

Yo suelo mirar d reojo deseando k no llamen, advierto k no se enamoren d mi, pero hay mucho hombre q no escucha, y luego te pillan en un momento d debilidad y se creen q da pa mas

Bueno no me hagas ni caso pk yo soy un desastre

Besitos
No