Sobre mesa femenina
El domingo por fin tuvimos la reunión de chicas. Hacía un par de semanas que no nos veíamos y habían pasado muchas cosas –la cena de cumpleaños en la que R me dejó plantada, las ausencias de A en la vida de Sol y el punto final de la relación entre Beth y M-. Como es por demás sabido uno de los tópicos ineludibles en el orden del día de una reunión de chicas es, precisamente, los chicos.
Así que nos vimos, atendimos unas cuestiones de orden religioso y nos escapamos a un parque despejaros y conversar acompañadas de bebidas refrescantes. Que si Beth y M terminaban su relación no definida (relaciones que a mí me dio por bautizar como no-noviazgos, aunque tampoco sean amistades). Que si él le dijo que no podía “cubrir las expectativas” de ella, que si ella está deprimida y triste.
Que si Sol va a conocer a un chico con el que se lleva muy bien y con el que contactó a través de Internet y con quien intercambia llamadas a pesar de tener a A como su no-novio. Que si tiene miedo de tener que serle fiel a A o de sentirse extremadamente atractiva por E (el chico en cuestión) y de terminar con sentimientos de culpabilidad.
Que si yo y si ya superé lo de R, que si habrá una despedida en persona, frente a frente, que si yo creo que hace falta pero apostaría a que él no se atreve a decirme adiós a la cara. Que si para qué hablar de boda y de hijos si realmente no le interesaba. Que si puedo salir a la calle tan tranquila con cara de “no pasa nada” y sonreír y conciliar el sueño por las noches.
No encontramos manera de alegrar a Beth que llamó a su ex no-novio para entregarle una carta, de la que ella guardó sigilosamente el contenido y sólo nos permitió saber que era algo así como una carta conmemorativa porque justo ése día hubiesen festejado un primer aniversario de no-noviazo (que las chicas nos memorizamos fechas y eventos inútiles porque somos sentimentles, ¿y qué?).
A Beth le aconsejamos que si E le gusta de plano no lo piense dos veces y deje a A con sus ausencias y carencias por mucho que lo quiera. Que él mismo a dicho que “cuando un amor no me funciona lo cambio por otro, y ya está”. Que si E es más guapo, más simpático, más atento y no hay que ir por la vida pagándole las cuentas de todo porque nunca tiene dinero (como A).
A mí, pues ya, que no pasa un día sin que ansíe que R me llame por teléfono y hablemos largo y tendido hasta arreglar las diferencias y volver a empezar o al menos terminar el asunto como adultos y de frente. Que si ando por la calle como que no pasa nada es porque quiero creer que, en efecto, no pasa nada. Y que si sonrío es por gusto, porque me lo merezco, por mí. Y que si coqueteo y pongo linda (cuido más el peinado, llevo rimel en las pestañas, me visto mejor) es una cuestión de autoestima. Que el fin es lograr que la gente (especialmente el sexo masculino) se fije en mí, pero que no me interesa que pase de eso.
Y de repente aparece M (el no novio de Beth) y se ofrece a llevarnos en su auto (porque nosotras no tenemos auto) a donde queramos ir. Habíamos pensado en ir a comer. Y aceptamos, finalmente, el ofrecimiento de M que, desde mi punto de vista, ofreció llevarnos sólo por el hecho de reivindicar un poco ante nuestros ojos (los de las amigas de la afectada) su imagen irrefutable de patán.
Así terminamos en un restaurant de comida argentina. En el que sufrí la discriminación por parte del mesero que no me dejó una pajilla para mi limonada mientras que a mis amigas sí; y mientras hacía evidente esa discriminación hice gala de mi escote y mi mejor sonrisa que, unas horas después –es que nos tardamos mucho comiendo y más en la sobre mesa-, me valiera que me entregaran la factura del consumo (aunque la factura la pedí mucho después de pedir la cuenta cuando debí de pedirla antes de la cuenta misma), un refresco cortesía de la casa para Sol (que ella sí quería) y otro más para mí (porque Beth no quiso bebérselo).
Además, claro, de los múltiples adioses y vuelvan pronto que nos dedicó todo el staff del restaurant, además de las sonrisas. Yo le hubiera dado con gusto mi teléfono al mesero. Lástima que a él no se le ocurrió pedirlo. Al menos se ha quedado con una buena propina.
Así que nos vimos, atendimos unas cuestiones de orden religioso y nos escapamos a un parque despejaros y conversar acompañadas de bebidas refrescantes. Que si Beth y M terminaban su relación no definida (relaciones que a mí me dio por bautizar como no-noviazgos, aunque tampoco sean amistades). Que si él le dijo que no podía “cubrir las expectativas” de ella, que si ella está deprimida y triste.
Que si Sol va a conocer a un chico con el que se lleva muy bien y con el que contactó a través de Internet y con quien intercambia llamadas a pesar de tener a A como su no-novio. Que si tiene miedo de tener que serle fiel a A o de sentirse extremadamente atractiva por E (el chico en cuestión) y de terminar con sentimientos de culpabilidad.
Que si yo y si ya superé lo de R, que si habrá una despedida en persona, frente a frente, que si yo creo que hace falta pero apostaría a que él no se atreve a decirme adiós a la cara. Que si para qué hablar de boda y de hijos si realmente no le interesaba. Que si puedo salir a la calle tan tranquila con cara de “no pasa nada” y sonreír y conciliar el sueño por las noches.
No encontramos manera de alegrar a Beth que llamó a su ex no-novio para entregarle una carta, de la que ella guardó sigilosamente el contenido y sólo nos permitió saber que era algo así como una carta conmemorativa porque justo ése día hubiesen festejado un primer aniversario de no-noviazo (que las chicas nos memorizamos fechas y eventos inútiles porque somos sentimentles, ¿y qué?).
A Beth le aconsejamos que si E le gusta de plano no lo piense dos veces y deje a A con sus ausencias y carencias por mucho que lo quiera. Que él mismo a dicho que “cuando un amor no me funciona lo cambio por otro, y ya está”. Que si E es más guapo, más simpático, más atento y no hay que ir por la vida pagándole las cuentas de todo porque nunca tiene dinero (como A).
A mí, pues ya, que no pasa un día sin que ansíe que R me llame por teléfono y hablemos largo y tendido hasta arreglar las diferencias y volver a empezar o al menos terminar el asunto como adultos y de frente. Que si ando por la calle como que no pasa nada es porque quiero creer que, en efecto, no pasa nada. Y que si sonrío es por gusto, porque me lo merezco, por mí. Y que si coqueteo y pongo linda (cuido más el peinado, llevo rimel en las pestañas, me visto mejor) es una cuestión de autoestima. Que el fin es lograr que la gente (especialmente el sexo masculino) se fije en mí, pero que no me interesa que pase de eso.
Y de repente aparece M (el no novio de Beth) y se ofrece a llevarnos en su auto (porque nosotras no tenemos auto) a donde queramos ir. Habíamos pensado en ir a comer. Y aceptamos, finalmente, el ofrecimiento de M que, desde mi punto de vista, ofreció llevarnos sólo por el hecho de reivindicar un poco ante nuestros ojos (los de las amigas de la afectada) su imagen irrefutable de patán.
Así terminamos en un restaurant de comida argentina. En el que sufrí la discriminación por parte del mesero que no me dejó una pajilla para mi limonada mientras que a mis amigas sí; y mientras hacía evidente esa discriminación hice gala de mi escote y mi mejor sonrisa que, unas horas después –es que nos tardamos mucho comiendo y más en la sobre mesa-, me valiera que me entregaran la factura del consumo (aunque la factura la pedí mucho después de pedir la cuenta cuando debí de pedirla antes de la cuenta misma), un refresco cortesía de la casa para Sol (que ella sí quería) y otro más para mí (porque Beth no quiso bebérselo).
Además, claro, de los múltiples adioses y vuelvan pronto que nos dedicó todo el staff del restaurant, además de las sonrisas. Yo le hubiera dado con gusto mi teléfono al mesero. Lástima que a él no se le ocurrió pedirlo. Al menos se ha quedado con una buena propina.
Comentario:
Desde luego que las sobremesas para hablar del tema "chicos" dan mucho de sí porque el que más y el que menos tiene mucho que contar. Siempre es bueno exponer tus problemas y que los demás te cuenten sus teorías. Ayuda a ver las cosas de otra manera.
¿Cuándo dices que vuelves a ese restaurante? :)
Besos
¿Cuándo dices que vuelves a ese restaurante? :)
Besos
Comentario:
Wolap! sabes? creo q la charla te vino bien para salir y darte cuenta de q todo sigue... aunque luego por dentro cada uno lleve sus cosas. Creo q eso de aumentar tu autoestima, te va a venir genial. En cierta forma, te envidio... no todos podemos hacer lo mismo, pero a la vez, me alegro mucho por ti.
P.D: veo q tu tambien dejaste q alguien te domesticara y creo q los efectos han sido muy parecidos :(
Te sigo mandando ánimo y muchos besitos!
P.D: veo q tu tambien dejaste q alguien te domesticara y creo q los efectos han sido muy parecidos :(
Te sigo mandando ánimo y muchos besitos!
Comentario:
Se antoja unacharla de esas, que hace tiempo no disfruto (entre amigos)





